En respuesta, el perro se levanta decidido. ¡Mierda! ¿Será que ha entendido lo que le he dicho? Luego se estira, se suena la nariz como si lo hubiera emborrachado con mi olor y se aleja un poco, pero no demasiado, para poder vigilar a su ama.
Tomo mi pequeña agenda y paso a la página de hoy. Miro el nombre de mi clienta: Stephanie Bass.
No sería razonable no conocer su nombre correctamente sabiendo que ella conoce el mío. Luego miro mis próximas citas.
Va a ser una semana muy ajetreada. Mañana voy a acompañar a una mujer a un restaurante. Intenta dar celos a su marido tras descubrir un papel con el número de teléfono de una supuesta amante. Por eso llamó a la agencia "Gentleman XXL" y luego a mí. Mi papel es sencillo. Tenemos que ir al restaurante que está al lado del lugar de trabajo de su marido, al que acude cada mediodía, y entonces tengo que coquetear con ella abiertamente para provocar los celos y la posesividad de su marido.
Esperemos que vaya bien y no haya ningún inconveniente. Por ejemplo, un puñetazo del marido celoso, como me ocurrió ya una vez. ¡Y sí! Ser un hombre de compañía también tiene sus riesgos.
Al día siguiente, una de mis asiduas, una mujer de unos cincuenta años a la que le encanta dar envidia a sus amigas. Una vez al mes vamos al casino para que pueda pavonearse de mi brazo. No tengo que hablar, solo despertar la envidia de sus compañeras de juego. Como me dijo: "Sé hermoso, nene, y mantente callado".
Mientras me pague por mi actuación, puede pedirme lo que quiera.
Al día siguiente, tengo una cita con la hija de un agregado de asuntos exteriores. Una joven japonesa que acaba de llegar a París y necesita que la acompañen para descubrir la vida parisina de día y de noche. Ganaré mucho sin duda. Más aún si le gusta mi servicio, pero también una futura clienta. A las japonesas les encanta París, las cosas bonitas y divertirse. Están lejos de ser ángeles como se podría pensar.
Estoy a punto de pasar la siguiente página cuando una mano me toca en el hombro.
Cierro el cuaderno y me pongo de pie. Stephanie, sorprendida, da un paso atrás.
-"¿Llevas mucho tiempo detrás de mí?" -le pregunto, firmando rápidamente. (Firmar se refiere a hablar con las manos)
Frunce el ceño y luego firma lentamente.
-"Firmaste muy rápido, no entendí bien."
Le doy la espalda con rabia mientras guardo mi pequeña libreta en el bolsillo interior de mi chaqueta.
-No soporto que la gente mire mis cosas -digo en voz baja.
Luego me vuelvo hacia ella y añado.
-"¿Estás preparada?"
-"Sí" -dice-. "Y lo siento, pero no te preocupes, no he visto nada."
Sonrío y miro el reloj.
-"¿Tal vez sea el momento de irse?"
Asiente rápidamente, coge su bolso y sus tacones y se los pone mientras avanza hacia mí. Luego toma el arnés de su perro.
Esperen un momento, ¿estoy soñando? ¡¿Su perro babeando todo mi coche?! No, eso no está incluido en mi contrato.
Me acerco a ella, le toco el brazo y le digo que no es posible. El perro cree que la estoy atacando y gruñe mientras se levanta.
-¡Cállate perro! -digo.
-"Se llama Prisca y es una perra. Creí que te habían avisado."
-"No lo hicieron."
-"Te lo compensaré."
-Cariño, tu cuenta bancaria no es lo suficientemente grande para eso -digo en un susurro.
Ella frunce el ceño.
-"Nada, nos arreglaremos" -profiero.
Satisfecha, me sonríe y nos dirigimos a mi coche. Su perra sigue nuestros pasos, caminando despreocupadamente.
Atravesamos las calles de París en dirección a Porte Maillot, donde se ha reservado una gran sala para este fin. Stephanie me ha dado la dirección escrita en una tarjeta de invitación con mi nombre para que la introduzca en el GPS.
A través del espejo retrovisor, de vez en cuando echo un vistazo al asiento trasero, donde está sentado con orgullo este monstruo de cuatro patas con los dientes colgantes. Es extraño que sea este estilo de raza, ya que normalmente los labradores se utilizan como perros de compañía.
Estoy conduciendo por la circunvalación interior, pasando por las distintas puertas de París, cuando el teléfono empieza a sonar en la cabina. La perra, o Prisca como se llama, me ladra al oído y apoya la cabeza en el hombro de su ama. Atemorizado, doy un volantazo y me arriesgo a colisionar con el vehículo que circula a mi lado.
-¡Maldita perra estúpida! -grito mientras Stephanie acaricia la cabeza de su perra para tranquilizarla.
