Era una mezcla sexy de matón y elegancia, que captó toda mi atención sin esfuerzo desde el momento en que llegó a la fiesta.
A su lado estaba la tía Vanessa, la madre de Trent, mi suegra. Siempre la había querido mucho, pero ahora mismo no podía explicar la terrible punzada de celos que me invadía al verlo aferrándose a su esposo.
Sabía que era una locura, pues tenía todo el derecho de estar a su lado, pues era su pareja, por el amor de la Diosa. Aun así, no podía evitarlo.
Ver a Vince me puso muy nerviosa y me recordó nuestra conversación de anoche: su inexplicable ira, la crueldad en su voz.
¿Qué significaba todo eso? ¿Por qué estaba enojado? Esas dudas me torturaron toda la noche. Honestamente, me sentiría mejor si pudiera preguntárselo.
"Hola, cariño. Te he estado buscando por todas partes", dijo Tren, sacándome de mis pensamientos.
Él acababa de llegar. La fiesta había empezado hacía una hora, ¿y recién llegaba?
"Hola", respondí con indiferencia.
"Lo siento, me quedé atascado en el tráfico", soltó apresuradamente, besándome en la mejilla.
Para colmo, percibí el perfume de Tracy en él. ¡Vaya! ¿Estaba tratando de ser obvio sobre su infidelidad, o se estaba volviendo menos hábil para ocultarla?
"No pasa nada", respondí, con un nudo en la garganta.
"Vamos, saludemos a papá", dijo, rodeándome la cintura con una mano, lo que hizo que me estremeciera ligeramente. Sin embargo, conseguí mantener la calma mientras nos acercábamos a sus padres.
Vince levantó la vista y me miró a los ojos como si fuera lo más fácil del mundo. Tragué saliva con fuerza, mientras mi corazón golpeaba con más fuerza contra mi pecho.
Mi suegro sonrió con facilidad mientras abrazaba a Trent.
"Hola, querida", me dijo la tía Vanessa, mientras nos abrazábamos. "Estás preciosa".
"Gracias", respondí, intentando sonreír, pero temblaba demasiado para conseguirlo.
"Hola, Elena", dijo Vince, con su voz ronca que hizo que mi respiración se agitara.
Acto seguido, extendió su mano venosa. Despacio, puse la mía sobre la suya y él la besó. Se suponía que era un gesto normal e inocente, pero la sensación de su boca sobre mi piel despertó los recuerdos impíos de aquella noche, haciendo que me estremeciera bruscamente.
Mi suegro sonrío torcidamente mientras me soltaba, y luego se puso a hablar con su hijo. Se me aceleró la respiración y cada vez me costaba más disimularlo.
Entonces, me di cuenta de que Vince parecía relajado. De hecho, lucía tranquilo y sereno. Era imposible imaginarlo como el hombre que se enfureció por teléfono ayer, o como el que me poseyó sin miramientos aquella noche.
¿Era un hipócrita, tenía múltiples personalidades, o me estaba volviendo loca?
"Vamos, cariño. Vamos a nuestra mesa", dijo Trent, agarrándome de la mano mientras me guiaba entre la multitud.
Miré a Vince, quien parecía ocupado conversando con unos hombres. Para alguien que parecía molesto cuando le sugerí que fingiéramos que lo nuestro nunca había pasado, parecía estar fingiendo muy bien. Casi me engañó y me hizo creer que nunca había sucedido.
'¿Cómo puede estar tan relajado?', me pregunté.
"¿Estás bien, cariño?", me preguntó Trent, acariciando mi mejilla sonrojada y apartando mi mirada de su padre.
Para ese punto, ya estábamos sentados en nuestra mesa.
"Sí, estoy bien", contesté apresuradamente, dando un sorbo a la copa de champán que había sobre la mesa.
El alcohol sabía divino, y supuse que mi padre debió gastar una fortuna para conseguirlo.
Sonreí y di otro sorbo, pero me atraganté cuando Tracy apareció de la nada y se sentó en el asiento vacío junto a Trent.
Dejé caer la copa sobre la mesa, mientras hacía una mueca por la rabia creciente.
"Hola, hermana. Siento no haber podido divertirme contigo anoche. Tenía un compromiso importante".
'Sí, ¡encima de mi pareja!', pensé.
"No... no hay problema", respondí, apretando los puños por debajo de la mesa, en un intento desesperado por no abalanzarme sobre ella.
"Gracias por ser tan compresiva" dijo con una sonrisa, echándose hacia atrás su largo y liso cabello negro.
Yo prefería mi pelo rizado.
"Eh, ¿no deberías estar con tus amigos allí?", preguntó Trent nervioso, aunque intentaba sonreír.
"No. Quiero quedarme aquí con ustedes dos", soltó la descarada, atreviéndose a colocar con estilo una mano sobre la suya. Mi pareja carraspeó y retiró la mano.
