Vermont.
- "Es por eso que te voy a pedir una excedencia, por un largo tiempo"- le dije a la única persona que sabía que no estaba metido en todo esto, mi jefe y mentor Charly Carson.
- "Eso no es una excedencia seguirás trabajando, pero la tramitaré como tal, ya luego se te pagara con retroactividad, cuando se descubra todo. Pero ¿Y no crees que esto deben saberlo nuestros superiores? Es algo muy peligroso, de suma gravedad"- preguntó mi jefe.
- "Eso fue lo primero que pensé, cuando me relataron la historia, hasta que vi la pruebas que la científica asesinada, Vicki Milton, había recopilado, por lo visto tienen gente infiltradas en todos los estamentos, y desde luego que los hay en la policía de Cleveland, en el gobierno, en el ejército, llevan años y años preparando este ataque, y algunos más creando esos microchips, desde mucho antes del ataque de las torres gemelas. Lo tenían todo calculado al milímetro, lo que no esperaban era que una científica, los descubriera, y se dedicara, durante dos años, a recopilar toda esta información que pudiera, mientras creaba un arma para contrarrestar la suya."- le dije sentándome en el sillón de su despacho, con una taza de ese horrible café que mi jefe bebía, en la mano.
- "Pero ¡algo debemos hacer!, no podemos dejar que tú y tus amigos, incluso tu esposa, se..."- lo tuve que interrumpir en este punto.
- "¡No es mi esposa!, no digas eso."- le dije serio mirándole a la cara, mientras cierta sensación de besar y alimentarme del manjar más delicioso y aditivo, que había probado nunca, volvió de nuevo a mis recuerdos. Llevaba dos días sin poder quitarme su calor, su tacto, su olor y su sabor, de mi mente, desde que nos besamos el día de la boda, y eso a cierta parte de mi cuerpo, ya mi libido le estaba sentando como una autentica tortura. De hecho, agradecía que estos días ambos estábamos tan ocupados, que apenas nos veíamos, hasta dormíamos, en casas distintas, pero eso pronto se iba acabar, y la pesadilla empezaría de nuevo.
- "Te has casado con ella de verdad y ante la ley, lleva tu apellido, tenéis un certificado de matrimonio, ¿no?... pues lo lamento por ti, y me da igual tus razones, esa mujer es tu esposa, vete acostumbrándote a que te lo digan, y a decirlo tú, porque legalmente para el estado de Nueva York, y para la mayoría de los Estados de Unidos, incluido el mundo entero, esa mujer es tu esposa. Y no sólo eso, esa mujer es lo único que nos puede salvar a todos, así que tienes, doble trabajo, primero cuidarla y protegerla para que nada le pase, así podéis desactivar la amenaza, y segundo, cuidarla como tu mujer, porque te guste o no te has casado con ella."- me dijo muy serio, más como una orden que como un consejo.
Charly es muy católico, viene de una generación policías de origen irlandés, y se toma muy en serio su religión, y con ello, el matrimonio. Lo miré sabiendo que nada de los que dijera, serviría para, en su opinión, se pusiera de mi lado, así que decidí cambiar de tema, para centrarnos en lo importante.
- "No sé cómo lo haremos, pero te necesitaré en ocasiones, tenemos que saber con quién podemos contar, y con quien no, cuando todo esto salga a la luz, además, de que la empresa de mi padre va a ser utilizada, por los contratos que tiene con el Pentágono desde hace años."- le dije
- "Si, yo me encargo de la policía de Cleveland, y la parte de los jueces, y fiscales, no te preocupes. ¡Ojalá pudiéramos confiar en más personas para esto!"- me dijo.
- "En estas cosas, cuanto menos lo sepamos mejor, ya sabemos cómo trabajan estas células, si ven que van a ser descubiertas, cambian de estrategia, desaparecen y parecen en otros lugares donde vuelven a empezar desde el principio. También necesito que busques a alguien entre la CIA, y el FBI, algún contacto que te de seguridad, y que acepte este plan. Los de esos departamentos de seguridad, no suelen gustarle trabajar con otros departamentos."- le dije.
- "Tranquilo, no os dejaré solos, lo importante es que cuides a esa mujer, es lo único que nos puede librar del horror más absoluto."- me dijo Charly mirándome a los ojos.
Era un joven novato cuando atacaron a las Torres Gemelas, y estuvo allí, viendo lo que el odio y la enajenación, puede hacer, de los afortunados que sobrevivió, y aún, pese a los tratamientos psicológicos, a los que se sometió a todos lo que estuvieron allí, sigue diciéndome lo mismo.
- "Esas imágenes nunca se borran, ni la sensación de que por mucho que hagas, sabes, que no todos se salvarán, y muchos morirán algunos compañeros tuyos, o tú mismo."-
Y eso es lo que quiero evitar, nadie tenga que vivir esa situación por ninguna razón.
Sofía.
- "No sé qué deciros, yo no lo veo, sinceramente, las dos saben que soy incapaz de mentir, desde que me llamen por otro nombre que no sea el mío, o intente caminar con esos aparatos de tortura, que vosotras llamáis tacones, con elegancia, simulando ser una modelo, se va a notar por todos los lados. Vamos que nadie es tan estúpido, sólo hay que mirarme, entre el rojo de mis mejillas cuando miento, o me pongo nerviosa, que es lo menos glamuroso que hay en este mundo, además de que camino como una pato mareado, que soy los más parecido a un llavero que a una modelo top, y que finalmente, cuando me llaman Isabel, voy a mirar para otro lado buscándola, ya que no me sentiré aludida, ni hoy, ni en un año, voy a estar lista para hacerme pasara por Isabel. ¿No tenéis algo más sencillo planeado, sin tanta complicación?"- dije medio llorosa, medio harta de las horas que llevaba caminado, por la sala de preparación, de la ONG Samary De Angeleis.
