Género Ranking
Instalar APP HOT
Índice de Sombras
img img Índice de Sombras img Capítulo 5 El Desesperado Sterling Vance
5 Capítulo
Capítulo 6 La Primera Llamada img
Capítulo 7 El Precio de la Supervivencia img
Capítulo 8 Auditoría de Sangre img
Capítulo 9 El Primer Movimiento de Ajedrez img
Capítulo 10 La Sombra en el Espejo img
Capítulo 11 El Caballo de Troya Técnico img
Capítulo 12 Sacrificio de Peones img
Capítulo 13 El Susurro de Sloane img
Capítulo 14 La Paranoia de Sterling img
Capítulo 15 Operación Pantalla de Humo img
Capítulo 16 El Encuentro Cercano img
Capítulo 17 La Ética del Fantasma img
Capítulo 18 El Colapso de la Lealtad img
Capítulo 19 El Cebo del Algoritmo img
Capítulo 20 El Rostro en el Cristal img
Capítulo 21 El Sabueso de la SEC img
Capítulo 22 Guerra de Sombras img
Capítulo 23 El Silencio es Oro img
Capítulo 24 La Empresa Espejo img
Capítulo 25 La Grieta de Sloane img
Capítulo 26 El Segundo Sacrificio img
Capítulo 27 La Auditoría Forense img
Capítulo 28 El Factor Humano img
Capítulo 29 El Pacto con el Enemigo img
Capítulo 30 El Patrón del Fantasma img
Capítulo 31 Jaque al Mercenario img
Capítulo 32 El Almuerzo de los Buitres img
Capítulo 33 La Venganza de las Pequeñas Cosas img
Capítulo 34 El Protocolo de Extracción img
Capítulo 35 El Sabueso toca la puerta img
Capítulo 36 La Trampa de la Memoria img
Capítulo 37 El Exilio en la Red img
Capítulo 38 La Declaración de Guerra img
Capítulo 39 El Rehén del Pasado img
Capítulo 40 La Deserción de Sloane img
Capítulo 41 El Hombre en la Niebla img
Capítulo 42 El Reencuentro con el Abismo img
Capítulo 43 La Noche de las Cuentas Largas img
Capítulo 44 El Cebo de la SEC img
Capítulo 45 Ascenso al Olimpo Caído img
Capítulo 46 El Disparo que no fue img
Capítulo 47 El Colapso de Sterling img
Capítulo 48 La Entrada de la Ley img
Capítulo 49 El Código de la Paz (Epílogo) img
img
  /  1
img

Capítulo 5 El Desesperado Sterling Vance

La oficina principal de Aurelius Group, situada en el piso sesenta y cuatro de una torre de acero y cristal que dominaba el Midtown de Manhattan, solía ser un santuario de silencio y poder absoluto. Pero esa noche, el silencio era denso, cargado con el olor rancio de la ansiedad y el café recalentado. Sterling Vance, el hombre que una vez fue comparado con un emperador romano por la revista Fortune, se encontraba encorvado sobre su escritorio de ébano, una superficie tan vasta y oscura que parecía un altar al capital.

A sus cincuenta y ocho años, Sterling todavía conservaba el aire de un hombre que podía doblar la voluntad de un mercado entero con una sola llamada telefónica, pero las últimas setenta y dos horas habían erosionado su fachada. Sus ojos, habitualmente dos piedras de pedernal azul, estaban inyectados en sangre. El nudo de su corbata de seda italiana estaba deshecho, y su camisa, de un blanco inmaculado que costaba más que el alquiler de un apartamento medio, mostraba cercos de sudor bajo las axilas.

Frente a él, tres monitores de gran formato mostraban una carnicería digital. El gráfico de cotización de Aurelius no era una línea; era una cicatriz descendente que se hundía hacia el rojo más profundo.

-Ocho por ciento en la apertura. Otros tres puntos en el after-hours -murmuró Sterling para sí mismo. Su voz era un áspero graznido-. Buitres. Son todos unos malditos buitres.

El teléfono de línea segura comenzó a parpadear con una luz ámbar persistente. Era la quinta vez en una hora que el presidente de la junta directiva intentaba comunicarse con él. Sterling sabía lo que querían. No buscaban soluciones; buscaban un cuerpo que arrojar por la borda para aligerar el barco antes de que se partiera por la mitad. Irónicamente, Sterling recordaba haberle dicho lo mismo a Elias Thorne siete años atrás. "Alguien tiene que ser el rostro del desastre, Elias". Ahora, el espejo del destino le devolvía la misma sonrisa cruel.

Se levantó y caminó hacia el ventanal. Nueva York se extendía bajo sus pies como una red de neuronas eléctricas, indiferente a su caída. Sterling Vance siempre había creído que el poder consistía en tener el control de la narrativa, pero ahora, la narrativa se estaba escribiendo sola en los foros de Reddit, en las terminales de Bloomberg y en las oficinas de la SEC. El rumor de insolvencia era como un virus que mutaba cada vez que intentaban desmentirlo.

