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Habían pasado dos días desde que Alan había visto aquel cuerpo en el callejón, las noticias habían volado y él había podido colocar los nombres de la mujer morena y del hombre joven; Carolina Martínez, una española que había llegado a visitar a sus hijos de sorpresa y sí, vaya sorpresa que se llevaron los hijos cuando les dieron la noticia sobre lo sucedido con su madre.
El hombre joven era Jean Monet, un francés que había llegado con su alfa hacía poco menos de una semana por cuestiones de trabajo y mismo alfa que tenían cautivo en uno de los hospitales puesto que el hombre había sentido su lazo romperse al momento en el que su omega dejó de respirar y los doctores supieron la razón de su descontrol, así que pudieron controlarlo lo suficiente para que la policía le contara lo que había sucedido, luego de eso no se supo qué más sucedió, pero no había que imaginar demasiado.
Todo alfa u omega enlazado moría de tristeza luego de que su pareja moría primero por otras circunstancias, al menos aquellos que sí se enlazaban por amor y no porque habían caído por el celo de un omega desconocido en la calle o porque han sido obligados a casarse por sus padres, esos simplemente vivían tranquilos de "librarse" de su carga y con el tiempo conseguían otro omega sin problema alguno, algo triste, porque su propia casta no podía hacer lo mismo, una vez marcado, nadie aceptaría un omega usado; o eso era lo que decían la mayoría de los alfas, por eso se negaba a casarse con cualquier idiota que su anciano abuelo le escogiera sólo para heredar la compañía familiar y tener por fin la herencia que sus padres le habían dejado. Prefería seguir ganándose la vida con sus pinturas, de todas formas no le iba tan mal, tenía clientes fijos que iban cada tanto y le compraban algo antes de desaparecer como por dos meses o más.
-Buenas tardes -Saludó el mismo hombre que había ido dos días atrás, llevando una sonrisa cortés sobre sus labios. -He vuelto para-
-No están en venta, ya se lo dije hace dos días, señor -Interrumpió Alan antes de que el hombre terminara de hablar, había estado pensando en frío el día siguiente a aquel día y dudaba que el asesino mismo se acercara a comprar las pinturas puesto que sería completamente sospechoso para cualquiera. -Puede llevarse cualquier otra, pero esas no, están allí sólo de exhibición y no, no me importa recibir malos comentarios por ellas.
-Está bien, quizás comprándote otra pintura algún día aceptes vendérmelas -Respondió el hombre bastante divertido con el omega pelirrojo y ladeó levemente el rostro sin borrar la sonrisa de sus labios. -¿Sabes que fácilmente podría obligarte a vendérmelas con la voz de mando, verdad?
-No lo haré -Aseguró Alan con expresión estoica, en cualquier caso las pinturas sólo podría llevárselas la policía, pero no había llegado aún ningún policía a pedírselas, así que por mientras eran todavía suyas propias. Frunció el ceño por la pregunta ajena y se cruzó de brazos antes de señalar con la cabeza hacia el guardia del parque. -Si se atreviera a usarla sería detenido por el cuidador del parque, porque estaría alterando la tranquilidad del lugar y aquí está prohibido que alfas como usted quieran pasarse de listos.
El hombre sonrió ahora de manera más amplia antes de fijar momentáneamente la mirada en los árboles del fondo donde su jefe se hallaba observándolo y regresó luego la mirada hacia la del menor, asintiendo levemente con las manos alzadas a cada lado de su cuerpo para evitar que llamara al guardia y se creara un problema más grande por andar amenazando al menor.
-Está bien, tú ganas -Aceptó rápidamente para tranquilizarlo y luego señaló hacia la pintura de un tigre de las nieves y dijo: -Entonces véndeme esa, para mi hija -Pidió.
-Tsk teniendo hija y queriéndose llevar esas pinturas, está loco, con todo el respeto que se merece, aunque sinceramente pienso que no se merece nada -Comentó Alan luego de chasquear la lengua y miró la pintura señalada antes de asentir levemente. -Serían $200, transferencia o efectivo.
-No las iba a llevar a casa, pequeño omega -Contó el hombre como una risa nasal corta antes de sacar el dinero en efectivo y entregárselo. -Todavía no es tiempo de que sepas quién soy, pero lo que te puedo decir es que mi jefe quiere tus pinturas para protegerte.
