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Una chica, una manada de bestias
img img Una chica, una manada de bestias img Capítulo 3 Por fin encontró una forma de mejorar su poder espiritual
3 Capítulo
Capítulo 8 Su petición img
Capítulo 9 Qué delicioso img
Capítulo 10 Cierra la puerta img
Capítulo 11 Solicitud rechazada img
Capítulo 12 La mentira img
Capítulo 13 Ya está muerto img
Capítulo 14 No será débil para siempre img
Capítulo 15 Pronto vendrían a pedir ayuda img
Capítulo 16 Discúlpate con ella img
Capítulo 17 ¿También es uno de tus parejas destinadas img
Capítulo 18 Ya me he vinculado con una hembra img
Capítulo 19 Nikolas defiende a Lillian img
Capítulo 20 Tiene la capacidad de calmar a un macho de Nivel S img
Capítulo 21 Una Actuación img
Capítulo 22 Samuel está celoso img
Capítulo 23 ¿Qué tal si hacemos un trato img
Capítulo 24 Solo un beso img
Capítulo 25 No me dejes img
Capítulo 26 Desahoga su ira img
Capítulo 27 Burlándose de ella img
Capítulo 28 Esperando verla avergonzarse img
Capítulo 29 Una puntuación perfecta img
Capítulo 30 ¿Aceptarás estudiarme durante los próximos tres meses img
Capítulo 31 Está a punto de fracasar img
Capítulo 32 Talento de Nivel SSS img
Capítulo 33 ¿Quieres ser mi pareja img
Capítulo 34 ¿En serio te importa más esa planta que yo img
Capítulo 35 Anunciando que él es su pareja destinada img
Capítulo 36 Quiero que vengas a mí al final img
Capítulo 37 Erik intenta seducir a Lillian de nuevo img
Capítulo 38 Dándole su escama img
Capítulo 39 La hija de esa mujer img
Capítulo 40 La clase de Darren img
Capítulo 41 Otra vez img
Capítulo 42 Darren la observaba luchar img
Capítulo 43 ¿No le temes a mi aura intimidante img
Capítulo 44 Tienes fiebre img
Capítulo 45 Malentendido img
Capítulo 46 Fuera img
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Capítulo 3 Por fin encontró una forma de mejorar su poder espiritual

"Claro".

Lillian asintió. Apenas miró a su hermana antes de dirigirse directamente al mostrador de registro.

Sin perder tiempo en formalidades, pidió al empleado que sellara los documentos de inmediato.

El trabajador procesó los papeles y le entregó tres certificados de separación. "Ya está registrada como mujer soltera", dijo con una sonrisa cortés. "Yggdrasil le asignará nuevos compañeros pronto. Mañana podrá consultar los resultados en su correo".

Lillian asintió, se dio la vuelta y, con un movimiento rápido, les lanzó los certificados a Waylon y Jaycob. "Listo. A partir de ahora, ustedes dos son la pareja destinada de Justine".

Su hermana se quedó rígida por un momento, con la sorpresa reflejada en su rostro. "Lillian, ¿de verdad rompiste los vínculos con ellos? ¿Así de fácil? ¿Ya no los amas?".

La aludida soltó una carcajada fría mientras negaba con la cabeza. "¿Amor? Nunca hubo amor entre nosotros, solo era una obligación. Y yo no te detendré para que te quedes con mi basura".

Waylon se enfureció al escuchar eso y estalló: "¡Lillian, cuida tus palabras! ¿Crees que puedes hablar así de nosotros? Nos negamos a servirte por Justine. Es a ella a quien amamos de verdad".

Lillian ni siquiera se molestó en responder, pues no valía la pena discutir con ellos.

Entonces se marchó y se dirigió a casa antes de que el cielo se oscureciera.

Más temprano, Rosalyn le había enviado un mensaje. Le había dicho que le había puesto una inyección a Samuel que lo mantenía con vida, pero que su condición no había mejorado. Estaba perdiendo la razón y necesitaba un supresor o un hembra que lo calmara lo antes posible.

En cuanto Lillian llegó a casa, encontró a Samuel en la habitación de invitados. Estaba arrodillado en la alfombra, con el cuerpo encorvado por el dolor, luchando contra oleadas de dolor. Soltaba quejidos tensos mientras una de sus manos, ya convertida en garra, buscaba clavarse en su propia carne.

