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Pecado en el piso 50
img img Pecado en el piso 50 img Capítulo 3 Negociaciones Hostiles
3 Capítulo
Capítulo 6 La Ciudad de las Luces y las Sombras img
Capítulo 7 Bajo la Piel de Terciopelo img
Capítulo 8 Combustión img
Capítulo 9 Las Marcas de la Propiedad img
Capítulo 10 El Fantasma en el Ático img
Capítulo 11 La Oferta del Diablo img
Capítulo 12 Voy a destruir a Victoria img
Capítulo 13 No puedo tener a una sumisa que me teme img
Capítulo 14 Reina de Espadas img
Capítulo 15 Cristal Cortado img
Capítulo 16 La Autopsia de una Ilusión img
Capítulo 17 La Ruta del Dinero img
Capítulo 18 La Última Bofetada img
Capítulo 19 Fantasmas de Papel img
Capítulo 20 El Dios de la Ruina img
Capítulo 21 Efecto Mariposa Negra img
Capítulo 22 La Muñeca de Trapo img
Capítulo 23 El Espejo del Monstruo img
Capítulo 24 Juicio Sumario img
Capítulo 25 El Peso de un Fantasma img
Capítulo 26 El Fantasma en la Mesa img
Capítulo 27 El Diamante en el Fango img
Capítulo 28 Tierra Quemada img
Capítulo 29 La Reina de las Cenizas img
Capítulo 30 El Bautismo de Hielo img
Capítulo 31 El Baile de las Máscaras Rotas img
Capítulo 32 La Habitación del Silencio img
Capítulo 33 La Diplomacia del Cuchillo img
Capítulo 34 El Santuario Violado img
Capítulo 35 No me importa si nos buscan img
Capítulo 36 El Trono de Huesos y Diamantes img
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Capítulo 3 Negociaciones Hostiles

La sala de juntas principal de Thorne Enterprises olía a café fuerte, miedo y testosterona corporativa.

Doce hombres en trajes oscuros estaban sentados alrededor de la inmensa mesa de caoba, pero solo una voz importaba. Gabriel caminaba de un lado a otro frente a la pantalla de proyección, desmantelando la propuesta de fusión de la empresa rival con una precisión quirúrgica y despiadada.

Sofía estaba sentada a su derecha, con la espalda recta, la libreta abierta y un bolígrafo en la mano. Su trabajo era tomar notas. Su realidad era intentar no retorcerse en la silla.

Llevaba un vestido azul marino, conservador por delante, pero con una abertura en la pierna que ahora le parecía un error táctico. Gabriel no la había mirado en toda la mañana. Ni una palabra sobre lo que pasó en su escritorio la noche anterior. Solo un "Trae los informes a la sala 1" ladrado por el intercomunicador.

-Sus proyecciones son optimistas, señor Valdés -dijo Gabriel, deteniéndose justo detrás de la silla de Sofía. Su voz resonó en el pecho de ella-. Pero en este edificio no trabajamos con optimismo. Trabajamos con hechos.

Sofía sintió el calor de su cuerpo a centímetros de su hombro. El aroma de su colonia la envolvió, disparando un reflejo condicionado en su cuerpo: su corazón se aceleró y sus muslos se apretaron instintivamente.

Gabriel apoyó una mano en el respaldo de su silla, inclinándose hacia la mesa para dirigirse a los directivos.

-Sofía, pásame el desglose financiero del tercer trimestre -ordenó, sin mirarla.

Ella buscó el archivo con manos temblorosas y se lo deslizó. Al hacerlo, sus dedos se rozaron. Fue eléctrico. Gabriel tomó la carpeta con una mano, pero la otra no regresó a su costado.

Bajó.

Sofía dejó de respirar cuando sintió la mano grande y caliente de Gabriel aterrizar sobre su rodilla, oculta bajo la pesada mesa de madera.

-Como pueden ver en la página cuatro... -continuó Gabriel con un tono de voz perfectamente estable, abriendo la carpeta con una mano mientras la otra comenzaba un ascenso lento y tortuoso por el muslo de ella.