Alan lo miró escéptico ante sus palabras, mismas que no le tomó importancia porque no lo conocía y menos al jefe, aunque no sabía por qué presentía que debía saberlo, pero dejó pasar el sentimiento y fue por el spray fijador y el papel para embalar, yendo luego hacia la pintura para acomodársela al hombre y entregársela mientras tomaba el dinero, viéndolo hacia sus lentes de sol.
-No me interesa saber quién es usted y menos necesito que nadie me proteja, mucho menos un desconocido, puedo hacerlo solo -Respondió seriamente antes de terminar de decir: -Muchas gracias por su compra, por favor no regrese nunca más a insistir.
-Divertido muchacho y curioso, muy curioso, ahora entiendo algunas cosas -Comentó el hombre volviendo a reír de manera nasal antes de alzar los hombros y negar levemente. -No puedo prometerte eso, pero te aviso que vendré cada dos días y si tengo que comprarte todas las pinturas para que me vendas esas, lo haré. Hasta pronto.
Alan gruñó bajo con el ceño fruncido por aquella amenaza, tendría que comenzar a buscar otro sitio dónde colocarse, pero no sabía si era realmente buena idea hacerlo puesto que todos sus clientes ya sabían que se colocaba allí y cambiarse solamente por ese molesto hombre no debería ser necesario, bufó antes de tomar un lienzo nuevo para acomodarlo en el caballete y sentarse frente a este para tomar sus pinturas y pinceles, recientemente le había estado llamando la atención hacer pinturas de criaturas mitológicas, había comenzado con la china puesto que no se veían casi de esas y supo que había sido buena idea puesto que había podido vender tres al mismo tiempo.
Así que recordando el libro que tomó de la biblioteca sobre criaturas mitológicas japonesas, pintó un Baku, si lo que el libro decía sobre aquella criatura era cierta, él mismo podría utilizar la imagen de aquella quimera con cabeza de elefante y cuerpo de león con el tamaño de un tapir malayo, según el libro, aquella criatura devoraba los sueños y los japoneses lo solían utilizar durante sus pesadillas siniestras.
-Tal vez me funcione aunque no sea japonés -Comentó mientras ladeaba el rostro sin dejar de pintar, frunciendo el ceño de vez en cuando por algún detalle o pensamiento que cruzaba su cabeza.
-No creo que deje de funcionar si eres o no japonés -Comentó una segunda voz que sobresaltó a Alan y lo hizo detener su pintura para voltear a ver a la recién llegada. -Lamento haberte asustado.
-Está bien, no la escuché llegar -Respondió Alan con calma mientras asentía levemente. -¿De verdad cree que funcione aunque no sea japonés?
-Sinceramente no sé de qué hablas -Confesó la mujer con sinceridad antes de proseguir. -Pero yo pienso que las creencias no deberían sólo quedarse en su país de origen, deberían funcionarles a todos los que confíen su fe sincera en ellas.
-Tiene toda la razón, debería funcionar de esa manera -Comentó Alan con un asentamiento de cabeza antes de recordar que debía atenderla y se avergonzó por su despiste. -Lo siento. ¿Necesitaba algo?
-No te preocupes, es bueno ver que eres un artista que se entusiasma con su trabajo -Comentó la mujer negando suavemente antes de sonreír con un poco de tristeza al recordar la razón de acercarse al chico y cambiar su respuesta con un asentimiento levemente. -¿Podrías contarme acerca de las pinturas que tienes del lado izquierdo?
-Ah esas... No están a la venta, le aviso de una vez -Respondió Alan notando la expresión de tristeza que tenía la mujer.
-No quiero comprar ninguna -Aseguró la mujer antes de fijar la mirada en la tercera pintura de la línea, apretando los labios antes de apartar de vuelta la mirada, el dolor incrementaba mientras más la observaba y quizás era masoquista por voltear a verla aunque fuera de reojo. -Sólo quiero saber por qué, ¿Por qué pintar la escena tétrica de una persona que otros hemos perdido a causa de ese asesino en serie que todavía no ha atrapado la policía?
