Sucumbiendo a él
img img Sucumbiendo a él img Capítulo 5 Comenzar de cero y...
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Capítulo 6 La idea img
Capítulo 7 Preparándome para la cita img
Capítulo 8 Bailando con él img
Capítulo 9 Esto es solo el comienzo img
Capítulo 10 Marcando territorio img
Capítulo 11 Invitación img
Capítulo 12 Águilas arpías img
Capítulo 13 Paso a paso img
Capítulo 14 Paseo y... encuentro img
Capítulo 15 Día libre img
Capítulo 16 Día ameno img
Capítulo 17 Enviándole mensajes img
Capítulo 18 Encuentro fortuito img
Capítulo 19 Mi amiga es... img
Capítulo 20 Confrontación img
Capítulo 21 Queriendo hallar una salida img
Capítulo 22 Alana me obliga img
Capítulo 23 Encuentro fortuito img
Capítulo 24 Juego img
Capítulo 25 Haciéndolo enojar img
Capítulo 26 En primera fila img
Capítulo 27 La fiesta img
Capítulo 28 Celosa img
Capítulo 29 De mal en peor img
Capítulo 30 Conociendo lo sucedido img
Capítulo 31 Mi obsesión compulsiva img
Capítulo 32 Implante y encuentro sorpresa img
Capítulo 33 No quiero que sea así, no contigo img
Capítulo 34 Compartiendo con él img
Capítulo 35 No soy una clienta img
Capítulo 36 Adiós img
Capítulo 37 Lágrimas y más lágrimas img
Capítulo 38 Encuentro después de un tiempo img
Capítulo 39 De tristeza a felicidad img
Capítulo 40 ¡Ven conmigo! img
Capítulo 41 Comenzando el viaje img
Capítulo 42 No sucede lo que esperaba img
Capítulo 43 Desnuda ante él img
Capítulo 44 A fuego lento img
Capítulo 45 Llegando al clímax img
Capítulo 46 Mi primera felación img
Capítulo 47 Me dice lo que he estado esperando img
Capítulo 48 Dibujando a mi musa img
Capítulo 49 Dime lo que quieres y cumpliré tus deseos img
Capítulo 50 Felicidad interrumpida img
Capítulo 51 Confrontación y confesión img
Capítulo 52 La verdad de Valentín img
Capítulo 53 Apostando en el casino img
Capítulo 54 Cállate, Valentín img
Capítulo 55 La irritable mujer img
Capítulo 56 Buscando una solución img
Capítulo 57 Punto sobre las íes img
Capítulo 58 Cyril sale a flote img
Capítulo 59 Clímax img
Capítulo 60 Persecución img
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Capítulo 5 Comenzar de cero y...

Cyril POV

Me quedo paralizado como un tonto y veo como ella avanza ante mis ojos y se encamina a la fiesta.

Prisca gira la cabeza hacia mí y su expresión me da la impresión de que me está diciendo: "Entonces, ¿quién de nosotros es más idiota ahora?"

¡Mierda! Me acaban de engañar en mi propio juego. Y de repente me doy cuenta de que ni siquiera la felicité por su atuendo, que por cierto se adapta perfectamente a su larga y femenina figura. Esto merece una reprimenda, por cierto. Si la información llega a oídos de mi jefa, estoy seguro de que levantará la correa que tiene por lengua para reprenderme.

Cualquier mujer debe ser respetada, mimada y puesta en un pedestal. Y aquí, mi comportamiento fue realmente irrespetuoso. Lo peor es que yo no soy así. Demasiada presión en una noche me hizo perder mi verdadero papel de acompañante.

Dejo que mis ojos recorran su espalda, revelando la curva de sus lomos y la de sus nalgas. Mi mirada codiciosa sigue su meneo sexy.

Un largo suspiro se escapa de mis labios y me dirijo hacia la entrada de donde sale la música. Me detengo, sonriendo, frente al recepcionista.

-Su tarjeta de invitación, por favor.

Oh, sí, ¡qué bien que me haya quedado con esta! Después de buscar en mis bolsillos, la saco con orgullo.

-Puede entrar, señor, y tener una buena noche. -El recepcionista me dice, cogiendo la tarjeta y colocándola en un gran cuenco a su lado, y luego señala a una mujer que sostiene una caja registradora frente a ella.

Camino hacia ella.

-¿Su nombre, por favor? -Me lo pide con una bonita sonrisa y los dientes blanqueados para la ocasión.

Le doy mi nombre y mi apellido y, tras mirar en su gran cuaderno, me señala la entrada.

