Esposa Virtuosa
img img Esposa Virtuosa img Capítulo 2 Un paseo por la ciudad...
2
Capítulo 9 Una invitación especial... img
Capítulo 10 Mentira, tras mentira... img
Capítulo 11 Las situaciones incomodas no son para aguantarse. img
Capítulo 12 Anastasia, me vas a obedecer... img
Capítulo 13 Ganó la impulsividad... img
Capítulo 14 Anastasia encuentra apoyo para sus futuros planes... img
Capítulo 15 Cómplices... img
Capítulo 16 Anastasia empieza a sentir pánico. img
Capítulo 17 Arrepentimiento... img
Capítulo 18 Vigilar de cerca... img
Capítulo 19 Descubiertos... img
Capítulo 20 Sentimientos correspondidos... img
Capítulo 21 Hay que planear una fiesta para despedir la soltería... img
Capítulo 22 Planeando la boda... img
Capítulo 23 En desacuerdo... img
Capítulo 24 Un beso de agradecimiento... img
Capítulo 25 Dime que todo sigue igual... img
Capítulo 26 No quiero detalles... img
Capítulo 27 No escuchó advertencias... img
Capítulo 28 Día de consulta... img
Capítulo 29 Asechadas... img
Capítulo 30 Nostalgia contenida. img
Capítulo 31 ¡No tengo precio! img
Capítulo 32 De camino al altar. img
Capítulo 33 ¿Dónde está la novia img
Capítulo 34 ¿Dónde está Anastasia img
Capítulo 35 ¡Nueva millonaria! img
Capítulo 36 ¡De nuevo la ex! img
Capítulo 37 ¡No te dejaré escapar! img
Capítulo 38 Charlando con el secuestrador. img
Capítulo 39 Un nuevo empleo. img
Capítulo 40 Surgiendo... img
img
  /  1
img

Capítulo 2 Un paseo por la ciudad...

Nada era igual que antes, había muchos cambios en toda la casa. Las porcelanas que adornaban la sala habían desaparecido, las lujosas arañas que colgaban del techo estaban sucias y con las bombillas rotas, la alfombra persa estaba manchada por completo. Pensaba en todas las cosas que debieron pasar en esa casa para que ahora tuviese un panorama tan devastador.

Pero, a pesar de todo, Anastasia estaba contenta por estar de regreso, sin embargo, al notar el estado físico de su padre sentía que su corazón se agujereada produciéndole punzadas de dolor.

Se interrogaba con insistencia sobre las razones que llevaron al multimillonario Emiliano White al descuido. Su ritmo cardíaco se agitaba al pensar que podría tratarse de una enfermedad incurable. Se hundió en el viejo sofá manchado y mal oliente.

-¡Mi lugar está aquí! Voy a tener mucho trabajo, pero levantaré de nuevo esta mansión, mi hogar, que ahora luce deplorable. -Anastasia escucho unos pasos y supo que su papá se acercaba, pero tenía mal humor

-¡Quiero un maldito café, Francia! -Sus ojos se abrieron con exaltación. Nunca recordó que en esa casa se tratara a las empleadas de esa forma.

Anastasia estaba aturdida al ver que Francia salió con un termo de café casi a los segundos de haberle propiciado aquel grito.

-Sírvele un poco a mi hija, le hace falta. -Anastasia se negó y explicó que no tomaba café desde hace algunos años.

-Llena de nuevo mi taza -murmuró el señor White, estirando su brazo a Francia que permanecía de pie a su lado-. De verdad confiaba en que te tardarías otro año para regresar.

-No podía soportar más, además mi carrera puede estudiarse en cualquier parte del mundo, no necesariamente en Europa. -Anastasia nunca estuvo a gusto con lo que estudió, por eso quiso huir antes de recibir su titulación.

-Insisto en que no debiste regresar, estabas bien en Europa, aquí no tienes nada que hacer, niña. -Anastasia se sintió furiosa por las palabras que su padre le expresaba con tanta insistencia, tal parecía que la quería mantener lejos de alguna extraña situación.