Alan quedó sin habla luego de aquella pregunta, no era la primera vez ni la última que le harían esa pregunta, estaba convencido de eso e incluso los últimos dos días se la hizo a sí mismo en su tiempo libre mientras observaba todos los cuadros, uno por uno con detenimiento, pero no encontraba una respuesta en concreto, no hasta que por fin había llegado uno de los familiares de una de las víctimas. Se mordió en labio inferior en un acto nervioso antes de suspirar de manera honda en completo silencio, observando a la fémina frente a él mismo antes de responder con el corazón y con total sinceridad.
-Eso es porqué quería llegar a sus familiares y que estos me permitieran una foto de esas personas en vida para retratarlas como eran y que la gente de la sociedad entienda que nosotros los omegas no nacimos para ser tratados de esa terrible manera -Respondió con total seguridad y sintiendo sus sentimientos a flor de piel, era sincero aunque nunca antes haya tenido una idea clara sobre la razón por la que tenía aquellas pinturas a la vista de todos. -¿A cuál de ellos perdiste?
-Al tercero, mi hermano menor Christian -Señaló la mujer reteniendo las lágrimas luego de las palabras expresadas por el pelirrojo. -Salía de su trabajo de medio tiempo cuando ese hombre se lo llevó, ya han pasado seis meses y la policía sigue sin atrapar a ese mal nacido, no sé qué tanto lo atrasan -Contó entre dientes por el resentimiento.
-¿No están trabajando lo suficiente porque son sólo omegas las víctimas, verdad? -Cuestionó Alan en un suspiro frustrado que incrementó ante el asentamiento ajeno y cerró los ojos, completamente molesto con lo injusta que era la ley y la sociedad con los de su propia casta. -Esa maldita gente, increíble que no pongan suficiente empeño sólo porque las víctimas son omegas, si desaparecemos quizás todos ellos aprendan que no nos valoraron cuando debían y será muy tarde para remediar su error.
-Las familias de todos no hemos dejado de insistir, al menos dos o tres veces a la semana vamos a exigir respuestas, pero nunca tienen nada, según ellos -Contó la mujer dejando libre las lágrimas de la frustración y se tapó el rostro sin importarle ser observada, estaba cansada de tragarse cada una de sus lágrimas para serle de apoyo a sus padres y que estos no se preocuparan por ella también. -Yo sólo quiero respuestas y venganza para mi hermano y las demás víctimas, no pido demasiado, no pedimos demasiado.
Alan se sintió mal por la mujer, dejó la paleta de pinturas a un lado y el pincel dentro de un vaso con agua limpia que pronto cambió al color que las cerdas del pincel tenía, se levantó del banquillo donde estaba sentado para llevar a la fémina a sentarse en su lugar para que pudiera dejar caer todas sus preocupaciones en aquellas amargas lágrimas y sonrió con tristeza, no era justo, pero nada en la vida lo era y él mismo vivía aquella injusticia cada día. Volteó la mirada hacia la tercera pintura, Christian había sido la tercera víctima del asesino, una de las personas a las que había tomado como experimento, como él mismo solía llamarlos puesto que el modus operandi era completamente inexperto.
Los primeros cinco cuerpos eran un completo desastre, contaban con el rostro desfigurado a golpes, cortes inexactos, puñaladas en diferentes partes del cuerpo como si estudiara en qué lado sangraban más y en cuál lado sangraban menos, los ojos habían sido arrancados de forma mucho más espeluznante puesto que recordaba perfectamente que los sacaba con una cuchara de helado y otros los extraía con la misma navaja militar, pero cuando los sacaba con esa última herramienta los globos oculares ya se hallaban dañados e incluso parecían haber explotado, aquello sólo molestaba aún más al asesino y terminaba rompiéndole aún más el resto de los huesos a la víctima a pesar de que esta ya se hallaba sin vida y además, no tenía la culpa de que no supiera lo que hacía. Una vista aterradora para él mismo que no era más que un simple espectador sin desearlo realmente.
Sintió un jalón en su pantalón y despertó de sus pensamientos para ver hacia la fémina y ver que le extendía una fotografía, así que la tomó con suavidad para observarla y notó perfectamente al omega de mejor manera, era un chico joven de tez pálida, mucho, cabello blanco y ojos violetas, éste se encontraba sentado en un sillón con temática de navidad y una enorme sonrisa mientras sostenía un pequeño cachorro en brazos.
