Género Ranking
Instalar APP HOT
La Traición del Mole
img img La Traición del Mole img Capítulo 2
3 Capítulo
Capítulo 5 img
Capítulo 6 img
Capítulo 7 img
Capítulo 8 img
Capítulo 9 img
Capítulo 10 img
img
  /  1
img

Capítulo 2

Encerrada en la cocina, el tiempo se estiró hasta volverse pegajoso, asfixiante. Lucía se había quedado dormida en mi regazo, con la cara manchada de lágrimas secas y de mole. Yo la miraba respirar, su pequeño pecho subiendo y bajando, y sentía un vacío tan grande que amenazaba con tragarme.

Esto no era nuevo. El encierro, el hambre, la humillación. Era solo una versión más cruel de los últimos años. Mi mente, por sí sola, viajó hacia atrás, a los recuerdos que intentaba enterrar cada día.

Recordé el día que nació Lucía. Empecé con el parto en la madrugada, sola. Ricardo tenía una junta "importante" fuera de la ciudad. Lo llamé una y otra vez, con las contracciones rasgándome el cuerpo. No contestó. Cuando finalmente lo hizo, horas después de que Lucía ya estuviera en mis brazos, su voz sonaba adormilada y molesta. Valentina estaba con él, lo supe por un murmullo al fondo. Dijo que no podía volver, que el negocio era primero. Me abandonó en el momento más importante de mi vida.

La Nana Elena, mi ama de llaves, la mujer que me había cuidado desde niña, fue quien me sostuvo la mano. Ella fue mi roca.

Ahora, desde el otro lado de la puerta cerrada, escuché un susurro.

"Niña Sofía, ¿estás bien?"

Era la Nana Elena. Su voz era un bálsamo.

"Sí, Nana. Estamos bien."

"Ese hombre no tiene alma" , murmuró ella, su voz cargada de ira contenida. "Pero tienes que ser fuerte. Por la niña. Cómete algo, te dejé unas tortillas en la alacena."

Asentí en la oscuridad, aunque no podía verme. Elena siempre encontraba la manera de cuidarnos en secreto, de dejarnos comida cuando Ricardo nos castigaba sin cenar, de darnos una palabra de aliento cuando la crueldad de él y Valentina nos dejaba sin aliento.

"Deberías dejarlo, Sofía" , susurró Elena una vez, mientras me curaba un moretón en el brazo que Ricardo me había hecho por "tirar el café" .

"No puedo" , respondí yo, como siempre. "Es mi esposo. El padre de mi hija."

Pero la verdad era que me aferraba al fantasma del hombre del que me enamoré, el Ricardo que me escribía poemas y me llevaba a ver el amanecer en la playa. Un hombre que ya no existía.

Un quejido suave me sacó de mis pensamientos. Lucía se estaba despertando.

"Mami, tengo hambre" , susurró.

"Lo sé, mi amor. Espera un poco."

Lucía se levantó y se acercó a la puerta. Le dio unos golpecitos suaves con su manita.

"¿Papi?" , llamó con una vocecita temblorosa. "Ya nos portamos bien. ¿Podemos salir? Mami no ha comido."

Desde el otro lado solo hubo silencio. Lucía esperó, con la esperanza brillando en sus ojitos.

Luego, escuchamos los pasos de Ricardo acercándose.

"¡Lárgate de la puerta!" , gritó él a través de la madera. "Y deja de llamarme papá. Tú no eres nada mío. Eres un error, igual que tu madre."

El sonido de sus palabras fue más violento que el golpe que había dado a la mesa. Vi cómo la luz en los ojos de Lucía se apagaba. Cómo su pequeño cuerpo se encogía, como si las palabras de su padre fueran golpes físicos.

Se dio la vuelta lentamente y caminó hacia mí. No lloró. Simplemente se acurrucó a mi lado, buscando mi calor, y se quedó muy quieta.

En ese momento, acunando a mi hija herida, el fantasma de mi amor por Ricardo se desvaneció para siempre. Ya no quedaba nada. Solo cenizas. Y una rabia fría y dura que empezaba a crecer en mi pecho.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022