Valeria corrió al dormitorio y comenzó a meter ropa en una mochila sin pensar demasiado. Sus manos temblaban.
Hace apenas una hora su vida era normal.
Ahora estaba huyendo de una organización secreta que quería verla muerta.
Cuando volvió a la sala, Daniel ya estaba revisando algo en su arma.
-¿Sabes usarlas? -preguntó él de repente.
Valeria lo miró confundida.
-¿Usar qué?
Daniel levantó otra pistola pequeña.
-Armas.
Valeria abrió los ojos.
-¿Hablas en serio?
-Mucho.
-Nunca he tocado una.
Daniel suspiró.
-Bien... entonces no la toques ahora.
Guardó el arma en su chaqueta.
-Solo quédate detrás de mí.
Valeria intentó sonreír.
-Eso no me tranquiliza mucho.
Daniel le devolvió una mirada breve.
-A mí tampoco.
Un ruido metálico se escuchó desde el pasillo.
Ambos se congelaron.
Daniel apagó las luces del apartamento.
-Ya llegaron -susurró.
Valeria sintió cómo su corazón comenzaba a latir con fuerza.
Se escucharon pasos.
Varios.
Más de dos personas.
Daniel tomó la mano de Valeria.
-Vamos por la salida de emergencia.
La llevó rápidamente hacia la cocina.
Abrió una pequeña puerta que conducía a las escaleras traseras del edificio.
-Baja sin hacer ruido -dijo.
Valeria asintió.
Comenzaron a descender rápidamente.
Las luces de emergencia apenas iluminaban el lugar.
En el tercer piso escucharon un golpe fuerte arriba.
-Entraron al apartamento -murmuró Daniel.
Valeria tragó saliva.
-¿Nos escucharán?
-Si tenemos suerte... no.
Pero la suerte parecía no estar de su lado esa noche.
Un grito se escuchó desde arriba.
-¡Están bajando por las escaleras!
Valeria sintió que su estómago se hundía.
-Nos encontraron.
Daniel apretó su mano.
-Corre.
Bajaron las escaleras casi corriendo.
Cuando llegaron al primer piso, Daniel abrió la puerta de emergencia.
El aire frío de la noche los golpeó.
La lluvia seguía cayendo con fuerza.
El estacionamiento estaba casi vacío.
Daniel señaló un coche negro.
-Ese es el mío.
Corrieron hacia él.
Detrás de ellos se escucharon pasos en las escaleras.
Los perseguían.
Daniel abrió el coche y ambos subieron rápidamente.
Encendió el motor.
En ese momento la puerta del edificio se abrió de golpe.
Tres hombres salieron corriendo.
Uno de ellos levantó un arma.
-¡Daniel!
El disparo resonó en el estacionamiento.
La bala golpeó el parabrisas.
Valeria gritó.
Daniel pisó el acelerador.
El coche salió disparado hacia la calle.
Otra bala golpeó la parte trasera del vehículo.
-¡Nos están disparando! -gritó Valeria.
-Lo sé.
Daniel giró bruscamente en una esquina.
El coche patinó ligeramente sobre el pavimento mojado.
Valeria se sujetó al asiento con fuerza.
-¡Daniel, cuidado!
-Confía en mí.
Miró por el espejo retrovisor.
Un automóvil negro apareció detrás de ellos.
-Genial -murmuró.
-¿Qué pasa?
-Tenemos compañía.
Valeria miró hacia atrás.
El coche aceleraba rápidamente.
-Nos siguen...
-Sí.
El vehículo detrás de ellos se acercó.
Una ventana se bajó.
Un hombre sacó medio cuerpo fuera del coche con un arma.
-¡Agáchate! -gritó Daniel.
Valeria se inclinó hacia abajo justo cuando un disparo rompió la ventana trasera.
El vidrio estalló en mil pedazos.
Daniel giró bruscamente el volante.
El coche tomó una avenida más amplia.
-Esto es una locura -murmuró Valeria.
-Bienvenida a mi antigua vida.
Otro disparo resonó.
La bala golpeó la puerta del coche.
Daniel apretó la mandíbula.
-No puedo seguir huyendo mucho más.
-¿Por qué?
-Porque este coche no está blindado.
Valeria lo miró con horror.
-Eso no era algo que necesitaba saber.
Daniel frenó de repente.
El coche detrás de ellos también frenó.
Pero Daniel ya estaba girando el volante hacia otra calle estrecha.
El coche perseguidor pasó de largo por la avenida.
-Los perdimos -dijo Valeria esperanzada.
Daniel miró el espejo.
-No.
El coche negro apareció nuevamente.
-Maldita sea.
Valeria respiraba con dificultad.
-¿Qué vamos a hacer?
Daniel pensó rápido.
Luego vio algo adelante.
Una rampa que bajaba hacia un estacionamiento subterráneo abandonado.
-Sujétate.
-¿Qué?
Daniel aceleró.
El coche descendió por la rampa.
La oscuridad del estacionamiento los envolvió.
Daniel apagó las luces del coche.
-¿Por qué hiciste eso?
-Para que no sepan dónde estamos.
Detuvo el coche detrás de una columna de concreto.
Ambos guardaron silencio.
Escucharon el sonido del coche perseguidor pasando por la calle.
Luego...
nada.
Valeria soltó lentamente el aire.
-Creo que se fueron.
Daniel miró el reloj.
-Tal vez por ahora.
Valeria se recostó contra el asiento.
Sus manos aún temblaban.
-No puedo creer que esto esté pasando.
Daniel la miró.
Había algo de culpa en sus ojos.
-Lo siento.
Valeria negó lentamente.
-No es tu culpa.
Daniel bajó la mirada.
-Sí lo es.
-¿Por qué?
Daniel dudó antes de responder.
-Porque si nunca hubieras conocido a alguien como yo...
Valeria lo interrumpió.
-No digas eso.
Daniel levantó la mirada.
-Valeria, esta gente no se detiene.
-Entonces nosotros tampoco.
Daniel la observó en silencio.
-¿Estás segura de que quieres seguir conmigo en esto?
Valeria pensó en todo lo que había pasado esa noche.
Las mentiras.
Los disparos.
El miedo.
Pero también recordó los cuatro años que habían vivido juntos.
Las risas.
Los momentos tranquilos.
-Sí -dijo finalmente.
Daniel respiró hondo.
-Entonces tenemos que ir a otro lugar.
-¿A dónde?
Daniel encendió el coche nuevamente.
-A la única persona que podría ayudarnos.
Valeria frunció el ceño.
-¿Quién?
Daniel condujo hacia la salida del estacionamiento.
-Un viejo amigo.
Valeria tuvo un mal presentimiento.
-¿Amigo... o alguien como tú?
Daniel no respondió.
Eso fue suficiente.
El coche salió nuevamente a la calle oscura.
La lluvia seguía cayendo.
Y en algún lugar de la ciudad...
la División Negra ya estaba preparando el siguiente movimiento.