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Índice de Sombras
img img Índice de Sombras img Capítulo 3 La Carnada
3 Capítulo
Capítulo 6 La Primera Llamada img
Capítulo 7 El Precio de la Supervivencia img
Capítulo 8 Auditoría de Sangre img
Capítulo 9 El Primer Movimiento de Ajedrez img
Capítulo 10 La Sombra en el Espejo img
Capítulo 11 El Caballo de Troya Técnico img
Capítulo 12 Sacrificio de Peones img
Capítulo 13 El Susurro de Sloane img
Capítulo 14 La Paranoia de Sterling img
Capítulo 15 Operación Pantalla de Humo img
Capítulo 16 El Encuentro Cercano img
Capítulo 17 La Ética del Fantasma img
Capítulo 18 El Colapso de la Lealtad img
Capítulo 19 El Cebo del Algoritmo img
Capítulo 20 El Rostro en el Cristal img
Capítulo 21 El Sabueso de la SEC img
Capítulo 22 Guerra de Sombras img
Capítulo 23 El Silencio es Oro img
Capítulo 24 La Empresa Espejo img
Capítulo 25 La Grieta de Sloane img
Capítulo 26 El Segundo Sacrificio img
Capítulo 27 La Auditoría Forense img
Capítulo 28 El Factor Humano img
Capítulo 29 El Pacto con el Enemigo img
Capítulo 30 El Patrón del Fantasma img
Capítulo 31 Jaque al Mercenario img
Capítulo 32 El Almuerzo de los Buitres img
Capítulo 33 La Venganza de las Pequeñas Cosas img
Capítulo 34 El Protocolo de Extracción img
Capítulo 35 El Sabueso toca la puerta img
Capítulo 36 La Trampa de la Memoria img
Capítulo 37 El Exilio en la Red img
Capítulo 38 La Declaración de Guerra img
Capítulo 39 El Rehén del Pasado img
Capítulo 40 La Deserción de Sloane img
Capítulo 41 El Hombre en la Niebla img
Capítulo 42 El Reencuentro con el Abismo img
Capítulo 43 La Noche de las Cuentas Largas img
Capítulo 44 El Cebo de la SEC img
Capítulo 45 Ascenso al Olimpo Caído img
Capítulo 46 El Disparo que no fue img
Capítulo 47 El Colapso de Sterling img
Capítulo 48 La Entrada de la Ley img
Capítulo 49 El Código de la Paz (Epílogo) img
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Capítulo 3 La Carnada

La oscuridad en el loft de Elias no era vacía; era una oscuridad técnica, poblada por el parpadeo rítmico de los LEDs azules de los servidores que procesaban terabytes de datos por segundo. Elias Thorne no dormía más de cuatro horas al día. El sueño era un lujo que los muertos se podían permitir, y él, técnicamente, era uno de ellos. Su atención estaba ahora fija en un flujo de datos capturado desde la red troncal de Aurelius Group.

Había colocado "sensores" digitales -pequeños fragmentos de código durmiente- en los servidores de la empresa años atrás, esperando el momento en que la desesperación obligara a Sterling Vance a cometer un error.

Ese error acababa de ocurrir.

-Éter, resalta la actividad en el servidor de la oficina del CEO -ordenó Elias, acercándose a la pantalla con una taza de café negro en la mano. El líquido estaba frío, pero no le importaba.

-Sterling Vance ha autorizado un pago de emergencia a una cuenta de retención -informó la IA-. El destinatario es Cypher-Sentinel Solutions, una firma de ciberseguridad con sede en Virginia.

Elias dejó escapar un soplido que casi parecía una risa. Cypher-Sentinel. Los conocía. Eran los "fontaneros" de la industria, tipos que cobraban tres mil dólares la hora por hacer el trabajo sucio que las firmas legales no podían tocar. Pero lo más interesante no era el quién, sino el qué. Elias se infiltró en el buzón de correo saliente de la firma en menos de tres minutos. Había una orden de trabajo marcada como "Grado Negro".

-Buscan "ayuda externa no convencional" -leyó Elias en voz alta, saboreando las palabras-. Sterling está asustado. No quiere un consultor de Deloitte que le haga un PowerPoint sobre cómo recortar gastos. Quiere a alguien que pueda entrar en el sistema de la competencia, que pueda borrar deudas, que pueda silenciar a los reguladores de la SEC. Quiere un fantasma.

Elias se alejó de la mesa y comenzó a caminar por el espacio minimalista. La oportunidad era perfecta, pero el acceso no podía ser directo. Sterling era un paranoico por naturaleza; si alguien aparecía en su puerta ofreciendo exactamente lo que necesitaba, sospecharía una trampa. En el mundo de la alta estrategia, la presa debe creer que ella es quien ha cazado al depredador.

-Vamos a darles un rastro de migas de pan, Éter. Pero asegúrate de que parezca que están encontrando oro en una mina abandonada.

Elias se sentó ante su teclado y comenzó a tejer la red. No iba a contactar a Cypher-Sentinel directamente. En su lugar, hackeó los foros privados de la Deep Web donde los analistas de la firma solían buscar inteligencia sobre mercenarios digitales. Creó una serie de entradas falsas en registros de servidores rusos, logs de transacciones de criptomonedas y fragmentos de chats encriptados que databan de meses atrás.

En cada uno de estos rastros, dejó una firma digital fragmentada: el nombre "Vante".

Primero, insertó una línea de código en un repositorio de GitHub utilizado por hackers de sombrero blanco, un algoritmo de cifrado tan elegante que cualquier experto en Cypher-Sentinel se detendría a admirarlo. Dentro de los comentarios del código, escondido en un sistema de numeración base 64, estaba el alias.

