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Índice de Sombras
img img Índice de Sombras img Capítulo 4 La Mano Derecha
4 Capítulo
Capítulo 6 La Primera Llamada img
Capítulo 7 El Precio de la Supervivencia img
Capítulo 8 Auditoría de Sangre img
Capítulo 9 El Primer Movimiento de Ajedrez img
Capítulo 10 La Sombra en el Espejo img
Capítulo 11 El Caballo de Troya Técnico img
Capítulo 12 Sacrificio de Peones img
Capítulo 13 El Susurro de Sloane img
Capítulo 14 La Paranoia de Sterling img
Capítulo 15 Operación Pantalla de Humo img
Capítulo 16 El Encuentro Cercano img
Capítulo 17 La Ética del Fantasma img
Capítulo 18 El Colapso de la Lealtad img
Capítulo 19 El Cebo del Algoritmo img
Capítulo 20 El Rostro en el Cristal img
Capítulo 21 El Sabueso de la SEC img
Capítulo 22 Guerra de Sombras img
Capítulo 23 El Silencio es Oro img
Capítulo 24 La Empresa Espejo img
Capítulo 25 La Grieta de Sloane img
Capítulo 26 El Segundo Sacrificio img
Capítulo 27 La Auditoría Forense img
Capítulo 28 El Factor Humano img
Capítulo 29 El Pacto con el Enemigo img
Capítulo 30 El Patrón del Fantasma img
Capítulo 31 Jaque al Mercenario img
Capítulo 32 El Almuerzo de los Buitres img
Capítulo 33 La Venganza de las Pequeñas Cosas img
Capítulo 34 El Protocolo de Extracción img
Capítulo 35 El Sabueso toca la puerta img
Capítulo 36 La Trampa de la Memoria img
Capítulo 37 El Exilio en la Red img
Capítulo 38 La Declaración de Guerra img
Capítulo 39 El Rehén del Pasado img
Capítulo 40 La Deserción de Sloane img
Capítulo 41 El Hombre en la Niebla img
Capítulo 42 El Reencuentro con el Abismo img
Capítulo 43 La Noche de las Cuentas Largas img
Capítulo 44 El Cebo de la SEC img
Capítulo 45 Ascenso al Olimpo Caído img
Capítulo 46 El Disparo que no fue img
Capítulo 47 El Colapso de Sterling img
Capítulo 48 La Entrada de la Ley img
Capítulo 49 El Código de la Paz (Epílogo) img
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Capítulo 4 La Mano Derecha

El puerto de carga de Nueva Jersey era un laberinto de hierro, salitre y ecos industriales. A las tres de la mañana, el lugar pertenecía a las sombras y al chirrido constante de las grúas pórtico que movían contenedores como si fueran fichas de un dominó titánico. La humedad del río Hudson se pegaba a la piel con una frialdad aceitosa. Este era el terreno de juego preferido de Elias Thorne para sus escasos encuentros con el mundo exterior: un lugar donde el ruido constante ocultaba las conversaciones y la inmensidad del acero anulaba cualquier vigilancia térmica.

Sloane Reed esperaba junto a un pilar de hormigón desgastado por el tiempo. Vestía una gabardina de corte militar que ocultaba su figura y un sombrero que arrojaba una sombra profunda sobre sus ojos. Sloane no era solo una asistente; era un espectro de la logística. Antigua jefa de operaciones de campo en una firma de inteligencia privada, poseía esa rara mezcla de elegancia aristocrática y la capacidad de romperle la tráquea a un hombre con un movimiento fluido.

Cuando Elias emergió de entre dos contenedores oxidados, Sloane no se sobresaltó. Conocía su paso; era el caminar de un hombre que ha aprendido a no desplazar el aire a su alrededor.

-Llegas dos minutos tarde, Elias -dijo ella, sin girar la cabeza-. Eso es casi una eternidad en tu reloj biológico.

-El perímetro estaba inusualmente activo. Camiones de reparto no registrados -respondió Elias, colocándose a su lado. No se miraron; ambos observaban el vacío del muelle como si fueran dos extraños esperando un barco que nunca llegaría-. Sterling ha empezado a mover piezas fuera del tablero. Está paranoico.

Sloane finalmente se giró hacia él. La luz mortecina de un farol cercano reveló la preocupación en su rostro. Ella era la única persona viva que había visto a Elias Thorne llorar la noche en que su carrera fue incinerada. Conocía el dolor que palpitaba detrás de esa máscara de frialdad algorítmica. Para el resto del mundo, Elias era un fantasma o un genio sociópata; para ella, era un hombre que se estaba desangrando por dentro mientras fingía ser de hielo.

-No es paranoia, Elias. Es instinto de supervivencia -dijo Sloane en voz baja-. He visto los movimientos en la cuenta de contingencia. Vance no solo ha contratado a Cypher-Sentinel. Ha activado a activos de "negociación forzosa". Si sigues adelante con la infiltración en Aurelius, no te enviarán abogados. Te enviarán enterradores.

Elias metió la mano en el bolsillo interior de su chaqueta y sacó un dispositivo pequeño, del tamaño de una pitillera, envuelto en una carcasa de fibra de carbono. Tenía un único puerto táctil y un escáner biométrico.