-No me pienso ir nunca más, está es mi casa. ¡Conmigo al frente todo va a cambiar! -dijo con absoluta certeza-. Mañana mismo iniciaré con cambios en esta casa. Eso de que en casa de herrero el cuchillo es de palo no va a aplicar conmigo. Pronto está mansión recuperará su brillo y en eso pondré mi empeño.

-Deja todo cómo está... no desperdicies tu tiempo en eso -reclamó Emiliano White algo alterado mientras se ponía un abrigo-. ¡Acomódate como quieras! Voy a salir.

-No, por favor no te vayas ahora que hay tantas dudas en mi cabeza. ¿Qué hay de tu salud? Hasta parece que algo grave te aqueja, fíjate que estás delgado y ojeroso. ¡Papá ese no es tu mejor semblante! -Anastasia lo detuvo sujetándolo del brazo, pero no consiguió saber casi nada

-Estoy bien, ser obeso no es un indicativo de tener buena salud, ahora sí me lo permites tengo asuntos importantes que atender. Por favor dile a Malena que te instale en la habitación y vete a descansar, el viaje debió agotarte.

Anastasia asintió, pero en su cabeza solo estaba la idea de irse a dar un paseo por todo el condado. Así que caminó hasta el estacionamiento y viendo entre la colección de autos, todos cubiertos con un impermeable y llenos de polvo, eligió el convertible rojo.

Era su auto favorito, por lo visto llevaba tiempo sin ser usado, ahora que tenía licencia para conducir no podía aguantarse las ganas de pasear sola en él como siempre había sido su sueño.

Sabía de mecánica, siempre le habían apasionado los motores. Por lo tanto, en Europa hizo varios cursos de automotriz, soñaba con heredar algún día la colección de autos de sus padres.

Después de algunos minutos revisando y conectando algunos cables, el auto encendió con facilidad. Se fijó en su ropa y estaba manchada de grasa y suciedad.

Regresó a buscar su equipaje y se cambió. Ahora llevaba una camiseta oversize de color negro, un pantalón corto y unas gomas deportivas.

Se despidió de Malena y se fue con la mayor de las emociones a conducir por la ciudad. No iba a ningún lugar en específico porque no tenía amigos o conocidos en ese lugar.

******

Emiliano White se subió en su Jeep Wrangler y condujo hasta la taberna más cercana. Al verlo el cantinero le invitó a ubicarse en la barra para prepararle lo mismo de siempre.

-¡Esta vez prepárame el trago doble! Lo necesito. -El cantinero trajo dos copas de whisky y se las colocó al frente. Emiliano se bebió la primera y enseguida la segunda.

Sacó un billete arrugado de su pantalón y pagó. Se retiró y busco la vía que lo llevaría hasta la mansión de Jhon Anderson Uriana, mientras conducía con obstinación pensaba en la conversación que sostendría con aquel hombre.

Aspiraba poder conciliar con ese magnate poderoso que ahora era el nuevo millonario de la ciudad. Estacionó el auto y subió las escaleras con rapidez, los empleados de la mansión lo miraron con rareza, pero ninguno se atrevió a detenerlo.

-¿Dónde está el cretino, dueño de esta casa? -gritó alterado.

-¡Emiliano, que necesita! -respondió Jhon Anderson desde la terraza, era un hombre alto, musculoso de piel bronceada y ojos claros. El señor White se acercó y sin saludar dijo

-Quiero hablar de algo muy personal. ¡Entremos! -Jhon Anderson se quedó extrañado por la actitud osada del viejo.

-¿De qué tienes que hablar conmigo un día como hoy? -interrogó con despreocupación.

-No quiero que nadie escuche lo que tengo para decirte, entremos por favor -suplicó White mientras se pasaba la mano por su cabello despeinado-. Y sírveme un trago.

-¿Un trago? ¿Qué pretendes? Matarte en el auto, es evidente que apestas a alcohol y no es ni siquiera medio día -murmuró Jhon Anderson.

-Ese no es tu problema, ¡Exijo un trago!

-¡Sírvelo usted mismo! Por cierto ¿Qué diablos estás buscando aquí en mi propiedad? -dijo Jhon Anderson caminando hasta un lugar donde no los interrumpieran-. ¿Qué tienes para decirme?

-¡Mi hija ha vuelto! -soltó el viejo White.

