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Elegida por el maldito Rey Alfa
img img Elegida por el maldito Rey Alfa img Capítulo 8 Llegó la hora
8 Capítulo
Capítulo 11 El placer img
Capítulo 12 El dolor img
Capítulo 13 La portadora de malas noticias img
Capítulo 14 Baño de sangre img
Capítulo 15 Tengo una propuesta img
Capítulo 16 Eso es imposible img
Capítulo 17 Mátame img
Capítulo 18 Ya era mía img
Capítulo 19 La perra amargada img
Capítulo 20 Estás jugando con fuego img
Capítulo 21 Espero que mueras bonita img
Capítulo 22 Hermosa de rojo img
Capítulo 23 No me detendré img
Capítulo 24 Pórtate bien img
Capítulo 25 Juego de poder img
Capítulo 26 La túnica del Rey img
Capítulo 27 En la habitación negra img
Capítulo 28 La puerta a la libertad img
Capítulo 29 Una mesa de enemigos img
Capítulo 30 No irás a ninguna parte img
Capítulo 31 ¡Déjame ir! img
Capítulo 32 Te reto img
Capítulo 33 Ahora o nunca img
Capítulo 34 No puedes escapar de mí img
Capítulo 35 Corriendo en la tormenta img
Capítulo 36 Su posesión img
Capítulo 37 Castigo img
Capítulo 38 Haz que pare img
Capítulo 39 Ella no es la indicada img
Capítulo 40 ¿Te vas a portar bien img
Capítulo 41 Tengo un plan img
Capítulo 42 No es una coincidencia img
Capítulo 43 Acepto tu oferta img
Capítulo 44 Su secreto img
Capítulo 45 La mujer del Rey img
Capítulo 46 Ella está planeando algo img
Capítulo 47 La Luna de Sangre img
Capítulo 48 Su primera sonrisa img
Capítulo 49 Un lugar de tortura img
Capítulo 50 Necesito saber img
Capítulo 51 La Luna de Sangre img
Capítulo 52 No lo hagas img
Capítulo 53 Un paso demasiado cerca img
Capítulo 54 La última cadena img
Capítulo 55 La verdad en sus ojos img
Capítulo 56 Cuéntamelo todo img
Capítulo 57 No me hagas enojar img
Capítulo 58 Soy un monstruo img
Capítulo 59 La amarga y dolorosa paz img
Capítulo 60 Yo soy esa rosa img
Capítulo 61 ¡Te odio! img
Capítulo 62 Tengo que detenerlo img
Capítulo 63 Por favor, vuelve img
Capítulo 64 Te deseo img
Capítulo 65 Su toque ardiente img
Capítulo 66 No te contengas img
Capítulo 67 Mía para reclamar img
Capítulo 68 Susurro eterno img
Capítulo 69 Era mía img
Capítulo 70 Eres especial img
Capítulo 71 Rey Maldito img
Capítulo 72 La grieta img
Capítulo 73 Frío y calor img
Capítulo 74 Querida img
Capítulo 75 Hace mucho tiempo img
Capítulo 76 Dos depredadores img
Capítulo 77 Su orden img
Capítulo 78 Sí o no img
Capítulo 79 Toma una decisión img
Capítulo 80 Pelaje blanco img
Capítulo 81 La amarga verdad img
Capítulo 82 Dame una oportunidad img
Capítulo 83 Sombras img
Capítulo 84 Sangre y nieve img
Capítulo 85 Impotencia img
Capítulo 86 Confusión img
Capítulo 87 No tenemos tiempo img
Capítulo 88 El Rey no debe saberlo img
Capítulo 89 Por favor, perdóname img
Capítulo 90 El Libro Rojo img
Capítulo 91 La visión img
Capítulo 92 Escapada img
Capítulo 93 Eres la única que quiero img
Capítulo 94 Salvaje img
Capítulo 95 ¡Marcos, no! img
Capítulo 96 Demasiado tarde img
Capítulo 97 ¡Por favor, detente! img
Capítulo 98 La marca de la culpa img
Capítulo 99 Ya verás img
Capítulo 100 Es hora img
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Capítulo 8 Llegó la hora

"Su Majestad, encontramos algo". La puerta de mi despacho se abrió y Luciano entró corriendo, con una tableta en la mano.

"Así que anoche...", comentó, dejando caerla frente a mí.

"Se vio a una de las omegas deambulando por el pasillo. Es bastante lista, intentó que no se le viera el rostro, pero logramos identificarla". Mis ojos se dirigieron a la pantalla, donde una chica intentaba por todos los medios mezclarse con las sombras.

