Josabet sonrió, acariciando el cabello de su hijo. Nueva York representaba una oportunidad para los tres. Había dejado atrás su vida en Canadá con la esperanza de un futuro mejor, aunque la incertidumbre la invadía. Apretó con fuerza la manija de su maleta y miró a su amiga Clara, quien la observaba con una sonrisa de complicidad.
-¿Lista para esta nueva aventura? -preguntó Clara, acomodando su propio abrigo.
-Lista o no, aquí estamos -respondió josabet con una leve risa-. No hay vuelta atrás.
Tomaron un taxi hasta el pequeño departamento que habían alquilado en Brooklyn. Aunque modesto, el lugar tenía un aire acogedor, con paredes blancas y ventanales que dejaban entrar la luz del sol. Samuel corrió por el pasillo, explorando su nuevo hogar con una emoción que le hizo olvidar el cansancio del viaje.
-Este será nuestro hogar, Sammy -dijo Josabet mientras dejaba las maletas en la sala-. ¿Te gusta?
-¡Me encanta! -respondió el niño con una sonrisa radiante.
Esa misma noche, mientras Samuel dormía en su nueva cama, Josabet y Clara se sentaron en la pequeña cocina, compartiendo una taza de té caliente.
-Sigo sin creer que me hayan contactado de la aerolínea Lester -dijo Josabet, exhalando un suspiro cargado de nerviosismo-. No sé qué esperar, pero si consigo ese trabajo, todo será más fácil.
-Lo conseguirás -afirmó Clara con confianza-. Eres una excelente aeromoza. Ellos tendrían suerte de tenerte en su equipo. Por algo te han contactado.
Josabet sonrió, aunque no pudo evitar sentir una punzada de ansiedad.
-¿Sigues pensando en ese hombre?
-Como no hacerlo, si varias expresiones de él, las veo muy seguido.
-Mejor piensa en lo positivo, dejemos a ese hombre atrás.
-Si, es lo mejor.
Flashbac
-Señora Álvarez, soy Laura Espinoza, del departamento de contratación de Lester Airlines -dijo la voz al otro lado del teléfono-. Hemos revisado su hoja de vida como aeromoza y estamos interesados en ofrecerle un puesto. ¿Podría venir lo más pronto posible para ultimar detalles?
Josabet parpadeó, sorprendida.
-¿Que? ¿Está segura de lo que dice? -preguntó, sin poder ocultar su incredulidad.
-Sí, hemos revisado su experiencia y creemos que encaja perfectamente en nuestro equipo. Podría pasar a firmar los documentos y el puesto es suyo.
-¡Por supuesto! -respondió Josabet, aún procesando la rapidez de los acontecimientos-. Viajere cuanto antes.
Cuando colgó, miró a Clara con una expresión de asombro.
-Me contacron para un puesto de aeromoza en nueva York.
Clara soltó una carcajada y la abrazó.
-¡Te dije que lo conseguirías algo mejor! Este es el comienzo de algo bueno, bet.
Pero en el fondo, una sensación extraña se instaló en el pecho de josabet. No podía evitar preguntarse si su contratación tan inmediata era simplemente un golpe de suerte o si había algo más detrás de todo aquello.
Fin del flashback
A la mañana siguiente, vestida con un elegante conjunto negro y su cabello recogido, Melissa ingresó al imponente edificio de Lester Airlines. La recepcionista le indicó la oficina de Recursos Humanos, donde dejó su solicitud y su currículum. La mujer que la atendió, una ejecutiva de porte serio, le dedicó una mirada analítica.
Josabet caminaba con pasos firmes por los pasillos de Lester Enterprises, su uniforme impecable y su cabello recogido en un moño prolijo. Su corazón latía con fuerza, pero su rostro no dejaba entrever ninguna señal de nerviosismo. Sabía que ese día conocería al dueño de la aerolínea, el poderoso y enigmático Mateo Lester. Sin embargo, su prioridad era hacer bien su trabajo y no dejarse intimidar por la imponente figura de su jefe.
En la sala de juntas del piso más alto, un espacio de líneas limpias y vistas panorámicas de la ciudad, Mateo revisaba documentos con la precisión que lo caracterizaba. El suave murmullo del aire acondicionado y el tenue aroma a cuero de los sillones creaban una atmósfera de concentración absoluta. Cuando la puerta se abrió con un clic suave, Mateo levantó la vista con la intención de dar una mirada fugaz a la nueva aeromoza de su jet privado, una mera formalidad en su agenda. Pero en cuanto sus ojos se posaron en Josabet, algo en su interior se estremeció, como si un eco lejano resonara en su alma.
Ahí estaba la mujer que había estado buscando durante años, la mujer que había dejado una huella imborrable en su memoria. Su cabello rubio, ahora recogido en un moño estricto, enmarcaba un rostro que el tiempo había esculpido con elegancia. Sus ojos color miel, serenos y profundos, lo miraban con una mezcla de profesionalismo y una chispa inconfundible.
-Señor Lester, le presento a Josabet Álvarez. Ella formará parte del equipo de vuelo de su jet privado -dijo Laura Espinoza, la encargada de Recursos Humanos, con una sonrisa discreta.
Josabet inclinó ligeramente la cabeza en señal de respeto, un gesto de cortesía que no lograba ocultar la firmeza de su postura. Su voz, suave pero clara, resonó en la sala de juntas.
-Es un honor formar parte de su equipo, señor Lester. Haré mi trabajo con profesionalismo y compromiso.
