No se ni lo que pienso porque no me deja pensar. Me abraza de la cintura y me encorva con su propio cuerpo buscando profundizar aquel beso que es demoledor para mí y que aunque quiero pararlo, no me siento capaz.
Aprieta mis nalgas y se me sube la camiseta, colando una mano por entre mi tanga y tocando piel prohibida, piel hirviendo y latente... es cuando me levanta una pierna y me acomoda sobre uno de los lavamanos, con una pila clavándose en mi espalda y yo solo siento como tira de mi y me pone al borde, abierta de piernas y pegada a su erección atrapada en sus jeans.
¡Joder, que calor!
Aprieta la piel de mis caderas, se desquita con mis muslos también y tiro de su pelo. Me falta el aire. Me muerde los labios. Vuelve a besarme y le aprietan mis piernas alrededor de su cintura. Estamos poseídos y ninguno quiere parar.
-Touche me, petite...
Me habla en inglés, y francés. La misma locura que hacía cuando éramos felices desde el mismísimo día en que lo conocí.
Petite significa pequeña en francés y touche me es su código para que lo toque, siempre lo decía y juraba que impediría siempre, que yo dejara de hacerlo.
Sin embargo esto último se le dió fatal porque fue él mismo quien me obligó a lo contrario.
-Para, Jhonny, para...
Le suplico empujando su pecho y abandona por completo mi boca para apoyar su frente en la mía. Jadeantes los dos.
-Me estaba volviendo loco el recuerdo de mi boca paseando por esas piernas que escondes en tus botas. Petite, te deseo y te quiero. Yo...
-No sigas, Jhonny -le detengo y me mira confundido, coloca las manos a los lados de mis muslos -sé que te estoy confundiendo, perdóname ha sido... no sé lo que me ha pasado.
Me excuso como puedo y me bajo del lavamanos. Él me ayuda y luego se aleja.
-No me confundes, Claire -refuta recuperando la compostura y no puedo evitar mirarle el paquete -sé cuánto me deseas y aún me amas nena, es solo que necesitas tiempo. Pero no puedo dártelo... te quiero de vuelta y te quiero ya.
Sin que consiga acotar absolutamente nada, sale del baño con los labios separados de la agitada respiración, su pecho subiendo y bajando descontrolado y yo me miro al espejo para encontrar mi rostro rojo de la lujuria y la boca hinchada del contacto con su fina barba que mis labios extrañaban.
-Cuéntame cómo van las cosas por Miami. Quiero saberlo todo -Nora me ofrece una nueva copa de vino y no la rechazo por educación pero no pienso tomármela, sé que podría ser demasiado.
Nos vamos nosotras solas hasta el columpio para dos del jardín y nos sentamos allí a conversar.
-Me gusta el clima, amo la playa y mi penthouse es todo un lujo, pero...
Me detengo suspirando con tristeza. Siempre amé vivir en Nueva York y estaba muy cómoda con la vida que tenia aquí. Irme fue tan difícil como aceptar el engaño.
-Pero no estás competa.
Ella concluyó aquello que no quería decir, ni tampoco reconocer.
Cuando me fuí obligué a mis padres a mudarse conmigo. Ellos van donde yo vaya y mientras más lejos de él, mejor.
-No vamos a volver, Nora. No te ilusiones con algo que no podemos arreglar -ella miró su copa y pasó el dedo por el borde, pensativa.
-Él me prometió que lo va a arreglar contigo. Te quiere.
-Lo sé -acepté por primera vez en mucho tiempo -pero Jhonny no sabe quererme bien. Me quiere, lo he notado y me extraña, pero el amor es más que eso y yo ya no quiero que me quieran Nora, yo estoy esperando alguien que me ame.
Supongo que ambas decidimos limitar el resto de la conversación a los temas que podíamos manejar a distancia de la relación con Johnny, porque no queríamos estropear la velada tratando de explicarnos algo que ya no tenía remedio y puede que tampoco explicación.
No puedo negar que aquella fue una magnífica noche en la que me sentí plena. Llena de una energía que ellos siempre me daban y que no sabía que había extrañado tanto. Su familia siempre fue mi familia y así se sentía él con la mía, no había duda de eso.
A pesar de todo, mis padres no llegaron a odiarlo porque no podían creer lo que había sucedido. Decidieron darle el beneficio de la duda, nunca entenderé por qué, teniendo en cuenta que yo vi lo que tenía que ver para creérmelo, pero para ellos era diferente y en el fondo mi vida entera he sido una defensora del respeto a la opinión ajena, ellos podían creer lo que entendieran y yo lo que había visto. Yo tenia de ellos el apoyo que necesitaba, y lo que habitara en sus mentes, era cosa suya.
