-Lo mismo pensé de ti, Marco.
El nombre provocó que el silencio se volviera aún más tenso.
Marco dio un paso dentro del apartamento sin pedir permiso. Era alto, de hombros anchos, con una barba corta y oscura. Sus ojos tenían esa mirada peligrosa que solo poseen las personas acostumbradas a vivir entre la violencia.
Detrás de él había otro hombre.
Más joven.
Más silencioso.
Sus manos descansaban cerca de su cinturón, donde seguramente llevaba un arma.
-Así que es verdad -dijo Marco mientras observaba el lugar-. Te retiraste para jugar a la casita.
Daniel apretó la mandíbula.
-No estoy jugando.
-Oh, claro que sí.
Marco señaló el pasillo.
-Porque si no estuvieras jugando... la chica ya estaría muerta.
Valeria cerró los ojos.
Cada palabra era como un cuchillo.
Daniel mantuvo el arma firme.
-Váyanse.
Marco levantó las cejas.
-No creo que entiendas cómo funciona esto.
-Lo entiendo perfectamente.
Daniel dio un paso hacia él.
-Por eso te estoy dando una oportunidad.
Los ojos de Marco brillaron con diversión.
-Siempre fuiste arrogante.
-Y tú siempre fuiste estúpido.
El segundo hombre tensó los hombros ante el insulto.
Pero Marco levantó una mano, deteniéndolo.
-Tranquilo.
Luego volvió a mirar a Daniel.
-La organización quiere a la chica.
-No la van a tener.
-No depende de ti.
-Depende de mí si quiero matarte ahora mismo.
El silencio se volvió pesado.
La lluvia seguía golpeando las ventanas.
Marco observó la pistola de Daniel durante unos segundos.
Luego suspiró.
-Sabes... me caías bien.
Daniel no bajó el arma.
-Entonces haz lo inteligente y vete.
Marco inclinó ligeramente la cabeza.
-No puedo.
-Entonces vas a morir.
El segundo hombre reaccionó primero.
Su mano fue hacia su arma.
Pero Daniel fue más rápido.
Un disparo explotó en el apartamento.
Valeria ahogó un grito en el dormitorio.
El joven cayó al suelo con un gemido, sujetándose el hombro ensangrentado.
Marco retrocedió un paso, sorprendido.
-Maldita sea, Daniel...
-Te dije que te fueras.
Marco miró al hombre herido en el suelo.
Luego levantó las manos lentamente.
-Está bien.
Daniel no bajó el arma.
-Levántalo y salgan.
Marco ayudó a su compañero a ponerse de pie.
-Esto no termina aquí -dijo.
-Lo sé.
Marco caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo.
-La organización enviará a alguien más.
Daniel lo sabía.
-Que lo intenten.
Marco lo miró por última vez.
-La próxima vez no seré yo.
Luego salió del apartamento.
El silencio regresó.
Daniel cerró la puerta lentamente.
Sus manos temblaban ligeramente.
Dejó el arma sobre la mesa.
-Valeria -dijo.
La puerta del dormitorio se abrió con cuidado.
Valeria salió.
Su rostro estaba pálido.
-¿Se fueron?
-Por ahora.
Ella lo miró fijamente.
-¿Les disparaste?
-Solo lo herí.
Valeria caminó hacia la ventana.
La lluvia seguía cayendo.
-No puedo creer esto.
Daniel se acercó lentamente.
-Lo siento.
Ella se giró hacia él.
-¿Lo sientes?
Su voz temblaba entre rabia y miedo.
-Daniel, hay gente que quiere matarme. Gente que tú conoces.
Daniel no dijo nada.
-¿Quiénes son?
-Una organización privada.
-Eso ya lo dijiste.
Valeria lo miró con desesperación.
-Quiero saber quiénes son realmente.
Daniel dudó.
-Se llaman La División Negra.
El nombre sonó frío en la habitación.
-Es una red internacional -continuó-. Gobiernos, empresas, políticos... todos los que necesitan que ciertos problemas desaparezcan.
-¿Y tú trabajabas para ellos?
-Sí.
Valeria pasó una mano por su cabello.
-Dios...
-Pero lo dejé.
-Claramente no les importó.
Daniel negó.
-No. Pero algo cambió.
Valeria lo miró.
-¿Qué?
Daniel tomó el teléfono.
-Nunca atacan a personas inocentes sin una razón.
Valeria sintió un escalofrío.
-¿Estás diciendo que hice algo?
-Estoy diciendo que alguien poderoso quiere que desaparezcas.
-¿Pero por qué?
Daniel suspiró.
-Eso es lo que tenemos que descubrir.
Valeria lo miró fijamente.
-¿Y cómo se supone que vamos a hacerlo?
Daniel caminó hacia el dormitorio.
-Empacando.
-¿Qué?
-Nos vamos de aquí.
-¿A dónde?
Daniel sacó una bolsa del armario.
-A un lugar donde la División Negra no pueda encontrarnos fácilmente.
Valeria cruzó los brazos.
-¿Existe un lugar así?
Daniel levantó la mirada.
-Conozco uno.
Valeria lo observó en silencio.
Después de todo lo que había descubierto esa noche...
todavía quería creer en él.
-Daniel...
Él se detuvo.
-¿Sí?
Valeria bajó la mirada por un segundo antes de hablar.
-Si descubres que la única forma de salvarte es entregándome...
Daniel no la dejó terminar.
Caminó hacia ella y sostuvo su rostro entre sus manos.
-Nunca.
Sus ojos estaban llenos de una intensidad feroz.
-¿Entendiste?
Valeria sintió que su corazón se apretaba.
-Sí.
Daniel soltó lentamente su rostro.
-Entonces confía en mí una vez más.
Valeria respiró profundamente.
-Está bien.
Daniel comenzó a guardar cosas en la bolsa.
-Tenemos diez minutos.
-¿Diez?
-Tal vez menos.
Valeria frunció el ceño.
-¿Por qué?
Daniel levantó el teléfono.
Había un nuevo mensaje.
Solo dos palabras.
"Segundo equipo en camino."
Daniel levantó la mirada.
-Porque ahora sí vienen a matarnos.