-Christian sufría constantemente de bullying por su albinismo -Contó la mujer mientras se limpiaba el resto de las lágrimas y continuó. -A él realmente no le importaba, le gustaba ser diferente a los demás y vivía su vida como si fuese la última, en navidad pidió tener una mascota y mi padre consiguió ese samoyedo importado, al ser completamente blanco, Christian podía sentirse menos atacado por las personas a su alrededor; ese era el pensamiento de nuestro padre, quién diría que sucedería eso, una tragedia para todos en la familia y una gran tristeza para el cachorro que cada día lo extraña al igual que nosotros.
-La gente puede llegar a ser bastante cruel con sus comentarios y no les importa si lastiman o no a la persona que los recibe -Comentó Alan sabiendo perfectamente sobre ese sentimiento, no era el mismo que el que había sentido Christian, pero era algo similar, suponía.
-No soy omega -Comentó la mujer con seriedad. -Pero no tengo que serlo para saber exactamente cómo es el trato hacia todas las personas de esa casta, he defendido a muchos de ellos y mi hermano no era la excepción, me metí en los suficientes problemas con tal de defenderlo aunque él no quisiera -Confesó con una sonrisa triste dibujándose en sus labios. -Pero ahora que no está, quisiera que todos vieran la otra cara que guarda la moneda, retrátalo, por favor y quita de la memoria de todas las personas esa horrible imagen -Señaló hacia el retrato.
-Haré mi mejor trabajo para cumplir tus expectativas, soy Alan Matheson, me encuentras aquí todos los días desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde, a menos que llueva y tenga que recoger antes -Comentó extendiendo la zurda hacia la mujer. -Tendrás lista la pintura para mañana -Prometió.
-Mary Brian -Se presentó la mujer con una sonrisa leve sobre sus labios, estrechando la mano ajena con la propia y limpiándose las lágrimas con la otra, sorbiendo su nariz para tratar de calmarse. -Espero mucho de ti después de ver todos los detalles que pones en tus pinturas. Pasaré mañana a la una de la tarde, así que espérame.
Alan asintió levemente correspondiendo a la sonrisa ajena, bajó la mirada de vuelta hacia la fotografía antes de ver hacia el lienzo que había hecho desde hacía seis meses, definitivamente eran dos imágenes completamente diferentes y si ese hombre no hubiera aparecido nunca, Christian seguiría vivo y sobreviviendo a la vida justo como él mismo lo hacía.
Después de unos minutos acordando verse el día siguiente, ambos se despidieron y Alan guardó la fotografía para sentarse a terminar la pintura que estaba haciendo antes de la llegada de Mary, con la diferencia de que ya no perdía la concentración en su pintura si no que volteaba de vez en cuando para asegurarse que no hubiera clientes, no se preocupaba por el hecho de que alguien vandalizara sus pinturas puesto que el guardia del parque cuidaba que nadie irrumpiera la paz en el lugar y el vandalismo era una forma de irrumpir aquella paz.
Tardó al menos dos horas en terminar al Baku entre estar pendiente de las personas que llegaban preguntando por el precio de las pinturas y por desconcentrarse por sus pensamientos, una vez que la pintura estuvo lista la dejó secar al lado de las otras que estaban apoyadas en los caballetes que usaba para mostrar las pinturas y una vez que estuvo acomodada, volvió a sentarse para colocar un nuevo lienzo, tomando la fotografía que Mary le había entregado y no tardó en ponerse a retratar dicha fotografía, sabía que le tomaría al menos unas seis o siete horas por todos los detalles en la fotografía y los distintos colores que había alrededor de Christian, aun así se centró en ello sin importarle cuánto tiempo debía tardar para que quedara perfecto el cuadro.
-Lamento que hayas sido parte de sus primeros homicidios, sufriste más que el resto ¿No es así?
Murmuró sintiéndose culpable aunque él no haya hecho nada más que observar sin participar realmente, pero aun así no había podido hacer nada al respecto para ayudar a ninguna de esas personas y eso era la parte frustrante de sus sueños, el no poder ayudar a las víctimas de aquel hombre; realmente le gustaría saber la razón de que hiciera aquellas atrocidades, pero no es como que lo conociera para pedirle tal cosa y si lo hiciera, lo llevaría sin pensar a la cárcel, ni siquiera sería su amigo, no estaba tan loco para eso.
