Me niego a montar en moto con él.
Siempre ha sido un enfermo por esas máquinas del demonio y sentarme atrás de él, abrazada a su cuerpo es lo último que me apetece.
-¿Me tienes miedo, petite? -me pincha porque sabe que soy de retos y me ofrece el casco -seguro eres incapaz de controlarte y me besarás el cuello si te montas, ¿ es eso?
Yo estaba en medio de la pista con las manos cruzadas, viendo como sus muslos fornidos se apretaban a la moto y su cuerpo poderoso se inclinaba sobre ella, esperando por mí, que empezaba a dudar hasta de mi capacidad de soportar aquella presión que suponía su cercanía. El sonido que hacía la máquina era tan seductor como su dueño.
-No te he tenido miedo antes, imagínate ahora que te detesto -desvié la mirada. Le escuché resongar.
-Sube Claire, no voy a dejarte aquí y nadie vendrá a esta pista hasta mañana cuando me vaya a Nueva York. Entre tu y yo, ha quedado claro quién es el mentiroso. No hay nadie más que yo para sacarte de aquí. Vamos. Sube...
Le había dolido lo que le dije, pero mantuvo la terquedad.
-Has traído la moto a propósito. Sabías que me molestaría -le reclamé.
-Tienes diez segundos para subirte. Y ya son ocho -miró hacia el casco en su mano y aceleró para condicionarme.
Resoplando arranqué el casco de su mano, me solté el pelo y lo revolví bajo su abrasadora mirada y luego me subí detrás de él porque sabía que la mejor manera de acabar con aquello era cediendo. Jhonny era capaz de todo cuando se proponía algo y mientras más elementos le diera para jugar, mayor sería el desafío para él.
Tal y como ya sabia, tocar sus hombros y acomodar mis muslos a los costados de su cuerpo, nos hizo respirar hondo a los dos y le escuché jadear un poco cuando me apreté a su espalda y le incrusté las tetas entre los pulmones. Quería que sufriera. Y lo estaba consiguiendo, aunque la honda era expansiva. Yo también estaba excitada.
-Cuando te folle de nuevo -prometió acelerando en seco -vas a matarme. No tengo dudas. Será mi fin. Estoy enloqueciendo petite y no te he tocado.
Soltó el embrague de la moto provocando que la velocidad que tomamos fuese casi sobrehumana y me aferré a su pecho con mis manos, sintiendo los latidos desbocados de su corazón en mi palma abierta.
No contesté nada porque me perdí en el calor que me ofrecía su espalda contraída por la postura de manejar aquella potente moto.
Le oí suspirar cuando pegué mi mejilla a ella, y es que yo en cambio quería gemir. Era una traición a mi misma pero no podía evitar sentirme así.
Respetó el cómodo silencio que sopesamos todo el camino a la casa de campo de sus padres y le imité porque no sabía que decir y en cambio, temía por las cosas que quería hacer.
Llegar a la finca fue como un viaje en el tiempo. Un regreso a esos momentos en los que fuí feliz con él y nuestras familias disfrutaban juntas del amor que nos teníamos. Volver a ver aquella carretera un poco angosta que nos llevaba a la enorme casa, me supo a nostalgia y al parecer a Jhonny también porque se detuvo en el mirador del valle en el que siempre parábamos y al que tantas veces escapamos para ver hermosos atardeceres y hacernos el amor.
Ninguno de los dos dijo nada. Solo nos quedamos sobre la moto, abrazados mirando hacia el pasado desde el penoso presente.
-¡Ay, mi niña!...no sabes que emoción volver a tenerte aquí. Dios sabe qué he rezado por ello Claire, abrázame.
Nora, la madre de Jhonny, era de las personas más cálidas que había conocido a lo largo de mis treinta y dos años. La adoraba tanto como ella a mi y aunque me dolía, siempre había mantenido una comunicación con ella, a pesar de ya no ser la novia de su hijo. Eso sí... jamás tocábamos ese tema así como tampoco me había atrevido a venir a verla, aunque ella sí me había ido a ver algunas veces a Miami.
-Joder tía, que buena sigues estando. ¡Cómeme los morros!...
Mientras abrazaba a Nora, Jackson, el hermano mayor de mi ex, y dueño del hotel en el que me hospedaba me daba la bienvenida, siempre con su particular humor.
-O saludo a tu hijo, o seguirá dando por saco. Estoy feliz como tú, Nora. Ha pasado tanto tiempo.
Me separo de ella para caer en brazos del que fue el mejor cuñado del mundo y así fui pasando de unos a otros hasta pasar de Janine a Sienna, la novia de Jack y finalmente ser devorada por el enorme abrazo de oso de Jhon, el patriarca de aquella hermosa familia.