Sacudo la cabeza con fastidio, pulso el mando del volante y la voz del único hombre tatuado del grupo resuena en la cabina.
-¡Hola, guapo!
-¿Qué quieres saber de anoche, Oliver? ¿El cuento largo y caliente o un resumen rápido?
-¿Me estás tomando el pelo? -responde mi amigo, cuyo acento americano se extiende por el coche-. Obvio que el largo y caliente.
Miro a mi alrededor y sorprendo a Stephanie mirándome. Le sonrío y luego miro fijamente la carretera. De todos modos, ella no puede oír, así que me lanzo a dar una explicación que estoy seguro de que le hará reír.
-Cuando vi a esta mujer, enseguida me di cuenta de que era un poco cerdita. Solo sus ojos daban la impresión de que decía: ¡Ven y fóllame!
-¡No! -responde un sorprendido Oliver.
Me río a carcajadas y reanudo mi monólogo bajo la mirada de Stephanie. Bueno, admito que le gusto a las mujeres, pero esta forma de mirarme sigue siendo inquietante.
-Ella lo quería. Así que empecé besándola con un pequeño toque de labios. Quería probarla un poco. ¿Sabes a qué me refiero?
-Absolutamente tío. Para ver si se mojaba por ti.
-¡Sí, así es! Y te puedo decir que hice mojar su coñito.
-Bueno, ¿me lo vas a decir o tengo que ir allí y patear tu pequeño y caliente culo?
-No iba lo suficientemente rápido para ella, así que me agarró por el cuello del saco y me estampó contra la pared.
-¡¿Estás bromeando?! ¿Así que está tan buena como dijo Frank?
-¡Más o menos! ¡Pero si es un verdadero bombón caliente! En la cocina, en la lavadora, en el sofá del salón y acabamos en su cama. Una verdadera ninfómana.
-¡Maldita sea! ¿Soy el único que no la ha probado entonces?
-No le gustan los hombres tatuados.
-Nunca ha probado una polla como la mía. Espera a que conozca mi piercing y te prometo que todos ustedes serán despachados.
-¡Me estás aburriendo con tu polla perforada!
-Bueno y entonces, ¿cómo la chupa?
Sonrío, recordando lo sucedido anoche, mientras dejo que las imágenes pasen ante mis ojos.
-No en vano la apodaron Garganta Profunda.
-¡Mierda! ¡Tengo que cogerla! La próxima vez que se acerque a ti, dile que estás ocupado y envíamela.
Pongo el intermitente y tomo el carril de desaceleración para entrar en la rampa de Porte Maillot.
-¿Qué me darás a cambio?
-Conocí a dos chicas Bi y puedo decir que saben usar todo.
Stephanie me toca en el hombro para llamar mi atención.
-Espera un segundo, estoy con una cliente.
Con la mano me señala el aparcamiento al que tengo que ir.
-¿Espero sea buena? -inquiere.
Rápidamente miro a Stephanie y le dirijo una sonrisa mientras conduzco, a lo que ella responde discretamente.
-Es comestible, pero es sorda y creo que también es muda. No estoy muy seguro. Todavía no he oído el sonido de su voz.
Una carcajada resuena en el coche, haciendo vibrar los altavoces. Mi pasajera frunce el ceño y se vuelve hacia mí.
-¡Mierda! No podrás presumir de haberla hecho gritar de placer.
-No, no lo haré. Bueno, te dejo. Hemos llegado al lugar donde siento que me voy a aburrir infinitamente.
Corto la llamada. Apenas aparco, Stephanie sale del coche, abre la puerta trasera y deja salir a su perro, para luego dirigirse a la entrada sin mirar atrás.
Salgo, uso el sistema de cierre centralizado y camino rápidamente hacia ella. Tomo su brazo y lo pongo bajo el mío.
Prisca me mira con ganas de decir: "Idiota, ¿para que estoy yo?"
Stephanie suelta secamente su brazo y se vuelve hacia mí y firma:
-"No te sientas obligado a venir conmigo porque te vas a aburrir."
-¡Mierda! ¿Qué?
Levanta la mano, se la lleva a los labios y añade firmando.
-"Sé leer los labios." -Luego suspira-. "Y para tu información, solo soy sorda, pero no soporto mi voz" -añade enfadada, firmando rápidamente y dando un pisotón-. "¡Ah! Y yo añadiría que no tienes modales. Eres pretencioso, orgulloso y no tienes respeto por las mujeres." -Luego suelta la correa de Prisca y con un gesto obsceno imita el acto de besar con ambos brazos-. "Gracias por el "comestible" y buenas noches Cyril."
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Te amo Stephanie ❤️ ¡Eres mi diosa!