El resto de la familia fue como siempre había sido, unos locos empedernidos que me hacían sentir una niña chica en medio de un parque de atracciones. Jugamos de todo, hasta monopoly y al final de la madrugada, solo quedamos Jhonny y yo, sentados uno frente al otro, en dos sofás del salón, siendo incapaces de dejar de mirarnos a los ojos.
-¿Vas a escucharme ahora? -preguntó y yo no dije nada -puedo mirarte el resto de mi vida y ser feliz con eso. Me hace sentir que te tengo, que vuelves a entregarte a mí -me estiré y prendí un cigarrillo de Janine -pero quisiera que supieras la verdad.
-No puedes contarme verdades que tus mentiras le mostraron a mis ojos. Perderías en el intento por convencerme -inhalé profundamente y luego exhalé todo el humo.
-Hubo una época en que amé verte fumar. Es erótico en tu casa.
Ambos sonreímos. Fuimos muy amigos antes de ser pareja y teníamos tanta historia juntos que dolía más todavía aquel final.
-Ya no fumo -confesé echando ceniza en el cenicero y cruzando los pies a la altura de los tobillos sobre la mesa que nos separaba.
-Lo sé... me alegro.
-Me has mandado a vigilar. No puedo creerlo.
Lo sospechaba a ratos, pero sus comentarios tan al corriente de mi vida me lo aseguraron.
Me da ventaja el que lo haya hecho en su momento, cuando era una adolescente y me fui de casa una semana enfadada con mi mamá por no dejarme pintar el pelo de verde. Él contrató un detective para que se asegurara de que estaba bien. Años después seguía trabajando para él, lo había visto un par de veces por Miami.
-Quería recuperarte. Necesitaba saber que estabas bien y que no había nadie. Que seguías siendo mía -su seguridad al hablar era aplastante. Ni pestañaba. Solo bebía su trago.
-Tres años, tardaste -dije y sentí que sonaba a reclamo, volví a inhalar -supongo que no tenias prisa por recuperarme.
-No me hables así. Creí que me habías engañado con Malcolm. Tuve mis motivos.
Esa simple frase estropeó la magia extraña que habíamos creado.
Cada momento que habíamos sido amigos los tres se empañó por unos estúpidos reclamos, absurdos de hecho, con los que cobardemente pretendía justificar su infidelidad a cambio de insultarme con una suposición así de repugnante.
-No voy a permitir que te atrevas a acusarnos a ninguno de los dos de algo así. ¡Capullo de mierda!
Me levanté del sofá lanzando el cigarro por la ventana y eché a andar hasta poner distancia entre él y yo.
Me parecía una brutal falta de respeto que sacara balones fuera.
El hecho de confesar que pensó que me había liado con nuestro mejor amigo, era el primer evidente paso hacia la justificación de su propia infidelidad cuando además de todo había confesado entre sórdidos jadeos, las múltiples veces en que me los había puesto.
Es que quería darme de bofetones.
¿Cómo podía haberlo besado y deseado después de todo aquello?... Es que me revolvía por dentro de pensarlo. Menuda estúpida.
En el mismo instante en que avanzó por el pasillo directa a mi habitación para poner de nuevo mi barrera contra él, me siento levitar y soy consciente de que me ha levantado del suelo y me lleva hasta donde mejor le parece... Su habitación.
-¡Suéltame, Jhonny! -me quejo.
-¡No! -escupe y sigue avanzando conmigo en alto.
Pataleo y le golpeo donde puedo tratando de liberarme pero es demasiado fuerte, demasiado alto y demasiado terco.
Me encierra en su cuarto y cuando pongo los pies finalmente en tierra, voy a abofetearlo y termino recibiendo una bofetada yo, sin manos cuando espeta :
-Ví un video de los dos, follando. ¿ Cómo querías que me lo tomara, joder?
La mano se me queda en el aire y nos retamos con las miradas y puedo observar en su rostro, que no miente. El dolor es indiscutible en su expresión.
-¿Qué has dicho? -pregunto atónita.
Él asiente como confirmando lo que antes ha dicho y yo jadeo asombrada.
-¿Vas a escucharme ahora...?
Suelto el aire de manera brusca y me echo hacia atrás a ciegas, como si tuviera aprendido los pasos de memoria y supiera exactamente donde está su cama. Me siento, cruzo mas piernas y los brazos sobre ellas y ratifico...
-¡Te escucho!...