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Fürsten
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Capítulo 4 ★

OLIVIA

La semana habia pasado con rapidez, sin darnos cuenta en menos de 24 horas los Alphas reales estarían en la manada y los días habian sido agotadores a más no poder.

El aseo se habia duplicado estas últimas horas, pero pese a que sabía que necesitaban ayuda Pamela me habia mantenido en la cocina ayudando a Josefa con la comida y nada más. ¿Lo agradecia? sí, porque significaba mantenerse lejos del radar de mi familia así que no habia recibido golpes o burlas estos días, pero me sentía mal por no ayudar al resto.

Aunque el trabajo en la cocina tampoco habia sido menor, hemos picado y pelado verduras estos dos días suficientes como para alimentar a un ejército. Tenemos que empezar a cocinar desde temprano mañana ya que los Alphas llegan a la hora de almuerzo y debe estar todo listo para el momento que ellos lleguen.

–Recuerden que el almuerzo es a las una en punto mañana –dice Pamela ingresando a la cocina–. Estarán solo ud dos a cargo, ya que el resto estará limpiando ó atendiendo la mesa, ¿podrán solas?

Josefa me mira con una sonrisa y me asiente.

–Estaremos bien, Olivia es rapida.

Una sonrisa se forma en mis labios y le devuelvo el movimiento de cabeza asegurandole que todo estará bien, no la defraudaré.

–Bien, ¿tienen todo o les falta algo para el menú?

–Tenemos todo –comenta Josefa–. Estamos avanzando con el picado de verduras para no perder tiempo con eso mañana y luego comenzaremos a preparar los postres.

–Muy bien –asiente–. Hoy la cena será a las 7 y hagan algo sencillo, no se compliquen con eso.

–No hay problema, estamos avanzando eso también.

–Bien –suspira derrotada tapándose la cara con las manos–. Al menos vienen solo por un día, moriría aguantando tanto estres si decidieran quedarse más tiempo.

Con Josefa con reimos bajito y ella también se unió.

–Todo terminará mañana –le dije despacio.

–Sí, esperemeos todo salga bien y sin complicaciones –se da mediavuelta y camina hacia el comedor–. Las dejo seguir con lo suyo.

Se fue y nosotras nos volvimos a reír antes de continuar con lo nuestro, el día siguió pasando con tranquilidad y en menos de darnos cuenta ya estabamos comenzando a preparar la cena.

Mientras yo armaba las ensaladas en los platos mi madre entró en la cocina seguida de Pamela que traía una caja en las manos.

Me quedé quieta aguantando la respiracion cuando sus ojos llenos de desprecio dieron conmigo, lleve mis manos detrás mi espalda y agache la vista evitando cualquier tipo de situación que me pusiera en su radar de insultos.

–Josefa está es la vajilla que ocuparemos mañana –dijo mi madre–. Es la más elegante que tenemos ya que se la dieron a mi esposo en uno de sus viajes a la India.

–Por Supuesto señora –respondió ella.

–Tratenla con cuidado, no quiero errores mañana.

–Claro –volvió a acceder.

Hubo un momento de silencio donde no alce la vista hasta que sentí como mi madre abandonaba la cocina, solté un suspiro y volví a mi tarea mientrás Pamela dejaba la caja sobre uno de los mesones al lado de la puerta con cuidado.

–Traten la vajilla con delicadeza, no quiebren ninguna pieza –dijo ella–. Es muy delicada ya que es ceramica delgada, no es gruesa así que cualquier movimiento brusco podria llegar a romperla.

Ambas asentimos y continuamos con lo nuestro.

–¿Qué te parece si hacemos una tartaleta de frutas y pastel de chocolate de postre?

–¿Para mañana? –pregunté.

–Sí, ¿o será muy poco elegante?

–Yo estaría encantada, pero no sé qué opine mi madre de eso.

Josefa quedó pensativa por unos momentos.

–¿Creme brulee?

–Podria ser tartaleta y eso.

–Bien –asintió con una sonrisa–. Haremos de más para que podamos comer nosotras después también.

Una sonrisa se formó en mis labios y asentí con entusiasmo, habíamos estado haciendo eso la última semana juntas. Cada vez que cocinabamos algo delicioso, haciamos un poco de más para poder cenar nosotras después y nunca fui más feliz con mi trabajo aquí.

Servimos la cena sin complicaciones, cada plato fue devuelto vacio a la cocina y no hubo quejas de parte de nadie.

