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Exesposo, conoce a mi verdadero yo
img img Exesposo, conoce a mi verdadero yo img Capítulo 1 Hice todo lo que pude
1 Capítulo
Capítulo 6 Ya no le importaba img
Capítulo 7 Fírmalos img
Capítulo 8 Conferencia de prensa img
Capítulo 9 El tema del momento img
Capítulo 10 Se negó a rendirse img
Capítulo 11 Trae de vuelta a Diana img
Capítulo 12 ¿De verdad es Diana img
Capítulo 13 Eres un talento excepcional img
Capítulo 14 ¿Crees que soy tonta img
Capítulo 15 Los negocios nunca fueron lo mío img
Capítulo 16 Diana es mi hermana img
Capítulo 17 El hombre más rico del mundo img
Capítulo 18 ¿Ahora me odias img
Capítulo 19 ¿Qué haces aquí img
Capítulo 20 Estoy muy asustado img
Capítulo 21 Vine a proponer un trato img
Capítulo 22 ¿Qué más quieres de mí img
Capítulo 23 Un trasplante de corazón img
Capítulo 24 ¿Me recuerdas img
Capítulo 25 ¿Eres idiota img
Capítulo 26 Algo salió mal, ¿no img
Capítulo 27 ¿No se trata todo de dinero img
Capítulo 28 Estás dando rienda suelta a tu imaginación img
Capítulo 29 No te lo tomes a pecho img
Capítulo 30 Haremos la cirugía img
Capítulo 31 Supongo que hoy la suerte estuvo de su lado img
Capítulo 32 Sopa de hierbas img
Capítulo 33 Mi corazón siempre ha estado con ella img
Capítulo 34 Ya tengo novia img
Capítulo 35 Te gusto, ¿verdad img
Capítulo 36 ¿Por qué no intentarlo img
Capítulo 37 Un tatuaje de flor img
Capítulo 38 Haré que se encarguen pronto img
Capítulo 39 ¿Fui cruel con ella img
Capítulo 40 Recuperar lo mío img
Capítulo 41 Mi corazón ya tiene dueño img
Capítulo 42 Es justo que le devuelva algo img
Capítulo 43 ¿De verdad tienes contactos img
Capítulo 44 ¿Eres... img
Capítulo 45 Caminaré cada paso contigo img
Capítulo 46 Todo es culpa de Diana img
Capítulo 47 No te comportes como una arrabalera img
Capítulo 48 Ni siquiera somos hermanos de verdad img
Capítulo 49 La segunda directora más joven img
Capítulo 50 La directora más joven img
Capítulo 51 Los costos de los medicamentos eran excesivamente altos img
Capítulo 52 ¿Previsión aguda o solo tontería img
Capítulo 53 ¿Tiene sentido img
Capítulo 54 Intenciones ocultas img
Capítulo 55 Adivinación img
Capítulo 56 No estoy aquí para reconciliarme img
Capítulo 57 Te casarás conmigo, ¿verdad img
Capítulo 58 Agustín, estás sangrando img
Capítulo 59 Tienes una hemorragia nasal img
Capítulo 60 No pudo pronunciar palabra img
Capítulo 61 Ten algo de respeto por ti misma img
Capítulo 62 Este mundo no tenía el más mínimo sentido img
Capítulo 63 Tienes un talento natural para hacer negocios img
Capítulo 64 No pararé hasta vengarme img
Capítulo 65 Toma una decisión, rápido img
Capítulo 66 Ya casi llegamos img
Capítulo 67 Sus actitudes son terribles img
Capítulo 68 Esa mujer era increíble img
Capítulo 69 Con Diana no se juega img
Capítulo 70 La antigua deuda entre ellos ahora estaba saldada img
Capítulo 71 Tu hermana está a punto de violarme img
Capítulo 72 Camilo, ¿qué está pasando img
Capítulo 73 No le debía nada img
Capítulo 74 ¿Cómo te volviste así img
Capítulo 75 Empezaremos la cirugía en diez minutos img
Capítulo 76 César, de verdad eres un personaje img
Capítulo 77 ¿Crees que debería decírselo a Diana img
Capítulo 78 Agustín podría sentir algo real por Diana img
Capítulo 79 Apoyo familiar img
Capítulo 80 A Cristina en realidad le encantó img
Capítulo 81 No siento nada por Diana img
Capítulo 82 Te volviste loco img
Capítulo 83 Todo lo que creas no tiene precio para mí img
Capítulo 84 Todos se desquitaban con él img
Capítulo 85 Déjame comprártelo, querida img
Capítulo 86 Por encima de los cincuenta millones img
Capítulo 87 Agustín merece casarse con Cristina img
Capítulo 88 Cortados por el mismo patrón img
Capítulo 89 Seducción img
Capítulo 90 Esperemos y veamos img
Capítulo 91 Un nudo de miedo img
Capítulo 92 Pareces diferente con el señor Tucker img
Capítulo 93 Querrás recordar este nombre img
Capítulo 94 Se ve un poco patético img
Capítulo 95 ¿Ese dinero era para ti img
Capítulo 96 Adelante, salva el mundo img
Capítulo 97 Sabrás quién soy img
Capítulo 98 Tienes cara de celoso img
Capítulo 99 Soy su esposo img
Capítulo 100 Nunca lo perdonaría img
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Exesposo, conoce a mi verdadero yo

