Me levanté y caminé hacia el espejo de cuerpo entero. La mujer que me devolvía la mirada no era la camarera de L'Éclipse. Alistair había ordenado que me trajeran ropa antes de que yo despertara; vestía un camisón de encaje negro que se sentía como una caricia pecaminosa sobre mi piel. Pero bajo la seda, mis manos seguían teniendo las cicatrices de siete años de lucha. Mi dedo, ahora curado con una venda de seda, era el único recordatorio físico de la noche anterior.
-Todavía no te crees que estás a salvo, ¿verdad? -La voz de Alistair llegó desde la puerta.
Estaba apoyado en el marco, vestido con una bata de seda oscura que dejaba ver el vendaje en su mano. Su mirada recorría mi cuerpo con una mezcla de hambre y adoración que me hizo temblar. Ya no era el Alpha furioso de la noche anterior; era un hombre redimido por la presencia de su verdad.
-La seguridad es un concepto extraño para alguien que ha vivido esperando el próximo golpe, Alistair -respondí, girándome hacia él-. Mi madre... ¿cómo está?
Alistair se acercó, invadiendo mi espacio con ese aroma a sándalo y poder que ahora se sentía como mi oxígeno. Me tomó de la cintura y me atrajo hacia él, pegando mi espalda a su pecho.
-Ella está en el ala médica de la mansión. Los mejores especialistas de la manada están con ella. Ya no habrá más diálisis en salas compartidas ni esperas interminables. Todo lo que es mío, es para ella. Y para ti.
La jaula de oro
Bajamos a desayunar al gran comedor. La mesa estaba servida con una opulencia que me revolvía el estómago. Frutas exóticas, panes recién horneados y cristalería que brillaba bajo la luz matutina. Sin embargo, el ambiente no era de celebración. Los criados se movían en silencio, lanzándome miradas de soslayo. Para ellos, yo era la cenicienta que había regresado de la tumba para derrocar a su reina.
-Seline se ha ido -dijo Alistair, rompiendo el silencio mientras cortaba una pieza de fruta con una precisión quirúrgica-. Pero su familia no aceptará la humillación tan fácilmente. He movilizado a los centinelas de la frontera. Habrá repercusiones en el consejo de la manada.
-¿El precio de mi regreso es una guerra, Alistair? -pregunté, dejando mi taza sobre la mesa. El sonido del porcelana contra la madera resonó como un disparo.
Alistair dejó los cubiertos y me miró fijamente. Sus ojos dorados brillaron con una intensidad salvaje.
-Pagaría cualquier precio por tenerte aquí. Si el consejo quiere sangre por el compromiso roto, les daré sangre. Pero nadie volverá a tocar un solo cabello de tu cabeza.
En ese momento, un hombre de cabello gris y mirada de acero entró en el comedor. Era Viktor, el Beta de la manada y el consejero más antiguo de la familia Blackwood. Su rostro era una máscara de desaprobación.
-Alpha -dijo Viktor, ignorándome por completo-, el Consejo de Ancianos exige una audiencia. Los rumores sobre lo ocurrido en el club se han extendido. Dicen que has desechado a una Luna de linaje puro por... una humana que servía mesas.
Alistair se puso de pie, y la silla chirrió contra el suelo. Su autoridad Alpha llenó la habitación, haciendo que incluso Viktor bajara ligeramente la cabeza.
-No es una humana cualquiera, Viktor. Es Lyra. Mi compañera de alma. La mujer que me fue arrebatada por una traición que tú mismo no supiste ver. Dile al consejo que si tienen algún problema con mi Luna, pueden venir a decírmelo a la cara. Y que traigan sus testamentos firmados.
Sombras en el jardín
Más tarde, busqué refugio en los jardines de la mansión. Necesitaba aire, necesitaba sentir la tierra bajo mis pies para recordar que seguía viva. Pero mientras caminaba entre las rosas blancas, sentí que alguien me observaba.
No era Alistair. Era una sensación de frío, una sombra que se arrastraba por los rincones del jardín. Al darme la vuelta, vi a una figura femenina oculta bajo un velo negro, parada cerca de la fuente de mármol.
-Crees que has ganado, ¿verdad, pequeña luna? -La voz era un susurro sibilante, cargado de un odio antiguo. No era la voz de Seline. Era algo más oscuro, más ancestral.
-¿Quién eres? -pregunté, apretando los puños.
La mujer dio un paso adelante, revelando un rostro marcado por la edad pero con ojos que brillaban con una sabiduría malévola.
-Soy el pasado que Alistair intentó enterrar mucho antes de conocerte. Soy la deuda de sangre que su padre dejó pendiente. Él cree que puede protegerte, pero un Alpha que gobierna con el corazón roto es un Alpha débil. Disfruta de tu seda, Lyra, porque las cenizas de esta mansión serán tu próximo uniforme.
Antes de que pudiera responder, la mujer desapareció entre los setos como si nunca hubiera estado allí. El frío permaneció en mis huesos.
Alistair apareció unos minutos después, rodeándome con sus brazos.
-¿Estás bien? Estás temblando -susurró, besando mi sien.
-Alistair... ¿qué secretos guarda esta casa que no me has contado? -pregunté, mirando hacia donde la mujer había estado.
Él se tensó. Su abrazo se volvió un poco más posesivo, casi desesperado.
-Secretos que no permitiré que te toquen. Ahora eres una Blackwood, Lyra. Y en esta familia, protegemos lo que amamos hasta el último aliento.
El romance oscuro que nos unía acababa de subir de nivel. Ya no solo luchábamos contra la pobreza o la traición de Seline; ahora estábamos en el centro de un nido de víboras donde cada caricia podía ser la última y cada promesa de amor estaba escrita sobre un campo de batalla.
Miré a Alistair y, a pesar del miedo, lo besé. Porque en este mundo de sombras y cenizas, él era el único fuego que me mantenía caliente, incluso si ese mismo fuego amenazaba con devorarnos a ambos.