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Jefe maldito: ¡aléjate de mí!
img img Jefe maldito: ¡aléjate de mí! img Capítulo 4 Ya no quiero trabajar para usted
4 Capítulo
Capítulo 7 Mi robot personal img
Capítulo 8 Comienzo del exilio img
Capítulo 9 Hay un mundo de diferencia entre ellos img
Capítulo 10 Expulsada de casa img
Capítulo 11 El rendimiento de las ventas img
Capítulo 12 Los chismes sobre Edwin img
Capítulo 13 Edwin se enfadó img
Capítulo 14 Valeria fue golpeada img
Capítulo 15 Siempre vio su vergüenza img
Capítulo 16 Deseando que se arruinara img
Capítulo 17 Su ayuda img
Capítulo 18 Elegir una nueva secretaria img
Capítulo 19 Los requisitos de calidad img
Capítulo 20 La chica que le gusta img
Capítulo 21 Tiene una nueva novia img
Capítulo 22 Mala suerte img
Capítulo 23 Depende de lo que piense el señor Lozano img
Capítulo 24 Dangelo img
Capítulo 25 El señor León es tan amable conmigo img
Capítulo 26 Montar a caballo con él img
Capítulo 27 Conoce a los amigos de Dangelo img
Capítulo 28 El accidente img
Capítulo 29 Salvador img
Capítulo 30 ¿Ni siquiera puedo besarte img
Capítulo 31 Amor verdadero img
Capítulo 32 Perder la partida img
Capítulo 33 El perdedor se quita la ropa img
Capítulo 34 Quitarse los pantalones img
Capítulo 35 Alguien no está del lado de su pareja img
Capítulo 36 Su negativa img
Capítulo 37 Primeros auxilios a medianoche img
Capítulo 38 Valeria te ama tanto img
Capítulo 39 Cuida de él img
Capítulo 40 No venderé mi cuerpo a otros tan fácilmente img
Capítulo 41 Azafatas img
Capítulo 42 Tercera vez que veía a un médico img
Capítulo 43 Promesa de invitar a Dangelo a cenar img
Capítulo 44 Viaje de negocios con Archer img
Capítulo 45 La recepcionista era la ayudante de Archer img
Capítulo 46 Acoso sexual img
Capítulo 47 Algo sospechoso img
Capítulo 48 Edwin viene a buscarte img
Capítulo 49 Un baño img
Capítulo 50 Tenía una cita en mitad de la noche img
Capítulo 51 Ella no es adecuada para ir contigo img
Capítulo 52 Edwin causó un gran problema img
Capítulo 53 Edwin era muy audaz img
Capítulo 54 El tobillo hinchado de Valeria img
Capítulo 55 Cállate img
Capítulo 56 ¿Fue obediente hoy el señor León img
Capítulo 57 Hombre insidioso img
Capítulo 58 ¿Cómo vas a pagarle img
Capítulo 59 Quiero una promesa img
Capítulo 60 El juego img
Capítulo 61 El invitado inesperado img
Capítulo 62 Miel o veneno img
Capítulo 63 Cena img
Capítulo 64 Se tragó un anillo img
Capítulo 65 El Anillo img
Capítulo 66 Pagar la cuenta img
Capítulo 67 Alojarse en el hotel img
Capítulo 68 Merienda de medianoche img
Capítulo 69 Dándole las gracias img
Capítulo 70 Volvieron a atacarla img
Capítulo 71 El bebé img
Capítulo 72 La celebración img
Capítulo 73 Tres copas de vino img
Capítulo 74 La tercera copa de vino img
Capítulo 75 Huyendo img
Capítulo 76 Una trampa img
Capítulo 77 Comprando el auto img
Capítulo 78 Su dinero img
Capítulo 79 Resfriarse img
Capítulo 80 Un regalo img
Capítulo 81 Tres copas de licor img
Capítulo 82 Maldito bastardo img
Capítulo 83 Llevándola a casa img
Capítulo 84 La mujer en la habitación img
Capítulo 85 Sé una buena chica img
Capítulo 86 Pagando sus deudas img
Capítulo 87 No está en la oficina img
Capítulo 88 Irrupción img
Capítulo 89 Rechazándolo img
Capítulo 90 Sus verdaderos colores img
Capítulo 91 El Juego img
Capítulo 92 Cortejando a la muerte img
Capítulo 93 Entregándole la comida img
Capítulo 94 Quitándose la ropa img
Capítulo 95 El precio de las acciones img
Capítulo 96 Solucionando el problema img
Capítulo 97 Tomando el control img
Capítulo 98 El espectáculo img
Capítulo 99 Soñar despierta img
Capítulo 100 El plan img
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Capítulo 4 Ya no quiero trabajar para usted

Valeria caminó hacia el auto con la gracia habitual y entró.

"Señor León", saludó.

Edwin no dejó de observar su rostro.

Esperó a que dijera algo, pero incluso después de unos minutos, ella permaneció sentada con la espalda recta como si todo estuviera bien.

