Ya había pasado una semana desde la noche que compartimos. Sin duda fue el alcohol el que me dio el valor para decirle que no me arrepentiría de lo que pasó entre nosotros, porque al día siguiente, al volver a casa, lloré hasta quedarme seca. Nunca pensé que haría algo tan sucio como acostarme con otro hombre que no fuera mi pareja. Y lo peor de todo era que le había sido infiel con su padre. Honestamente, eso me hizo sentir como una persona horrible.
Lo odié al instante y no quise saber nada más de él. Pero ese sentimiento se fue atenuando hasta convertirse en un deseo ardiente unos días después.
Me sentía constantemente tentada a llamarlo, pero cuando estaba a punto de hacerlo, me faltaba valor. Y él no me había llamado.
Tampoco nos habíamos visto, y esto era lo que me inquietaba más.
Me hacía pensar que me estaba ignorando o que lo que tuvimos no fue lo suficientemente importante para él como para mantener el contacto. Quizá para mi suegro yo fui una aventura de una noche, sexo casual... Nada más. Y aunque debería estar encantada, una parte de mí sufría enormemente.
Además, ¿no había sido él quien me hizo prometer que no actuaríamos como si no hubiera pasado nada? Entonces, ¿por qué hacía exactamente eso? ¿No había hecho esa promesa en serio? ¿Acaso se dejó llevar por la emoción del momento? ¿Estaba tan arrepentido como yo?
Tal vez para él no significó nada. Y se suponía que para mí tampoco. Sin embargo, mi magullado corazón parecía desearlo inevitablemente.
Miré nuevamente su número en la pantalla, sacudí la cabeza y decidí no llamarlo. Tras secarme las lágrimas, bajé a desayunar.
Trent ya estaba sentado, revisando su celular, pero apenas me vio, lo dejó a un lado.
'¿Por qué? ¿Está hablando con Tracy?', me pregunté.
Me resultaba difícil enfrentarme a él por eso, así que no lo hice. Sobre todo porque sabía que era igual de asquerosa, pues me había metido con su padre.
"Hola, cariño", dijo e intentó besarme en los labios.
Yo lo esquivé sutilmente, y el gesto terminó en mi mejilla.
Desde que me enteré de su infidelidad, no había dejado que me besara ni se acostará conmigo. Honestamente, ahora su contacto me causaba repulsión. Y saber que se estaba acostando con Tracy lo hacía mucho menos atractivo para mí.
Y aunque no fuera a confrontarlo por ello, no significaba que iba a compartir pene con mi hermana. Eso acabaría con cualquier pizca de orgullo que me quedara.
Él me sacó una silla y yo me senté. Siempre era tan caballeroso que, honestamente, sentía que nunca podría entender cómo fue capaz de engañarme.
"La cena de cumpleaños de tu padre es esta noche", me recordó.
Sí, mi papá era el Alfa de la Manada Rayo de Luna, mientras que el padre de Trent era el Alfa de la Manada Claro Carmesí, o lo fue hasta que se jubiló anticipadamente y le cedió el lugar a su hijo.
Mi papá y Vince, el padre de mi compañero, eran amigos desde la infancia, y su amistad se fortaleció con los años. Por eso se emocionaron mucho cuando me convertí en la pareja de Trent.
"Sí", respondí con indiferencia, tratando de comer aunque no tenía apetito.
"Tengo trabajo más tarde, así que solo te dejaré allí y luego tendré que retirarme. Pero te aseguro que estaré en la fiesta de mañana".
Yo volví a asentir, pues no tenía nada que decir. Sabía que me estaba mintiendo, así que no valía la pena gastar mi aliento con él. Lo único que conseguiría sería volverme a poner a llorar otra vez.
"No tengo hambre", dije y me apresuré a volver a mi recámara.
Me quedé encerrada hasta la noche.
Trent me llevó a la manada de mi papá. Al llegar, él ya me estaba esperando en el porche.
Me bajé del auto y corrí a sus brazos.
"Tranquila, cariño", comentó, riéndose entre dientes, mientras me pasaba una mano por la espalda.
"Lo siento", respondí, porque necesitaba un abrazo desesperadamente.
Trent se marchó tras saludar a su suegro. Verlo irse me deprimió aún más.
Papá y yo entramos, y allí estaba Tracy con su madre, mi madrastra.
"Hola, mamá", la saludé, abrazándola.
Quizá nunca llenaría el vacío que mi madre dejó en mi corazón cuando tenía cuatro años, pero ciertamente fue muy amable conmigo, y eso significaba mucho.
"Hola, hermana mayor", intervino Tracy, con su habitual sonrisa descarada, que iluminaba el más sombrío de los corazones.
¿Cómo podía alguien con semejante sonrisa ser tan malvada? Y la quería tanto que, honestamente, no sabía cómo enfrentarme a ella.
De hecho, me vi obligada a reprimir todas mis emociones, y eso me estaba asfixiando. Y ahora mismo tenía que ser amable con esa zorra, aunque me estuviera muriendo por dentro.
"Hola, Tracy", la saludé, con una sonrisa que apenas duró un segundo. Por suerte nadie se dio cuenta y papá nos llevó al comedor.
Ahí descubrí que solo estábamos nosotros. No había ningún otro invitado; ni siquiera Vince. En el camino, sentí el corazón en la garganta ante la idea de que lo vería allí. Y ahora que sabía que no estaba, me sentí decepcionada y aliviada a partes iguales.
