Capítulo 5 La Primera Pieza

Nuestro próximo encuentro fue en la segunda cita con mi médico, una semana después y en la mañana, tenía a varias personas por delante así que entré algo tarde, lo cual era relativamente incómodo para Victor que tendría que buscar a su hijo a la escuela.

Entramos, saludamos al médico, Victor le dio la mano y se presentó, antes de empezar la sesión interviene él para preguntar por la hora en la que saldríamos ya que su hijo salía de clases a las doce.

- No se preocupe- dijo el médico- antes de las doce ya ella está libre y podrá buscar a su hijo, a tiempo, ¡Ahora sí, empezamos la sesión! Háblame de tu acompañante, Eva, y siéntense por favor.

- Él es Victor Alejandro, es un taxista que conocí el día de nuestra primera sesión y ese mismo día en la noche...

- Nos hicimos pareja, por decirlo así- continuó él.

- Exacto- respondo- no nos habíamos detenido a pensar en lo que somos.

- ¿O sea que han mantenido un vínculo aventurero que se aceleró desde el primer momento que se conocieron?- Asintió con la cabeza.

- Por decirlo así, pero no exactamente aventura- aclaró él- en realidad solo nos hemos dejado llevar por lo que sentimos, es como si nos conociéramos de toda una vida y estuviéramos reencontrándonos luego de un tiempo. Otra cosa: Estoy acompañándola porque yo tengo flashbacks de cosas relacionadas con el fuego y las he dibujado, ella vio mis cuadros y tuvo un episodio... Tengo sospechas de que, si eso de las vidas pasadas es cierto, ella y yo nos conocimos antes y por cosa del destino nos hemos reencontrado. A mí no me afecta como a ella, pero igual quiero descubrir qué hay detrás de mis visiones y de sus pesadillas, si son sobre eso.

- Sí, ustedes tuvieron afinidad y afectividad en esa vida pasada, es probable que incluso vivieran juntos, ¿No han compartido en la casa del otro y notado que son muy cercanos a pesar de que tienen una semana quedándose en la casa del otro?

- El primer día nos pasó, al desayunar en su casa, posterior a ello cada quien ha estado por su lado, él con su taxi y yo con mi redacción de columnas.

- Bueno, prosigamos al diván, Eva.

Victor y yo nos levantamos, el médico lleva una silla cerca del diván, posteriormente busca otra, me acuesto en el diván, el doctor se sentó cerca de mí mientras que Victor se sentó al lado del psicólogo.

- Cierra los ojos y empieza a inhalar con profundidad, hasta que todo el aire se prense en tu estómago. Muy bien, ahora sostén ese aire unos segundos. Exhala. Repitamos esto nueve veces más...- se repiten las nueve veces- ahora que sabes el ritmo, quiero que continúes haciéndolo por tu cuenta... Siente como se relajan tus pies, todos y cada uno de los dedos de tus pies. Siente entumecerse y despejarse la parte baja de tus piernas- y así, mantuvo el ritmo con cada parte de mi cuerpo hasta finalmente terminar- contaré del diez al uno, mantén el ritmo mientras sientes como te transportas, como en la relajación de trasladas... Diez, nueve, ocho, siete, seis, tu mente se dispersa, tu alma se traslada frente a una puerta blanca, igual que todo lo que te relaja. Cinco, cuatro, tres... Si necesitas regresar, solo abre los ojos- dos, uno. Abre esa puerta blanca y dime, quiero que me vayas diciendo todo lo que te encuentres en el camino, Eva.

¿Por qué las personas desarrollan problemas de salud mental sin haber tenido antecedentes genéticos ni experiencias significativas que hayan desatado esa enfermedad? Es mi caso, yo tengo una vida muy corriente, muy normal y promedio, no fui separada de mis padres ni viví un trauma en la infancia, la adolescencia tuvo sus cosas pero esa etapa es así por lo general, pero entonces ¿De dónde salen mis problemas de salud mental? Es la pregunta que evoca mi mente.

Las teorías de este agradable sujeto apuntaban a que viví algo traumático en mi vida pasada, y sí, probablemente es así.

Un paisaje viene a mi mente, era un patio, un jardín en los lados de ese patio, era el patio de una enorme casa y unos niños corriendo, veo también una silueta con mi rostro y mi cuerpo, pero con una vestimenta muy fea, un vestido beige manga larga y una especie de velo pequeño, vestida de mujer pobre, quizá lo era.

