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Fuera de juego
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Capítulo 5 Lo que Darius vio

Matteo

El vestuario después de ganar tiene un ruido específico.

No es euforia. Eso es para los títulos, para las noches que ocurren una vez por temporada y que el cuerpo recuerda durante semanas. Esto es otra cosa - la satisfacción tranquila de un trabajo hecho bien. Veintidós personas que saben lo que hicieron y no necesitan celebrarlo demasiado porque van a volver a hacerlo el próximo fin de semana.

Me gusta ese ruido.

Llevo ocho años viviéndolo y todavía me parece el mejor del mundo. Mejor que el silencio tenso antes del partido. Mejor que el ruido del estadio. Este - el del vestuario después, con el agua de las duchas de fondo y alguien cantando algo que nadie más conoce - es el que me recuerda por qué empecé.

Me duché. Me cambié. Respondí dos mensajes del preparador físico sobre la sesión del lunes. Hablé treinta segundos con el portero sobre el ángulo del segundo gol - había tenido una trayectoria extraña que los dos queríamos entender y que probablemente no tenía más explicación que la que el fútbol a veces hace cosas sin razón.

Normal. Todo completamente normal.

Tomas Birk estaba en el centro del vestuario.

El mediocampista del Stael había acabado rodeado de tres de mis compañeros que lo conocían de la selección sub-21, y estaba contando algo con la energía específica de alguien que tiene una historia buena y sabe que tiene audiencia.

-Se giró antes de que entrara -dijo-. Como si lo supiera.

-Lo sabía -dijo alguien.

-Nadie sabe eso.

-Él sí. Lleva así desde que tenía diecinueve años. Es irritante.

Risas. El tipo de risas que se le dan a un rival cuando acaba de marcar en tu campo y no puedes hacer nada excepto reconocer que fue bueno.

No dije nada.

Pero escuché.

Tomas Birk hablaba de Seren Vael con la familiaridad de quien lleva años viéndolo de cerca - los pequeños detalles, los hábitos, la forma en que funciona antes de que la jugada ocurra. Eso decía algo sobre cómo era Seren Vael cuando no había cámaras ni ruedas de prensa ni sonrisas calibradas para el público correcto.

Guardé el dato. No supe exactamente para qué. Pero lo guardé.

________________________________________

Darius apareció cuando el vestuario estaba medio vacío.

Pelo húmedo pegado a la frente. Botella de agua. Esa expresión de quien lleva un rato pensando algo y ha tomado la decisión de que ya es hora de decirlo.

Me senté en el banco. Dejé espacio a su lado.

Se sentó. Bebió agua. Miró al frente un momento.

-El de Orveth -dijo.

-Vael.

-Vael. -Lo repitió despacio, con el tono de quien sopesa el nombre, como si el nombre en sí dijera algo-. Tiene buen primer toque.

-Sí.

-Buena lectura del espacio. Mejor de lo que esperaba para alguien que viene de esa liga.

-Sí.

-Y una forma de moverse que -

-Darius.

Se detuvo.

Lo miré. Él me miró. Cuatro segundos de silencio. En el lenguaje de Darius eso equivale a un párrafo entero. Los hace del largo exacto para que la otra persona entienda exactamente qué se está callando.

Entendí exactamente qué se estaba callando.

-Jugó bien -dije-. Es un rival a tener en cuenta. Eso es todo.

-Claro.

-Lo estudiamos, lo preparamos, ganamos. Como con todos los rivales.

-Claro -repitió. La segunda vez. Con la misma inflexión plana de quien no está de acuerdo y ha decidido que este no es el momento.

Se levantó. Tiró la botella al cubo sin mirar - no falló, nunca falla, es el tipo de precisión sin importancia que tiene en todo lo que hace sin esfuerzo aparente. Se puso la chaqueta con los movimientos lentos de alguien que sabe que la conversación no ha terminado, aunque él sea el que se va.

En la puerta se detuvo. No se dio vuelta.

-Matteo.

-¿Qué?

-Los dos segundos -dijo-. Eso no lo haces con nadie.

Salió.

Me quedé solo en el banco con el vestuario casi vacío y el ruido apagándose por el pasillo y la taquilla número ocho descascarada frente a mí y la sensación de que Darius había dicho exactamente una cosa.

Y que tenía razón.

________________________________________

Mi apartamento tiene el silencio de los lugares que no han sido elegidos sino ocupados. El sofá donde lo pusieron cuando me mudé. La cocina con lo necesario y nada más. Las paredes sin nada - ningún cuadro, ninguna foto, ningún objeto que dijera que alguien había elegido este espacio porque le hacía sentir algo.

Lo noté esa noche de una forma que no lo había notado antes.

Me calenté algo. Comí frente a la ventana mirando las luces de la ciudad extenderse hacia el horizonte sin mirarlas realmente. Luego abrí el ordenador con la intención firme de revisar el análisis táctico del siguiente partido.

El teléfono vibró.

Notificación de noticias. Una foto. Seren Vael en zona mixta: "El Arvane es exactamente el tipo de rival que me hizo venir a Valdren."

Zona mixta. Camiseta del Stael todavía puesta. Pelo húmedo. Hablando a una grabadora con la expresión de quien sabe exactamente qué cara poner para una foto que no pidió pero que sabía que iban a tomar. La sonrisa correcta. Los hombros correctos. El ángulo ligeramente girado hacia la cámara de una forma que parecía casual y no lo era.

Y en el fondo de la imagen, apenas perceptible, algo en su expresión que reconocí.

La misma que había visto en el campo cuando marcó. La que no era la de prensa.

La cerré.

Ese, dijo la voz.

-No -dije al apartamento vacío y a las paredes sin cuadros.

Intenté leer el análisis táctico. Leí el mismo párrafo tres veces. No procesé ninguna palabra.

Cerré el ordenador.

Me quedé mirando el teléfono boca abajo en la mesita durante un tiempo que preferí no medir.

Luego lo giré.

La notificación seguía ahí. La foto seguía siendo la misma. El tipo de rival que me hizo venir a Valdren. La sonrisa correcta. El comentario sobre el Arvane que era un desafío envuelto en halago, dicho con la facilidad de quien lleva años convirtiendo las provocaciones en relaciones públicas.

Lo sabía. Sabía que lo sabía.

Y debajo, en los comentarios del artículo, había de todo - análisis tácticos improvisados, especulaciones sobre la relación entre los dos equipos, alguien del Consejo Regulador que había dado like a un tweet cuestionando si el Stael había hecho bien sus controles de incorporación.

Cosas que no eran asunto mío.

Y luego:

"Vael tardó tres segundos en soltar la mano de Vrel en el saludo final. Alguien lo captó en cámara."

Cerré el teléfono. Lo puse boca abajo en la mesita.

Ese, repitió la voz. Con la paciencia de quien sabe que tarde o temprano le van a dar la razón.

Me fui a la cama.

No dormí en mucho tiempo.

A la una y veinte, el teléfono volvió a vibrar.

¿Eres tú el que no duerme o es él el que no te deja dormir?

No respondí. Darius nunca necesitaba respuesta cuando ya sabía la respuesta.

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