-Alan deberías dejar de murmurarle a tus pinturas -Comentó de la nada August, uno de los clientes frecuentes del omega que sólo iba de vez en cuando por estar ocupado en sus dos trabajos.
-¿Huh? -Alan volteó a ver quién le hablaba y se sorprendió al ver a aquel alfa de cabello castaño rojizo a unos pocos pasos de donde se hallaba sentado. -¡August! ¡Qué bueno volver a verte! ¡Ya ha pasado dos meses desde la última vez que nos vimos! ¿Dónde te habías metido?
-Cuánta emoción, ni mis padres me reciben así después de dos meses de no verme -Comentó August riéndose divertido y alzó prontamente los hombros con una sonrisa. -He estado de aquí para allá, en un viaje de negocios que me tomó más tiempo para regresar, pero ya regresé para quedarme, por los momentos y hasta donde sé -Informó con una sonrisa secreta sobre sus labios al nombrar sobre el viaje. -¿Tú cómo has estado? Tienes más ojeras que la última vez que nos vimos y además estás muy pálido. ¿Te estás cuidando adecuadamente?
-Uhm tus padres son bastante crueles si no se emocionan al verte después de dos meses, a menos que seas un muy mal hijo -Contestó Alan riendo divertido, al menos hasta que escuchó sus preguntas y cortó la risa antes de desviar la mirada hacia aquellas pinturas que no le vendía a nadie y luego decidió responder: -He tenido buenos días, otros no tanto como quisiera -Comenzó diciendo aún sin verlo y sonrió sin gracia alguna antes de alzar los hombros. -Todo artista debe tener un poco de ojeras de vez en cuando, pero no creo que estas sean por mi trabajo y cuidarme... Lo hago tan bien como se puede.
-No sabría decirte si me ven o no como un mal hijo, no somos tan apegados como otras familias lo son -Respondió August con sinceridad antes de voltear a ver hacia el mismo lado donde el omega veía y notó varias piezas de pinturas nuevas, sonrió ladinamente por un breve instante por las magníficas obras de arte antes de volver a ponerse serio y voltear a verlo. -¿Qué está sucediendo realmente, Alan?
El nombrado sólo formó una mueca al concordar que él mismo tampoco era alguien apegado a su familia, su abuelo materno sólo lo quería como moneda de intercambio para que se casara con alguien que no conocía y mucho menos amaba, sus tíos lo evitaban tanto como se les era posible y padres, pues ya no tenía, así que definitivamente él mismo tampoco se llevaba bien con su familia. Suspiró sin ver al alfa frente a él y vio hacia la pintura que estaba realizando antes.
-En el edificio donde vivo, descubrimos que el casero quita la luz todas las noches a los apartamentos donde sólo vivimos omegas y miente diciendo que es para ahorrar luz -Contó, apretando el pincel con rabia contenida. -Por su culpa es casi imposible hacer nada, hasta cocinar algo, me molesta mucho que actúe de esa manera -Gruñó antes de tomar aire de manera honda para soltar el agarre en el pincel suavemente ya que no quería romper otro y cerró levemente los ojos antes de hablar inevitablemente desde su corazón mientras volvía a abrir los ojos. -A veces quisiera que desapareciera...
-¿No has pensado mudarte? -Cuestionó August con curiosidad y sonrió levemente divertido por aquella confesión tan llena de sinceridad. -No pidas deseos de esa manera, Alan, recuerda que siempre hay alguien que te escucha y puede estar dispuesto a cumplirte ese deseo.
-No, la verdad es que no lo pensé, pero si hoy pasa otra vez, empezaré a buscar otro apartamento para mudarme -Respondió Alan con una mueca y alzó las cejas al escuchar su comentario, no tardó en negar divertido. -¿Quién podría escuchar los deseos de este lamentable y bueno para nada omega? No soy importante para nadie, August. Así que no creo que algo realmente suceda.
-Bueno, igual te recomiendo ir buscándolo, porque es posible que lo necesites -Aconsejó August sabiamente y sonrió amplio antes negar suavemente. -Alguien cerca de ti, un Dios, tal vez, no sé si creas en alguno. Y claro que eres importante, para nosotros, tus clientes frecuentes, lo eres Alan. Para mí, más que nada ¿a quién le compraré los cuadros que nadie más quiere?