No mostraba indicios de verme, se veía ahí, en ese sitio, a diferencia de mí que solo era una espectadora en ese sitio y en ese momento, ella mira hacia un lado y sonríe, se acerca a un hombre... ¡No puede ser, es mi compañero de trabajo! El que llegó y no me agradó. La veo recibirlo con calidez, se toman de las manos y empiezan a conversar como confidentes, ella le muestra de repente un anillo en su dedo índice, él empieza a mostrarse tenso, en desacuerdo con ese anillo ahí.

Antes de replantearme el significado de eso, él se pone de pie furioso, los veía hablar pero no podía escuchar lo que decían.

- ¡No oigo!- Exclamo- ¿Qué están diciendo?

Pero yo no estaba en ese lugar, por supuesto que ellos no se darían cuenta de que yo estaba hablando.

Él la abofetea, aunque no escuché el sonido de la cachetada, sí vi la dureza con la que lo hizo, ¡Despiadado! De manera inmediata me lanzo a atacarlo, ¡Mereces morir! ¿Cómo te atreves a pegarle a una mujer? Específicamente, ¡¿Cómo te atreves a pegarme?! Pero no logré caer encima de él, fui colocada de nuevo en donde estaba contra mi voluntad, pero opté por no resistirme, me he movido muy bruscamente.

La veo mirarlo indignado, él niega con la cabeza mirándola decepcionado. Ella se va corriendo de ese lugar y él se queda ahí, quieto.

Empiezo a caminar para perseguirla, esta vez logrando moverme, quizá cuando me lancé pasó algo y ahora como me muevo de manera diferente no está pasando nada.

Justo entonces mis oídos se conectan con el sitio, esta vez cambiando de hora, era el mismo patio pero de noche. Ella llega de nuevo.

- ¡Miradla, la hora en la que la zorra de mi hermana llega!

- ¡Dejad de inmiscuirte en mi vida!- Exclamó ella- ¡Me voy a casar con él, le parezca o no!

- ¡Tú con quien te tienes que casar es con el conde, no con ese pueblerucho! Se lo voy a decir a la madre superiora, ¡No te va a dejar salir de este orfanato!

- ¡La madre está de acuerdo! Hablé con ella, el amor siempre gana por encima de todo, hermano.

- ¡Pero no por encima de mi correa!- Exclamó mientras se quitaba la correa, viendo a su hermana con ojos enojados- ¡Necesitas una buena mortificación corporal, así que yo te la voy a dar!

Ella salió corriendo aterrada, pero entonces un grito lejano se escucha.

- ¡Basta!- Exclamó, volteé yo, volteó ella y también lo hizo él. Eran tres monjas, la del medio era la que tenía la mirada autoritaria que coincidía con ese exclamo- Hijo, su hermana no se va a casar con el conde para sacarte de aquí, ¿Por qué no puede usted ser agradecido? Aquí nunca le faltó el pan, el agua, un techo y una cama, no sea tan déspota con su hermana y déjela casarse.

Miró enojado a su hermana.

- ¡Muy bien, tú ganas! Pero no olvides esto que te voy a decir: Ganaste una batalla, no la guerra, en cuanto el conde se entere va a asesinar a tu sarrapastoso, ¿Me oyes? ¡Nunca van a estar juntos!

De repente, la imagen de ella se corrompe: No era yo. Era una mujer hermosa, pero no podía dar con sus facciones.

- ¡Pues si en esta vida no nos amamos, será en la otra!

Veo al animal salvaje de su hermano irse refunfuñando, veo a la monja abrazar a esta chica que resulta: No soy yo.

- Venid, hija mía, no lloréis...- la consuela la monja.

- ¡Voy a matar a ese conde si se atreve a intentar matar a Ernesto!

- ¡No, hija mía! Matar es pecado, vamos a la capilla para que oréis y pidáis perdón.

- Está bien, madre.

Dichas esas palabras, ambas se van del lugar y todo se oscurece, poco a poco a mi alrededor se va evocando una tercera imagen, era yo... Estaba encerrada en una choza, veía desde la ventana a la gente corriendo desesperada, mi audición va regresando y escucho el salvaje estruendo de las llamas, veo a mi alrededor, todo era fuego, todo era llamas, empecé a gritar y a buscar una salida pero no la había, pedía ayuda pero nadie me oyó, el olor que generaba la combustión me cortaba poco a poco la respiración, sentí una fuerte presión en mi cabeza mientras no dejaba de llorar, veo escombros detrás de mí caer y crear una explosión, cada vez se acercaban más.

Veo la sonrisa de ese hombre, cuyas facciones no puedo reconocer ni describir, lo que sí noté fue ese gesto lleno del placer que le hacía sentir verme en esa situación, veo al otro lado un hombre desesperado llegando a la escena, lo último que pude distinguir fueron los escombros caer encima de mí, pero antes de que estos hicieran contacto conmigo me concentro, cierro los ojos para posteriormente abrirlos aterrada y sudada.

