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CENIZAS DE UNA LUNA OLVIDADA
img img CENIZAS DE UNA LUNA OLVIDADA img Capítulo 3 : El rastro de la sangre y el perdón
3 Capítulo
Capítulo 6 : El juicio de los lobos img
Capítulo 7 : El sacrificio de la sangre img
Capítulo 8 El ritual de las sombras img
Capítulo 9 El aullido de la bestia herida img
Capítulo 10 El trono de cenizas img
Capítulo 11 El susurro de la marea img
Capítulo 12 El amanecer de la estirpe plateada img
Capítulo 13 El susurro de las nuevas raíces img
Capítulo 14 : El eco de la eternidad img
Capítulo 15 TEMPORADA 2 EL ALFA QUE ME ROMPIÓ (Y LA OMEGA QUE LO DESTRUYÓ) img
Capítulo 16 capitulo 1: El rastro de la loba heridac img
Capítulo 17 capitulo 3: El Alfa del Norte y el secreto de la sangre img
Capítulo 18 capitulo 4 El Vínculo de Venganza img
Capítulo 19 La Ceremonia de las Cenizas img
Capítulo 20 El Trono de Huesos y la Celda del Olvido img
Capítulo 21 : El Arquitecto del Caos img
Capítulo 22 La Boda de Sangre y Ceniza img
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Capítulo 3 : El rastro de la sangre y el perdón

El aire gélido de la noche de Costablanca me golpeó los pulmones como si fueran fragmentos de vidrio, pero fue un alivio comparado con la atmósfera viciada del club L'Éclipse. Caminé hacia el callejón de servicio, mis pasos resonando en el asfalto mojado, un eco solitario que intentaba alejarse de la verdad que acababa de estallar a mis espaldas.

Había esperado siete años por este momento. Siete años imaginando la caída de Seline, el descubrimiento de su ponzoña. Pero ahora que el secreto había sido arrancado de su garganta ebria, no sentía triunfo. Solo sentía el peso de las oportunidades muertas, de la juventud marchita y de un amor que había sido mutilado por las manos en las que más confiamos.

-¡Lyra! -el grito desgarró la noche, una nota de mando y desesperación que solo un Alpha podía proyectar.

No me detuve. No podía. Si me giraba, temía que la oscuridad en los ojos de Alistair me consumiera, o peor aún, que su arrepentimiento me hiciera caer de rodillas. Mis dedos todavía conservaban el calor de su sangre en la venda, una marca invisible que quemaba mi piel.

Escuché el estruendo de la puerta metálica siendo golpeada contra la pared. El sonido de pasos pesados, rápidos, el ritmo de un depredador que ha encontrado su rastro más sagrado. Antes de que pudiera llegar a la esquina, una mano poderosa me rodeó el brazo. No hubo violencia, solo una urgencia eléctrica que me obligó a detenerme.

El peso de la corona caída

Me giré, y la luz mortecina de una farola reveló a Alistair. Su traje italiano estaba desordenado, su camisa blanca manchada de vino y de su propia sangre, pero nada estaba tan roto como su rostro. El Alpha invencible, el hombre que dominaba los mercados financieros con un puño de hierro, parecía ahora un niño perdido en la inmensidad de una tormenta que él mismo había ayudado a alimentar.

-Dime que es mentira -suplicó él, su voz era una ruina de sí misma, áspera y quebradiza-. Dime que Seline estaba delirando por el alcohol. Dime que no te dejé sola esa noche mientras me suplicabas ayuda.

-No puedo darte esa paz, Alistair -respondí, y sentí cómo las lágrimas, contenidas durante casi una década, empezaban a nublar mi vista-. Yo estuve allí. En la acera del hospital, con mi madre desvaneciéndose en mis brazos y mi teléfono gritando tu nombre. Esperé hasta que el último suspiro de mi esperanza se extinguió. Y cuando recibí ese "Lárgate", algo en mí murió. Lo que ves ahora es solo el envoltorio de la mujer que una vez amaste.

Alistair soltó mi brazo como si mi piel lo quemara, retrocediendo un paso. Sus manos temblaban, las mismas manos que habían construido imperios. Se llevó los dedos a la frente, su lobo interno gimiendo de tal forma que pude escucharlo en el silencio del callejón. El vínculo de compañeros, ese hilo místico que nos unía, vibraba con una agonía insoportable.

-Yo no lo escribí, Lyra... Te lo juro por mi sangre, yo nunca te habría dicho eso -susurró, cayendo de rodillas sobre el suelo mojado, ignorando el charco que empapaba sus pantalones de mil dólares-. Yo pensé que me habías abandonado por el dinero que Seline dijo que te ofreció. Pensé que habías vendido nuestro amor para huir de la pobreza. Me convertí en este monstruo de éxito solo para demostrarte que no me necesitabas... y todo este tiempo, yo fui el que te falló.

La danza del perdón imposible

Me acerqué a él lentamente. Ver a un Alpha tan poderoso arrodillado en la inmundicia de un callejón debería haberme dado satisfacción, pero solo aumentó el dolor. El romance oscuro que una vez nos envolvió ahora era una tragedia escrita con tinta de sangre.

-El problema no fue que Seline escribiera ese mensaje, Alistair -dije, arrodillándome frente a él para que nuestras miradas se encontraran-. El problema fue que me conocías tan poco, que creíste que yo era capaz de venderte. El silencio de Seline fue el arma, pero tu falta de fe fue el gatillo.

Él levantó la vista, y vi la devastación total. Extendió su mano herida y, con una delicadeza infinita, acarició mi mejilla. Sus dedos estaban fríos, pero su tacto encendió un incendio forestal en mi alma.

-Déjame arreglarlo -rogó él, sus ojos dorados suplicando una redención que el mundo no le daría-. Destruiré a Seline. Haré que cada centavo de mi fortuna sirva para curar a tu madre. Te daré el mundo si me dejas, Lyra. Solo déjame ser tu Alpha de nuevo.

-No se puede reconstruir una catedral sobre cimientos de ceniza, Alistair -susurré, cerrando los ojos ante su contacto-. La Lyra que necesitaba tu protección se ahogó en aquella lluvia. Esta Lyra... esta solo sabe cómo sobrevivir.

-Entonces enséñame a sobrevivir contigo -respondió él, acercando su rostro al mío hasta que nuestras respiraciones se mezclaron, un vals de desesperación y deseo-. No me pidas que te deje ir de nuevo. Mi lobo no lo sobrevivirá. Si me dejas ahora, no quedará nada de Alistair Blackwood, solo una bestia sedienta de venganza.

En la penumbra del callejón, el tiempo pareció suspenderse. El aroma a sándalo, lluvia y arrepentimiento nos envolvía, creando una burbuja de dolor cautivador. Sabía que perdonarlo sería el inicio de una nueva clase de infierno, uno donde nuestras heridas sangrarían eternamente. Pero al mirar su rostro destrozado, comprendí que algunas lunas, incluso las más olvidadas, no pueden evitar orbitar alrededor de su planeta, sin importar cuántas veces este las haya dejado en la oscuridad.

-Alistair... -su nombre fue un suspiro, una entrega.

Antes de que pudiera decir más, sus labios se estrellaron contra los míos. No fue un beso de amor de cuento de hadas; fue un beso de guerra, de posesión, de un hambre acumulada durante siete años de mentiras. Sabía a vino rancio, a lágrimas saladas y a una redención que se sentía tan oscura y peligrosa como la noche misma.

El cristal estaba roto, sí. Pero en la oscuridad del callejón, Alistair parecía dispuesto a caminar sobre los fragmentos descalzo, solo para estar a mi lado.

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