No pude responder. Todo era demasiado: su proximidad, sus hermosos ojos... La verdad era espeluznante: él podía estar detrás de las fotos, y yo podría haber sido un peón en su pequeño juego para atraerme a sus brazos.
Aquello me nubló la mente y no vi su mano acercándose hasta que me arrebató el teléfono.
"Me lo llevo", dijo, más para sí mismo que para mí.
Acto seguido, revisó la pantalla del teléfono y se quedó en silencio, pero su expresión se tornó más fría.
"Te veo en la fiesta", soltó antes de darse la vuelta para irse.
Yo me quedé aún más aturdida y confundida por sus acciones. ¿Por qué lo había hecho? ¿Cuánto tiempo llevaba sabiendo que su hijo me engañaba? ¿Por qué me había enviado esas fotos? ¿Qué ganaba él con eso?
En el fondo, sabía las respuestas, pero no quería reconocerlas. Esperaba que tuviera una explicación que hiciera que el asunto luciera menos sombrío.
Una que no lo convirtiera en el monstruo que había creado en mi cabeza.
Tragué saliva con dificultad, sintiendo que el miedo me recorría las venas. Luego, en un gesto nervioso, apreté la tela de mi vestido con los puños.
"¿Por qué tienes esas fotos?", solté en un tono más tembloroso del que pretendía.
Él se detuvo y se giró hacia mí. Caminó de regreso en mi dirección a un ritmo lento, de forma amenazante.
Ya no era el Vince dulce y cariñoso que conocía, sino el hombre que me había follado aquella noche, innumerables veces, sin piedad. Era una bestia que acechaba en la oscuridad, y yo, imprudentemente, la estaba provocando con mis preguntas. Pero sabía que, si no obtenía respuestas, me volvería loca.
Su aroma me envolvió aún más, congelando mis sentidos y dejándome casi sin control. Sacudí la cabeza, tratando de ordenar mis pensamientos. No era el momento para algo así.
Sin embargo, todo pareció inútil cuando mi suegro se acercó mucho más. Honestamente, mi cerebro se detuvo.
Posó sus manos en mi cuello y, luego, las deslizó por mi escote.
Inhalé profundamente.
Él seguía mirándome fijamente. Quería romper el contacto visual, quitar sus manos de mi cuerpo, pero estaba demasiado hipnotizada por su mirada para hacerlo.
Comencé a respirar entrecortadamente. La sensación de sus manos en mi escote, el hecho de que alguien pudiera entrar y vernos...
Apreté las piernas con fuerza para calmar la palpitación entre mis muslos.
"No puedes preguntarme eso aquí. Si hay algo que te inquiete y quieras saber, entonces deberías venir a mi casa. Esta noche. A las diez".
Esa frase pareció sacarme del trance, pues lo siguiente que supe fue que una risa frenética escapó de mis labios.
Todo sonaba ridículo. ¿De verdad creía que iría solo porque él me lo pedía?
Tragué saliva con dificultad, tratando de concentrarme en mi ira y no en el latido entre mis muslos.
"Ni hablar", solté en un tono más infantil del que pretendía.
"¿Por qué? Ya has estado allí antes. Innumerables veces".
"Sí, pero con Trent. Nunca he estado allí sola".
"Claro. Pero siempre hay una primera vez para todo. Quiero decir, ¿no quieres tus respuestas?", inquirió, pero la emoción en sus ojos prometía algo completamente diferente.
De repente, ya no quería aclarar nada.
"Vamos. No querrás que Trent se entere de nuestra noche erótica, ¿verdad?".
La amenaza que subyacía en sus palabras me hizo jadear de sorpresa. Nunca me había imaginado que Vince sería capaz de hacer algo así.
Siempre había sido tranquilo, considerado y amable. Este lado suyo me asustaba. Era impulsivo, oscuro... y no estaba acostumbrada a él.
Sacudí la cabeza para rechazar su oferta. Sabía que ir allí solo empeoraría las cosas. Podría terminar de nuevo en su cama, y estaba segura de que no quería acostarme con un monstruo.
¡No quería involucrarme con él en absoluto! No solo era mayor que yo, sino que también era el padre de mi pareja.
Era mejor cortar la situación de raíz mientras pudiera.
"No puedo ir. Mi padre me necesitará en casa para ayudar a limpiar después de la fiesta", mentí, esperando que se lo creyera.
Él apretó los dientes y entrecerró los ojos con ira, dejando en claro que no se tragaba mis mentiras.
"De acuerdo, como quieras. Pero espero que sepas que nunca obtendrás las respuestas que buscas".
Por suerte, no insistió en el tema, lo que me causó un alivio fugaz.
Se dio la vuelta y regresó a la fiesta, dejándome con un torbellino de emociones.
