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Libertinaje
img img Libertinaje img Capítulo 3 Descubriendo cosas
3 Capítulo
Capítulo 6 Descontrol img
Capítulo 7 El castigo img
Capítulo 8 Haciendo de planes img
Capítulo 9 Proceso img
Capítulo 10 Cambios img
Capítulo 11 Testigo img
Capítulo 12 Ira img
Capítulo 13 Señor de la Mafia img
Capítulo 14 ¿Mi mejor amiga img
Capítulo 15 La Doctora img
Capítulo 16 Conociendonos img
Capítulo 17 La huida img
Capítulo 18 Triste victoria img
Capítulo 19 Desesperación img
Capítulo 20 ¿Libertad img
Capítulo 21 Firma misteriosa img
Capítulo 22 De regreso img
Capítulo 23 Ordenes claras img
Capítulo 24 Problemas img
Capítulo 25 Cansada img
Capítulo 26 Hermana img
Capítulo 27 Importante img
Capítulo 28 Yurika img
Capítulo 29 Jayden img
Capítulo 30 Cambios img
Capítulo 31 Sin mas img
Capítulo 32 Uno mas img
Capítulo 33 Sentir img
Capítulo 34 Edom img
Capítulo 35 Venganza img
Capítulo 36 Hash img
Capítulo 37 Noticias inevitable img
Capítulo 38 Cosas img
Capítulo 39 Cerca img
Capítulo 40 Resolución img
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Capítulo 3 Descubriendo cosas

Alessandra

Me quedé clavada en la entrada, a mi vista estaban alrededor de 20 personas

llenando el lugar sin ningún pudor. La enorme habitación resplandecía iluminada

con luces Leds violeta. En el centro de todo junto en el fondo estaba lo más

parecido a un mini bar, donde una chica no tan joven servía alcohol. Y

efectivamente todas las mujeres llevaban un antifaz parecido al mío. Todos iban

a lo suyo, nadie se detenía a mirar embelesado como lo estaba haciendo yo.

Sentía el corazón en la boca, tan solo la sutil música que se escuchaba de

fondo me erizaba la piel.

-Así que solo quieres ver...-vaciló Jayden a mi espalda cerca de mi oído,

ronco y suave. Su cuerpo hizo contacto con el mío haciéndome tantear su

desnudez piel con piel. Al instante sentí sus dedos paseándose por mi brazo

tocándome con avidez, sentía sus dedos envolviéndome con el poder endemoniado

de la seducción. Entrecerré los ojos. Sus dedos eran agradables, roces sedosos

y ardientes de los que no quieres que paren. Caricias subían y bajaban por el

lateral de mi brazo cortándome el aliento. No sabía qué me sucedía todo parecía

incrementarse aquí o quizás estaba muy sensible, un acercamiento extraño

y tan íntimo nunca antes experimentado que me ponía a flaquear como una

gelatina en un colador. Demasiado vulnerable.

-Sí, solo ver -me obligué a decir ignorando la piel que había erizado.

Dejé de sentir su aliento en mi cuello y mi cuerpo lo agradeció en silencio,

ya que mi boca no fue capaz de pedírselo.

-Entonces solo mira -casi fue un reto. Yo podía controlarme claro que podía,

llevaba tiempo reprimiéndome y esto solo era una prueba más de mi compromiso

con la iglesia. «¡Que hipócrita era!». Cómo podía pensar tal cosa, cuando

estaba aquí abriéndole mi corazón al pecado.

Apreté los ojos para borrar todas esas ideas de mi cabeza ahora solo quería

dejar mi mente en blanco.

-Puedes sentarte ahí -invitó Jayden, señalando un sillón de cuero negro-.

Está por comenzar.

El sillón estaba prácticamente en el centro dentro de las dimensiones de la

habitación. Mientras me encaminaba hacia el sillón visualicé en el otro extremo

dos camas cubiertas con sábanas negras. En la cama yacían un grupo de chicas

alrededor de tres hombres, a diferencia de las demás ellas si llevaban ropa

interior. Sus dedos jugueteando entre todas en un enredo donde no se sabía

quien era quién.