Volví a mirar a Luciano mientras proseguía. "Pero el problema es que no huyó, porque pedí que la vigilaran y sigue con las demás. ¿Por qué habría salido si no intentaba escapar?".

"Quizá se dio cuenta de que no lo conseguiría y se rindió", dije mientras me recostaba en mi silla.

"O se distrajo con algo". Ante sus palabras, volví a tomar la tableta y miré el rostro de la mujer, tratando de ver si podía recordar a la de anoche, pero no lo hice. Nada encajaba.

"¿Así que dices que es la mujer de anoche?", pregunté.

"Podría serlo, pero no estamos seguros porque nos dijo que no pusiéramos cámaras en la zona de la muerte y todo el mundo sabe que nadie tiene permitido entrar en ese pasillo, así que no estamos seguros de que fuera ella quien entró".

"Necesito que estén seguros".

"Lo sé, pero el caso es que fue la única que encontramos deambulando anoche. Lo que significa que podría ser ella y además usted recuerda su olor, ¿verdad?", añadió, y yo asentí con la cabeza.

"Genial. Eso significa que podrá identificarla cuando se le presente esta noche".

"¿Algo más?", inquirí, y él se quedó callado un rato.

Conocía esa expresión. Esa en la que luchaba entre salvar su pellejo y solo callarse o hablar. Sabía que estaba a punto de darme una sugerencia muy absurda que no me gustaría escuchar.

"No me interesa", le interrumpí antes de que pudiera siquiera abrir la boca para hablar, y él sabía que era mejor no discutir conmigo.

"Como desee, Su Majestad", respondió, y estuvo a punto de tomar la tableta, pero lo detuve.

"Deja esto aquí".

"¿Hay algo más que quiera que haga por usted? ¿Debería enviarla a su despacho?", preguntó, y lo miré con los ojos entrecerrados.

"No, la veré esta noche. Pero...".

"¿Pero qué?".

"Vigílala de cerca".

"Sí, mi Rey", afirmó, y sin decir más nada, inclinó la cabeza y salió de la habitación.

Tomé despacio la tableta y seguí observando a la mujer en la pantalla.

Estaba casi cubierta por la oscuridad.

Dejé caer el dispositivo y volví al trabajo que tenía delante.

Un hombre muerto no tenía esperanza.

Y yo ya lo era.

***

Todo el día estuvimos sentadas en esta habitación escuchando a el ama de llaves hablarnos de las reglas que debíamos seguir.

"Hagan lo que el monarca les diga".

"No lo miren a los ojos".

"No hablen a menos que él se los diga".

"No griten".

"No peleen".

No sabía si todas esas advertencias pretendían prepararnos o asustarnos, pero creo que hacían esto último.

Porque había una chica en la esquina que parecía estar a segundos de desmayarse.

Suspiré mientras comía. Sí, nos dieron comida, y estaba buena. No querían que muriéramos con el estómago vacío.

"¿Cuánto tiempo va a durar esto?", preguntó de repente una de las chicas de la nada, y la atención de todas se volvió hacia ella.

"¿De qué hablas?", inquirió la chica de la litera contigua.

"De todo esto...", dijo mientras agitaba las manos. "¿Cuántas mujeres van a morir en la cama del Rey? ¿Nadie va a detenerlo?".

Alguien soltó una carcajada, pero esa risa no tenía nada de graciosa.

"¿Detener al Rey? ¿Eres estúpida? Y además, el monarca no obligó a nadie a estar aquí; con quien deberías estar enfadada es con tus Alfas por entregarte como sacrificio a él", dijo una chica de pelo castaño en la litera frente a la mía.

"¡No puedo creer que lo estés defendiendo!", la primera chica exclamó incrédula.

"No lo defiendo, solo digo los hechos. Y no estarías tan molesta si resultaras ser la que lo puede curar, ¿verdad?". La chica de pelo castaño replicó, y la otra se quedó callada, con la cara vuelta hacia la pared.

El lugar se quedó en silencio y parecía que todas se perdieron en sus propios pensamientos.

Con cada segundo que pasaba, se acercaba el momento en que seríamos convocadas para conocer al rey.

Yo no habría estado aquí, pero gracias a mí, desperdicié esa oportunidad.

Oímos el sonido de pasos que se acercaban y todas nos levantamos de inmediato, mientras todas las miradas se dirigían a la puerta.

A estas alturas, todas estábamos familiarizadas con el sonido autoritario de los tacones. Sin duda era el ama de llaves.

El corazón me latía con fuerza a medida que los pasos se acercaban y, por fin, la puerta se abrió.

Y allí estaba ella, con una sonrisa en la cara, como si trajera una buena noticia.

"Es hora, chicas".

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