Autor: Mary Johnson
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Capítulo 1 Hice todo lo que pude

"Hice todo lo que pude", dijo Diana Carter, con la voz cargada de cansancio.

Había pasado trece agotadoras horas en el quirófano, pero aun así ella no logró salvar al bebé que Giovanna Dixon llevaba en su vientre.

Antes de que sus palabras se asentaran en el ambiente, una oleada de sollozos angustiados estalló en el pasillo exterior.

"Mi bisnieto...", gimió Susana antes de desplomarse en el lugar.

Giovanna fue sacada en una camilla momentos después, pálida e inconsciente. Los familiares se precipitaron hacia delante, y sus gritos y murmullos de consuelo llenaron el pasillo y rozaron a Diana.

Esos sonidos le vaciaron el pecho.

Levantó la cabeza lo suficiente para ver a su esposo, César Dixon, inclinado sobre la otra mujer. Sus manos se aferraban a los lados de la camilla y parecía tan preocupado que bien podría haber sido por su propia esposa.

Todos siguieron la camilla mientras entraba en una habitación del hospital.

Diana se quedó sola en el pasillo, con la mascarilla colgando de sus dedos y los hombros caídos a causa de las interminables horas en la mesa de operaciones. La gente pasaba a toda prisa junto a ella, pero ni una sola persona se detuvo para preguntarle si necesitaba descansar.

Cuando por fin regresó a casa, los criados se apartaron como si llevara la plaga, con miradas frías y acusadoras.

Cristina Dixon, la hermana menor de César, le arrebató una escoba a un empleado de limpieza cercano y la usó para golpear con fuerza la pierna de Diana. "¡Lárgate de aquí, asesina!".

Las cerdas rasparon la pantorrilla de Diana, dejando una marca roja que la hizo estremecerse.

Cristina mostró una mueca más acentuada. "¿Por qué estás tan orgullosa? ¿Crees que casarte con mi hermano te hace importante? La única razón por la que estás aquí es porque la salud de Giovanna es frágil y tú eres la doctora con el tipo de sangre correcto. No eres más que una herramienta. Un banco de sangre andante. Y ahora que el bebé de Giovanna murió por tu culpa, veamos cómo vas a aplacar la ira de César".

Cristina terminó con un escupitajo despectivo que apenas rozó los zapatos de Diana.

Tras tres años casada con César, Diana conocía bien su lugar en la familia Dixon. Para ellos, no era más que una herramienta que usaban y culpaban, y nunca la trataron con amabilidad.

No había nadie en la casa que pudiera ocultar su desprecio hacia ella.

Discutir solo empeoraría las cosas, y ella estaba demasiado cansada para preocuparse. En silencio, subió las escaleras, manteniendo la mirada baja.

Trece horas en el quirófano habían dejado su cuerpo agotado. Donar sangre para Giovanna la dejó temblorosa y ardiendo en fiebre.

Apenas se había acomodado en la cama cuando unas manos ásperas la levantaron de un tirón.

Su cabeza golpeó el cabecero con un golpe sordo y discordante.