Mi vista estaba borrosa, todo se veía con dificultad pero fácilmente pude distinguir el lugar en el que estaba, lo hice apenas mi campo visual se aclaró.

Veo a Victor mirándome asustado, veo al médico manteniéndose al margen de la situación, poco a poco voy sintiendo el ritmo de mi respiración así como también los latidos de mi corazón.

- ¿Qué tal fue la experiencia?- Preguntó el médico, parpadeo unas cuantas veces antes de sentirme lo suficientemente consiente para responder.

- Fuerte- fue lo único que pude decir en ese momento.

- ¿Recuerdas algo de lo que viste?

- ¡Todo, absolutamente todo! Incluso reconocí el último recuerdo, ¡Es mi pesadilla!

- Te fui haciendo preguntas mientras estabas en tu inconsiente, por supuesto que no las recuerdas porque en ese momento estabas ahí y ahora estás aquí, consciente. Tengo una grabación del audio de tus respuestas, si quieres oírlo en este momento... ¿O después?

- Por favor, después- le ruego- he recibido demasiada información hoy, necesito parar esta sesión, quiero vomitar.

Y fue inevitable, dicho y hecho, tres segundos después de haberlo manifestado ¡Ocurrió! Vomité el suelo.

- ¡No te preocupes, cariño! Una de las encargadas lo limpiará.

- De acuerdo- dije- Victor, ayúdame a levantarme por favor- dicho esto, miro al médico- gracias por su tiempo- Victor se levanta y me ayuda a incorporarme, poco a poco.

- ¿Cuándo sería la próxima sesión?- El médico me hace un escrito, lo firma y lo sella para posteriormente entregármelo, sin embargo es Victor quien lo recibe ya que yo estaba todavía desecha por la sesión brutal de hoy.

Victor y yo vamos caminando, optamos por las escaleras porque si usaba el ascensor volvería a vomitar, probablemente. Seguimos caminando hasta estar finalmente frente al carro.

- Eva- dice él, una vez que llegamos al sitio anteriormente expuesto- tengo bolsas de vómito, móntate en el copiloto y ten una...

- De acuerdo. Buscaremos a Victor Andrés, ¿Verdad?

- Correcto- me responde mientras daba la vuelta para sentarse en el puesto del conductor.

En el camino vamos conversando de todo tipo de temas mientras oíamos música alegre, poco a poco los síntomas de vómito desaparecieron, técnicamente con la ambientación que Victor creó, Sonrío sintiéndome más radiante que nunca y algo nuevo vino a mi mente:

Era ella, quien era antes yo, con un cintillo de clinejas y su clásica ropa pobre y vieja entre blanca y beige, él montándola en un caballo, ambos sonriendo y compartiendo un romántico beso.

- Tuve una visión de nosotros, Victor- le digo.

- ¿Freno el carro?- Me río a carcajadas como respuesta.

- ¡No! Fue algo hermoso- le comento- tú, montándome en un caballo, riéndonos, hablando y besándonos, así como hoy, pero aquí estamos en carro y sin besarnos.

Lo vi ido, como si estuviese procesando algo, antes de detenerme a pensar en su creencia de que estoy loca me responde:

- Quiero verte ese peinado, el pelo suelto y un cintillo de clinejas, seguramente debes verte igual de hermosa que en aquel entonces- me dijo. El semáforo se puso en rojo, aprovechó la ocasión para tomarme de la barbilla, girar mi rostro y aproximar sus labios a los míos.

Fue un beso de unos segundos, al separarnos nos miramos y nos reímos de una forma adorable antes de volver a besarnos, por pocos segundos también. Al separarnos de forma definitiva me guiña el ojo, se queda mirando el semáforo hasta que finalmente, este se vuelve verde.

Cruza esa calle hasta llegar a la escuela, ahí se estaciona, a los segundos lo veo por primera vez: Era un niño pequeño, corría con una alegría que no sabría describir en palabras, con una inocencia y dulzura que en definitiva eran inigualables, flaco, de baja estatura, de cabello oscuro al igual que sus ojos. Victor se baja del carro para recibirlo, lo carga y lo eleva dándole vueltas, Victor padre y Victor hijo, una unión que no sabría describir en palabras, tras ese abrazo tan sublime, lo baja de sus brazos y cada uno abre la puerta que le correspondía para montarse.

Entonces, sus juguetones e inocentes ojos llenos de curiosidad se cruzan con los míos, su expresión cambia, parecía mostrar indicios de miedo.

