Si Mikail hubiera mostrado algún tipo de apego hacia la ex Luna, la situación sería mucho más complicada. Pero no, todo en su actitud sugería que solo estaba marcando su territorio, asegurándose de que su autoridad no fuera cuestionada.
Aun así, Calista, siempre perspicaz, notó de inmediato la tensión en el aire.
-¿Qué estás pensando, Rowan?
Le dirigí una mirada breve después de asegurarme que Mikail se había alejado lo suficiente con su segundo al mando.
-Que le bajes dos rayitas a tu actitud desafiante -respondí en tono bajo, lo suficientemente serio como para que supiera que no estaba bromeando.
Calista frunció el ceño y cruzó los brazos con exasperación.
-¿De qué hablas?
Solté un suspiro y ladeé la cabeza con cierta irritación, entrelazando los dedos.
-Necesitamos que Mikail piense que confiamos en él.
Calista inclinó la cabeza con incredulidad.
-¿Por qué demonios haríamos eso?
No respondí de inmediato. No había necesidad de compartir con ella cada uno de mis pensamientos.
Lo que importaba era que Mikail no era alguien a quien subestimar. Mantenerlo en la oscuridad sobre nuestras verdaderas intenciones era lo mejor por ahora.
Y si Calista quería jugar a la intrigante, que lo hiciera. Siempre y cuando no echara a perder mis planes.
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Calista
El calabozo tenía un hedor insoportable a humedad y sangre vieja, pero eso no evitó que mi humor se elevara con cada paso que daba.
Estaba ansiosa por ver a Lyra en el estado deplorable en el que la había dejado. Quería verla rota, completamente doblegada, para que finalmente entendiera que no tenía ningún lugar en esta manada.
Pero cuando me acerqué a la celda, me encontré con... nada.
El espacio donde debía estar su cuerpo encadenado estaba vacío.
Mi sangre se heló por un instante antes de que el enojo tomara el control.
-¡¿Dónde está?! -rugí, girándome hacia los guardias que patrullaban el área.
Los dos se sobresaltaron, pero no respondieron de inmediato.
-¿Están sordos o son imbéciles? -solté con veneno en la voz.
Uno de ellos tragó saliva antes de inclinar la cabeza con torpeza.
-No... no sabemos, mi Luna. La última vez que revisamos, ella seguía aquí...
-¡Pues claramente ya no lo está! -mi voz retumbó en los muros de piedra.
Mi mente comenzó a trabajar a toda velocidad. Solo había una persona con la suficiente audacia como para desafiar las órdenes de esta manera.
Mikail.
Ese bastardo...
Giré sobre mis talones y me dirigí con furia hacia la oficina de Rowan.
Cuando irrumpí en la habitación, él estaba inclinado sobre los mapas y documentos estratégicos, pero al ver mi expresión, su mirada se endureció.
-¿Qué pasa ahora?
-¡Lyra escapó!
Rowan se puso de pie bruscamente, derribando algunos papeles en el proceso.
-¿Qué dijiste?
-Lo que escuchaste -espeté, acercándome con pasos rápidos-. La celda estaba vacía cuando fui a verla.
Sus ojos brillaron con ira.
-¿Cómo demonios pasó eso?
Crucé los brazos y dejé caer la acusación que ardía en mi lengua.
-Fue Mikail. Estoy segura.
Rowan frunció el ceño y negó con la cabeza.
-Eso es imposible.
-¿En serio? -solté una risa seca-. ¿De verdad crees que ese hombre sigue las reglas de alguien más?
Mi Alfa no respondió de inmediato, lo que solo alimentó más mi frustración.
-Si no quieres hacer nada al respecto, lo haré yo -afirmé con decisión, dándome la vuelta para dirigirme a la habitación de Mikail.
No podía permitir que este hombre pensara que podía pasar por encima de mí.
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**Mikail**
Sabía perfectamente que ir en contra de las órdenes de Rowan en su propio territorio era una clara declaración de guerra.
Y, sin embargo, lo hice de todos modos.
Mi instinto había hablado más rápido que mi razonamiento. Había tomado a Lyra y la había sacado de ese calabozo sin detenerme a calcular las consecuencias.
Ahora, mientras me sentaba en la penumbra de mi habitación, podía sentir la mirada de Krimson clavada en mí.
-¿Qué planeas hacer con ella, Alfa?
No respondí de inmediato.
No quería pensar en ello.
Era más fácil fingir que esto no significaba nada. Que solo estaba evitando que Rowan se saliera con la suya.
Pero la verdad era otra.
Había algo en la imagen de Lyra, ensangrentada y encadenada, que había hecho que algo primitivo dentro de mí se despertara.
Era un Alfa. Era un hombre de guerra. Sabía distinguir la justicia de la crueldad.
Y lo que le habían hecho...
-No lo sé -murmuré finalmente, pasando una mano por mi cabello.
Krimson no pareció convencido.
-Mikail, esto no es un simple juego de poder.
Le lancé una mirada de advertencia, y él cerró la boca.
Pero ambos sabíamos que tenía razón.
Esto no era solo un desafío al Alfa Rowan.
Era un desafío a mí mismo.
De pronto me puse de pie con firmeza, sintiendo la determinación recorrer mis venas.
-Me la llevo.
Krimson apretó los labios, claramente incómodo con mi decisión.
-Alfa Mikail, si te llevas a Lyra, será visto como una provocación directa a Rowan.
Me puse de pie, mi imponente figura proyectándose sobre él.
-Ella fue juzgada y castigada por su propia manada. Ya no les debe nada.
Krimson me observó con cautela mientras cruzaba la habitación hacia donde Lyra estaba acostada, pálida y débil, siendo incapaz de alimentarse por sí misma.
-Ahora me pertenece -dije en un tono bajo y firme, levantándola con cuidado-. La llevaré a mi territorio.
Krimson me miró por un momento, sabiendo que nada cambiaría mi decisión.
-Como desees, Alfa.
Asentí, con mi mente ya enfocada en lo que vendría.
Rowan no me detendría. Sin importar las consecuencias, no iba a dejarla atrás.