El dolor se intensificó y su visión se nubló, pero al abrir los ojos vio el rostro de César retorcido sobre ella. Las lágrimas le escocieron los ojos. "César, estás en casa. Te juro que hice todo lo posible por salvar al bebé de Giovanna".

Su marido se inclinó sobre ella, con un agarre implacable y una fría ira en los ojos. "¿Hiciste todo lo que pudiste? ¿Y qué hay del último chequeo? Me dijiste que no pasaba nada. Y ahora mira, solo unos días después, el bebé está muerto. ¿Esto lo hiciste a propósito?".

Mordiéndose el labio, Diana se obligó a mirarlo a los ojos, vidriosos por el dolor. "Hice todo lo que pude, César. Lo digo en serio".

Giovanna había nacido con un corazón débil; tres años atrás, apenas era capaz de caminar sin quedarse sin aliento.

En todo ese tiempo casada con César, Diana había hecho todo lo posible hasta que Giovanna estuvo lo bastante sana como para vivir como los demás, incluso participando en actividades que antes no podía ni soñar.

Todo le había ido bien a Giovanna, excepto ese repentino ataque al corazón durante su luna de miel con Andrés Dixon, el primo de César.

Hacía solo unos días, Diana le hizo un chequeo exhaustivo a Giovanna, y los resultados salieron bien. No había ningún indicio de que fuera a tener alguna complicación.

Sin embargo, en cuanto Diana se tomó un día de descanso, se produjo el desastre. Giovanna fue trasladada de urgencia al hospital con un fuerte dolor abdominal y, cuando Diana llegó, el bebé ya se había ido.

Aun así, se lanzó a la cirugía, luchando por salvar tanto a la madre como al niño, e incluso donando su propia sangre cuando Giovanna la necesitaba.

Sabía en su corazón que no tenía nada de qué avergonzarse.

Pero César se negaba a creer una palabra de ella. Su mirada era tan fría como el hielo.

"¿Eso es lo que quieres que crea? ¿Entonces cómo explicas que Giovanna se despertara llorando, afirmando que le diste algún tipo de medicación que nunca debió tomar?".

Diana frunció el ceño. "Nunca hice nada parecido. Eso no es posible".

La mano de César se tensó, tirando de ella hacia sí, con los ojos llenos de acusación. "¡Díselo a Giovanna, no a mí!".

Cortó la conversación en ese mismo instante, sin disposición a escuchar otra excusa.

El cuerpo de Giovanna siempre había sido frágil, y llevar un hijo ya era una apuesta arriesgada.

Ahora, con el bebé muerto y su salud aún más debilitada, las posibilidades de tener otro eran escasas o nulas.

Andrés y Giovanna habían cifrado todos sus sueños en ese niño, y ahora esos sueños se habían esfumado. Para César, solo había una persona a quien culpar: Diana.

Susana se puso tan furiosa que se desmayó más de una vez, y cada vez que volvía en sí, su primera orden era que César arrastrara a Diana de vuelta al hospital.

En cuanto Diana entró en la habitación, la familia Dixon la rodeó como una manada que se abalanza sobre su presa.

De la nada, recibió un fuerte empujón por detrás.

Su cuerpo debilitado por la fiebre no pudo mantenerse firme y cayó de rodillas justo delante de la cama de Giovanna.

Apoyó las manos en el suelo, tratando de levantarse, pero recibió una fuerte patada en su espalda. Girándose furiosa, se encontró mirando directamente a los ojos helados de César.

Se quedó sin aliento. "César...".

Alto y delgado, su esposo se erguía sobre ella como una estatua. Las duras luces del techo delineaban cada borde de su rostro y hacían que su fría expresión fuera aún más severa.

Apretó la boca en una línea plana mientras la miraba, el tipo de mirada que se le daría a algo desechable, algo que no merecía atención.

En ese momento, Diana comprendió que tres años cuidando de Giovanna, tres años esperando que su devoción lo ablandara, solo la habían convertido en una tonta a sus ojos.

"¡Asesina!", gritó la madre de Giovanna, Judith Smith, desde la cabecera de la cama, con la voz temblorosa de odio. "¡Una mujer cruel como tú debería pagar la vida de ese niño con la tuya!".