"¿No invitaste a nadie más?", le pregunté a papá mientras me sentaba a su lado.
Tracy se sentó junto a su madre.
"Solo invité a Vince", respondió él, agarrando sus cubiertos.
Me quedé paralizada, pero lo disimulé de inmediato.
"¿Por qué...?", empecé, con la voz ronca, así que carraspeé. "¿Por qué no vino?".
"No lo sé. Dijo que le había surgido un imprevisto del que no podía zafarse", contó mi progenitor, en un tono que revelaba su decepción.
Comí en silencio, sintiendo que una enorme culpa me aplastaba. ¿Y si Vince había rechazado la invitación porque sabía que yo asistiría? ¿Y si se sentía mal por lo que pasó? Eso había ocurrido solo porque yo estaba borracha, atrevida y despechada.
Quizá Vince se sentía culpable, porque al final del día, yo era la hija de su mejor amigo, y la pareja de su hijo. Suponía que en ese momento debía de odiarse a sí mismo.
Y yo no debía olvidar que todo empezó por mi culpa.
"No pasa nada, cariño. Seguro que estará aquí para la fiesta de mañana", lo consoló su esposa.
Sin embargo, mi papá apenas podía ocultar su tristeza.
Me sentí tan mal que apenas comí.
Cuando por fin me encerré en mi habitación, me quedé mirando nuevamente mi celular.
Mis acciones de aquella noche podrían arruinar la amistad de Vince con mi padre y dañar aún más mi relación con Trent si no arreglaba las cosas. Tenía que asumir la responsabilidad de mis actos. Necesitaba disculparme y asegurarle que no tenía de qué preocuparse.
Todo había sido mi culpa. Yo no debí haberme abalanzado sobre él. Y debía pedirle perdón por eso.
Inhalé profundamente y marqué su número. Lo que me sorprendió fue que contestara al primer timbrazo.
"Te tardaste", dijo con voz ronca.
"Lo siento", respondí con calma, tratando de controlar mi corazón acelerado.
"Es que... No debí haberme lanzado sobre ti", continué, antes de que él pudiera decir algo. "Lamento si te sientes culpable, pero no hay razones para ello. Lo nuestro fue solo una aventura de una noche. Finjamos que nunca pasó, por favor".
El silencio se instaló en la línea, y por un momento pensé que él había colgado.
"¿Me has llamado solo para decirme eso?", soltó en un tono brusco y... aterrador.
Al instante, sentí que un escalofrío me recorría.
"Sí...", tartamudeé, agarrando con más fuerza el celular. "¿No es... lo que quieres oír?".
"No tienes ni puta idea", espetó, y colgó.
Me quedé blanca como el papel durante un minuto entero. Mi rostro estaba encendido por la intensidad de la llamada de tres minutos con el hombre que se suponía que era el más decente y tranquilo de la manada.
Sin embargo, no había sonado ni remotamente así al teléfono. De hecho, había sonado bestial y desquiciado, igual que la noche en la que me embistió.
¿Qué estaba pasando? ¿Por qué parecía que había algo más en él de lo que se veía a simple vista? ¿Qué era lo que sucedía en realidad? Porque sentía que con esa llamada acababa de remover el avispero, cuando lo único que intentaba era calmar las aguas.
"¿Hay algún problema?", preguntó mi padre, sobresaltándome.
Me giré con rapidez, e intenté disimular mi palidez con una sonrisa.
"Ninguno, papá", contesté.
Quería preguntarle exactamente qué clase de hombre era su mejor amigo... porque me causaba unos escalofríos de muerte. ¿No se suponía que Vince era conocido por ser cálido y amable?
¿Quién era el hombre con el que me acosté y con el que acababa de hablar? Parecían personas totalmente distintas del Vince que todos conocíamos desde hacía años.
"Vine a darte las buenas noches", dijo mi papá, abrazándome unos segundos. "Gracias por venir a pasar la noche conmigo en la víspera de mi cumpleaños".
"Es un placer, papá", contesté, manteniendo mi sonrisa, pero la Diosa sabía que apenas podía con la culpa que pesaba en mi corazón.
No quería ni imaginar lo decepcionado que se pondría mi papá si se enteraba de lo sucedido.
"Descansa un poco. Lamento que no vayas a pasar una noche divertida con tu hermana".
Por lo general, las noches que me quedaba a dormir, Tracy y yo nos quedábamos despiertas viendo películas de terror y gritando a más no poder.
Pero definitivamente no haría eso con ella ahora. Ni siquiera podía mirarla a los ojos un minuto, ¿cómo podría compartir habitación o reírme con ella?
"No, papá. Estoy exhausta. Necesito descansar".
"Está bien. De todos modos, Tracy no está aquí. Se fue. Dijo que tenía que verse con un amigo".
"¿Qué?", exclamé, pero todo lo que obtuve como respuesta fue el suave sonido de la puerta cerrándose. Papá ya se había ido.
¿Tracy no estaba en casa? Honestamente, no quería ponerme a imaginar cosas. Sabía que no debía torturarme así. Tal vez no era lo que pensaba. Quizá...
De repente, mi celular emitió un pitido. Rápidamente, abrí el mensaje, que incluía fotos de un remitente anónimo.
Trent estaba desnudo y Tracy encima de él, pasándoselo de maravilla.
El mensaje decía: "Tu adorable compañero, Trent".