Lillian endureció el gesto, se lanzó hacia adelante y lo sujetó de la muñeca para detenerlo.

Al verla, Samuel se quedó quieto un segundo. Su pecho subía y bajaba con respiraciones irregulares y su voz salió áspera cuando dijo: "No deberías acercarte a mí. Podría perder el control y hacerte daño".

"No voy a dejarte así". Lillian le sujetó la cabeza con cuidado y dejó que su poder espiritual fluyera hacia él para intentar frenar su agonía.

Sin embargo, Samuel no se relajó. El dolor lo atravesaba sin descanso, como si le estuvieran separando los huesos para luego volver a aplastarlos. Algo invisible parecía presionar a lo largo de su columna vertebral, rompiéndola poco a poco. La agonía lo arrastraba cada segundo más cerca del abismo.

"Gracias por ayudarme". Samuel notó que el poder de ella no era suficiente para calmarlo. Apretó los dientes y la apartó con suavidad. "Me enfrentaré solo a mi destrucción".

Lillian se mostró ansiosa. Las normas hacían imposible utilizar supresores en alguien con antecedentes penales. Sin una hembra dispuesta a calmarlo, no había forma de sacarlo de esa situación.

Ya había intentado calmarlo con el tacto, pero no bastó. Solo quedaba una opción: el apareamiento.

Normalmente, estaba reservado a la pareja destinada de un hembra.

Nunca había hecho algo parecido. Ni en su vida anterior ni en la actual se había entregado a nadie.

Sin embargo, al ver a Samuel retorcerse delante de ella, Lillian dudó solo un instante antes de decidirse. Se inclinó, le sujetó la cabeza entre las manos y presionó sus labios contra los de él con firmeza.

La sorpresa brilló en los ojos de Samuel en el momento en que sus labios se encontraron. Algo en su interior cambió de una forma que no podía explicar. Nunca había sentido nada parecido.

Por primera vez, experimentó lo que era ser calmado por una hembra.

La tensión de su cuerpo se disipó de repente. Sus músculos se relajaron y el agudo dolor que le desgarraba los huesos se desvaneció, como si una fuerza invisible se lo hubiera llevado.

Un temblor lo recorrió mientras el alivio lo invadía. Impulsado por el instinto, sus brazos se movieron por sí solos. Rodeó la cintura de Lillian y la acercó, abrazándola con fuerza contra él. La necesidad de su consuelo se apoderó de él y profundizó el beso instintivamente.

Lillian, tomada por sorpresa, perdió el equilibrio y terminó sentada en su regazo. Samuel entrelazó su lengua con la de ella, lamiéndola y succionándola sin cesar; de vez en cuando la rozaba con sus dientes afilados, haciéndola estremecer.

Una extraña sensación se extendió por su cuerpo, dejando su mente en un estado de confusión. No solo notó un cambio físico, sino que también sintió algo inusual en su espíritu.

Su poder espiritual, antes agotado, se hinchó de repente como una esponja absorbiendo agua, atrayendo todo lo que brotaba de él. La energía salvaje que lo rodeaba fluyó hacia ella, y la convirtió en su poder espiritual, usándolo para calmarlo.

El tiempo pasó sin que lo notara. Cuando el beso terminó por fin, su poder espiritual se había agotado por completo. Su cuerpo cedió y se desplomó contra Samuel, perdiendo el conocimiento por el agotamiento.

Para Samuel, el tormento no había desaparecido del todo, pero la tormenta en su interior se calmó lo suficiente como para que pudiera volver a pensar con claridad.

Con cuidado, cargó a Lillian y la tumbó en la cama. Se quedó contemplándola, antes de optar por no tumbarse a su lado. En lugar de eso, se sentó en el suelo y se quedó allí, observándola en silencio. Sus ojos reflejaban emociones complejas.

No entendía por qué alguien como ella se esforzaría tanto solo para salvarlo.

Ni podía comprender qué había hecho él para merecer su ayuda.

Para él, ella era perfecta.

Cuando Lillian finalmente despertó, ya había pasado un día y una noche enteros. Sintió calor a su alrededor y notó que aún le sujetaban la mano con firmeza.

