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Capítulo 8 RECUERDOS O PESADILLAS (1 2)

(JHAZLYM ESCOBAR)

Jhazlym cerró los ojos reviviendo aquella noche, cuatro o tres meses atrás, después que su padre muriera. Arrugo la nariz mientras una esquina de su labio se levantó. «Un corazón destrozado es mucho mejor que la pesadilla que viví noche tras noche», pensó Jhazlym mordiéndose el labio inferior. Un fuerte golpe escuchó cuando aseguró la puerta a sus espaldas, cerró los ojos cuando otro golpe atravesó la puerta, asustando a la niña que se desplomaba en el suelo, mordiendo su labio inferior, arrastrándose por el suelo, escondiéndose debajo de la cama, volviendo a cerrar los ojos, apretándolos y llevando sus manos a sus oídos.

Un culpable no es necesario buscar en esta ocasión porque nadie tiene la culpa de lo que sucedió a su corta edad. Ni su madre, ni tampoco su fallecido padre, eran cosas que necesitaba vivir para que algo mejor venga a su vida, o al menos, eso es lo que se repitió cada día desde sus cortos diez años, pero nadie tiene la culpa.

¿Es oscuro? Claro que sí.

¿Pudo prevenirse? Nadie sabía lo que se avecinaba.

Ni tampoco lo que sucedió después de eso, nadie podía prevenir lo que se avecinaba, y en su proceso, tampoco podía ser asegurado si saldría bien o mal. El resultado, todavía es incierto a estas alturas porque aún sigue sucediendo cosas que vienen arrastrando desde el 2002, el día en que todo inicio. Puede ser que sea desde su nacimiento, pero desde que ella tiene consciencia, es precisamente desde ese momento.

-Todo estará bien... -se dijo así misma en un susurro que apenas se puede escuchar, prometiéndose que pronto terminará todo.

Pero, ¿es lo que sucedería? Ella ruega que sí, pero los golpes en la puerta le dan mucho miedo. Jhazlym realmente está cansada de vivir así. La única pregunta que se hace día con día es cuando va terminar, a esa corta edad aprendió a defenderse con un cuchillo porque tenía miedo que pase a mayores la locura de su abuela.

-Jhaz, abre, soy yo.

Mónica, su nana, dijo en voz baja para que solo la niña escuchará y se tranquilizará o al menos supiera que ya todo estaba en calma. Jhazlym suspiro, aliviada, intentando armarse de valor para salir debajo de la cama.

Después de segundos, interminables para Mónica, Jhazlym salió debajo de la cama, enderezándose temblorosamente en sus pies, torno los ojos hacia la puerta.

Jhazlym, aún con miedo en todo el cuerpo, agarro la perilla de la puerta, apretándola fuerte para después girarla, muy lentamente, quitándole el seguro. Jalo la puerta hacia ella, levantando la mirada hacia el rostro de Mónica, observando el nítido terror en su rostro.

Al menos no fue la única que temía por su vida.

- ¡Jhazlym! -Grito su abuela, reclamando por ella. Jhazlym arrugo la frente y tenso la mandíbula, apretando más fuerte la perilla de la puerta.

-No. No. -dijo Jhazlym en un alarido, cogiendo la muñeca de Mónica, obligándola ingresar a la habitación. Asegurando la puerta una vez más al momento en que la cerró.

«No te imaginas por todo lo que pasé, tanto como tuve buenos momentos, también fueron malos».

Escribió Jhazlym, limpiando las nuevas lágrimas que caían de sus ojos. Mordió su labio inferior cogiendo una vez más la lapicera entre sus dedos, mirando las letras escritas en el papel, leyendo una y otra vez la última línea que escribió.

«El 20 de enero del 2006, murió la mamama; realmente no recuerdo demasiado desde que partiste, es como si lo borrara de mi memoria como arte de magia, muchos dicen que borre o guarde esos recuerdos en algún rincón de mi cabeza. Cuando realmente me pongo a pensar en todas las mierdas que hice y que no debí; si hubiese sido más buena, tal vez la relación con mamá sería mejor, eso sin duda. ¿No? O tal vez no, tal vez si yo hubiese sido todo lo que ella deseaba, hubiese sido más amada por ella, nos trataríamos mejor, tal vez.

O tal vez no.

Me lamento de muchas cosas y es que es inevitable no hacerlo.

Fui mala, muy mala.

Y pude evitarlo.

O al menos eso quiero creer, desde mi arrepentimiento actual no puedo hacer nada para reparar las emociones de las personas que dañe, que cause un gran dolor. Por ejemplo, a mi madre que le hice mucho daño irreparable. ¿Qué puedo hacer ante eso? Nada, pero no me gusta pensar en estas cosas porque me da muchas ganas de querer llorar, desaparecer y fingir que no hice absolutamente nada para lastimarla, pero negar esa realidad, también está mal. ¿Cierto?