-Me vas a hacer llorar -Se quejó Alan al escucharlo y terminó riendo, él mismo sabía que ese extraño alfa que parecía esconder muchos secretos tras sus ojos y sonrisa, no podía ser mala persona puesto que lo trataba tan amablemente como pocos de su misma casta lo hacían. -Uhm ¿Dios? No creo que exista uno después de que mi madre le haya rezado tanto y éste no hiciera nada por ella, ni por la tristeza que guardaba en su corazón aún después de suicidarse por haber perdido a su primer hijo y luego a su esposo.
August alzó una ceja ante aquella última información que el omega entregaba y sin decir nada, asintió levemente antes de suspirar y pasar la mirada por las pinturas que sabía, estaban en venta, acercándose para tomar la de una leona madre que parecía llevar sangre en la boca y odio en sus ojos mientras debajo de sus patas se encontraba su cachorro sin vida, suponía que el odio del animal era por algún cazador puesto que un brazo humano yacía al fondo y la mano sostenía una escopeta; una excelente pintura, le fascinaba los sentimientos que esta mostraba fácilmente y una vez que la tomó sin dificultad, a pesar de ser un cuadro grande, volvió hasta el pelirrojo.
-Me llevo esta, dime cuánto es -Pidió, mostrándosela.
-Siempre te llevas las que nadie más quiere -Comentó Alan entre risas antes de ver hacia la pintura. -Esa serían $450, ya conoces los métodos de pago.
-La gente no sabe apreciar el buen arte en pinturas como esta y como aquellas que tienes en exhibición -Respondió August con sinceridad antes de asentir levemente y entregar momentáneamente el cuadro para sacar su celular, pasándole el dinero a través de una transferencia bancaria diferente a la que utilizaba normalmente y le dio el número del comprobante. -Está listo.
-Es bueno ver que al menos a alguien le gusta y se las lleva -Comentó Alan con sinceridad y le puso el spray fijador antes de envolverlo para entregárselo. -El cuadro ya está envuelto, procura no abrirle un hueco en la salida como sucedió con el último cuadro, por favor.
-Y también me llevaría alguna de esas si las vendieras -Señaló August las pinturas de los omegas y sonrió sin insistirle que se las vendiera como anteriormente le había estado pidiendo. -Oye, olvídate de eso ¿Sí? Ese fue un día bastante depresivo para mí, la pintura era realmente única y esa estúpida reja se cruzó en mi camino -Se quejó, volviendo a recordar ese trágico día.
-No serías ya el primero que me las pide -Contó Alan y sonrió al ver el interés ajeno. -Anteriormente ha venido otro hombre a insistir que se las venda todas, le he dicho que no están en venta y parece que le entra por un oído y le sale por el otro -Se quejó antes de reírse de su desgracia nuevamente. -No lo olvidaré nunca, lloraste como un niño pequeño, es una memoria que quedará grabada en mi mente de por vida -Aseguró.
-Si te decides a venderlas, espera que vuelva, yo las pedí primero y tengo derecho de ellas por tiempo de llegada -Comentó August seriamente y bufó por la burla ajena sin decir nada, era un momento realmente vergonzoso que quería olvidar.
-No pasará, no las venderé, August -Aseguró Alan con seguridad.
August asintió levemente antes de despedirse de Alan y marcharse, pidiéndole antes que se cuidara de manera adecuada mientras el pelirrojo asentía y se despedía de igual manera, una vez que se halló solo de nuevo, vio hacia su celular para ver la hora y no tardó en levantarse para comenzar a recoger todo. Ya eran las cinco de la tarde y no quería quedarse hasta tarde, no era seguro para un omega como él, así que recogió todos los cuadros rápidamente, asegurándose de no dejar nada.
Una vez que tenía todos los cuadros de exhibición en el carro de carga, tomó el que había estado realizando para guardarlo también antes de guardar sus pinturas y pinceles luego de lavarlos, se aseguró que nada se le quedara y salió del parque despidiéndose del guardia para ir hacia su apartamento, cruzando los dedos para no encontrarse ningún otro cuerpo por los callejones o definitivamente tendría que cambiar la ruta de manera urgente.