Género Ranking
Instalar APP HOT
La Traición del Mole
img img La Traición del Mole img Capítulo 4
5 Capítulo
Capítulo 5 img
Capítulo 6 img
Capítulo 7 img
Capítulo 8 img
Capítulo 9 img
Capítulo 10 img
img
  /  1
img

Capítulo 4

Ricardo cumplió su palabra. Los días que siguieron fueron una tortura calculada. Se negó a firmar cualquier papel de divorcio, repitiéndome cada mañana que mi único destino era sufrir a su lado.

Valentina se mudó extraoficialmente a la casa. Sus cosas empezaron a aparecer por todas partes: sus caros productos de belleza en mi baño, su ropa en el clóset de Ricardo, su risa irritante llenando cada rincón.

La humillación era constante y pública. Se besaban delante de mí en la mesa del desayuno. Hablaban de sus planes para el fin de semana como si yo fuera un mueble más en la habitación. Valentina me daba órdenes, pidiéndome que le lavara la ropa o le preparara jugos exóticos, y Ricardo la respaldaba con una mirada amenazante.

"Haz lo que te dice. Eres la chacha, ¿no?"

Yo soportaba todo con una calma que los desconcertaba. Limpiaba, cocinaba, obedecía. Mi rostro era una máscara de indiferencia. Pero por dentro, cada insulto, cada gesto de desprecio, era combustible para el fuego que crecía en mí. Ya no sentía dolor, solo una determinación fría como el acero. Estaba observando, esperando, planeando.

Una tarde, mientras yo preparaba la cena, escuché a Ricardo hablar por teléfono en su estudio.

"Sí, quiero que saquen todo de ese cuarto. Los muebles, los juguetes, todo. Lo vamos a convertir en un gimnasio para Valentina."

El cuarto de Lucía.

Mi corazón se detuvo. Ese era su santuario, el único lugar en la casa que todavía sentía como suyo, lleno de sus dibujos, sus muñecas y sus sueños.

Entré al estudio sin tocar.

"No vas a tocar el cuarto de Lucía" , dije, mi voz baja pero firme.

Ricardo colgó el teléfono y me miró con desdén.

"Yo hago lo que quiero en mi casa. Y esa niña ya no necesita un cuarto. Puede dormir en el suelo de la cocina, contigo."

Valentina, que estaba sentada en el sillón limándose las uñas, soltó una risita.

"Así aprenderá a no ser una malcriada."

Salí del estudio sin decir una palabra más. Fui a la cocina, donde Lucía estaba sentada en la mesita, intentando comer un plato de sopa que le había preparado. Tenía ojeras y había perdido el brillo en sus ojos. Vivía en un estado de miedo constante.

Me arrodillé frente a ella y le acaricié la mejilla.

"Mi amor, ¿me escuchas?"

Ella asintió, sin levantar la vista de su plato.

"Pase lo que pase, mamá siempre va a estar contigo. Y vamos a salir de aquí. Te lo prometo."

Levantó la vista, y en sus ojos vi una chispa de la niña que era antes.

"¿De verdad, mami?"

"De verdad, mi vida."

La abracé fuerte, inhalando el olor de su cabello. En ese momento, mi plan dejó de ser una idea vaga y se convirtió en una certeza. No iba a esperar a que Ricardo me concediera el divorcio. No iba a esperar a que nos echara a la calle. Iba a tomar el control.

Esa noche, cuando todos dormían, entré sigilosamente al estudio de Ricardo. Hacía semanas, él me había dado una pila de documentos de su empresa para que los firmara, poderes notariales y contratos que nunca leía. "Firma aquí, Sofía, es solo papeleo."

Pero esa vez, yo había metido un documento mío en medio de la pila. Un acuerdo de divorcio completo, redactado por un abogado que contacté en secreto, cediéndome la custodia total de Lucía y una pensión justa.

Lo había firmado sin mirar.

Busqué en su escritorio hasta que encontré la carpeta. Allí estaba. El acuerdo de divorcio, firmado y sellado con su arrogante rúbrica. Lo saqué, lo guardé en mi delantal y volví a mi habitación.

El papel en mis manos se sentía como un arma. Un arma que él mismo me había entregado. Ahora solo tenía que esperar el momento adecuado para usarla. Y sabía, con una certeza aterradora, que ese momento estaba muy cerca.

Anterior
                         
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022