Luego, manipuló un informe de inteligencia de una empresa competidora que ya había sido interceptado por Cypher-Sentinel. Añadió una nota marginal: "Incapaces de rastrear el origen de la inyección de liquidez en Anzen Power. Se rumorea intervención de un activo nivel sombra: Vante".

-La carnada está en el agua -susurró Elias-. Ahora, veamos si tienen hambre.

Pasaron seis horas. El sol comenzó a filtrarse por las ranuras de los paneles opacos, dibujando líneas de luz gris sobre el suelo de hormigón. Elias no se movió de su sitio. Observó cómo el equipo de investigación de Cypher-Sentinel en Virginia picaba el anzuelo. Vio sus IPs rastreando los registros falsos que él había sembrado. Vio cómo sus analistas pasaban el algoritmo de cifrado por sus potentes computadoras de desencriptación, solo para llegar a la conclusión de que quienquiera que hubiera escrito eso estaba a años luz de su propio nivel.

-Han mordido, Elias -anunció Éter-. La firma ha enviado un informe preliminar a Sterling Vance. Han identificado a "Vante" como la única opción viable para una "intervención de emergencia asimétrica".

-¿Y la reacción de Sterling?

-Su pulso digital indica actividad frenética. Ha solicitado una búsqueda exhaustiva de cualquier contacto asociado a ese alias.

Elias sintió una punzada de placer frío. Estaba moviendo a Sterling como a una marioneta. El hombre que le había quitado todo ahora estaba invirtiendo sus últimos recursos en buscar a la misma persona que planeaba destruirlo. Era una ironía financiera que valía cada segundo de insomnio.

Sin embargo, el rastro de migas de pan necesitaba un final. Elias creó un servidor temporal en un búnker de datos en Islandia. No puso archivos, solo una página de inicio con una pantalla negra y un cursor parpadeante. Si intentaban hackearla, se encontrarían con un muro de fuego que devolvería un mensaje simple: "Solo con invitación".

Pero Elias fue más allá. Sabía que Sterling recordaría el estilo de su antiguo protegido si no era cuidadoso. Tenía que camuflar su genio. Alteró sus patrones de programación, introduciendo "errores" deliberados que recordaban más a un hacker de Europa del Este que a un consultor de Ivy League. Cambió su sintaxis, su lógica de ataque. Se convirtió en un extraño para su propia mente.

De repente, una alerta roja cruzó todas sus pantallas. No era de Cypher-Sentinel. Era un intento de intrusión directa en su red doméstica.

Elias se tensó. ¿Tan pronto? Pero no era un ataque externo. Era alguien intentando comunicarse a través de un canal de emergencia que él solo usaba para una persona.

-Sloane Reed está intentando establecer una conexión de voz encriptada -dijo Éter.

Elias dudó un segundo antes de asentir. Sloane era su único vínculo con el mundo exterior, su mano derecha y la única que conocía la verdad sobre su "muerte".

-Habla, Sloane -dijo Elias al aire.

-Elias, tienes que detenerte -la voz de Sloane sonaba distorsionada por el cifrado, pero el tono de urgencia era inconfundible-. He estado monitoreando las frecuencias de la junta de Aurelius. Sterling no solo busca ayuda técnica. Está paranoico. Ha movido fondos de una cuenta de contingencia para contratar seguridad física pesada. Si intentas entrar allí, aunque sea digitalmente, vas a activar alarmas que no podrás apagar.

-Ya las he activado, Sloane. Sterling está buscando a Vante. Cypher-Sentinel le ha dicho que soy su única salvación.

-¡Eso es exactamente lo que él quiere! -exclamó Sloane-. Sterling Vance no sobrevive siendo estúpido. Si te busca es porque quiere tener al enemigo donde pueda verlo. Estás entrando en su terreno, Elias.

-No, Sloane. Él está entrando en mi algoritmo. Él cree que está contratando a un mercenario para salvar su pellejo. Para cuando se dé cuenta de que el mercenario es el hombre que él enterró, ya habrá firmado su propia liquidación.

Elias cortó la comunicación. No tenía tiempo para dudas éticas o advertencias de seguridad. En la pantalla, un nuevo mensaje apareció. Venía de la cuenta privada de Sterling Vance, enviada a través del servidor islandés que Elias había dejado como puerta trasera.

El mensaje era corto y destilaba la arrogancia de un hombre que cree que el dinero puede comprar la salvación:

"Vante. Sé lo que hiciste en Singapur. Tengo un problema de cuatro mil millones de dólares y un tiempo límite de setenta y dos horas. Pon un precio a tu silencio y a tu talento. No aceptaré un no por respuesta."

Elias Thorne miró el mensaje. Sterling Vance estaba de rodillas, aunque todavía no lo supiera. El rastro de migas de pan lo había llevado exactamente a donde Elias quería: a una habitación oscura donde las reglas las ponía el fantasma.

-Éter -dijo Elias con una calma aterradora-, prepara la respuesta. Pero no aceptaremos dinero. Vamos a pedir algo mucho más caro. Dile que para empezar a hablar, necesito el acceso administrativo de nivel 5 a los archivos de auditoría de los últimos diez años.

-¿Estás seguro, Elias? Eso es entregarle las llaves del reino a un desconocido.

-Exactamente. Y Sterling es lo suficientemente arrogante para creer que él es quien me está controlando a mí. Que empiece el espectáculo.

Elias Thorne se reclinó en su silla, observando cómo el cursor parpadeaba. La carnada no solo había sido mordida; Sterling se había tragado el anzuelo, el hilo y la caña. Ahora solo quedaba tirar de la cuerda, centímetro a centímetro, hasta que el tiburón estuviera fuera del agua, asfixiándose en la orilla de su propia codicia.

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