Capítulo 4 Pactos y Presagiós

Capítulo 4: Pactos y tentaciones

El sol de la tarde se filtraba a través de los amplios ventanales de la oficina de Luna Moretti, proyectando destellos dorados sobre los muebles de madera oscura y el moderno escritorio de cristal. La vista desde el piso alto del rascacielos ofrecía una panorámica de la ciudad, con sus calles bulliciosas y el constante ir y venir de automóviles. La oficina irradiaba poder y sofisticación, reflejando perfectamente la personalidad de su dueña: fuerte, imponente y con un gusto impecable.

Sentada en su enorme silla de cuero, Luna revisaba minuciosamente el documento que Emiliano Altamira le había presentado. Cada página detallaba los términos del acuerdo de inversión que proponía. A medida que analizaba cada punto, su mente calculadora iba sopesando los pros y los contras. La propuesta era sólida, y Luna apreciaba la claridad con la que Emiliano había estructurado su plan. Finalmente, tras unos minutos de profundo análisis, levantó la vista y lo observó con una leve sonrisa.

Emiliano, que hasta entonces había permanecido sentado con una actitud relajada, se levantó lentamente y comenzó a caminar por la oficina. Sus manos se hundieron en los bolsillos de su pantalón mientras recorría el espacio con un aire de confianza natural. Aquel hombre no solo era atractivo, sino que también poseía una presencia intrigante, algo que no pasó desapercibido para Luna. Observó su perfil definido, su porte elegante y la seguridad con la que se desenvolvía.

-Me gusta tu propuesta -dijo finalmente, cerrando la carpeta con un ademán firme.

Emiliano se detuvo y giró lentamente hacia ella, con una sonrisa ladeada que reflejaba cierta satisfacción.

-¿En serio te gustó? -preguntó, con una chispa de interés en la mirada.

Luna asintió con seguridad.

-Claro. Soy una mujer de negocios y sé analizar bien las oportunidades cuando las veo.

Se puso de pie y extendió su mano hacia él en un gesto de cierre de trato. Emiliano avanzó unos pasos y tomó su mano, ejerciendo una leve presión. Sus ojos se encontraron, y por un breve instante, ambos se quedaron en silencio. Había algo electrizante en el contacto de sus pieles, una sensación que ninguno de los dos podía ignorar.

Sin soltar su mano, Emiliano se acercó unos centímetros más, reduciendo la distancia entre ellos. Su mirada se volvió intensa y, con voz baja pero firme, le preguntó:

-Luna, ¿aceptarías salir conmigo?

Luna parpadeó, sorprendida por la propuesta. No porque no lo hubiera considerado, sino porque no esperaba que Emiliano diera el primer paso tan pronto. Por un instante dudó, pero luego sonrió con ligereza, sin apartar la vista de él.

-Está bien -respondí suavemente.

Emiliano sonrió, satisfecho con su respuesta. Su agarre sobre la mano de Luna se aflojó un poco, pero no la soltó de inmediato. Quiso prolongar ese momento un poco más.

-Entonces, ¿qué te parece si nos vemos a las seis? -sugirió.

Luna asintió con un ademán profesional, aunque en su interior sintió una ligera agitación que no estaba acostumbrada a experimentar.

-Te espero a esa hora.

La atmósfera en la oficina había cambiado. Lo que comenzó como una simple reunión de negocios ahora tenía un matiz diferente, una tensión palpable que ambos podían sentir en el aire. Luna retiró su mano con elegancia y volvió a tomar asiento, tratando de recuperar la compostura. Sabía que estaba jugando en un terreno peligroso. Su vida estaba marcada por la frialdad y el control, y ahora, un hombre había conseguido sacudir esos cimientos con una simple propuesta.

Por su parte, Emiliano regresó a su asiento, sin apartar la vista de ella. Había conocido muchas mujeres en su vida, pero Luna Moretti era diferente. Su aura de misterio, su determinación y esa mirada calculadora lo atraían de una manera que no podía explicar. Sabía que, a pesar de su aparente frialdad, en su interior había una mujer apasionada que pocos habían tenido el privilegio de conocer.

Luna exhaló suavemente y deslizó el documento de vuelta sobre el escritorio.

-Nos vemos a las seis, Emiliano. Ahora, volvamos a los negocios.

Emiliano sonrió con complicidad. Sabía que, aunque ella tratara de disimularlo, había conseguido despertar algo en ella.

-Por supuesto, señorita Moretti. Hagamos negocios primero... y luego, veremos qué nos depara la noche.

El pacto estaba sellado. En los negocios y, quizá, en algo más.

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Damián Blackwood estaba en su oficina, recargado sobre su escritorio de caoba mientras revisaba un informe financiero. Su despacho era amplio, decorado con madera oscura, con ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad. Las luces tenues y la presencia imponente del alfa le daban al ambiente un aire de poder absoluto. Justo en ese momento, la puerta se abrió tras un golpe firme.