Lave los platos con rapidez para comenzar a preparar lo último que nos faltaba en postres para mañana, no quería que nos atrasamos y algo saliera mal. Porque sabía que ante el mínimo error vendría dolor y no quería que por mi culpa Josefa se viera implicada con la furia de mis padres.

Sabía que la visita de mañana era importante, ya que determinaba si los Alphas reales deciden si mi padre seguía siendo apto para mantener la manada y así seguir entregandonos recursos.

Si bien, no es mucho lo que los Alpha reales dan ya que es una parte de los impuestos que nuestra propia manada paga ayuda para cumplir pequeñas metas, como proyectos de construcción o de ciudadanía.

Y mi padre ha dirigido exitosamente la manada por unos 80 años, porque pese a ser un padre de mierda conmigo desde que apareció mi loba, con la manada es un diez. Nunca nada ha faltado ni ha habido quejas de parte de los habitantes.

–Cuando termines ahí –Josefa habla a mi espalda–. Aqui te dejo la mezcla, solo falta divirla en los pocillos –la miro sobre el hombro y asiento–. Comenzaré con la tartaleta.

–Okey, ya estoy casi terminando aquí.

La escuchaba a ella remover en los cajones seguramente buscando los ingredientes para la base de la tartaleta, cuando la puerta de la cocina se abrió. Las risas de mis hermanos pequeños llenó la cocina y me volteé secándome las manos para verlos.

Ellos aún eran pequeños cuando yo obtuve mi loba, por lo tanto siempre han sabiado que deben despreciarme ya que mis padres lo hacen y han hecho desde que ellos tienen memoria.

–Sirvenos jugo, tengo sed –ordenó Manuel viéndome despectivamente.

Una punzada se formó en mi pecho, pero la ignoré mientras sacaba dos vasos para servirles lo que habían pedido. Se los pasé y volvi a lo mío evitando contacto visual, porque sentía que tenía la mirada de ellos sobre mí.

Al cabo de un momento dejaron los vasos en la encimera mientras yo rellenaba los pocillos individuales para mañana y Josefa estiraba la masa de la tartaleta en los moldes.

–¿Esto es para mañana? –le preguntó uno a ella.

–Sí, para el almuerzo con los Alphas.

–Odio que vengan –se quejó Eduardo suspirando–. Mamá se pone como loca, me hizo hasta ordenar mi pieza –gritó levemente–. Como si fueran las habitaciones.

Sonreí internamente y continué en lo mío.

–Bueno, nos vamos –dijo Manuel–. Alguién debe dormir –removió el cabello de Eduardo con una mano–. Tienes examen mañana.

–No me hagas eso –se quejó Eduardo empujandolo–. Odio cuando haces eso.

Comenzaron a irse entre empujones sin cuidado de nada y uno de esos empujones llevó a Eduardo contra el mesón que estaba al lado de la puerta. Entonces, como si todo pasara en cámara lenta su brazo por accidente pasó a llevar la caja que estaba ahí.

Abrí mis ojos y corrí hacia ella mientras la veía caer, pero era demasiado tarde.

El sonido de la vajilla rompiendose llenó el lugar dejandonos a todos estaticos donde estabamos, el corazón comenzo a latir en mis oídos y en menos de segundos la puerta se abrió con fuerza lanzando a mis hermanos hacia atrás dando paso a la mirada furiosa de mi madre.

Observó a todos rapidamente y finalmente dió conmigo, repaso con la mirada la situación viéndome a centímetros del desastre y supe lo que venía.

–¿Qué pasó? –gruñó.

–Fue ella –gritó Manuel apuntandome–. Ella botó la caja.

Mi corazón se detuvo lentamente, cuando mi padre notó lo que habia en el suelo y sus mejillas se tiñerón de rojo por rabia. Avanzó hacía mí tomándome con rapidez del pelo y la punzada inmediatamente ardío en mi cuero cabelludo.

–¿Rompiste la vajilla para los Alphas? –me gruñó en la cara.

No respondí nada, simplemente temblé y vi de reojo como Josefa quería decir algo, pero le negué y rogué con la mirada que no hiciera nada. No quería que ella se viera implicada en esto.

En ese momento, mi padre entró en la cocina con mirada confundida.

–¿Qué sucede aquí? –miró la situación y sus ojos rapidamente se llenaron de odio–. ¿Qué mierda hiciste esta vez?

–N-nad...

El golpe en mi mejilla por parte de mi madre llegó rapidamente mandandome al suelo.