-Y ¿A mí que me importa? Apenas y la recuerdo, que lástima que no sacó la belleza de su madre. -Cuando Anastasia se fue a estudiar era delgada y no tenía nada de gracia-. Recuerdo que la llevaban en una limosina al colegio, bueno las pocas veces que la vi porque como sabes tuve que dejar de estudiar antes de tiempo.

-Muchacho yo... ¿Cuándo vas a perdonarme? Yo no... -Jhon Anderson lo interrumpió antes de escuchar palabras que no deseaba recordar.

-Si viniste a hablar del pasado, puedes irte por donde entraste, viejo borracho. -Emiliano comprendió que aún no lo había perdonado.

-¡Eres un terco! ¿Cuántas veces tendré que decirte que no tuve la culpa de nada? Pero no fue por eso que me acerqué a usted -dijo Emiliano White rascándose detrás de las orejas.

-Pues explica porque no entiendo nada. -Jhon Anderson era una persona que no andaba con rodeos.

-No sé cómo explicarle todo a mi hija. Usted se volvió un hombre sin sentimientos. -gruñó el viejo White.

-¿Es verdad lo que dices? ¿Has venido solo a preguntar esa tontería? Lo que le digas a mí no me incumbe. Más bien aprovecha y envíala de regreso. ¡Ya nada le pertenece por estos lados! -dijo Jhon Anderson empezando a endurecerse.

-Tu humanidad te la comiste en ensalada, ¿Cómo puedes tener el alma tan negra? -Le reclamaba con severidad.

-Usted sabe que me dañaron, No tuvieron compasión conmigo... Además, deberías en cierto modo estar agradecido, te salve de la ruina total. Yo solo hice un negocio al pagar la hipoteca de tus propiedades. -Se llevó su mano a la cintura y saco una pistola.

Le apuntó en la cabeza al viejo White y se burló al verlo temblar del susto.

-Yo si te voy a matar algún día. ¡Lo juro! -dijo Emiliano White.

-Lárgate ya de mi casa. Y procura no regresar más. -ordenó mientras se daba la vuelta para irse a una de sus oficinas desde donde controlaba la producción de sus empresas.

Recibió una llamada de su abogado y se apresuró.

-Vine apenas dijiste que en mi convertible rojo estaba paseando la mujer con la que tuve el inconveniente en el aeropuerto. ¡Es decir que esa malcriada es la hija del viejo White! Canta conmigo Maximiliano "La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida". -Ambos se soltaron a reír, porque habían encontrado a la mujer antes de tiempo... es más, ella solita había entrado a la boca del lobo.

-¿Qué hago? La detengo y le informo que esos autos no son de la familia White Nariño. Siempre te dije que deberías tenerlos en tu poder, son unas joyas valiosas. -Jhon Anderson había pagado las deudas, pero había querido dejar todo como estaba, el viejo White sabía que todo le pertenecía a Jhon Anderson y eso era lo que buscaba poder explicarle a su hija.

-No, déjala tranquila. Voy a pensar esta noche qué haré para vengarme de sus insultos. Fíjate que al que no quiere caldo le sirven dos tazas. Ya le daremos la bienvenida a la Señorita White a nuestro estilo -dijo con tranquilidad porque la arrogancia y la pedantería eran el sello personal.

-Estaré ansioso esperando una respuesta, no requiriéndose mis servicios el día de hoy, me retiro -se despidió el abogado Maximiliano García.

Era la mano derecha de Jhon Anderson Uriana, por su lealtad e inteligencia se había ganado la confianza. Maximiliano antes de trabajar para Uriana era un muchacho de bajos recursos con muchos sueños. Éste descubrió la agilidad que tenía para las leyes y le costeó sus estudios, después lo contrato como su abogado personal.

A la mañana siguiente, ya tenía todo planeado y ejecutado. Ahora solo debía poner a rodar su plan.

-Necesito que ahora vayas a la mansión de la familia White y me traigas a esa greñuda. Sé que se va a sorprender, trátala con educación y no le menciones mi nombre, sé que Emiliano White es un cobarde y ha de estar en alguna cantina hartándose de whisky.

            
            

COPYRIGHT(©) 2022