-Adelante -dijo sin apartar la vista del documento.

Sebastián, su amigo y hombre de confianza, entró con su característico andar despreocupado y una sonrisa burlona en el rostro.

-Solo vine a recordarte que hoy tienes la reunión con la empresa Moretti Corp.

Damián alzó una ceja y dejó los papeles sobre la mesa.

-Ya lo sé -dijo con voz firme mientras se levantaba, se abotonaba su saco negro y acomodaba el reloj de su muñeca. Su presencia era hipnotizante; un aura de frialdad y control absoluto lo envolvía.

Ambos hombres salieron de la oficina con paso firme. En cuanto atravesaron el pasillo, las empleadas de la empresa desviaron la mirada hacia él, algunas con susurrantes comentarios, otras sin disimular su admiración. La presencia de Damián nunca pasaba desapercibida. Alto, de cabello claro y ojos azules penetrantes, su atractivo tenebroso hacía que muchas se sintieran atrapadas en su encanto oscuro.

Sebastián soltó una carcajada baja al notar lo que ocurría.

-Dime, Damián, ¿cómo lo haces para tenerlas así?

Damián arqueó una ceja sin dejar de caminar.

-¿A qué te refieres?

-A las mujeres, ¿a quién más? Se quedan embobadas contigo.

El alfa suspiró con indiferencia.

-Tonterías, ya vámonos.

Salieron del edificio y se dirigieron a su auto. Damián miró su reloj, pero en ese instante sintió una punzada extraña en su pecho. Su instinto se despertó con fuerza, intentándolo de que algo no estaba bien.

Su mirada se endureció mientras su lobo interior rugía en su mente.

Luna Moretti estaba en su despacho, sentada tras un enorme escritorio de cristal. Sus dedos tamborilear suavemente sobre la superficie mientras leía los informes de las negociaciones recientes.

Su oficina reflejaba su carácter: elegante, ordenada, con estanterías de madera repletas de archivos y una vista espectacular de la ciudad. El sol de la tarde iluminaba las cortinas de lino blanco, bañando la habitación con un tono dorado.

De pronto, un suave golpe en la puerta interrumpió su concentración. Su secretaria, Carmen, asomó la cabeza.

-Disculpe, señorita Luna, pero olvidé mencionarle que hoy tiene otra reunión con la empresa Blackwood Enterprises.

Luna asintió con calma.

-Está bien, Carmen, no te preocupes. Solo avísame cuando lleguen.

-Por cierto -continuó la secretaria-, la semana pasada canceló la reunión con Dragovic Industries. Si vuelven a llamar, ¿quiere que reagende?

El rostro de Luna se tensó por un instante al escuchar ese apellido. Viktor Dragovic.

-Diles que hoy puedo atenderlos -dijo, manteniendo la calma.

-Como usted diga, señorita. Con permiso.

Al cerrar la puerta, Emiliano Altamira, que estaba sentado en uno de los sofás de la oficina, sonrió con admiración.

-Eres muy metida en tu trabajo -comentó-. Veo que tienes todo bajo control.

Luna esbozó una leve sonrisa y tomó su taza de café.

-Siempre lo tengo.

Damián llegó a la empresa Moretti Corp. Su coche negro se estacionó con precisión y la puerta se abrió lentamente. Cuando bajó, su figura se imponía como la de un depredador observando su territorio.

Sus ojos escanearon los alrededores. Algo en el aire le resultaba inquietante. No había señales evidentes de peligro, pero su instinto seguía rugiendo en su interior.

-Algo no está bien -murmuró, ajustándose el saco antes de avanzar.

El vestíbulo de Moretti Corp. era lujoso, con pisos de mármol y una recepción impecable. En cuanto entró, las miradas de algunas empleadas se desviaron hacia él. Su mera presencia provocaba reacciones.

Damián ignoró las miradas y se dirigió al ascensor junto con Sebastián. En el camino, una joven recepcionista se aclaró la garganta, nerviosa.

-Bienvenido, señor Blackwood. La señorita Moretti lo está esperando.

Asintió con un ligero movimiento de cabeza y avanzó. Al llegar al ascensor, Sebastián pulsó el botón y ambos entraron. La atmósfera se sintió cargada. Damián no podía explicarlo, pero su instinto seguía alerta. Algo iba a suceder.

Mientras tanto, en su oficina, Luna tamborileaba sus dedos sobre la mesa. Había algo en su pecho, una sensación extraña que no entendía.

Por alguna razón, el encuentro con Blackwood Enterprises le parecía diferente a cualquier otra reunión de negocios.

Y en el fondo, sin saberlo, su destino estaba a punto de cruzarse nuevamente con la sombra de su pasado.

            
            

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