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Cicatrices del Primer Amor
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Capítulo 2

Después de colgar, me quedé inmóvil por un largo momento, el teléfono aún en mi mano. El silencio del estudio se sentía pesado, cargado con los fantasmas que la llamada de Rebeca había invocado. A los pocos segundos, el teléfono vibró de nuevo. Un mensaje de su número.

"Sofía, por favor. Solo una llamada. La Sra. de Serrano quiere hablar contigo. Mateo está destrozado. Dice que sin ti su vida no tiene sentido."

Leí el mensaje y sentí una oleada de irritación. ¿Destrozado? ¿Su vida no tiene sentido? ¿Y dónde estaba ese profundo amor cuando me humilló públicamente? ¿Dónde estaba cuando permitió que Camila me calumniara, usando la memoria de mi primo fallecido para pintarme como una traidora?

La familia Serrano. Siempre tan preocupados por las apariencias, por los negocios, por el qué dirán. La Sra. de Serrano, que siempre me había tratado con una dulzura condescendiente, como si fuera una bonita adquisición para su hijo, una pieza más en el puzzle perfecto de su linaje.

Recordé una conversación con ella, unos meses antes de la desastrosa fiesta de compromiso. Estábamos en su sala de estar, rodeadas de antigüedades y retratos de ancestros con miradas severas.

"Sofía, querida," me había dicho, mientras me servía una taza de té en una porcelana finísima. "Sabes que te queremos como a una hija. Y precisamente por eso, quiero darte un consejo."

Yo asentí, ingenua, pensando que sería algo sobre los preparativos de la boda.

"Mateo es un hombre brillante, pero es sensible. Su trabajo en la casa de modas de la familia es muy demandante. Él necesita un apoyo incondicional en casa. Un refugio. A veces... a veces siento que tus propias ambiciones, tu carrera de diseño, podrían ser... una distracción para él."

No lo dijo directamente, pero el mensaje era claro. Sé una buena esposa. Quédate en segundo plano. Tu carrera no es tan importante como la de él. Tu papel es apoyarlo, no competir con él. En ese momento, lo interpreté como la preocupación de una madre anticuada. Ahora, con la perspectiva de los años, veía la manipulación sutil, el intento de moldearme para que encajara en el rol que ellos habían diseñado para mí.

Eran egoístas. Todos ellos. Mateo, por su inseguridad y celos. Su madre, por su obsesión con el estatus y el control. Y Rebeca, por su lealtad ciega a una familia poderosa en lugar de a la amiga que la había apoyado en la universidad.

Penseban que podían arruinar mi vida, dejarme tirada en el lodo y que yo me quedaría ahí, esperándolos. Esperando a que el gran Mateo Serrano, arrepentido y miserable, volviera para "salvarme". Qué equivocados estaban.

La verdad era que su traición no me destruyó. Me liberó. Me obligó a valerme por mí misma, a descubrir una fuerza que no sabía que tenía. Me empujó a salir de la Ciudad de México, a empezar de nuevo en un lugar donde nadie conocía mi nombre ni mi historia vergonzosa. Y fue en ese nuevo comienzo donde encontré a Diego. Un hombre que celebraba mis ambiciones, que me veía como su igual, que me amaba con una honestidad y una sencillez que los Serrano nunca entenderían.

Me di cuenta de que mi relación con Mateo no había sido una gran historia de amor, sino una jaula dorada. Una en la que yo era la que tenía que encogerse para que él pudiera brillar. Una en la que mi valor estaba ligado a su apellido y a su aprobación.

Tomé una respiración profunda, llenando mis pulmones con el aire de mi presente. Miré mi teléfono una última vez. El mensaje de Rebeca seguía ahí, una pequeña súplica digital de un mundo que ya no era el mío.

Sin dudarlo, abrí sus datos de contacto y presioné "Bloquear número". Luego hice lo mismo con el número desconocido desde el que me había llamado. Un pequeño acto, pero simbólicamente poderoso. Era un portazo definitivo.

No necesitaba su perdón. No necesitaba su arrepentimiento. Lo que necesitaba era proteger la paz que tanto me había costado construir. Mi familia. Mi felicidad. Mi vida. Y nadie, absolutamente nadie del pasado, iba a quitármela.

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