-Claro que lo hay -respondió Víctor-. Pero está guardado en su servidor principal.
Valeria frunció el ceño.
-Entonces necesitamos entrar.
Víctor soltó una risa incrédula.
-¿Entrar?
Miró a Daniel.
-¿Le explicaste exactamente lo que significa eso?
Daniel se detuvo.
-No todavía.
Víctor se levantó de la silla y caminó hacia una mesa llena de herramientas.
-La sede de la División Negra no es una oficina normal.
Tomó una pequeña tableta electrónica y comenzó a mostrar imágenes.
-Es uno de los edificios más protegidos de la ciudad.
Valeria observó la pantalla.
Era un edificio enorme de vidrio oscuro en medio del centro financiero.
-Parece una empresa normal -dijo.
-Eso es lo que quieren que la gente crea -respondió Víctor.
Amplió la imagen.
-Pero debajo del edificio hay cinco niveles subterráneos.
Señaló uno de los planos.
-Y aquí está el servidor central.
Daniel lo observó con atención.
-Nivel cuatro.
Víctor asintió.
-Exacto.
Valeria miró a ambos.
-Entonces entramos, bajamos al nivel cuatro, copiamos la información y nos vamos.
Los dos hombres la miraron.
Luego Víctor negó lentamente.
-Ojalá fuera tan fácil.
-¿Por qué no lo es?
Víctor señaló el plano.
-Seguridad biométrica. Guardias armados. Cámaras en cada pasillo. Sistemas de reconocimiento facial.
Valeria tragó saliva.
-Eso suena... complicado.
Daniel respiró profundamente.
-No imposible.
Víctor lo miró con incredulidad.
-¿De verdad estás pensando en hacerlo?
Daniel sostuvo su mirada.
-Sí.
-Daniel...
-Necesitamos respuestas.
Valeria miró nuevamente la pantalla.
-¿Qué pasaría si no hacemos nada?
Víctor respondió con seriedad.
-La División Negra seguirá enviando gente hasta que mueras.
El silencio volvió a llenar la habitación.
Valeria cerró los ojos por un momento.
Cuando los abrió, había una determinación nueva en su mirada.
-Entonces vamos a entrar.
Daniel la miró sorprendido.
-Valeria...
-No quiero pasar el resto de mi vida huyendo.
Víctor soltó un suspiro largo.
-Ustedes dos definitivamente están locos.
Daniel sonrió ligeramente.
-Por eso vinimos contigo.
Víctor lo miró con sospecha.
-No.
-Vamos, Víctor.
-No.
-Sabes que eres el único que puede ayudarnos.
Víctor se pasó una mano por el cabello.
-Exactamente por eso digo que no.
Daniel cruzó los brazos.
-Te debo la vida.
Víctor lo miró con cansancio.
-No uses eso.
-Pero es verdad.
Valeria miró a ambos confundida.
-¿Qué pasó entre ustedes?
Víctor suspiró.
-Hace años... durante una misión...
Daniel lo interrumpió.
-Nos tendieron una trampa.
Víctor continuó.
-Yo estaba atrapado en un edificio en llamas.
Valeria abrió los ojos.
-¿Y?
Daniel respondió con calma.
-Volví por él.
Víctor negó con la cabeza.
-Ese idiota entró a un edificio lleno de explosivos solo para sacarme.
Valeria miró a Daniel con sorpresa.
Víctor suspiró nuevamente.
-Desde entonces... supongo que le debo algo.
Daniel sonrió.
-Sabía que recordarías.
Víctor lo miró.
-No me gusta cuando tienes razón.
Valeria dio un pequeño paso hacia ellos.
-Entonces... ¿nos ayudarás?
Víctor se quedó en silencio unos segundos.
Luego se acercó a la computadora nuevamente.
-Maldita sea.
Comenzó a escribir en el teclado.
Daniel sonrió.
-Eso suena como un sí.
Víctor no levantó la mirada.
-Solo porque quiero saber qué demonios es ese Proyecto Aurora.
Valeria sintió un pequeño alivio.
-Gracias.
Víctor levantó un dedo.
-No me agradezcas todavía.
Abrió varios archivos en la pantalla.
-Si vamos a hacer esto... necesitamos un plan.
Daniel se acercó.
-Te escucho.
Víctor señaló el edificio en el mapa.
-El acceso principal es imposible.
-Entonces usamos una entrada secundaria.
Víctor negó.
-Todas están vigiladas.
Valeria miró el mapa con atención.
-¿Y el estacionamiento?
Víctor levantó la mirada.
-No es mala idea.
Amplió la imagen.
-Hay un acceso para empleados en el nivel subterráneo.
Daniel asintió.
-Podríamos entrar por ahí.
Víctor siguió observando los planos.
-Pero todavía necesitamos pasar la seguridad biométrica.
Valeria frunció el ceño.
-¿Qué significa eso?
Víctor respondió:
-Escáner de huellas... y reconocimiento facial.
Daniel pensó unos segundos.
Luego miró a Víctor.
-¿Puedes falsificar eso?
Víctor sonrió ligeramente.
-Ahora sí hablas mi idioma.
Valeria observó cómo ambos comenzaban a planear.
Pero en su mente una pregunta seguía repitiéndose.
¿Por qué ella?
¿Por qué una organización tan poderosa la quería muerta?
-Daniel -dijo de repente.
Él levantó la mirada.
-¿Sí?
-¿Y si lo que encontramos en ese servidor es peor de lo que imaginamos?
Daniel la observó con seriedad.
-Entonces al menos sabremos la verdad.
Valeria asintió lentamente.
La verdad.
Eso era lo único que quería ahora.
Víctor cerró uno de los archivos.
-Bien.
Ambos lo miraron.
-Tenemos un plan preliminar.
Daniel sonrió.
-Perfecto.
Víctor se giró hacia ellos.
-Mañana por la noche entramos al edificio.
Valeria sintió que su corazón se aceleraba.
-¿Tan pronto?
Víctor asintió.
-Cuanto más esperemos... más probable es que la División Negra los encuentre.
Daniel miró a Valeria.
-¿Estás lista?
Valeria respiró profundamente.
Sabía que no había vuelta atrás.
-Sí.
Pero en ese momento, una de las pantallas del taller comenzó a emitir una alarma.
Víctor frunció el ceño.
-Eso no es bueno.
Daniel se acercó rápidamente.
-¿Qué pasa?
Víctor miró la pantalla.
Su expresión se volvió seria.
-Parece que alguien nos encontró.
Valeria sintió un escalofrío.
-¿Quién?
Víctor señaló el monitor.
En la pantalla aparecía una señal de rastreo.
Y debajo... un nombre.
División Negra.
Daniel apretó los puños.
-Nos están cazando.
Y esta vez...
sabían exactamente dónde estaban.