-¡No Amelia, está bien! -Atesoré la taza de café, como si el calor de la porcelana diera consuelo a mi amarga existencia, y tomé un sorbo. La noche anterior Valentino no había venido a dormir; una noche más sumada al olvido de su ausencia.
Me quedé mirando por la ventana de la gran mansión; hace unos años, esto era lo que más anhelaba en mi vida. Me casé enamorada y llena de ilusión. Una completa fantasía. Mis padres me heredaron un pequeño imperio al morir, pero mi marido se llevó mi dinero, haciéndome creer que lo hacía por mí.
Tomé el último sorbo de la taza de café caliente, cuando de repente el auto de mi marido entró por el gran sendero de la casa; el hermoso Ferrari con el que me llevaba a la playa... Han pasado semanas desde la última vez.
Arreglé mi bata de seda y me aseguré de que mi cabello estuviera en su lugar; solo quería que Valentino me amara y me hiciera su esposa, solo deseaba con el alma volver a ser la mujer que juró amar en el altar.
La puerta se abrió de repente y allí estaba él. Mi marido era un hombre un par de años mayor que yo, ingeniero de una gran empresa de telecomunicaciones; tenía un buen puesto, con el que ganaba una cantidad de más de 6 cifras al mes. ¡Era un genio! Además de eso, era demasiado guapo, elegante y superior. Todo lo que una mujer querría para sí misma.
-¿Qué haces sin ducharte a esta hora? -Me miró de arriba abajo con desdén. Sus ojos marrones recorrieron mi cuerpo con desprecio.
-Me desperté hace poco tiempo, no pude dormir en toda la noche. ¿Dónde estabas?
Valentino levantó una ceja y me miró con una burla en su sonrisa.
-Qué te importa dónde estaba, mujer, báñate, hueles terrible -dijo eso solo con la intención de hacerme sentir fatal, porque ni siquiera se acercó a darme un beso.
-Valentino, no podemos seguir en esta situación, los rumores dicen que me estás siendo infiel, me siento terrible, mi amor por favor, busquemos terapia de pareja, por favor -le supliqué con angustia.
-¿Terapia de pareja? No me he divorciado de ti por las cláusulas de nuestros bienes, no entiendes que ya no te amo Katherine, debes aceptarlo.
Sentí cómo sus palabras se clavaban directamente en mi corazón y destrozaban por completo mi interior.
-Pero... tengo algo que decirte, no puedes hacerme esto justo ahora, ahora que más te necesito... -Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas sin control alguno. Valentino actuaba como mi verdugo, y uno muy cruel y despiadado.
-¿De qué estás hablando, mujer? No me quites más tiempo porque tengo que ir a trabajar.
-Valentino, por favor -quería desmayarme-. Mi amor, la noticia que tengo que darte puede mejorar nuestro matrimonio.
Valentino frunció el entrecejo y gruñó como un lobo herido.
-¡Maldita sea Katherine! Espero que lo que tengas que decirme sea importante o te lo juro...
-Valentino por favor -me acerqué lentamente a él, sintiendo cómo el calor de mis lágrimas corría por mis mejillas. No me importaba que hace dos días me hubiera marcado la cara con un golpe, porque la solución a todos nuestros problemas estaba creciendo en mi vientre.
-¿Y ahora con qué estupidez vas a salir Katherine?
Sonreí emocionada.
-Estoy embarazada mi amor, vamos a ser padres.
El semblante de Valentino cambió, su expresión era malévola, sus ojos ardían de ira y su rostro enrojecido se contrajo con las expresiones de violencia que mostraba.
-¿Qué Katherine? No me he acostado contigo desde hace días, yo no soy el padre de ese bastardo, perra ¿Me engañaste?
Valentino apretó las manos y se irguió más alto de lo habitual; mis manos empezaron a temblar y las palabras no salían de mi boca.
-Yo... yo...
-¡Dime Katherine, eres una perra solapada!
-No. No Valentino por favor, tengo dos meses, en ese tiempo todavía me hacías el amor, por favor cálmate, estoy embarazada y...
-Te quedaste embarazada para atraparme -Valentino estaba demasiado furioso, hasta el punto de que me hizo sentir un profundo nerviosismo; mi corazón latía violentamente en mi pecho, sentía que se iba a salir.
-Yo... yo...
-¿Tú, qué? ¡Estás loca! Manipuladora, pero ese niño no puede nacer.
Al oír eso, me alejé de él y me cubrí el vientre con las manos para proteger mi amado tesoro.
-No me digas eso, nuestro hijo es la salvación de nuestro matrimonio, siempre quisiste ser padre. Por favor.
Se acercó a mí furioso, cerró los puños y, sin mediar palabra, me asestó un golpe en la cara, el primero de una avalancha de muchos.
-¡No! ¡NO por favor, no me hagas daño, no! -supliqué desesperada. Intenté buscar hacia los lados algo para defenderme, pero parecía que el universo había borrado todo a mi alrededor y me había dejado a merced de un hombre oscuro y sanguinario.
Me empujó con fuerza, haciéndome caer al suelo, y en ese momento llegó lo nefasto; nunca me había golpeado de esa manera, sus fuertes patadas se dirigían a mi vientre y a mis manos que lo protegían, causándome un dolor profundo, no solo físico, sino que mi corazón y mi alma se rompían por dentro.
-¡NO! ¡Auxilio!
-Ese hijo tuyo no puede nacer, perra -sus crueles palabras salían de su boca como si fueran cuchillos afilados. Mis lágrimas caían mientras sentía que todo a mi alrededor se desvanecía; rogué al cielo que protegiera a mi pequeña descendencia, pero supe que todo estaba perdido cuando el dolor que invadió mi bajo vientre fue incontenible.
Aunque intenté defenderme, mi pequeño cuerpo no resistió la fuerza imponente de aquel altivo caballero. Valentino Briston estaba matando mi humanidad y la de mi pequeño.
Mi visión se llenó de sangre y un último golpe me dejó inconsciente.