Cansado de esperar a que dijera algo, rompió el silencio. "Saliste demasiado rápido".

Valeria le lanzó una mirada fría al escuchar la sorpresa en su voz. "¿A qué viene ese tono? ¿Acaso creía que yo no saldría?".

El hombre solo entrecerró los ojos y desvió la mirada. Era bastante difícil saber cómo se sentía en ese momento.

"Supongo que te juzgué mal. Te subestimé".

La sonrisa de Valeria se desvaneció al escuchar sus palabras. Al sentir que su ira volvía a crecer, apartó la mirada de él y se concentró en el camino. "Quizás aprendí un par de cosas después de trabajar para usted durante cinco años".

Edwin la miró, pero la poca luz no le permitió descifrar su expresión.

Se tocó los labios inconscientemente con la mano fría.

Luego, levantó la cabeza y la miró a través del espejo retrovisor.

¿Cómo era posible que el rostro de ella estuviera tan vacío después de lo que acababa de ocurrir? No era la mujer alegre que había contratado unos años atrás.

Su mirada recorrió el cuerpo de la chica hasta que notó la marca en su cuello.

La calma que había sentido segundos atrás parecía ahora inalcanzable.

"¡Detenga el auto!", ordenó con frialdad.

El conductor no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se detuvo rápidamente al costado del camino y salió.

Esto pareció avivar la ira de Valeria, que al instante puso la mano en la manija de la puerta para bajarse también.

Sin embargo, Edwin le agarró la otra mano y tiró de ella hacia atrás antes de que pudiera abrir la puerta.

Sorprendida por su repentino movimiento, cayó directamente en sus brazos, y su aroma familiar llenó sus fosas nasales.

Él la abrazó con fuerza por detrás y apoyó la barbilla en su hombro.

Valeria apretó la mandíbula e intentó zafarse de su agarre. "¡Estamos en el auto, y además a un lado de la carretera!", siseó, pero Edwin pareció no oír la sinceridad de su tono. Le apartó el cabello hacia un lado para ver con más claridad la marca rojiza.

"Si pudiste hacer eso con ese lascivo en el salón, entonces repetirlo aquí no debería ser un problema, ¿verdad?".

Mientras hablaba, llevó las manos a la abertura de su vestido y deslizó hábilmente la cremallera hacia abajo.

La sensación de sus frías manos sobre su piel no le provocó placer como solía hacerlo. Lo único que podía pensar al sentir su tacto era en el miedo y el asco que había experimentado momentos antes cuando quedó atrapada por ese asqueroso de Brent.

'¡Maldito bastardo!', maldijo para sus adentros.

"No hagas tanto ruido como de costumbre. El conductor está justo afuera", murmuró él, mientras sus labios rozaban el lóbulo de su oreja y sus ojos se clavaban en su rostro, sin perderse ni un matiz de su expresión.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Valeria, pero esta vez fue de ira y no de placer. Lo maldijo para sus adentros y siguió intentando soltar sus manos de su fuerte agarre.

Cuando dejó de forcejear con tanta fuerza, Edwin pensó que la había domado. Aflojó su agarre y bajó la cabeza y le besó el cuello con pasión.

"¿Señor León?". Lo llamó ella de repente, con voz sorprendentemente tranquila.

Sin embargo, él no se detuvo. Estaba inmerso en la sensación de su piel en sus labios, y su respiración se volvió más rápida y pesada.

Valeria miró el techo del auto como si estuviera aburrida de todo y dijo con un tono indiferente: "Pensé que me consideraría sucia".

Eso llamó la atención de Edwin. Se detuvo y la miró con el ceño fruncido.

Valeria se encogió de hombros con indiferencia. "Quiero decir, estuve en el salón con Brent durante veinte minutos. Ya es tiempo más que suficiente para...".

Se interrumpió deliberadamente, y su estrategia funcionó. Los ojos de Edwin se llenaron de asco.

Valeria se soltó rápidamente de sus brazos, ahora débiles, y se alisó el vestido arrugado.

Edwin no se movió ni hizo ruido, pero ella podía sentir su intensa mirada clavada en ella.

Ella lo ignoró, agarró su bolso y volvió a agarrar la manija de la puerta.

"Para que lo sepa, señor León, tenía razón antes, esta noche. Ya no quiero trabajar para usted", declaró con resolución, sin dejar lugar a discusión. Acto seguido, abrió la puerta y salió.

El conductor oyó el sonido de la puerta abriéndose y corrió hacia ellos, desconcertado. "¿Señorita Ríos?".

Antes de que Valeria pudiera responderle al chofer, Edwin se le adelantó y rugió: "¡Que se vaya!".

El chofer, avergonzado, se quedó quieto y no hizo más que tragar saliva.

Valeria entendió muy bien su situación. Le dedicó una sonrisa cortés antes de darse la vuelta y avanzar sobre sus tacones altos sin mirar atrás.

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