-Quiero que vuelvas. No sabes cuánto...
Esas simples palabras que encarnaban tanto, me las susurró Jhon a modo de saludo, y me llegaron desde el oído directo al corazón.
La familia sabía lo que había pasado pero nadie parecía querer darle la importancia que tenía el tema, al menos para mi, por el hecho de sentir como yo, que lo nuestro había sido único y debía ser trascendental aunque no haya podido ser así.
Dos horas después ya estaba instalada en la habitación de Janine, ella quería dormir conmigo y ponernos al día, llevábamos tres meses sin vernos y según ella, había novedades.
Nora y Jhon habían montado una barbacoa en el patio que daba a un lago fabuloso y no habían querido que nadie del servicio estuviese en la casa, solo nosotros pasaríamos la noche juntos allí, como la familia que un día fuimos y a la que yo ya no pertenecía.
-Él te quiere, Claire. Sigues siendo su petite -apuntó Janine mientras me ponía una camiseta de los BSB, que adoraba a pesar de los años.
-Tenía que haberme querido aquel día nena, no vayas por ahí -le pedí mientras me caía sobre la cama tratando de meter el pie en mis botas.
-No sabes porqué hizo lo que hizo.
-No, tienes razón -mascullé soltando mi pelo, no me pondría nada más -pero sé que lo hizo, y eso, no me lo puedes refutar porque yo lo vi. Nadie me lo contó.
-Te aseguro que no es así, pero...-ella me tomó de la mano y tiró de mi mientras tomaba mi móvil para sacarme de la habitación -te lo quiere contar él y por eso, me tengo que callar pero quiero que se perdonen. Lucharé por ello. Y no me digas nada porque sé que lo conseguiré.
La siguiente hora la pasé esquivando sus miradas.
No paraba de mirarme las piernas, a pesar de que la camiseta me llegaba al final de los muslos y casi se unían a mis botas pero algo le llamaba la atención y no dejaba de hacérmelo notar.
La comida fue una delicia y volver a estar con ellos, reírme de las ocurrencias de Jackson y dejarme mimar por Jhon y Nora, fue tan liberador y caluroso, que me olvidé de la verdadera relación que tenía con su hijo.
Para él fue raro supongo. No dejaba de mirarme y pasaba ratos frente a su móvil, se mantenía muy callado y solo Sienna lograba sacarle palabras. Me estaba volviendo loca de tanta presión visual que me hacía.
Cuando sentí que no podía más, y el vino me había vuelto más valiente, tomé mi teléfono y le envié un mensaje. Lo tenía agendado como, Touche me. Siempre fue así y nunca lo borré de ese nombre en mi nube. Era algo nuestro.
*Deja de mirarme así *
Sonríe divertido y su expresión cambia de atormentada a seductora. Se mordió un labio y me hizo un pequeño guiñito de ojo. ¡Maldito Jhonny!
Le veo teclear y miro mi teléfono ansiosa porque sé que responderá.
*¿Cómo te estoy mirando, petite?*
Su madre y su padre pican el pastel y lo reparten entre todos mientras nosotros jugamos a un peligroso y morboso juego que no deberíamos permitirnos.
*Sabes que tu lascivia te delata. No finjas. Déjame en paz ya. Ni me mires *
Se mordió los labios mientras me veía leer su siguiente mensaje....
*Y, ¿si mejor te toco ?
¡Basta!
Esas palabras se dibujan en mis labios y él las sabe adivinar y niega en repuesta, se muerde duro los labios y deja que se arrastren entre sus dientes escapando. Me quiere seducir y siento entre mis piernas que lo consigue incluso sin tocarme.
He iniciado un equivocado juego en el que sé que llevo las de perder, debía ignorarlo y sin embargo lo provoco. Soy una loca.
*Tus pezones se han puesto duros. Mmm, que ricos*
¡Hijo de la gran puta!
Me miró la ropa y tiene toda la razón. Hasta mi cuerpo se gobierna y me desobedece.
Me levanto de golpe para salir azorada de la estancia y no sé si los demás se han dado cuenta pero huyo como una enferma al baño. Necesito poner orden en mi cabeza y en mi cuerpo. Soy tan idiota...
Corro por el hall hasta el baño del lateral de la casa en la planta baja y entro a toda velocidad apresurándome a poner pestillo para tener privacidad y controlarme, pero es demasiado tarde.
Su mano alcanza la mía, me toma de la muñeca y sin que lo vea venir me empuja contra la puerta del baño tomo mi rostro y me besa como si al día siguiente no fuésemos a despertar y el mundo se fuera acabar.
Aunque en realidad, es su boca la que hace que mi mundo desaparezca.