La Luna perfecta del Rey Alfa
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Capítulo 5 Capítulo 5

"¡Nadia!", me llamaba Alonso, al que oía correr detrás de mí. Más le valía a ese maldito imbécil que no intentara detenerme.

Salí corriendo de la casa de la manada y, de un salto, dejé que Katie tomara el control, era nuestro primer cambio después de haber regresado de la muerte. Necesitaba un respiro, calmarme, o mataría a todas las personas que me habían lastimado en el pasado, y por pasado me refería a mi vida anterior.

"¡Nadia! ¡Detente ahora mismo!", continuaba gritándome, pero no me importaba.

"¡Vamos a casa, amiga!", le pedí a Katie. Ella corrió hacia el bosque para brindarme el mejor paseo de nuestra vida, y saltó por los acantilados hasta que la voz de Alonso ya no se escuchó.

Veía sus patas blancas impactar contra el suelo en su intento de llegar al límite en el que cada célula de nuestro organismo estuviera agotada; hasta el punto de vernos obligadas a descansar, a cerrar los ojos y a quedarnos tranquilas.

Se detuvo un momento para beber un poco de agua en el río, y me emocionó ver su reflejo en el agua, no podía creer que fuera tan hermosa. Ella era el mejor regalo que los dioses me habían hecho, era la mejor loba del mundo.

Era tranquila y de buen corazón, fuerte y poderosa al mismo tiempo. Era tan bella que debió ser ese el motivo por el cual Alonso me había reclamado. Katie era grande como su lobo, él era Alfa de nacimiento, mientras que yo había nacido Beta: blanca, con ojos celestes como el cielo, perfecta. Mi loba no se merecía la m*erda que nos había hecho Alonso.

Por el contrario, merecía ser feliz. Deberíamos habernos quedado en el cielo, porque, sin duda, donde nos encontrábamos era el verdadero infierno.

No tenía idea de cuánto habíamos corrido, pero, al ver su reflejo en el agua y la luz de la luna sobre Katie, me decidí a hacer que pagaran por lo que habían hecho.

"Nadia, deja de pensar que le ofreciste amor a un hombre que no lo merecía. Él necesitaba tu amor, por más que nunca haya sido consciente de ello". Podía sentir el dolor de Katie, ella también lo amaba, amaba a su lobo.

"Escúchame, Nadia", me susurró triste pero aliviada. "Él nunca supo todo lo que le podías brindar, y, al mismo tiempo, tú necesitabas ofrecerle ese amor. Eres el mejor ser humano que conozco. Tu corazón es puro", intentó consolarme, eso me enfurecía.

¿De qué me había servido ser tan buena si al final todos me habían hecho daño? Y no solo a mí, también a ella.

"Katie", mascullé.

"Te juro que pagarán por lo que nos hicieron", le prometí, y ella dio un paso atrás para mirar a su alrededor.

Desde la pradera donde estábamos podíamos observar el magnífico cielo: estábamos frente a la superluna de esturión, y se veía tan cerca que parecía que la podíamos tocar.

"Por favor, cambiemos". Katie me devolvió el control, lo cual me permitió transformarme en humana. Estábamos en nuestro sitio favorito, donde habíamos crecido de niñas. Era mi lugar en el mundo y estaba lejos de la Manada Sangre Roja, aunque la orilla del lago de aguas cristalinas al pie de la montaña bajo ese hermoso cielo nocturno seguía siendo su territorio. ¿Qué más podía pedir?

"Vamos, relájate, Nadia", me pidió Katie. Yo le hice caso, caminé hacia el prado, me recosté en la hierba y coloqué las manos debajo de la nuca para contemplar la impactante luna.

"¿Por qué me trajiste de regreso?", le pregunté a la Diosa, aunque sabía que eso era algo que debía descubrir por mis propios medios. Ella no me había explicado nada, solo me había dicho que yo tenía que regresar para que nuestro mundo estuviera a salvo.

Pero yo era insignificante, no era más que la Luna de esa maldita manada.

Estaba tendida en el suelo, sin ropa, como si estuviera bronceándome a la luz de la luna y sin dejar de hacerme preguntas, de intentar dilucidar por qué me había elegido a mí y por qué tenía que ser en ese momento.

De repente, un olor extraño en el aire me sacó del ensimismamiento en el que me encontraba.

"¡M*erda, Katie!", me alarmé, y me paré de un salto.

"¿Quién anda ahí?", pregunté asustada. No era un aroma de nuestra manada. ¡C*rajo! Quienquiera que fuera me estaba observando desnuda.

Miré a mi alrededor y agarré la ropa que Katie había cargado mientras corríamos, sentía que no me sacaban los ojos de encima. Percibía un olor varonil, era el aroma de alguien que imponía mucho poder, pero ¿dónde se escondía?

"¡Solo vístete y corre, Nadia!", Katie me susurró desconcertada.

Me vestí a la velocidad de la luz y salí corriendo sin mirar atrás. Quien fuera esa persona no podía tener buenas intenciones.

Aceleré la marcha todo lo que pude, crucé el río, los acantilados y, justo cuando giré la cabeza para ver si seguían detrás de mí, me golpeé fuerte.