Vino a mi mente el sonido de las llamas ardientes y fúricas, ¿Pero por qué? Al montarse Victor Alejandro, el padre, mira a Victor Andrés, el hijo, consternado por ver a su niño con una expresión de miedo.

El mismo miedo que yo estaba en ese momento experimentando.

- ¿Qué pasó, pequeñín?- Le pregunta su padre.

- No- le responde con un tono de voz agudo, tierno e infantil, incluso sonaba con algo de ronquido- no es nada, ¡Papi, cómprame pizza! ¡Por favor, papito bello, quiero pizza! ¿Puedes, sí, por favor?

- Victor, tú sabes que...

- ¡Pizza, pizza, pizza!- Tras ver a su niño exclamando con esa expresión facial, tragó saliva- ¡Deberías ver las notas que colocó mi Maestra! ¡Me merezco esa pizza, papito!

- Vamos, Victor- insisto, en pro del niño. Victor Alejandro me mira como si quisiera ahorcarme, por conspirar en su contra- se lo ha ganado y si estás corto de dinero, yo invito.

- Bueno- dijo Victor- pero no te preocupes por eso, sí puedo pagarlo, aún así... acepto si Eva viene, ¿Qué dices, Victor?- Vi la expresión de incomodidad formada en su rostro.

- Yo creo que...- empecé a titubear. No le agrado al niño, lo supuse, será muy incómodo acercarme a Victor si a su hijo no le agrado, lo mejor definitivamente será tomar mi camino, alejarme de esta familia. Aquí no hay un lugar para mí, aunque quiera creer que sí.

- ¡Adelante!- Exclamó, me sorprendí al sentir su aceptación- nada de lo que haya pasado en otro plano debería influir en lo que pase en este.

- ¿De qué hablas, pequeñín?- Preguntó.

- ¡En mi mundo imaginario las chicas como ella son malas! ¡Pow, pow, pow!- Exclamó, haciendo una pistola con sus dedos y jugando a disparar- Pero ese es un plano, este es otro, y sé que ella no es mala, si lo fuera no te habría convencido de que comamos pizza.

Así se gana la confianza de un niño, es gracioso lo fácil que puede ser que ellos te abran su corazón y el que se aproveche de eso para herir a estos pequeños descendientes de los ángeles, es un ser desalmado que merece la más desdichada muerte.

- Está bien, pero pequeño- digo dirigiéndome a él- no te obligues a sentir agrado por mí. Te tengo una propuesta: Compramos pizza y comemos en mi casa, tocaré el piano para ustedes, te aseguro que luego de eso te pareceré agradable sin que te forces.

- ¡Sí, papi, di que sí, quiero escucharla tocando el piano! Aunque... Dime cómo se llama y de dónde salió.

- Ella es Eva- dijo Victor Alejandro- Le hice una carrera hace una semana... y estamos saliendo actualmente.

- ¿Te gusta?- Preguntó curioso y alegre- ¿Se van a casar?- tanto él como yo nos reímos, yo lo hice porque la pregunta me apenó, aparentemente a él también le dio pena.

- La estoy conociendo, hasta donde van las cosas es mi futura novia, ¡Es que mírala, es hermosa!

- Sí, lo es- afirmó el pequeñín- me muero porque un día vayamos los tres y le muestres a mamá que sí lograste ser feliz con otra que no fuera ella, en el cielo sentirá tranquilidad.

- Amor- le dice, dado a que el comentario que acababa de emitir había creado la atmósfera más incómoda que había tenido- la chica que lleve a conocer a mami es porque ha perdurado con el tiempo.

Llegamos al restaurante, Victor estaciona el carro y nos bajamos los tres, solicitamos una pizza para llevar y la esperamos el tiempo que hizo falta mientras que Victor Andrés jugaba con su robot, lo había sacado de su bolsito escolar.

Una vez listas las pizzas, Victor maneja hasta llegar a casa.

Estaba yo frente al piano, Victor Alejandro sentado en la cama mirando hacia donde estaba yo, Victor Andrés de pie cerca de mí y del piano, le llamaba mucho la atención. Mis manos se quedan congeladas a pocos centímetros del piano, hasta que rompo el hielo y empiezo a tocar, desde la primera tecla, hasta poco a poco crear esa atmósfera maravillosa que solo con la sinfonía de un bello piano podría lograr.

La melodía que toqué fue la que tuve en mente, la que oí en mi primera visión.

- Definitivamente- dijo el pequeñín- tú eres buena. Tú, la que está aquí frente a mí, es una buena chica. No dejes a papi solo.

                         

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