Uff, me tiene loca estos temas, por eso no me gusta pensar en eso.

Ese mismo año mamá se enfermó de cáncer y yo no podía con todo eso. Me fui a la casa de mi madrina porque no quería afrontar esa realidad, no quería estar presente en nada, porque no podía ver a mama así, a mi heroína tan mal. Pero tampoco quería saber que alguien más se iría de mi vida, tenía unos doce, o trece años, era muy pequeña para seguir perdiendo personas importantes en mi vida.

Perderte a ti...

Uff, perderte a ti...

Perderte a ti, fue suficiente para mí, perderla a ella, a mi mamá. No es una opción que quiero vivir de ninguna manera. Definitivamente no podía ser testigo de su dolor, su enfermedad y yo que más de una vez desee que se fuera porque rompió la promesa que me hizo: «no permitir que tú te vayas».

Lo sé, fui demasiado tonta en creer en su promesa, en creer que podía ser así, y creyeron que podría manejarlo, pero no, no pude hacerlo, me dolió por mucho tiempo esa decisión, me llevo hacer tonterías solo para vengarme, supuestamente. Ahora, ¿qué se supone que haga? Ella pago las consecuencias de una acción muy infantil de mi parte, por más que fui al psicólogo muchas veces... Nunca lograron quitarme esa mentalidad, ese dolor. Ahora mismo no sé quitarme este dolor, que puedo hacer para que la herida deje de sangrar, se permita cicatrizar. ¿Acaso alguna vez podría cicatrizar como tanto quiero? Me temo que no se pueda hacer como quisiera y es lo más doloroso.

Quisiera retroceder el tiempo solo para que mi madre no sufra nunca más, porque ella no merece esto, jamás mereció que la trate como lo hice y no sé si voy a lograr recompensar por el daño que hice.

Fui horrible ante su vulnerabilidad.

No era la misma mujer fuerte la cual me defendió de tu familia y de su madre.

Yo sabía que no podía verla así y por ello, intente escapar, fingir que nada malo sucedía.

Cobarde.

Eso es lo que fui, no merecía, no merezco estar con vida, no merezco el aire que respiro. Sí, aún me culpo del daño que le hice mientras ella estaba más vulnerable porque la deje completamente sola cuando más me necesitaba, pero es que, ¿yo qué mierda voy hacer ahí metida? No pudo lidiar ni conmigo misma, ni en esa edad y ahora, ¿ser responsable de mamá? Es de locos, pero si me detengo a leer las palabras escritas anteriormente, podrían sonar muy dramáticas para mí asqueroso ser de ahora mismo, pero es tal como me siento, la gran parte del tiempo.

Por no decir; todo el tiempo».

Jhazlym dejó caer el bolígrafo, mordiéndose el labio inferior, cruzando sus brazos entre las hojas y enterrando su rostro en el espacio entre sus brazos. Sollozo, nuevas lágrimas cayeron por sus mejillas, directamente, mojando sus brazos. Suspiro ruidosamente, enderezándose, tallando sus ojos con la palma de sus manos.

Cogió otra vez el bolígrafo, escribiendo sin parar en la hoja que yacía frente a ella.

«¿Sabes? Algo "bueno" sucedió ese año, ese verano.

Conocí al chico que rompió mi corazón por primera vez, quien por primera vez besé. También quien me lastimo los 3 años que convivimos en la misma escuela.

¡Jo! Esto puede sonar ridículo e irónico, pero después de tanto tiempo aun me quiere, loco ¿cierto?»

Jhazlym exhalando un suspiro largo y espeso dejó caer el bolígrafo entre las hojas, desplomando su cabeza en su brazo, apoyando su pómulo izquierdo sobre el dorso de su mano.

Cerró los ojos por un segundo, atrapando el bolígrafo una vez más entre sus dedos, mientras una lágrima recorría la curva de su nariz.

«Día a día me pregunto cómo puedo eliminar lo negativo en mi vida.

Dije que terminaría con todo este dolor, pero es difícil... bueno te contare de André, fue en muchas cosas el primero en mi vida, en muchas cosas, menos en una.

Él fue mi primer beso, novio, también escapadas ¡oh, sí!

Tuve muchas aventuras, también llantos hasta quedar dormida, aunque es lo que hice muchas veces, pero nunca por una ilusión o amor, más ilusión que amor. También en humillarme frente a toda la escuela y otras cosas que aún me molesta».

Jhazlym aliso la minifalda de volantes de un color turquesa, intentando cubrir un poco más de su piel desnuda. La mano broncínea de André se posó en la rodilla de ella, acariciándola suavemente. Jhazlym alzó la mirada hacia André, sonriéndole.

-Te vez muy hermosa.

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