"¡Qué di*blos, Nadia!", me preguntaron, mientras tanto, yo intentaba levantarme del suelo.

No era ni más ni menos que. ¡Pablo! ¿Nuestro Beta? ¿Qué rayos hacía allí?

"Nadia, ¿estás bien?". Me ofreció la mano y me ayudó a ponerme de pie.

"Sí, venía distraída..., mirando...". Una idea extraña vino a mi mente. ¿Acaso era él quien me estaba espiando?

"No, huele diferente", me contradijo Katie olfateándolo. "Aquel olor no pertenecía a nuestra manada".

"¿Qué haces aquí?". Volví a mirar hacia atrás, tratando de mostrarme natural, como si nada hubiera pasado.

"Estaba patrullando la zona y percibí un olor extraño. Es un lobo de otra manada que entró aquí sin permiso". Su comentario me dejó helada.

Katie tenía razón. ¿Pero quién era el hombre misterioso? ¿Era un pervertido? Si no, ¿por qué espiaría a una mujer desnuda detrás de los árboles? Me moría de la intriga.

"Nadia, no deberías caminar sola a esta hora con ese extraño cerca. No sabemos lo que quiere, si se perdió de forma inocente o si tiene malas intenciones. Te llevaré a casa", me dijo, y empezó a indicarme por dónde tenía que caminar.

"Puedo caminar sola, gracias. No tengo cinco años, sé cómo cuidarme", le recordé, y miré hacia atrás una vez más.

"Por supuesto, lo sé", me avaló con una sonrisa sincera. "Eres una luna todoterreno y siempre te esfuerzas en el entrenamiento. Ese es el motivo por el cual tengo que protegerte si hay alguien aquí". Y continuó caminando muy atento.

"Alonso me matará si algo te sucede durante mi guardia".

Alonso, Alonso, siempre Alonso. ¡Estaba harta de él!

"Pablo". Frené, ya estábamos cerca de la manada. "¿Qué postura adoptas con respecto a Alonso?", fui directo al grano.

Él era su Beta, lo natural sería que no me apoyara, pero al menos necesitaba saber si me condenaría por vengarme de Alonso.

"Tú eres mi Luna, Nadia", me recordó sin mirarme, aunque caminando más lento, como si intentara hacer tiempo para explicarme algo.

"Eres fantástica, estoy muy orgulloso de servirte. Hiciste mucho por esta manada y yo, como tu Beta, te serviré sin reservas. Pase lo que pase, te apoyaré". Me sorprendió su declaración.

"Gracias, Pablo", le contesté con calma.

"Lamento lo que hizo", añadió. Eso me confundió, ¿estaba insinuando algo?

"Tú eres mejor, no permitas que nadie dude de eso. Él está cometiendo un error". Luego se detuvo.

"Los dejaré solos para que hablen", anunció en un tono solemne, y eso me hizo dar cuenta de que Alonso también estaba allí.

"¿Dónde di*blos estabas?", me gruñó, se precipitó hacia mí y me llevó hacia su pecho, como si buscara algo.

"Estaba corriendo con su loba", explicó Pablo de manera espontánea. "Me aseguré de que estuviera a salvo camino a casa". Alonso le indicó que se retirara.

"¿Por qué saliste corriendo, Nadia?", mi marido me preguntó, y me rodeó la cintura con los brazos; sin embargo, yo lo empujé y tomé distancia.

"¿Ella aceptó el rechazo?", le pregunté sin rodeos, quedó boquiabierto. Por supuesto que no lo había hecho. La maldita perversa tenía un plan.

"Nadia, no deberías actuar así". Podía sentir lo enojado que estaba por mi comportamiento, pero me importaba una m*erda lo que pensara.

"No estoy negociando nada, Alonso. Es ella o yo". Me di vuelta para regresar a la manada, pero él me agarró del brazo y me besó a la fuerza, como si quisiera demostrarme algo. Pegó los labios a los míos y, como no me soltaba, lo mordí hasta que noté el sabor de la sangre.

"¡Suéltame!", grité, y lo empujé con tanta fuerza que trastabilló. "Ella y yo no podemos estar en el mismo lugar. ¡Si me respetas, la obligarás a aceptar tu rechazo y la expulsarás!". Sin dudas, mis palabras habían desencadenado algo, porque tan pronto como me escuchó, se dio la vuelta y se fue maldiciéndome mientras se limpiaba la sangre de los labios.

"Él nunca la expulsará", me recordó Katie. "Siente atracción por su compañera predestinada".

"Por supuesto que sí, de lo contrario no estaríamos aquí peleándonos. Él la habría rechazado desde un primer momento si no fuera de ese modo. Su lobo la quiere". Ese fue el momento en que me di cuenta de lo que le sucedía.

"No parará hasta tenerla. Ahora me doy cuenta, Katie. Alonso es débil, no puede luchar contra el vínculo. Si no hacemos algo rápido, regresaremos al punto en el que estábamos, moriremos otra vez".

El Alfa entró a la casa de la manada y empujó a un omega que se le cruzó en el camino.

"Quiero divorciarme". No podía creer lo que le estaba diciendo, pero eso era lo que quería.

"¡Quiero divorciarme!".

                         

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