Sofía clavó la vista en su libreta, fingiendo escribir, pero su caligrafía era un desastre tembloroso. Los dedos de Gabriel eran firmes, audaces. Acariciaron la piel sensible de la cara interna de su muslo, subiendo centímetro a centímetro, empujando la tela del vestido hacia arriba.

Nadie podía verlos. Todos los ojos estaban fijos en Gabriel o en los documentos. Pero el riesgo era palpable. Si alguien dejaba caer un bolígrafo... si alguien se inclinaba...

-La liquidez es insuficiente -dijo Gabriel, y sus dedos rozaron el borde de las bragas de Sofía.

Ella soltó un pequeño suspiro, que rápidamente disfrazó como una tos.

Gabriel apretó su muslo con fuerza, una advertencia silenciosa: Contrólate. Luego, con una destreza aterradora, deslizó su mano bajo el encaje de su ropa interior.

Estaba mojada. Vergonzosamente empapada. Gabriel debió sentirlo, porque su pulgar hizo un movimiento de aprobación contra su piel resbaladiza antes de encontrar su clítoris.

-Señorita Miller -dijo Gabriel de repente, dirigiéndose a ella en voz alta.

Sofía levantó la cabeza de golpe, con los ojos muy abiertos y las mejillas ardiendo. Gabriel la miraba desde arriba, con una ceja arqueada y una expresión de aburrimiento profesional, mientras su dedo medio comenzaba a frotar su clítoris con un ritmo circular y lento bajo la mesa.

-Sí... ¿sí, señor? -Su voz salió una octava más aguda de lo normal.

-¿Anotó la objeción del señor Valdés?

Gabriel hundió el dedo dentro de ella al mismo tiempo que hacía la pregunta.

Sofía tuvo que morderse el interior de la mejilla para no gemir frente a toda la junta directiva. Sus caderas se movieron imperceptiblemente hacia la mano de él, buscando más presión, traicionándola.

-S-sí, señor Thorne. Anotada.

-Bien. Léala para el grupo.

Era un sádico. Un maldito sádico. Quería verla romperse. Quería ver si podía mantener la fachada de secretaria eficiente mientras él la tenía empalada en su dedo.

Con las manos temblando violentamente sobre el papel, Sofía intentó descifrar sus propios garabatos. Mientras leía la nota con voz entrecortada, Gabriel aumentó el ritmo. Su pulgar rozaba su clítoris, su dedo entraba y salía de ella, creando un sonido húmedo que a Sofía le parecía ensordecedor, aunque el murmullo de la sala lo cubría.

-El... el señor Valdés sugiere que... que los activos líquidos... -Sofía cerró los ojos un segundo, sintiendo una oleada de placer recorrer su columna. Gabriel rotó el dedo dentro de ella, golpeando ese punto dulce-. Que los activos son... suficientes.

-Incorrecto -dijo Gabriel, sacando la mano de golpe.

La pérdida repentina del contacto la dejó vacía, palpitando y al borde del abismo.

Gabriel se enderezó, limpiándose discretamente los dedos en el pañuelo de su bolsillo, oculto por la mesa, antes de caminar hacia la cabecera.

-La reunión ha terminado. Valdés, su oferta es rechazada. Salgan todos.

Los ejecutivos comenzaron a recoger sus cosas, murmurando entre ellos. Sofía se quedó paralizada en su silla, incapaz de ponerse de pie. Sentía las piernas de gelatina y la humedad enfriándose en su piel.

Esperó a que el último hombre saliera. Cuando la puerta se cerró, dejando a Gabriel y a ella solos de nuevo, levantó la vista.

Gabriel estaba apoyado contra la puerta cerrada, mirándola. Sus ojos brillaban con un triunfo oscuro.

-Casi te corres mientras leías las actas, Sofía -dijo suavemente-. Muy poco profesional.

Ella abrió la boca para protestar, pero él la cortó.

-Límpiate y ve a mi oficina en diez minutos. Tienes una lección que aprender sobre mantener la compostura bajo presión.

Se dio la vuelta y salió, dejándola sola, excitada, frustrada y completamente a su merced.

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