Cerca a ellos varios hombres estaban sentados uno al lado del otro en un

sofá, dos de ellos movían sus manos con rapidez masturbándose entre gemidos

roncos, mientras se deleitaban contemplando como una chica se tocaba, ella

deslizaba sus dedos desde sus senos hacia su entrepierna, con la boca

entreabierta lamía sus labios al tiempo que bailaba explícitamente en una

barra de pole dance. Próximo a ellos había otra pareja de hombres

besándose.

Desvié la vista al sentarme con lentitud en el sofá, y miré en

dirección a Jayden. Él contemplaba todo maravillado, la obscenidad que brillaba

en su rostro era descabellada.

Mi pulso latiendo al compás de los latidos de mi corazón, y sentía acabar de

correr un maratón.

Desvié la vista hacia mi izquierda donde había una mujer esposada con

cadenas a la pared, ella parecía disfrutar mientras una chica vertía cera sobre

sus senos. La cera roja caía en el centro de su pecho y se desplazaba con

lentitud por su vientre hasta su ombligo donde se detenía, y volvía a derramar

cera repitiendo el mismo proceso unas cuantas veces más. Sus sutiles gemidos

indicaban que realmente era delicioso lo que sentía cuando la cera caliente

hacía contacto con su piel.

Ambas comenzaron a mover sus cuerpos con agilidad en un baile lento y ágil,

la chica que vertía la cera deslizó su mano por el muslo interno de la mujer

que estaba atada e hundió suavemente sus dedos entre sus pliegues, arrancándole

gemidos desmesurados. La otra se dejaba tocar abriendo más las piernas,

ondulaba la curva de su espalda pegada a la pared invitando a su compañera a

que continúe. La que sostenía la vela arrastró su lengua por la mejilla

de su cautiva un desplazamiento lento..., y viscoso que endureció los pezones de

su presa y terminaron besándose lengua con lengua en el aire un beso demasiado

húmedo...

Bajé la vista a mis senos comprobando que efectivamente estaba igual, mis

pezones erectos.

«Dios mío, mi alma saliendo de mi cuerpo, ya había visto suficiente...».

De repente la música se detuvo pasando a una más lenta y provocadora, el

color violeta de las luces led, cambió a un rojo intenso. Y todos parecieron

activarse en automático.

Jayden se dejó caer en un sofá frente al mío, a una distancia considerable.

Su cuerpo se apreciaba a la perfección, las piernas semiabierta los brazos

desplegados reposados sobre el respaldo del sofá. Pasé saliva al encontrarme

con su miembro erecto. Él deslizó una mano acariciándose y eso me hizo alzar

los ojos a los suyos. Una mirada en llama que me insinuaba lo que quería de mí.

Y por una milésima de segundo imaginé que eran mis dedos lo que se enroscaban

en su erección, mojó sus labios adueñándose de todo lo que me definía, una pose

tan insinuante como insolente ¿Por qué tenía que ser tan condenadamente

erótico? Mis uñas clavándose en la piel del sillón, mis rodillas vibrando y mi

entrepierna mojándose.

Una chica pasó por mi lado cortando mi campo de visión con una bandeja de

condones ofreciéndolo de lo más normal, se detuvo cerca de mi donde otras dos

chicas que no había visto se besaban y tocaban, una de ellas se encaminó al

sofá en donde estaba Jayden, se sentó ahorcajada sobre él descaradamente y como

si nada comenzaron a besarse, podía ver como sus lengua jugueteaban,

mientras ella movía sus caderas en círculo, frenético. El roce era

tangible no dejaban nada a la imaginación, ambos desnudos rosándose de esa

manera tan salvaje solo podía desencadenar enajenación, delirio infrenable.

Sin romper el beso, Jayden, se incorporó con las piernas de la chica

enrolladas a su cintura y la dejó caer sobre el sofá, él deslizó su lengua

húmedamente desde el mentón de la pelinegra hasta su vientre. Se desplazó hacia

abajo deteniéndose en su entre pierna y la abrió sin tapujos, hundiéndose entre

ella. La chica se arqueó al tiempo que hundía sus dedos entre el pelo de

Jayden, dejando salir gemidos altos y profundos, un disfrute contagioso.

Estaba demasiada concentrada en como él, lamía, jugaba y chupaba el clítoris

de la chica, lucia demasiado salvaje y placentero. Casi podía escuchar el

sonido húmedo de sus labios al succionar.

