Alistair se apartó apenas unos centímetros, su frente apoyada contra la mía. Sus ojos amarillos estaban inyectados en sangre, no por el cansancio, sino por la furia contenida de un lobo que ha descubierto que el cachorro que debía proteger fue arrojado a los pozos por su propia compañera de manada.
-No volverás a entrar ahí como una sirvienta, Lyra -sentenció él, su voz recuperando la autoridad de un Alpha, pero esta vez teñida de una ternura que me desgarraba-. Entrarás como lo que siempre fuiste: la dueña de mi alma. Y el mundo verá cómo se marchita la flor de plástico de Seline.
-Mi madre, Alistair... -logré articular, mi voz rota-. Cada minuto que paso aquí es un minuto que le robo a su aliento. El hospital no espera a que los Alphas terminen sus venganzas.
Alistair sacó su teléfono con un movimiento brusco. No fue una llamada de negocios, fue un comando de guerra.
-Sterling, moviliza la unidad médica privada de los Blackwood al Hospital Central. Quiero a la madre de Lyra en la suite presidencial antes de que el sol toque el horizonte. Si algo le sucede, quemaré ese hospital con los médicos dentro. ¿Entendido?
Guardó el teléfono y me miró. Por primera vez en siete años, sentí que la red de seguridad que me habían arrebatado volvía a tejerse a mi alrededor, pero era una red hecha de alambre de espino y oro.
El retorno de la Luna
Regresamos al club por la puerta principal. Alistair no caminaba; avanzaba como una tormenta de categoría cinco. Su mano estaba entrelazada con la mía, sus dedos largos y fuertes ignorando el hecho de que mi mano estaba manchada de hollín y trabajo. Los guardias se hicieron a un lado, bajando la cabeza ante la ferocidad que emanaba de su líder.
Cuando entramos de nuevo en la sala SVIP-01, el tiempo pareció retroceder y avanzar al mismo tiempo. Seline estaba de pie, rodeada por los antiguos compañeros que ahora la miraban con una mezcla de horror y fascinación. Al vernos entrar -al verlo a él, imponente, y a mí, erguida a su lado-, su rostro se desfiguró. La belleza que tanto había cultivado se evaporó, dejando solo la cáscara de una mujer que sabía que su imperio de naipes estaba a punto de ser arrasado por el viento.
-¡Alistair! -gritó ella, su voz aguda como un cristal rompiéndose-. ¡No puedes creerle a esta mujer! ¡Ella te está manipulando con su pobreza! ¡Yo soy tu Luna, yo soy la que ha estado a tu lado!
Alistair soltó mi mano, pero solo para avanzar hacia el centro de la sala. El aire vibró con su autoridad Alpha; los cristales de las botellas carísimas tintinearon y los invitados retrocedieron, buscando las sombras. Se detuvo frente a Seline, y el contraste era una tragedia lírica: la elegancia blanca de ella contra la oscuridad absoluta de él.
-Tú no eres una Luna, Seline -dijo Alistair, su voz baja, cargada de una amenaza que helaba la sangre-. Eres un eclipse de sangre que ha durado demasiado tiempo. Siete años viví en la mentira que tú escribiste. Siete años desprecié a la única mujer que me amó sin condiciones, mientras alimentaba a la víbora que dormía en mi cama.
-¡Lo hice por nosotros! -chilló ella, las lágrimas arruinando su maquillaje de Chanel-. ¡Ella no es nada! ¡Es una camarera!
-Ella es la razón por la que todavía tengo corazón -rugió Alistair, y su voz hizo que Seline cayera de rodillas-. A partir de este segundo, la familia Blackwood retira cada centavo de tus cuentas. Tu linaje será borrado de los registros de la manada. No habrá compromiso, no habrá perdón. Serás expulsada de Costablanca antes del amanecer. Y si vuelvo a ver tu sombra cerca de Lyra, te juro por el cielo que no quedará de ti ni el recuerdo.
El precio de la redención
Seline se derrumbó, un montón de seda blanca llorando en el suelo, pero nadie se acercó a consolarla. Los mismos que antes la elogiaban ahora apartaban la mirada, temerosos de la ira del Alpha.
Alistair se giró hacia mí. Sus ojos buscaron los míos, una súplica silenciosa en medio del caos. Caminó hacia donde yo estaba y, frente a todos, se arrodilló de nuevo. Pero esta vez no fue en la inmundicia de un callejón, sino en el centro de su propio imperio.
-Lyra -dijo, tomando mi mano herida y llevándola a sus labios-. No puedo devolverte los siete años. No puedo borrar la lluvia de esa noche. Pero te doy mi vida, mi fortuna y mi alma como pago inicial. Quédate conmigo. No como mi compañera, sino como mi reina. Déjame pasar el resto de mis días intentando que el brillo de tus ojos sea más fuerte que el recuerdo de tus lágrimas.
El silencio en la sala era denso, cautivador. Todos esperaban mi respuesta. Miré a Alistair, el hombre que me había destrozado y que ahora intentaba reconstruirme con sus propias manos sangrantes. El romance oscuro que nos unía era una red de espinas, pero bajo ellas, la flor de lo que fuimos luchaba por respirar.
-El perdón es un camino largo, Alistair -susurré, dejando que mi mano descansara sobre su mejilla-. Y todavía está lloviendo en mi corazón. Pero por primera vez en siete años... creo que tengo un paraguas.
Él cerró los ojos, dejando escapar un suspiro de alivio que pareció mover las montañas. Se puso de pie y me envolvió en sus brazos, protegiéndome de las miradas curiosas.
-Vamos a casa, Lyra -dijo al oído-. Tu madre nos espera. Y mañana... mañana el sol finalmente saldrá para la luna que el mundo intentó olvidar.
Salimos de L'Éclipse bajo un cielo que empezaba a clarear. La noche de la traición había terminado, pero la danza entre el Alpha y su Luna apenas comenzaba. Las cenizas seguían ahí, pero en el centro del fuego, algo nuevo, algo más fuerte y oscuro, estaba empezando a nacer.