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La verdad de Alicia
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Capítulo 5 Cap 5

El sol de Barcelona se filtraba por los ventanales de la suite como una intrusión no deseada. Alicia estaba frente al tocador, observando su reflejo. No veía a una mujer; veía un caleidoscopio de identidades rotas. La esposa devota, la amante adicta, la fugitiva del pasado y la depredadora sin escrúpulos. Se aplicaba el labial rojo con una precisión quirúrgica, como si pintara una herida de guerra en su rostro.

De pronto, el teléfono vibró sobre el mármol. El nombre en la pantalla hizo que su pupila se dilatara: Liam.

Alicia deslizó el dedo para contestar, pero no dijo nada. Se limitó a escuchar la respiración del hombre al otro lado.

-Sé que estás ahí, Alicia -la voz de Liam era un susurro cargado de veneno y deseo-. Anoche solo fue el aperitivo. Tengo algo nuevo, algo que hará que te olvides hasta de tu propio esposo. Ven a mi apartamento. Ahora.

Alicia miró de reojo hacia la cama, donde Ethan comenzaba a desperezarse. Una parte de ella quería correr hacia el caos de Liam, pero otra, más retorcida, disfrutaba del juego de espejos en el que estaba atrapada.

-Te equivocas de mujer, Liam -respondió ella con una voz gélida, desprovista de toda emoción-. La que estuvo anoche en tu sofá murió al salir por la puerta. No vuelvas a llamar.

Colgó con un movimiento seco, arrojando el teléfono al fondo de su bolso. En ese instante, sintió el calor de Ethan detrás de ella. Él no había escuchado la conversación, pero sentía la electricidad estática que emanaba de su cuerpo.

Ethan la rodeó con los brazos, hundiendo el rostro en la curva de su cuello. Sus labios estaban calientes, contrastando con la frialdad de la piel de ella.

-Estás tan tensa, Alicia... -susurró Ethan, su voz vibrando contra su garganta-. Siento que te me escapas incluso cuando estás a mi lado. ¿En qué mundo estás?

-En uno en el que tú no podrías soportar, Ethan -respondió ella, inclinando la cabeza hacia atrás, dejando que los besos de él descendieran por sus hombros.

Ethan no se detuvo. Sus manos, antes vacilantes, se volvieron posesivas. Bajó por su espalda, recorriendo la línea de su columna con una urgencia que Alicia no le conocía. Se arrodilló, besando sus piernas, subiendo por sus muslos hasta que el aroma del sexo y el perfume caro se mezclaron en el aire.

-Hoy no quiero una simple esposa, Alicia -gruñó Ethan, su respiración volviéndose errática-. Quiero a la mujer que me mira como si quisiera verme morir en tu piel.

Con un movimiento brusco, Ethan la giró, obligándola a apoyarse contra el borde del tocador. Los frascos de perfume tintinearon, a punto de caer. Alicia jadeó, sintiendo la presión del cuerpo de él contra su retaguardia. Sin preámbulos, sin la delicadeza de la luna de miel, Ethan buscó la entrada más estrecha, impulsado por una rabia posesiva que Alicia misma había provocado.

Cuando él penetró su ano con una embestida seca y brutal, Alicia soltó un grito que desgarró el silencio de la suite. No era un grito de dolor, sino una exclamación de rendición absoluta ante la fuerza bruta.

-¡Ahhh! ¡Maldita sea, Ethan! -gritó ella, aferrándose al borde del mueble con tanta fuerza que sus uñas se enterraron en la madera-. ¡Mételo asi! ¡Hazme olvidar quién soy!

-¡Eres mía! -rugió Ethan cerca de su oído, sus manos apretando las caderas de ella hasta dejar marcas-. ¡No importa dónde vayas o a quién mires en la calle, este cuerpo me pertenece siempre!

Alicia arqueó la espalda, su rostro contra el espejo, viendo cómo su propia expresión se desdibujaba entre el placer violento y la pérdida de control. En ese momento, las múltiples Alicias se fusionaron en una sola:

una criatura de puro instinto que encontraba en la brutalidad de su esposo el único ancla para no perderse en el abismo de Liam. El choque de sus cuerpos era un ritmo frenético, una sinfonía de carne y sudor que eclipsaba cualquier rastro de culpa.

-¡Más fuerte! -suplicaba ella, con la voz rota-. ¡No te detengas, Ethan! ¡Arráncame el pasado de la piel!

La suite de Barcelona se convirtió en una celda de placer y dominación, donde el anillo de bodas brillaba bajo la luz del sol, recordándoles que, aunque el alma de Alicia fuera un territorio en deseos, esa mañana, Ethan estaba ganando la batalla a base de sexo y furia.