Un golpe seco en la puerta doble de roble lo sobresaltó.

-¡Dije que no quería ver a nadie! -bramó Sterling, girándose con la cara encendida de ira.

Su secretaria personal, una mujer que había sido su sombra durante dos décadas y que rara vez mostraba emoción, entró con paso vacilante. En sus manos enguantadas sostenía una bandeja de plata, y sobre ella, un único objeto que parecía absorber la luz de la habitación.

-Señor Vance... esto acaba de llegar por mensajería privada. No tiene remitente, ni código de barras, ni registro de entrada en el vestíbulo. Los de seguridad dicen que el mensajero simplemente... desapareció después de dejarlo en el mostrador.

Sterling frunció el ceño. Se acercó a la bandeja. Era un sobre de papel mate, de un negro absoluto, denso y pesado. No había dirección, solo su nombre escrito en una caligrafía blanca, perfecta, casi digital.

-Vete -ordenó Sterling, cogiendo el sobre.

Cuando la puerta se cerró, Sterling sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el aire acondicionado. Abrió el sobre con un abrecartas de oro. Dentro no había un fajo de billetes, ni una demanda, ni una amenaza de muerte convencional. Solo había una tarjeta de cartulina gruesa, del mismo negro que el sobre, con una sola frase impresa en el centro:

"Usted no puede ganar esta guerra solo. Contacte al Arquitecto."

Sterling soltó la tarjeta como si quemara. El Arquitecto.

Ese nombre no figuraba en los directorios de consultoría de élite. No estaba en McKinsey, ni en Bain, ni en Goldman Sachs. Pero Sterling lo había oído susurrado en las cenas de caridad y en los clubes privados de Londres y Hong Kong. Se decía que el Arquitecto era el hombre que movía los hilos cuando las marionetas se rompían. Un consultor fantasma que operaba fuera de la ley, fuera de la ética, pero siempre con una efectividad quirúrgica.

Sterling regresó a su escritorio y pulsó el intercomunicador.

-¿Señor? -respondió la secretaria.

-Llama a los analistas de Cypher-Sentinel Solutions. Ahora mismo. Quiero saber todo lo que tengan sobre un activo llamado "Vante" o "El Arquitecto". No me importa el coste. No me importan los protocolos. Si existe una sombra capaz de detener esta sangría, quiero comprarla.

Sterling se dejó caer en su silla, apretando la tarjeta negra entre sus dedos. La ironía no se le escapaba: él, el maestro del engaño, estaba a punto de entregar su destino a una sombra. Pero el pánico es un gran igualador. En su mente, Sterling empezó a justificarlo. Si este Arquitecto podía salvar a Aurelius, podría limpiar los balances, enterrar el fraude fiscal y, quizás, encontrar a otro Elias Thorne para culparlo de todo cuando el polvo se asentara.

-Solo una vez más -susurró para sí mismo, mirando su reflejo en la pantalla apagada-. Solo necesito salir de esta una vez más.

En ese momento, una notificación apareció en su computadora personal. Era un correo electrónico de Cypher-Sentinel. El asunto rezaba: Identificación de activo potencial: VANTE. Protocolo de contacto establecido.

Sterling sintió una mezcla de alivio y pavor. El mensaje de la tarjeta negra no era una coincidencia; era una sincronización perfecta. Alguien lo había estado observando, alguien sabía exactamente cuándo su resistencia se quebraría.

Miró de nuevo la tarjeta. "Usted no puede ganar esta guerra solo". Era una verdad amarga, una derrota disfrazada de oferta. Sterling Vance, el hombre que nunca pedía perdón y nunca pedía permiso, se dio cuenta de que estaba a punto de invitar a un depredador a su propia casa para que cazara a los lobos que le rodeaban.

No sabía que el Arquitecto ya estaba dentro. No sabía que cada vez que respiraba en esa oficina, lo hacía bajo la supervisión de los micrófonos de Elias. Sterling tomó el ratón y, con manos temblorosas, hizo clic en el enlace de contacto proporcionado por la firma de ciberseguridad.

La pantalla se volvió negra por un segundo antes de mostrar una interfaz de chat minimalista. No había nombres, solo una línea de texto parpadeante:

¿Está listo para que reconstruyamos los cimientos, señor Vance?

Sterling tragó saliva. El miedo estaba ahí, pero la ambición, ese motor incansable que lo había llevado a traicionar a su mejor alumno hace siete años, fue más fuerte.

-Sí -dijo en voz alta, aunque nadie pudiera oírlo-. Estoy listo.

Tecleó su respuesta, sellando su pacto con el fantasma. Sterling Vance creía que estaba contratando a un salvador. No podía imaginar que estaba abriendo la puerta a su propio verdugo, y que el sobre negro era, en realidad, la primera palada de tierra sobre su tumba corporativa.

En la penumbra de la oficina, rodeado por el brillo de las acciones en caída, el CEO de Aurelius Group se sintió, por primera vez en su vida, profundamente solo frente a un Arquitecto que no construía edificios, sino trampas perfectas de cristal y deudas.

Anterior
                         
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022