–Rompió la vajilla de mañana –le dijo a mi padre–. ¿Qué haremos ahora? –sollozó–. Era la mejor que teniamos.

Mi padre al oír aquello desató su furía contra mí. Me saco arrastras de la cocina guiandome por el comedor y directamente al patio. Me dejó caer como un saco de papas en la tierra sucia antes de que su primer golpe llegara.

Me protegí como pude, de los golpes y patadas, pero mi fuerza comparada con la de él era imposible de superar.

Las lágrimas caían por mis mejillas mientras veía a los jardineros viendo la situación a la distancia, porque sabían que lo mejor era no intervenir. Una patada logró conectar levemente con mi rostro y mi visión se nubló junto con las nauseas al recibir una en mi abdomen en el mismo momento.

–Te gusta romper cosasa ajenas ¿no? –sentí que me hablabá, pero mi vision estaba nublada–. Veamos cómo andas con eso.

En ese instante su pie cayó con fuerza en mi brazo expuesto pisando y rompiéndolo en el proceso.

–¡AHHHH! –grité sin poder aguantarlo e intenté levantar el pie de mi padre de él.

–Veamos si así aprendes a tocar lo que no te pertenece –escupió alzando su pie–. Llevensela.

Sabía que aquello era dicho para los jardineros que siempre me llevaban cuando las palizas sucedian en el jardín. Instintivamente lleve mi brazo roto contra mi cuerpo para protegerlo, las lágrimas caían sin poder evitarlas, el cuerpo entero me dolía y mi brazo punzaba enviando rafagas de dolor inmensas que no sabía cómo sobreviviria.

Unos brazos me alzaron y destinguí el olor de Miguel en mi nariz.

La ida a mi habitación fue borrosa, entre el dolor del brazo y la patada mi cerebro estaba en una neblina de dolor y confusion.

–¿Cómo está tu brazo? –sentí que me preguntaban al mismo tiempo que me dejaban en mi cama–. ¿Necesitas que te traiga algo?

Negué ó al menos pensé que lo hice.

–Estoy bien –susurré.

Las palabras las escuché lejanas y debo haber perdido la conciencia porque volví a despertar cuando estaba todo oscuro a mi alrededor, el sudór corría por mi frente y espalda y los escalofrios movían mi cuerpo. Me tapé como pude con mis frazadas y lloré cuando una punzada de dolor volvió a invadir mi brazo.

Iba y volvía en la inconsciencia durante la noche, lapsus en los que despertaba para solo sentir el dolor punzante de mi brazo roto. No me guardé nada y lloré con libertad dejándome sentir aquello, recordando la semana tranquila y feliz que habia tenido en la cocina junto a Josefa y como todo aquello se fue a la basura en segundos.

Volví a perder el conocimiento recordando aquello.

No sé cuanto tiempo habia pasado ó que hora era, pero cuando volví a abrir mis ojos seguía en mi cama, el sol entraba por la pequeña ventana que tenía y con cuidado giré mi rostro hacia un lado notando el color morado que adornaba mi antebrazo izquierdo.

Otra fuerte punzada me atravesó y el dolor era tan grande que apreté mis muelas con fuerza para evitar seguir llorando.

Todo me dolía, pero el brazo era el peor de todos.

La vision se me nubló y volví a dormir.

–¡ALTO! –gritos provenían desde fuera de mi habitación despertandome.

Intenté abrir los ojos, pero la neblina del dolor me impedia ver con nitidez, la luz entraba desde otro ángulo por la ventana, así que no sabía qué hora era.

–¡NO ME TOQUES! –Una voz masculina extraña llegó a mis oídos.

Lleve mi vista nublada hacia el sonido, sintiendo el sudor en mi frente y el dolor en cada parte de mi cuerpo cuando la puerta se abrió de golpe sobresaltadome levemente. Pude distinguir una figura grande de pie viendome, pero mi enfoque no era el mejor de todos.

–¿Qué carajos? –gruñó con fuerza y las olas de poder impactaron contra mi adolorido cuerpo.

Un pequeño gemido abandonó mis labios cuando lo escuché y en menos de dos segundos lo tenía de rodillas junto a mi colchón, sus dedos quitando mis mechones sudoros de mi frente y en medio de toda la neblina logre ver unos hermosos ojos verdes que me veían con preocupacion.

–Hola pequeña –habló enviando descargas de placer por mi adolorido cuerpo–. Te sacaremos de aquí.

Vi una vez más sus ojos y caí en la oscuridad.

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