Mi saliva se hizo más líquida y comencé a sentirme rara.

Presenciar esto me incomodaba, me sentía fuera de lugar y, muy

caliente.

Me hundí en el sillón retorciendo mis piernas, la apretaba en un intento de

mantener el control y detener la oleada de calor que comenzaba acalambrarme las

piernas invitándome a que me tocara.

Mi respiración irregular y el deseo haciéndome esclava de la excitación.

Comencé a frotar mis piernas mientras las apretaba, mi clítoris hinchado latía

y mientras más apretaba mis piernas, más latía, más placer, más deseo. Me

arqueé contra el sillón clavando mis uñas en la piel e inclinando la cabeza

hacia atrás, mis ojos quedaron hacia el techo y lo que vi me hizo explotar,

todo el techo era un espejo enorme donde podía ver lo que la mayoría hacía,

como se besaban, tocaban, jugaban, fornicaban y ahí estaba yo con los ojos

blancos, asfixiada por la cúspide de el libido y sin dejar de pensar en lo que

me gustaría que me hicieran, gemí cerrando los ojos y retorciendo las piernas.

Iba a tener un orgasmos sin que nadie me tocara y no podía ni quería detenerlo,

cerré los ojos con más fuerza haciendo cómplice a mi respiración de cómo mi

cuerpo me engullía al orgasmo más placentero que jamás había experimentado.

Dos minutos tardé luchando para que el aire llegara a mis pulmones, y dos

minutos fueron los suficientes para volver a tener las ideas claras y comenzar

a sentirme culpable. Abrí los ojos y evité mirar en cualquier dirección que no

fuera mis pies, me sentía avergonzada y bastante enfadada con Jayden por

haberme traído aquí, no tuve que mirar en su dirección para saber lo que le

estaba haciendo a esa chica, me molestaba por que hacía nada quería acostarse conmigo

y ahora estaba sobre otra mujer en mis propios ojos sin importarle nada.

¿Acaso fui la única en sentir la chispa entre los dos en aquella intensa

caricia en mi brazo?

Me incliné hacia adelante apoyando mis codos en las rodillas con la cabeza

gacha entre mis manos, sintiéndome ridículamente indignada. Alisé mi pelo hacia

atrás y traté de desconectarme unos segundos, pero el ruido, todo lo que ya

había presenciado y el olor a sexo no ayudaba.

Me incorporé como un resorte disparada hacia la puerta y salí. Nadie me

impidió la salida y apenas cerré la puerta todo el ruido se esfumó. Subí los 10

escalones que había bajado y entre por el pasillo. Me recosté contra el metal

de la caja fuerte de Jayden, aquí lo esperaría.

Pasados unos minutos escuché unos pasos, pensé que era él, pero no, otro

chico se detuvo frente a donde me encontraba y abrió su caja fuerte sin

prestarme mucha atención, comenzó a vestirse. Que incómodo.

-Disculpa -dije, mirando dentro de su caja.

Él me miró como si acabara de notar mi presencia.

-¿Podrías dejarme ropa? -pedí. No me importaba que fuera una sotana de

hombre me bastaba para llegar a mi celda.

Él me miró de arriba abajo y terminó sonriendo de lado, al tiempo que sacaba

algo.

-Ten.

Sujeté la sotana negra que me pasaba y me la coloqué rápido.

-Deberías quitarte eso antes de salir.

Casi olvido el antifaz. Me lo retiré.

-Gracias -murmuré y me apresuré a salir.

Podía sentir sus ojos en mi espalda. Pasé la puerta de cristal y crucé la

última puerta hasta llegar al pasillo. Todo en silencio, demasiado tranquilo.

Me moví desubicada, no por que no conociera el camino, más bien estaba media

ida.

Yo quería saber que había en esas puertas y no creo que haya nada más fuerte

que lo que acababa de ver, ya lo había visto todo no necesito volver ahí, no

necesito saber nada más ¿Qué mas se puede esperar de ese lugar? «Que violen

niñas», me susurró mi voz interior, recordándome los quejidos que escuché la

última vez.

Resoplé. ¿Quién habrá creado este lugar?, quién está detrás de todo esto.

