Género Ranking
Instalar APP HOT
Dónde mueren los angeles
img img Dónde mueren los angeles img Capítulo 4 EL LUGAR MISTERIOSO
4 Capítulo
Capítulo 7 LO QUE LLEVA TU ROSTRO img
Capítulo 8 LO QUE SIENTE TU MIEDO img
Capítulo 9 LA BASE YA NO ES SEGURA img
Capítulo 10 LO QUE HABITA EN LOS CUERPOS img
Capítulo 11 MÁS CERCA DE LA OSCURIDAD img
Capítulo 12 DEMASIADO CERCA PARA HUIR img
Capítulo 13 LO QUE CRECE EN LA SOMBRA img
Capítulo 14 ELEGIR A QUIÉN PERDER img
Capítulo 15 LO QUE EMPIEZA A CAMBIAR img
Capítulo 16 EL CONTACTO img
Capítulo 17 LO QUE YA NO PUEDES DETENER img
Capítulo 18 LO QUE AÚN RESPIRA EN TI img
Capítulo 19 EL CORAZÓN DE LO QUE NOS OBSERVA img
Capítulo 20 DESPUÉS DEL DISPARO img
Capítulo 21 SALIR NO ES ESCAPAR img
Capítulo 22 EPÍLOGO - DONDE TODO EMPIEZA img
Capítulo 23 GANCHO para libro 2 img
img
  /  1
img

Capítulo 4 EL LUGAR MISTERIOSO

El viaje duró más de lo previsto, y eso fue lo primero que me molestó. No por el tiempo en sí, sino porque nadie nos decía exactamente dónde estábamos. El GPS había fallado desde hacía kilómetros, las rutas no coincidían con los mapas que llevábamos, y las señales de tránsito se desvanecieron una por una. Era como si alguien hubiera borrado aquel lugar del mundo, un rincón olvidado del que nadie hablaba.

-Esto no está bien -murmuró Mateo desde el asiento trasero, su voz cargada de preocupación.

No respondí de inmediato. Mis ojos estaban fijos en el paisaje que se deslizaba por la ventana: árboles, más árboles, y un bosque que parecía interminable. La monotonía del entorno comenzaba a resultar asfixiante.

-Valdés -insistió Mateo-, dime que también lo sientes.

Tragué saliva, sintiendo un nudo en la garganta.

-Sí.

No era miedo, al menos no todavía. Era una presión insidiosa, como si el aire se hubiera vuelto más denso, más pesado. Como si algo invisible se cerniera sobre nosotros a medida que avanzábamos por ese camino incierto.

Finalmente, el vehículo se detuvo.

-Llegamos -dijo el conductor, aunque su voz carecía de convicción.

Frente a nosotros, la base apareció entre los árboles, una estructura que parecía fuera de lugar, como un error en medio del paisaje natural. Era demasiado gris, demasiado rígida, demasiado... muerta. Bajé del vehículo y lo primero que noté fue el silencio abrumador. No había viento, ni el zumbido de insectos, ni el crujir de ramas. No había nada.

Mateo descendió a mi lado.

-Odio este lugar -dijo, su tono reflejaba una inquietud que no podía ocultar.

-Ni siquiera lo conoces -respondí, aunque comprendía su sentimiento.

No hacía falta conocerlo. Había algo en ese sitio que hacía que tu cuerpo reaccionara antes que tu mente, como si una parte de ti supiera que no deberías estar allí.

Nos recibieron dos soldados, cuyos rostros estaban marcados por una inexpresividad inquietante. No dijeron sus nombres, no nos saludaron; simplemente nos miraron, y eso fue aún peor. Sus ojos estaban vacíos, no en un sentido emocional, sino como si hubieran visto algo que les había arrancado una parte de su humanidad.

Uno de ellos se acercó a mí.

-¿Primera vez aquí? -preguntó.

Asentí, sintiendo un escalofrío recorrer mi espalda.

Se inclinó hacia mí, invadiendo mi espacio personal.

-No salgas de noche.

Mi mandíbula se tensó ante la advertencia.

-¿Por qué?

Por un instante, pensé que no respondería. Pero finalmente lo hizo.

-Porque ellos salen.

Un escalofrío me recorrió el cuerpo.

-¿Quiénes?

El soldado no contestó. Solo se alejó, como si ya hubiera revelado demasiado.

## La Primera Noche

Esa noche no dormí. No porque no pudiera, sino porque sabía que no debía. Estaba sentada en mi litera, con el arma firmemente sujeta entre mis manos, escuchando atentamente. El silencio era ensordecedor, hasta que dejó de serlo.

Un sonido. Provenía de afuera. Un paso lento, arrastrado. No era el paso de alguien caminando, sino de algo que parecía estar aprendiendo a hacerlo.

Mi respiración se hizo más superficial. No me moví, no hice el menor ruido. El sonido se detuvo justo frente a mi puerta. Exactamente ahí. Y entonces...

Escuché algo que me heló la sangre. Un susurro, suave y quebrado, como si no supiera usar una voz humana.

-...Lina...

El aire se atascó en mis pulmones. Nadie aquí debería saber mi nombre. Nadie.

Mi dedo se tensó en el gatillo. Y por primera vez desde que llegué, entendí algo con absoluta claridad: No estábamos solos. Y lo que acechaba afuera... ya me había encontrado.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022