Mateo asintió, analizando cada matiz en su tono de voz, cada detalle en su expresión. Buscaba algún rastro de reconocimiento, alguna señal que confirmara sus sospechas. Pero Josabet se mantenía impasible, como una estatua de serenidad.
-Bienvenida a Lester Airlines -respondió con tono controlado, ocultando la turbulencia de emociones que lo invadía-. Espero que esté a la altura de nuestras exigencias.
Josabet no se inmutó. Mantuvo su postura erguida y su mirada serena, sin rastro de la admiración que muchos mostraban al estar en presencia de Mateo Lester. No era la primera vez que trataba con hombres poderosos y sabía que su mejor arma era la profesionalidad, la barrera infranqueable que la protegería.
Laura sonrió con discreción, notando la sutil tensión en el ambiente, la electricidad invisible que chispeaba entre ellos.
-Josabet, mañana será su primer vuelo con el señor Lester. Le enviaré los detalles más tarde.
-Estaré lista -afirmó Josabet antes de dar un paso atrás, esperando la señal para retirarse, sintiendo el peso de la mirada de Mateo sobre ella.
Mateo sintió un inusual impulso de hacerle más preguntas, de prolongar aquel encuentro fugaz. Pero se contuvo, aferrándose a la fachada de hombre de negocios implacable.
Cuando Josabet salió de la sala, Mateo se quedó mirando la puerta por unos segundos más de lo necesario, como si esperara que ella volviera a aparecer. El eco de su voz resonaba en su mente, despertando recuerdos enterrados en lo más profundo de su ser.
Mientras tanto, josabet caminó por el pasillo con la misma firmeza con la que había entrado. Hasta que estuvo en un lugar segundos. Su corazón latía rápido, por la presencia de Mateo, estabas más que segura de que era él, su mirada y el color de sus ojos y su voz...
Estaba en su mundo de viajes y buscando una oportunidad para tener más tiempo con su hijo, que no se dedico a buscar el nombre de su nuevo jefe. Imaginaba un hombre mucho mayor.
Josabet llegó a su pequeño apartamento en Brooklyn con el corazón latiendo a mil por hora, como si hubiera corrido una maratón. Dejó su bolso de cuero en el sofá, sintiendo el frío del material contra su piel, y se dirigió a la cocina, donde Clara preparaba la cena. El aroma a ajo y tomate llenaba el aire, un olor reconfortante que contrastaba con la agitación en su interior.
-¡Clara, no vas a creer lo que pasó hoy! -exclamó Josabet, con la voz temblando, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y ansiedad.
Clara la miró con curiosidad, dejando la cuchara de madera sobre la encimera, sintiendo el calor de la estufa en su rostro.
-¿Qué sucedió? ¿Te fue bien en la entrevista? -preguntó Clara, con un tono de preocupación.
-Me contrataron, Clara. ¡Me contrataron! -Josabet sonrió, pero su alegría se desvaneció rápidamente, como una burbuja que explota-. Pero... hay algo más.
-¿Qué cosa? -preguntó Clara, frunciendo el ceño, sintiendo un nudo en el estómago.
-Mi nuevo jefe... Se llama Mateo Lester y es idéntico a Mateo el... -susurró Josabet, sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo.
Clara abrió los ojos como platos, su mandíbula cayendo ligeramente.
-¿Idéntico? ¿Estás segura? -preguntó Clara, con un tono incrédulo.
-Completamente segura -afirmó Josabet, con la voz temblando-. Sus ojos, su voz, su porte... es él, Clara.
Clara tomó su teléfono móvil, sintiendo el frío del metal en su mano, y buscó en Google "Mateo Lester". En segundos, la pantalla se llenó de fotos y artículos sobre el magnate, su rostro serio y penetrante ocupando la pantalla. Josabet se acercó, sintiendo el aliento de Clara en su mejilla, y miró las imágenes con atención, como si buscara una confirmación.
-¡Es él! -exclamó Josabet, con la voz ahogada, sintiendo las lágrimas picar en sus ojos-. Es el padre de Samuel.
Un silencio incómodo se instaló en la cocina, un silencio que pesaba como una losa. Josabet se dejó caer en una silla, sintiendo la dureza de la madera contra su espalda, y se llevó las manos a la cara, sintiendo la suavidad de su piel.
-No puedo creerlo -murmuró Josabet, con la mirada perdida en el suelo de baldosas, sintiendo un torbellino de emociones en su interior-. ¿Qué voy a hacer ahora?
-Lo primero es mantener la calma -dijo Clara, acercándose a ella y posando una mano en su hombro, sintiendo la tensión en sus músculos-. No puedes dejar que él se entere de Samuel, al menos no todavía.
-¿Y qué hago? ¿Fingir que no lo reconozco? ¿Trabajar para él como si nada hubiera pasado? -preguntó Josabet, con la voz temblando, sintiendo el miedo invadirla.
-Es la única opción por ahora -respondió Clara, con un tono de seguridad, sintiendo la necesidad de proteger a su amiga-. Necesitas ese trabajo, Josabet. Y no puedes arriesgarte a que ese hombre te quite a Samuel.
Josabet asintió, sintiendo un nudo en el estómago, sabiendo que Clara tenía razón. Pero la idea de tener que ver a Mateo todos los días, de tener que fingir que no lo conocía, le resultaba insoportable, como una tortura silenciosa.
Esa noche, Josabet apenas pudo dormir. Las imágenes de Mateo invadían sus pensamientos, recordándole los días que pasaron juntos en Río de Janeiro, la pasión que compartieron, el hijo que concibieron. Se preguntó si Mateo la reconocería, si recordaría aquella noche mágica.