Intenté abrir mi celda, y las puertas estaban con llave. Miré a cada lado

pensando que hacer. ¡El baño!, la excusa perfecta. Ahí pasaría el resto de la

noche encerrada en el baño, apena suenen las campanas me visto y voy al

comedor. De paso sirve que me ducho.

***

La noche más estresante de mi vida. No dejaba de escuchar ruidos de vez en

cuando durante la madrugada sin olvidar que no dormí a pesar de que me

cabeceaba a momentos. Y el sonido de las campanas fue un reto para mí, tener

que ir rápido a vestirme sin llamar a la tensión y estar a tiempo en el

comedor. Pero lo conseguí. Agradecí con un gesto de cabeza a la hermana que

servía mi bandeja, y me dejé caer en una de las mesas. Estaba distraída pero de

fondo escuché la bendición de los alimentos y algunas palabras a las cuales no

le presté mucha atención.

-Estuve rezando casi toda la madrugada y no llegaste a dormir -comentó muy

bajo Sofía, sin levantar su vista de la bandeja.

-No me encontraba bien, tenía diarrea y no podía aguantar encerrada así que

me quedé en el baño -justifiqué.

Una espina clavándose en mi garganta, desde que llegué no he hecho más que

mentir, pecar y desobedecer.

-Entiendo -aseguró mirándome de soslayo-. Necesito confesarte algo

-pronunció ansiosa apretando el pan con las uñas.

Mordí pan, y le di un sorbo a mi taza de chocolate, esperando que hablara.

-Estoy embarazada -soltó.

El chocolate se me fue a la nariz acompañado de una tos seca. Varios ojos se

posaron en nosotras. Bajé la cabeza hasta que dejamos de ser el centro de atención.

-¿Qué? -balbuceé.

-No es nada de lo que piensas -justificó-. Recibí la carta de ingreso hace

más de 2 meses, ese día era mi cumpleaños tomé unas copas de vino, pero se nos

fue de las manos y no fui consiente de nada hasta el día siguiente, estoy

arrepentida. Y no sabía como remediarlo, así que simplemente no dije nada pero

hoy hace 2 meses que no me baja. No quería entrar aquí, pero tampoco quería

perder esta oportunidad, me siento tan mal, ¿qué voy hacer?

Me quedé en silencio, con los ojos como dos faroles sin saber que decir para

eso no había una solución más que abandonar el monasterio.

-No sé que decirte Sofía, es muy... -hice una pausa y bajé la voz-. Porqué no

te retiras un tiempo, tienes al bebé y cuando estés lista te vuelves a postular

para ser monja si es lo que realmente siente tu...

-No puedo tener al bebé -interrumpió-. Sé que es un pecado pero quiero

abortar -afirmó.

Sin duda no debíamos hablar esto aquí alguien podría escucharnos.

-Sofía... -traté de razonar para que lo pensara mejor.

-Es mi hermano -confesó. Y yo la miré de súbito-. Él padre de mi bebé es mi

hermano.

Me quedé muda, desencajada. Y Sofía casi pálida. Que una postulante a monja

estuviera embarazada después del meticuloso proceso de admisión que solían

llevar y conociendo el prestigio de honor que tenía el monasterios de Santa

Clara, seguro que la matarían solo por evitar un escándalo, después de todo no

eran tan honestos como decían en su fe.

-Ayúdame -suplicó en un murmullo.

-Sofía yo no...

-Por favor... -pidió desesperada-. Eres a la única que me he atrevido a

contárselo.

Puse una mano sobre la suya para que mantuviera el control estaba al borde

de saltar en lágrimas.

-Pensaré en algo -aseguré, teniendo a Jayden en la cabeza, él quizás pueda

echarme una mano.

Yo no pensaba volver a buscarlo no quería tener nada que ver con él. Estaba

un poco a la defensiva solo de pensar que tendría que verlo.

-Gracias -dijo honesta.

-No tengo nada seguro, pero dame unos días para encontrar la mejor solución

-aclaré. Ella me miró con una pizca de esperanza que me hizo sentir como una

asesina.

El sonido de todas las presentes incorporándose dando por terminado el

desayuno nos hizo unirnos al grupo. Ahora tenía que pensar en una manera de

hablar de esto con él. Más problemas y sentía que esto solo empezaba.

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