-Buenas noches señor, la señora Stephanie Bass ya ha llegado.

-Gracias.

Entro en esta gran sala que me da la impresión de estar en un baile de principiantes. Afortunadamente, o debería decir desgraciadamente, la presencia de los perros, aquí y allá, acompañando a su amo o ama disipa esta impresión.

Bajo la mirada de algunas mujeres curiosas o envidiosas, avanzo hacia mi compañera de la noche. Al llegar a ella, le toco el hombro, se da la vuelta y su sonrisa se desvanece tan rápido como apareció al verme.

-"No tenías que venir." -Me hace señas, no muy contenta de verme.

-"Lamento mi comportamiento. No debería haberte tratado así. Además, no es mi costumbre."

-"No te preocupes. No me quejaré con la agencia, así que no sientas que tienes que quedarte."

Está a punto de darse la vuelta, pero suavemente la agarro del brazo.

-"Creo que deberíamos empezar de nuevo, pero esta vez con el pie derecho, Stephanie."

Inmediatamente se aparta como si hubiera recibido una descarga eléctrica y me mira a los ojos, esperando que le diga algo.

-Buenas noches -articulo correctamente para que pueda leer mis labios. Sus ojos fijos en mis labios me hacen sentir un poco incómodo... ¿por qué? Tal vez porque me mira inocentemente y sin ningún pensamiento perverso.

-Soy Cyril -le digo, tendiéndole la mano-. Soy tu acompañante de la noche y déjame decirte que estás hermosa -añado con una gran sonrisa mientras dejo que mi mirada recorra sus bonitas formas para indicarle que no es mentira.

Ella duda un momento, mirando a su alrededor, y luego extiende su mano delgada. La envuelvo con la mía antes de llevármela a la boca para posar mis labios sobre ella como lo hace un hombre bien educado y respetuoso.

Prisca se levanta tranquilamente y va a tumbarse un poco más lejos en la habitación donde están otros perros. ¿Es esta su manera de confiar en mí? Tal vez sí. En cualquier caso, una cosa es cierta, a este perro solo le falta hablar.

Un camarero se acerca a nosotros, vestido con un traje de cola, con una bandeja en la mano y con una sonrisa nos ofrece una copa de champán. Tomo dos y le doy una a Stephanie, que a su vez la bebe.

Bebiendo mi champán, bajo la mirada intrigada de las mujeres presentes en la fiesta, me encuentro con una mirada más pesada que las que me examinan.

Sin pudor, ella parece detallarme mientras charla con su amiga. Después de unos minutos, caminan hacia nosotros.

Con la copa en los labios, las veo avanzar. Cuando llegan a nosotros, uno de ellas toca el hombro de Stephanie y ella se vuelve hacia la mujer.

Por la reacción de su cuerpo, entiendo que no está muy contenta.

Bajo mi atenta mirada, la mujer se lleva la mano a la boca para indicar a Stephanie que va a hablar.

-¿Nos presentas a tu novio?

El cuerpo de Stephanie se tensa ligeramente, señal de su malestar. Camino hacia ella, coloco mis dedos en la parte baja de su espalda para indicar que voy a jugar el juego y miro fijamente a quien parece intimidar a mi clienta.

-Buenas noches, señoras. Me presento, soy Cyril.

Rodeo con mis brazos la cintura de Stephanie y la atraigo hacia mí como lo haría un novio o un esposo. Un ligero escalofrío recorre su cuerpo, que se relaja inmediatamente cuando le acaricio la cadera con el dedo para hacerle entender que esto es solo un juego. Un juego muy bonito, lo reconozco.

Ver los ojos de estas chismosas, analizando cada uno de mis movimientos, es un verdadero placer.

-¡Bueno, querida! No sé dónde lo has encontrado, pero asegúrate de que no te lo roben.

-No se preocupen, señoras. Soy un hombre fiel. -Acerco mis labios a la sien de mi clienta mientras se vuelve hacia mí y añado con una sonrisa-. Por fin encontré mi perla y no estoy dispuesto a dejarla marchar.

-¡Qué bueno! Stephanie tiene suerte de tenerte a su lado -responde la morena que me da la impresión de ser una devoradora de hombres. Se nota que me analiza, me examina y me detalla de arriba abajo.

-No, soy yo quien la tiene. -La corrijo.

Entonces, con una ligera presión sobre su cadera, le hago saber que me gustaría hacerla bailar. También quiero saber por qué pidió la ayuda de un escort y en este caso de mí.

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¿Qué harán estas dos víboras contra Stephanie?

                         

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