Un mes después.

Barcelona seguía siendo el escenario, pero el aire se sentía más pesado, cargado de una tensión que Alicia ya no podía disimular con lujos. Su mente era una habitación llena de espejos rotos; a veces era la esposa de Ethan, otras la amante fugitiva de Liam, y a menudo, una mujer cuya furia contenida amenazaba con incinerarlo todo.

Se detuvo frente a uno de los restaurantes más exclusivos de la zona alta, un lugar donde el poder se masticaba junto con el caviar. Llevaba un vestido de seda color esmeralda que parecía líquido sobre su piel, pero su mirada era de acero frío.

-Su tarjeta de invitación, señora -dijo el vigilante en la entrada, interponiéndose con una cortesía mecánica que a Alicia le supo a insulto.

Alicia se detuvo en seco. Sus ojos se oscurecieron, y esa personalidad agresiva, la que no aceptaba un "no" por respuesta, emergió a la superficie como un depredador.

-¿Invitación? -preguntó ella, con una voz baja que vibraba como un ardiendo la sangre-. Mírame bien pedazo gordo de mierda. ¿Te parece que necesito un pedazo de papel para entrar a cualquier lugar de esta ciudad? Quítate de mi camino antes de que decida que tu cara sea un olla caliente con la decoración de este sitio quedaría delante de ti un pendejo.

El hombre titubeó, intimidado por la violencia contenida en sus gestos. En una mesa cercana, un grupo de empresarios elegantes interrumpió su charla. Entre ellos, un hombre de hombros anchos y mirada penetrante se puso de pie.

Harpe.

Había pasado años desde la última vez que se vieron en clase. Él siempre había estado perdidamente enamorado de ella, de esa mezcla de belleza y peligro que nadie más se atrevía a tocar. Al escuchar esa voz -esa cadencia imperiosa y letal-, su corazón dio un vuelco que no pudo controlar.

-¿Alicia? -la voz de Harpe cortó la tensión del ambiente.

Ella giró la cabeza con elegancia felina. Harpe caminó hacia ella, ignorando a sus socios. Se quedó petrificado a pocos centímetros; estaba más hermosa que nunca, con una madurez que solo el pecado y el poder otorgan.

-Déjala pasar -ordenó Harpe al vigilante con una autoridad natural-. Está conmigo.

Harpe la guió hacia una mesa privada, lejos de las miradas curiosas. Sus negocios empresariales habían pasado a segundo plano; en ese momento, el único activo que le importaba era la mujer que tenía enfrente.

-Estás radiante, Alicia. Aunque veo que tu carácter no ha cambiado ni un poco -dijo Harpe, observándola con una adoración que ella detectó al instante.

-El mundo no se detiene para los débiles, Harpe. He aprendido que si no golpeas primero, te rompen -respondió ella, acomodándose en la silla con una gracia cínica.

Harpe hizo una señal al camarero. No necesitó preguntar. Recordaba cada detalle, cada preferencia que ella alguna vez mencionó en sus días de juventud.

-Un cóctel de limón, con el borde de sal y doble de destilado -ordenó él.

Cuando la bebida llegó, el aroma cítrico llenó el espacio entre ellos. Alicia tomó la copa, sintiendo el frío del cristal.

-¿Aún lo recuerdas? Eso es bueno sabe me divierte jajaja-preguntó ella, arqueando una ceja, dejando que la personalidad seductora tomara el control por un momento.

-Recuerdo cada cosa que tenga que ver contigo, Alicia. Incluido el hecho de que nunca fuiste una mujer fácil de domar -Harpe se inclinó hacia adelante, bajando la voz-. Supe que te casaste con un gordo de Nueva York. Pero por la forma en que entraste aquí, parece que esa jaula de oro ya te está apretando demasiado.

Alicia dio un sorbo lento al cóctel. El ácido del limón le escocía en la lengua, un recordatorio de que su vida estaba lejos de ser dulce.

-Ethan es... un contrato simple me case con el por su fortunas, a veces prefiero salir sola -soltó ella con desdén-. Pero tú, Harpe... te veo muy cómodo en este trono de negocios. ¿Qué pasaría si te dijera que he venido a buscar algo que el dinero de mi marido no puede comprar?

Los ojos de Harpe brillaron con una mezcla de esperanza y peligro. Sabía que Alicia era un incendio forestal, y aun así, estaba dispuesto a quemarse con tal de tenerla cerca una vez más.

-Cual dime de ti nada me sorprende.

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