-Esto es lo que necesito que hagas -dijo él, extendiendo la mano. El dispositivo brilló débilmente bajo la luz de la luna-. Sterling ha mordido el anzuelo de Vante. Me ha pedido una prueba de capacidad. Quiere que demuestre que puedo entrar en sus servidores de auditoría sin activar las alarmas de la SEC.

Sloane tomó el dispositivo. Sus dedos rozaron los de Elias por un breve segundo. Estaban helados.

-¿Y qué hay aquí dentro? -preguntó ella, bajando la voz.

-Un "gusano de espejo". Una vez que lo conectes a la terminal física en la subestación de telecomunicaciones de Aurelius, creará una réplica exacta de su flujo de datos hacia mi loft. Ellos verán a un consultor trabajando; yo veré hasta la última mota de polvo de su corrupción.

Sloane guardó el dispositivo con un gesto brusco.

-Sabes que esto es cruzar la línea de no retorno, ¿verdad? Hasta ahora, has operado como un consultor externo, un mercenario gris. Si instalas esto, estás cometiendo espionaje industrial corporativo de primer nivel. Si te atrapan, no habrá juicio. Sterling se encargará de que desaparezcas definitivamente.

Elias fijó su mirada en el río oscuro.

-Ya desaparecí hace siete años, Sloane. Sterling Vance se llevó mi nombre, mi hogar y mi honor. Lo que camina a tu lado es solo el ejecutor de una sentencia que él mismo firmó.

Sloane suspiró, un sonido cargado de una frustración que solo nace de la lealtad profunda. Ella no estaba con él por el dinero. Elias le pagaba cifras que habrían retirado a diez familias, pero Sloane Reed era el único activo que Thorne no podía comprar; su lealtad era una cuestión de principios. Él la había salvado de una purga interna en su anterior empresa, y ella se había convertido en su cara, su voz y, a veces, su conciencia.

-A veces me pregunto si realmente quieres recuperar tu vida -dijo Sloane, dando un paso hacia él-. O si simplemente quieres que Sterling sufra tanto que el dolor sea lo único que te haga sentir vivo. Esta frialdad tuya... da miedo, Elias. Es como si hubieras reemplazado tu corazón por un procesador de datos.

Elias no respondió de inmediato. Un barco de carga pasó a lo lejos, su bocina lanzando un lamento grave que vibró en el hormigón bajo sus pies.

-El dolor es una ineficiencia, Sloane -dijo finalmente, con una voz que parecía venir de un lugar muy lejano-. La frialdad es lo que me permite ver los patrones que los demás ignoran por culpa de sus emociones. Sterling Vance cree que tiene el control porque es capaz de ser cruel. Yo tengo el control porque soy capaz de ser nada.

-Mientes -replicó ella con dureza-. Mientes cada vez que dices que no sientes nada. Te vi cuando viste arder tu antigua casa en las noticias. Tus manos temblaban, Elias. No mucho, pero temblaban. Sigues ahí dentro, atrapado en ese "Día Cero", y esta misión es tu forma de intentar apagar ese incendio.

Elias se tensó, pero no la rebatió. En el silencio que siguió, Sloane se acercó más, bajando el tono hasta convertirlo en un susurro íntimo.

-Haré el trabajo. Entraré en la subestación a las 04:00. Tendrás tu espejo de datos antes de que salga el sol. Pero prométeme una cosa: si las cosas se tuercen, si el "Arquitecto" se ve acorralado, no intentarás ser un héroe. Tienes una salida, Elias. Tenemos suficiente dinero para desaparecer en cualquier parte del mundo.

Elias la miró a los ojos por primera vez en toda la noche. Por un instante, la máscara de Vante se agrietó y Sloane pudo ver al hombre que solía ser: brillante, apasionado, herido de muerte por la traición.

-No busco una salida, Sloane. Busco un final.

Sloane asintió lentamente, aceptando la respuesta que ya conocía. Se ajustó la gabardina y comenzó a caminar hacia la salida del muelle, fundiéndose con la neblina. Antes de desaparecer, se detuvo y miró por encima del hombro.

-Sterling me ha enviado un mensaje a través de uno de mis alias de contacto. Quiere una reunión cara a cara con el representante de Vante mañana por la noche. Quiere ver a quién le está entregando las llaves de su reino.

-Irás tú -dijo Elias-. Eres mi cara visible. Muéstrate profesional, impasible, superior. Hazle creer que Vante es una organización internacional, no un hombre en un loft. Dale la seguridad de que somos su única salvación, y el miedo de que somos su mayor amenaza.

Sloane asintió y desapareció en la oscuridad.

Elias se quedó solo en el muelle. El viento arreciaba, trayendo consigo el olor a metal y desperdicio. Sacó su teléfono y activó una aplicación de seguimiento. Un punto azul comenzó a parpadear en el mapa: Sloane se movía hacia el objetivo.

-Lealtad -susurró Elias al viento-. El único activo que no figura en el balance.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia su vehículo oculto. El Capítulo 4 de su plan estaba en marcha. La mano derecha estaba en posición, y el dispositivo encriptado ya estaba viajando hacia el corazón de la bestia. En menos de una hora, Aurelius Group ya no tendría secretos para el fantasma. Elias Thorne regresaba a su loft, listo para sentarse ante sus pantallas y observar cómo, bit a bit, el imperio de Sterling Vance empezaba a pertenecerle.

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