Género Ranking
Instalar APP HOT
Dónde mueren los angeles
img img Dónde mueren los angeles img Capítulo 5 LA NOCHE RESPIRA
5 Capítulo
Capítulo 7 LO QUE LLEVA TU ROSTRO img
Capítulo 8 LO QUE SIENTE TU MIEDO img
Capítulo 9 LA BASE YA NO ES SEGURA img
Capítulo 10 LO QUE HABITA EN LOS CUERPOS img
Capítulo 11 MÁS CERCA DE LA OSCURIDAD img
Capítulo 12 DEMASIADO CERCA PARA HUIR img
Capítulo 13 LO QUE CRECE EN LA SOMBRA img
Capítulo 14 ELEGIR A QUIÉN PERDER img
Capítulo 15 LO QUE EMPIEZA A CAMBIAR img
Capítulo 16 EL CONTACTO img
Capítulo 17 LO QUE YA NO PUEDES DETENER img
Capítulo 18 LO QUE AÚN RESPIRA EN TI img
Capítulo 19 EL CORAZÓN DE LO QUE NOS OBSERVA img
Capítulo 20 DESPUÉS DEL DISPARO img
Capítulo 21 SALIR NO ES ESCAPAR img
Capítulo 22 EPÍLOGO - DONDE TODO EMPIEZA img
Capítulo 23 GANCHO para libro 2 img
img
  /  1
img

Capítulo 5 LA NOCHE RESPIRA

## Un Encuentro Inquietante

La puerta permaneció cerrada. No había espacio para la imprudencia. Me quedé quieta, con el arma firmemente sujeta entre mis manos, apuntando hacia la puerta como si mi mirada pudiera traspasarla y revelar lo que acechaba del otro lado.

-...Lina...

El susurro regresó, esta vez más claro, más cercano. Sentí mi pulso resonando en mis oídos como un tambor. Aquello era imposible. Nadie conocía mi nombre, nadie. Apreté los dientes con fuerza.

-Identifícate -ordené con una voz baja pero firme.

La respuesta fue el silencio. Un segundo, dos. Y entonces... algo rozó la puerta desde afuera, lento y arrastrado, como dedos demasiado largos. Mi respiración se detuvo en seco.

-Lina...

Ya no era un susurro. Era una imitación, torpe e incorrecta, como si algo hubiera aprendido mi nombre pero no cómo pronunciarlo. Entendí entonces que no era alguien llamándome, sino algo practicando.

Un golpe seco me hizo girar sobre mis talones.

-¡Valdés!

Mateo. Su voz, real. Abrí la puerta de golpe. El pasillo se extendía vacío, demasiado vacío. Mateo se acercaba rápidamente desde el fondo.

-¿Qué pasó? Te escuché hablar.

Lo miré intensamente, demasiado intensamente.

-¿Estabas aquí?

Frunció el ceño.

-¿Qué?

-Hace un momento, ¿estabas afuera de mi puerta?

-No. Acabo de salir del cuarto.

Algo no encajaba, nada encajaba.

-Escuché tu voz -insistí.

Mateo se detuvo frente a mí.

-Yo no hablé contigo.

El silencio que siguió fue pesado.

-Lina... -bajó la voz- ¿qué escuchaste?

Tragué saliva, sin querer decirlo en voz alta, porque hacerlo lo volvería más real.

-Mi nombre.

Los ojos de Mateo cambiaron, no fue miedo, fue reconocimiento. Y eso fue peor.

-Tenemos que salir de aquí -dijo.

-No podemos. Son órdenes.

-Me importa una mierda las órdenes.

Eso me hizo mirarlo de verdad. Mateo nunca hablaba así, nunca.

-Esto no es normal -continuó-. Los soldados... ¿los viste?

Asentí.

-No están bien.

-Lo sé.

-No, Lina... -se acercó un poco más-. No están bien.

Había algo en su tono, algo urgente, algo que me hizo sentir incómoda.

-¿Qué sabes? -pregunté.

Dudó, y ese fue su error.

-Mateo.

-Nada confirmado.

-No me mientas.

Su mandíbula se tensó.

-He visto cosas.

El aire se volvió más frío.

-¿Qué cosas?

Silencio.

-Personas que... cambian.

Mi piel se erizó.

-¿Cómo?

Me miró directo a los ojos.

-Dejan de ser ellas.

Un ruido cortó el momento. Metal, arrastrándose. Ambos giramos la cabeza al mismo tiempo.

El sonido venía del final del pasillo. Oscuro, demasiado oscuro.

-No hay luz ahí -murmuré.

-Lo sé.

Pero el sonido continuaba, lento y rítmico, como si algo caminara, pero no del todo bien.

## Descubrimiento Sobrecogedor

Mateo se adelantó, levantando su arma.

-Quédate detrás.

-No me des órdenes.

-Por una vez, haz caso.

Lo ignoré y avancé a su lado. El aire se tornaba más pesado con cada paso, más denso, más... vivo.

El sonido se detuvo justo cuando llegamos. Silencio, otra vez. Pero esta vez no era vacío, era anticipación.

-¿Lo ves? -susurró Mateo.

No respondí, porque sí, lo veía. Una silueta de pie al fondo, inmóvil, demasiado alta, demasiado delgada, como si su cuerpo no entendiera cómo ser humano.

-¿Quién está ahí? -pregunté.

Error. La figura se movió, no caminó, se inclinó de lado, como un animal curioso. Y entonces, sonrió, pero no con la boca, con algo que no debería existir en un rostro humano.

Mateo disparó. El estruendo del arma rompió el silencio. La figura desapareció, no corrió, no cayó, simplemente... dejó de estar.

El humo del disparo aún flotaba en el aire. Mi corazón seguía sin calmarse.

-¿La mataste? -pregunté.

Mateo no bajó el arma.

-Eso no estaba vivo.

Silencio.

-Mateo...

No respondió. Lo miré, y entonces lo vi. Su mano, temblando. Nunca lo había visto así, nunca.

-Nos tenemos que ir -dijo finalmente.

-Sí.

Pero en el fondo, sabía que ya era tarde. Algo más grande se cernía sobre nosotros, algo que no podíamos comprender ni detener. La noche respiraba, y con cada aliento, el peligro se hacía más palpable. Debíamos encontrar una salida, pronto, antes de que lo desconocido nos alcanzara. El tiempo corría en nuestra contra, y cada segundo perdido podía ser el último.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022