Inhalé profundamente, intentando serenarme. Tener que ver a Trent con mi hermana, y luego a su padre, que me estaba volviendo loca y que bien podría ser un psicópata... era bastante abrumador. A eso se sumaba la punzada que sentía en los talones por haber estado en zapatillas tanto tiempo.
Después de unos minutos para recuperarme, volví a la fiesta con la intención de encontrar a mi padre para excusarme e irme.
Sin embargo, cuando lo vi, Vince estaba con él, lo que aumentó la ansiedad que sentía en el estómago.
No obstante, caminé hacia ellos. Todo lo que tenía que hacer era despedirme de mi papá y retirarme de su maldita fiesta. Además, Vince no podía hacer nada inapropiado delante de él.
"Papá", lo saludé con un beso en la mejilla.
Podía sentir la dura mirada de Vince sobre mi cuerpo, pero la ignoré.
"Cariño, ¿estás disfrutando de la fiesta?", preguntó, abrazándome, En sus brazos sentí un momento de paz, pero se interrumpió en cuanto nos separamos.
"Vince y yo estábamos hablando de ti", agregó.
Me congelé de la sorpresa.
"¿De qué?", tartamudeé con miedo, pues no sabía qué estaba tramando mi suegro.
"Me estaba contando que tiene un regalo para mí".
"¿Un regalo?".
"Sí. Una muestra de agradecimiento hacia mi persona", explicó mi progenitor, intercambiando sonrisas con Vince.
La sonrisa de este último era discretamente inquietante. ¿Cómo era posible que nunca me hubiera dado cuenta de ello antes?
"Ha preparado un retrato de mí".
"Qué amable de su parte", respondí con una sonrisa forzada, evitando su mirada con habilidad.
"En efecto. El retrato está en su casa, así que necesitaré que vayas a buscarlo por mí", dijo mi papá.
Me quedé helada. ¡Había sido una tonta por creer que mi suegro aceptaría mi negativa!
Miré a Vince, quien tenía una sonrisa siniestra en el rostro. Además, sostenía una copa de champán, y sus ojos estaban fijos en mí con una intensidad abrumadora.
Apreté los puños con rabia. Quería borrarle esa sonrisa de un puñetazo, pero algo en mi interior me advirtió que no era el tipo de hombre que se dejaría golpear sin más.
Podría atarme las manos, tirarme sobre su lecho y abrirme las piernas a la fuerza...
'¡Dios mío, Elena, contrólate! ¿Qué demonios te pasa?', me reprendí mentalmente.
"¿No puedes pedirle a otra persona que lo recoja por ti?", casi le supliqué a mi padre.
"No, cariño. Es un regalo del Alfa, y tú eres mi primogénita. No sería un regalo honorable si no se recoge con honor".
A veces, la lógica de mi progenitor me sacaba de quicio.
"No estaré disponible mañana, ni en ningún momento cercano", intervino Vince. "Así que, ¿podría acompañarme a casa esta noche? Así podré dárselo. O si ella viene sola a las diez, no habrá problema".
"Estará en tu casa exactamente a las diez. Una vez más, gracias por el regalo", respondió mi padre, abrazándolo.
Yo no permitiría que eso pasara de ninguna manera. Vince era un maníaco, aunque discreto, que quería controlar mi vida.
"Será demasiado tarde para volver a casa si voy a esa hora, papá. Iré a recogerlo el día que él esté menos ocupado", solté, con la esperanza de librarme del trato.
"Tonterías. ¿Por qué volverías a casa a esas horas? Puedes pasar la noche en casa del Alfa Vince. A fin de cuentas, es el hogar de tus suegros".
"Pero...".
"No es la primera vez que duermes allí, así que no debería haber ningún problema", me interrumpió él.
Sentí que el corazón se me desbocaba por el miedo. ¿Cómo le explicaba a mi padre que no quería ir porque Trent me engañaba y su padre intentaba llevarme a la cama? ¡Otra vez!
"Tengo que atender a algunos invitados. Gracias una vez más por el regalo", dijo mi papá, antes de irse.
Así me volví a quedar sola con Vince, quien tenía una mirada de satisfacción. Era evidente que estaba disfrutando de mi angustia.
Se acercó una vez más, robándome el aliento. Lograba hacerlo sin esfuerzo.
Odiaba el efecto que tenía en mí, y que él fuera consciente de ello.
Sus ojos estaban fijos en los míos. Lo siguiente que supe fue que acercó la copa de champán a sus labios y luego se inclinó hacia mi oído.
Apreté la tela de mi vestido al sentir su cálido aliento sobre mi piel sensible.
"Nos vemos esta noche".
Su voz ronca me dejó mareada y apreté los muslos con fuerza. Podía sentir cómo mis bragas se empapaban.
Mi suegro se alejó, dejándome desorientada y mojada.