Acompañó las palabras lanzando el vaso que tenía en la mano. Se hizo añicos en el suelo y los afilados fragmentos cortaron la palma de la mano de Diana.

En la cama, Giovanna estalló en un gemido, desplomándose en los brazos de Judith, sollozando con tanta violencia que parecía a punto de desmayarse.

Diana captó algo que nadie más notó. Escondidos contra el hombro de Judith, los ojos de Giovanna brillaban con una victoria tan oscura que le retorció el estómago.

"César, te juro que hice todo lo que pude. No sé por qué se detuvo el latido del corazón del bebé, pero si me das un poco de tiempo, averiguaré exactamente qué pasó". Aún arrodillada, Diana se estabilizó e intentó levantarse, con la voz baja pero firme, desesperada por que alguien, quienquiera que fuera, la escuchara.

Sin embargo, los sollozos de Giovanna se tragaron cada palabra. Se cubrió la cara con las manos, temblando sin control, y con la voz temblorosa por una fragilidad perfecta y deliberada, dijo: "Diana, ¿qué intentas decir? ¿Que yo lastimaría a mi propio hijo? Era mi bebé. Mi única oportunidad de ser madre. Tú fuiste quien me obligó a tomar esa extraña bebida de hierbas. Te dije que me dolía... Te lo supliqué... pero me obligaste a beberla. Incluso dijiste...".

Hizo una pausa teatral, secándose las lágrimas antes de mirar a Susana, que estaba sentada como una jueza.

Esta golpeó la mesa con la palma de la mano, haciendo que la habitación se estremeciera. "¿Qué dijo?".

"Diana también dijo que si no la obedecía, me provocaría un aborto", susurró Giovanna, levantando sus ojos brillantes de lágrimas en la más delicada muestra de inocencia. "Bebí lo que me diste, Diana. ¿Entonces por qué seguiste conspirando contra mi bebé? Hazme daño si quieres, castígame si te hace sentir mejor, ¿pero por qué a mi hijo? Sé que odias lo mucho que César se preocupa por mí, pero él y yo crecimos juntos. Ese vínculo no es algo que puedas romper".

Los sollozos de Giovanna resonaron en la habitación, crudos y desgarradores, pero su mirada seguía desviándose hacia Susana, observando atentamente su reacción.

Esta última apretó con más fuerza su bastón y la rabia retorció sus facciones.

Nadie captó la diminuta curvatura del labio de Giovanna, a excepción de Diana.

Un momento después, Giovanna se desplomó en los brazos de Judith, como si el dolor hubiera agotado sus últimas fuerzas.

El bastón de Susana cayó sobre la espalda de Diana, quien nunca lo vio venir.

La fuerza la hizo tropezar hacia delante sin que nadie la sujetara.

Su frente se estrelló contra el borde metálico de la cama del hospital, y un golpe nauseabundo resonó en la habitación.

Diana se apretó la frente con la palma de la mano, su sangre caliente se deslizó entre sus dedos y nubló su visión.

"A partir de hoy, renunciarás a ese hospital y te dedicarás por completo a cuidar de Giovanna. ¡Le debes toda una vida de cuidados después del caos que causaste!", gritó Susana.

La orden golpeó a Diana como un fuerte mazazo, dejándola mareada y desorientada.

"¡Eso no puede ser posible!", exclamó, agarrándose la cabeza a pesar del dolor, con la voz firme a pesar del temblor de su cuerpo. "La medicina ha sido toda mi vida. No tiraré mi carrera por nadie. Hice todo lo que estuvo en mi mano para salvar al bebé. Todavía no sé por qué se detuvo el latido del corazón, pero no fue por nada que yo hiciera. Nunca le di nada inseguro a Giovanna".

"¡Insensata!", espetó Susana, volviendo a bajar su bastón, esta vez golpeando el brazo de Diana. "¡César, mira a la mujer con la que te casaste! ¡Me replica y tiene la desfachatez de hacerle daño a Giovanna!".

Diana abrió la boca para defenderse, pero César la interrumpió con una frialdad gélida que la dejó paralizada. "Tienes dos opciones. Dejar el hospital y pasar el resto de tu vida compensando lo que le hiciste a Giovanna... o terminamos este matrimonio ahora mismo".

            
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