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sombras del pasado
El motor del elegante automóvil negro se apagó suavemente cuando Luna Moretti estacionó en el lugar reservado para la directora ejecutiva de Moretti Cop. A su lado, Emiliano Altamira hizo lo mismo con su vehículo, un sedán de lujo que reflejaba su éxito y buen gusto. Ambos bajaron casi al mismo tiempo, y sus miradas se encontraron fugazmente bajo la tenue luz matinal que filtraban los altos edificios de la ciudad.
El estacionamiento de la empresa estaba ubicado en el subsuelo del imponente rascacielos que Luna había convertido en el emblema de su imperio. Con una estructura moderna de vidrio y acero, Moretti Corp. se alzaba majestuosa en el corazón financiero de la ciudad. La fachada reflectante dejaba ver el cielo grisáceo de la mañana, mientras que las puertas principales, enormes y automáticas, se abrían con sensores al detectar a los visitantes.
Marcos, el tío de Luna, se puso en marcha con paso seguro junto a su sobrina, mientras Emiliano los seguía con interés. Al cruzar las puertas de la empresa, los guardias de seguridad los saludaron con respeto.
-Buenos días, señorita Moretti.
-Buenos días -respondió Luna con su tono profesional y elegante, aunque su voz guardaba una frialdad habitual.
Los suelos de mármol negro brillaban impecablemente, reflejando la luz que caía desde la gigantesca araña de cristal suspendida en el vestíbulo. Las paredes estaban adornadas con detalles en dorado y grandes cuadros abstractos que daban un aire de sofisticación. Una recepción de mármol blanco se encontraba en el centro, donde varias asistentes trabajaban de manera diligente, atendiendo llamadas y organizando agendas.
Emiliano observaba con discreción cada detalle del lugar. La empresa transmitía poder y éxito, y él sabía que Luna no había heredado todo esto sin esfuerzo. Había construido su imperio desde los escombros de su pasado.
El trío se dirigió al ascensor principal, un moderno elevador con puertas de acero pulido y un panel digital de última tecnología. Marcos presionó el botón, y en cuestión de segundos, las puertas se abrieron con un sonido sutil.
Los tres ingresaron y el silencio los envolvió mientras ascendían a los pisos ejecutivos. Emiliano, curioso por conocer más sobre Luna, decidió romper la quietud.
-¿Hace muchos años que trabaja en esto, señorita Moretti? -preguntó con una leve sonrisa.
Luna lo miró de reojo y respondió con voz neutra.
-Sí. Desde la muerte de mis padres, comencé a trabajar duro para mantener y expandir la empresa familiar.
Emiliano notó un leve matiz de tristeza en sus ojos verdes y sintió un pequeño remordimiento por haber tocado un tema delicado.
-Lo siento. No sabía que sus padres habían fallecido.
Luna mantuvo su porte firme, pero su mirada se endureció.
-No se preocupe -respondió con frialdad justo en el momento en que las puertas del ascensor se abrieron.
Salieron al piso ejecutivo, un espacio amplio con ventanales de piso a techo que ofrecían una vista panorámica de la ciudad. La luz natural iluminaba cada rincón, realzando la decoración moderna en tonos neutros y muebles minimalistas. Al fondo del pasillo, un gran escritorio de cristal servía como recepción personal de Luna.
Carmen, la secretaria personal de Luna, se puso de pie en cuanto la vio llegar.
-Buenos días, señorita Moretti -saludó con una sonrisa profesional.
-Buenos días, Carmen -respondió Luna, sin detener su paso.
Entró en su oficina, seguida de Emiliano. La estancia era espaciosa, con paredes en un tono crema elegante y un enorme escritorio de madera oscura en el centro. Detrás de él, un ventanal imponente ofrecía una vista espectacular del horizonte. Una biblioteca con libros de negocios, derecho y estrategias financieras ocupaba un lateral, mientras que una mesa de reuniones con sillas de cuero negro ocupaba el otro.
Luna se sentó en su sillón ejecutivo y le hizo una seña a Emiliano para que tomara asiento frente a ella.
-Tome asiento, Altamira.
El hombre lo hizo con soltura, sin dejar de analizarla. Había conocido a muchas empresarias exitosas, pero ninguna tenía la presencia de Luna Moretti. Había algo en ella, algo que iba más allá de su belleza y su inteligencia. Su frialdad era un muro que nadie parecía poder derribar.
Marcos, que había observado la interacción con interés, decidió despedirse.
-Hija, te dejo en buenas manos. Iré a mi oficina.
-Está bien, tío -asintió Luna sin mirarlo, concentrada en los documentos sobre su escritorio.
Cuando Marcos salió, Carmen se acercó con su tableta en mano, lista para dar los anuncios importantes del día.
-Señorita Moretti, tiene una reunión con los directores a las diez, un almuerzo con el equipo de finanzas y una videollamada con los inversionistas europeos a las cuatro de la tarde. Además, el contrato con Altamira necesita ser revisado antes de la firma.
Luna asintió, tomando una carpeta con el nombre de Emiliano impreso en la portada.
-Muy bien, Carmen. ¿Algo más?
-Sí, se reportaron movimientos sospechosos en las acciones de la empresa. El equipo de análisis está revisando si hay intentos de compra hostil.
Luna entrecerró los ojos. Sabía que su mundo de negocios no era solo números y contratos, sino una guerra silenciosa donde cualquier debilidad era aprovechada por los enemigos.
-Diles que quiero un informe detallado antes del mediodía.
-Entendido -dijo Carmen antes de salir de la oficina.
Emiliano, que había permanecido en silencio, sonrió levemente.
-Dirige esta empresa con mano firme, señorita Moretti. Es impresionante.
Luna lo miró con frialdad.
-Siempre hay que estar un paso adelante, señor Altamira. En los negocios, la debilidad no es una opción.
Emiliano inclinó la cabeza con respeto. Cada vez tenía más curiosidad por esa mujer enigmática.