El descarado coqueteo de Tracy delante de mí me puso los nervios de punta. En ese momento, me imaginé dándole un puñetazo para quitarle el bótox de la cara.
"De acuerdo, está bien. Los dejaré solos", comentó y, tras volverse a echar el pelo hacia atrás, se fue contoneando las nalgas.
"Es... todo un caso", comentó Trent entre risas, visiblemente incómodo.
Yo sentía los sollozos en la garganta, así que no podía hablar. En ese momento, le pedí a la Diosa que me diera fuerzas para no montar una escena ahí mismo.
"Yo... eh... iré a saludar a tu papá", dijo Trent, antes de retirarse.
Yo tenía la cabeza gacha, pues seguía intentando aguantar las lágrimas. Cuando por fin controlé mis emociones y levanté la vista, lo primero que hice fue comprobar dónde estaba mi papá.
Lo vi con su esposa y algunos invitados. Trent no estaba con él. Tracy tampoco. Solo esperaba...
'No, no se atreverían. Tracy no faltaría así al respeto a la fiesta de su padre', me dije.
Sin embargo, no podía quedarme allí, lamentándome. Tenía que asegurarme de que no estuvieran en ninguna de las habitaciones haciendo cochinadas.
Me levanté y miré hacia donde estaba Vince. Él tampoco estaba en el lugar. Solo quedaba la tía Vanessa, quien estaba absorta en una plática con sus amigas.
Al entrar en la mansión, me pregunté en qué lugar podrían estar, y el primero que se me ocurrió fue la habitación de Tracy.
Subí corriendo las escaleras, sintiendo el dolor en mi tobillo. Con un poco de esfuerzo, me quité los tacones de quince centímetros y subí el resto descalza.
Llegué a su puerta, y sus gemidos eran justo lo que necesitaba oír. Los sonidos eran fuertes y perturbadoramente eróticos. Los gruñidos de Trent indicaban lo mucho que se estaba divirtiendo.
Las lágrimas nublaron mi vista mientras intentaba alcanzar el pomo de la puerta. Sin embargo, me temblaba tanto la mano que no pude.
Si entraba allí, ¿qué pasaría? ¿Me enojaría? ¿Gritaría? ¿O le pediría a Trent que eligiera entre mi hermana y yo? ¿Y si la elegía a ella? ¿Qué sería de mí?
Y... si papá los veía, podría darle un infarto. Eso era lo que más me preocupaba. Tendría que asegurarme de que él no subiera. Ni mamá. De hecho, ninguno de los invitados podía hacerlo.
Con el corazón hecho pedazos, bajé las escaleras. Tenía el maquillaje corrido por las lágrimas, así que me dirigí al baño para retocarlo.
Minutos más tarde, salí con un aspecto algo elegante de nuevo. Ya tenía las zapatillas puestas, y sonreía, pero tenía el corazón desgarrado.
Sabía que debía volver a la fiesta y quedarme con papá, para asegurarme de que no subiera.
Apenas llegué a la puerta principal, oí una voz detrás de mí.
"Disculpe, señora".
Me giré y vi a uno de los meseros. Llevaba un celular en la bandeja de las bebidas, y me lo estaba ofreciendo.
"¿De quién es?".
"Del Alfa Vince, señora".
Al escuchar ese nombre, agarré el teléfono con rapidez.
El mesero hizo una reverencia y estaba a punto de marcharse, pero lo detuve.
"Espera. ¿Dónde lo encontraste?".
"En el tercer piso, señora. Lo vi tirado en un rincón. Creo que debió de caérsele por error".
¿El tercer piso? Ese era el piso donde está la habitación de Tracy. ¿Qué hacía Vince en ese piso?
Le di las gracias al camarero y se marchó.
Miré el celular y me dije que tenía que devolvérselo, ¿pero dónde estaba? Pensé que había vuelto a la fiesta, así que comencé a caminar hacia allá, pero me quedé paralizada cuando el celular emitió un pitido.
La pantalla se encendió, indicando que acababa de recibir un mensaje.
No quería entrometerme, así que ni siquiera hice clic en él, pero las fotos aparecieron solas, y me helaron la sangre en las venas.
Esas fotos... eran de Trent y Tracy. Juntos. En su habitación. ¿Por qué Vince también las recibía?
Sin embargo, él no las consiguió de forma anónima. Palidecí cuando me di cuenta de algo aterrador. Las palabras de aquella noche, las que creía haber imaginado. Él había dicho algo como: "Era la única forma de atraerte a mis brazos".
¿Se refería a eso? ¿Acaso Vince estaba detrás del informante anónimo?
"¿Por qué parece que acabas de ver un fantasma, Elena?", me preguntó la profunda, ronca y aterradora voz que conocía muy bien.
Levanté la vista y me encontré con Vince, pero no con su versión cálida y relajada, sino la oscura e intensa, que tenía clavada su mirada de emociones indescifrables sobre mí.