Al girar ligeramente la cabeza, vio a Samuel tumbado en el frío suelo junto a la cama, profundamente dormido.

Él notó el pequeño movimiento y se agitó casi al instante, incorporándose y clavando sus ojos azules en ella.

Había algo intenso en su mirada. No le quitaba los ojos de encima y, con sus rasgos rudos pero llamativos, hizo que el corazón de la joven latiera con fuerza.

Lillian hizo una pausa antes de extender la mano. Sus dedos rozaron su pelo desordenado y luego le tocaron la oreja. "Samuel, ¿por qué dormiste en el suelo?", preguntó en voz baja.

El aludido soltó un sonido grave al contacto. Siendo un hombre lobo, sus orejas y su cola eran muy sensibles. "Estoy acostumbrado. Y... gracias por salvarme y dejar que me quede aquí".

Esa respuesta no era cierta. No se había acostumbrado a dormir en el suelo. Pero había visto a demasiados como él ser llevados por hembras que los trataban como un capricho pasajero. Se iban con ellas sonriendo, solo para volver más tarde con el cuerpo cubierto de heridas.

Algunos de esas hembras, respaldados por su estatus, no dudaban en cruzar la línea y tratar a sus esclavos como meras herramientas para sus propios deseos.

Después de ver suficiente de eso, Samuel había llegado a una conclusión: si quería sobrevivir, tenía que soportar lo que se le presentara y ser obediente.

Pero Lillian lo interrumpió: "No digas cosas así. Deberías dormir en la cama".

Lillian apartó las sábanas y se levantó de la cama, y lo ayudó a ponerse de pie. Solo entonces se dio cuenta de lo alto que era. De pie junto a él, apenas le llegaba al pecho, lo que la obligó a inclinar la cabeza hacia arriba para mirarlo a los ojos.

Un rastro de timidez apareció en su rostro antes de volver a hablar. "Después de lo que pasó anoche... ¿ahora te sientes mejor?".

Samuel se quedó atónito por un instante antes de responder: "Sí. Me ayudaste a superar el celo sin problemas".

El recuerdo de aquel beso persistía en su mente, y su mirada se desvió hacia los labios de ella sin que se diera cuenta. Tragó saliva instintivamente.

Se dio cuenta de que los rumores en el Planeta Errante eran ciertos. Una vez que un macho experimentaba un alivio profundo por parte de una hembra, la sensación lo marcaba para siempre, atrayéndolo hacia ella una y otra vez. Ya sentía esa atracción.

"Espera... ¿de verdad lo superaste gracias a mí?". La emoción se reflejó en el rostro de Lillian. "¿Así que lo que hice funcionó?".

Cuando Samuel lo confirmó, todo cobró sentido para ella. La forma en que funcionaba su poder espiritual no era la misma que la de las demás.

Los núcleos de bestia nunca mejoraron su poder espiritual, por muchos que hubiera utilizado. Todos esos años luchando contra bestias aberrantes no habían cambiado nada. Ahora, por fin entendía por qué. Su poder espiritual no crecía de esa manera.

Y lo que ocurrió anoche fue más allá del simple contacto. Fue una conexión más profunda que le permitió atraer mucha más energía que antes, potenciando su poder espiritual.

Instintivamente, Lillian abrazó al hombre, incapaz de ocultar su alegría. "¡Gracias, Samuel!".

El repentino abrazo lo tomó por sorpresa. Un leve rubor cubrió su rostro y no supo cómo reaccionar. Todos sus instintos le decían que desconfiara de ella, pero no pudo hacerlo.

Se obligó a apartarse, aclarando sus pensamientos antes de hablar. "No deberías tratarme tan bien. No merezco tu amabilidad. Tengo antecedentes penales y estoy marcado como esclavo del Planeta Errante. Si la gente se entera de lo que hiciste por mí, se reirán de ti".

"No", respondió Lillian, tomándole la mano, con una sonrisa inquebrantable. "Traerte a casa fue la mejor decisión que he tomado. ¡Eres mi amuleto de la suerte!".

Lo miró y agregó: "Quédate conmigo, Samuel. Quizá seas el único que lo haga".

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