Esta ONG fue creada, por mis dos mentoras, con el dinero que Samary ganó tras denunciar a su antiguo manager, que la explotaba, y se quedaba con todo su dinero. La ONG se ocupaba de ayudar a la nuevas modelos, tanto en asesoramiento legal, como en planificación de su carrera, tiene estilitas y modeladores, que colaboraban, para ayudar a aquellos que empiezan, había desde abogados, modelistas, maquilladores, estilistas, y un sinfín de profesionales, algunos de renombre, que cobrando unos, o de forma desinteresada, otros, velaban por el bienestar de que las futuras y futuros modelos, para que no pasaran por lo que otras modelos, como Samary, pasó hace años.
Y allí estaba yo, mientras miles de profesionales intentaba modificar mi forma de caminar, moverme, maquillarme, peinarme. Mientras una sargenta de hierro, llamada Valerie Martin, lo supervisaba todo, junto a su hija, que miraba a su alrededor, maravillada.
Por otro lado, Samary, caminaba a mi lado para corregirme mi postura, mientas la pequeña descendencia del señor Constantine Nikolaus, o Dante, como lo llamaba el idiota del policía, que ahora, por desdichados lazos del destino, era mi esposo, jugaban en la gran sala con todo lo que tenía el alrededor, ganándose la atención de muchas modelos y profesionales que estaban allí.
- "Tranquila Sofía, las cosas se pueden solucionar, sólo debes tener confianza en ti misma, te aseguro que es difícil, al principio, pero con trabajo y empeño, teniendo claro tus objetivos, hasta una persona, que nunca ha conocido de esto, pronto se adaptadas a los cambios, y aunque no te guste, te sale de manera automática."- me dijo Samary de forma enigmática, por alguna razón, que no entendí, pensé que no estaba hablando de mí, sino de otra persona.
Pero en esto, algo tenía de razón, no lo hacía por mí, yo no era el centro de todo, esto, lo hacía por mi mejor amiga, y por una promesa que le hice, así que tenía que empezar a dejar de quejarme, y darme cuenta de que, si ella sacrificó su vida, para salvar muchas vidas, yo no podía ser menos, así tuviera que salirme llagas en los pies por culpa de los malditos zapatos de tacón, así tuviera que cambiar mi nombre, y transformarme en otra persona, con otra identidad, y otro pasado. Sobre todo, así tuviera que aguantar al ser más estúpido, enloquecedor, estresante, arrogante, mandón, y grosero hombre que he conocido en mi vida, un maldito malote de película, con chupa de cuero, y una moto, que se cree que es un regalo para las mujeres. Me casaría con satanás, con tal de vengar a mi amiga.
- "¿Y hasta te dejarías, tentar por él?"- volvió a decirme esa voz que llevaba días, torturándome, desde que un beso se transformó, en el octavo pecado capital.
Sentir eso, que ese hombre me hizo sentir, tan sólo por un beso, en algunas culturas, seguro era sacrilegio. Estaba siendo seducida de manera descarada, y con todas las agravantes que se le pudieran poner, estoy seguro de que es telépata, y utilizó algún tipo de control mental conmigo, sino no entiendo, como pude reaccionara como reaccioné.
- "Si te quieres seguir engañando, yo no soy la que te lo impida, en fin, tú misma, Sofía Martínez."- volvió a hablar la traidora voz.
Así que decidí acallarla como llevaba haciendo todos estos días, a base de trabajar en mi nueva identidad, hasta que el cansancio, hasta que cayera exhausta en la cama, sola, y sin más pensamiento, que el de querer no despertar jamás.
Y fue así con ese sentimiento, de luchar contra algo que no quería comprender, que en una semana, de prácticamente dormir poco, y trabajara mucho, para crearme una nueva identidad, que Samary rellenaba con su magia con el ordenador, y Valerie, pulía en mi persona, con su grandes dotes de conocimiento de este mundo, como pasé a ser de Sofía Martínez, estudiante del Master de relaciones internacionales, mexicana de veintitrés años, y soltera, a Isabel Rodríguez, ahora Isabel Wilson, mexicana, de veinte cuatro años, casada, esposa del heredero de Wilson Weapons Technology Group, el cual, había estado trabajando en el extranjero en otras empresas de la rama, como alto ejecutivo, donde nos habíamos conocido, ya que yo había hecho trabajo como modelo de anuncios, para alguna de esas empresas extranjeras.
Fue donde, así como nos enamoramos hace dos años, y nos casamos finalmente al pisar de nuevo Estado Unidos, hace una semana y media. Pero ahora, en cinco días, volveríamos a Cleveland para que mi esposo, volviera a retomar su labor, como heredero de la familia Wilson junto a su padre.
Toda la historia se había medido al milímetro, incluso, se había creado todo tipo de pruebas que la justificaran, las empresas para las que supuestamente había trabajado Vermont pertenecían a la familia Nikolaus, eso para la jefa de IMASD de esa empresa y esposa del CEO, había sido un juego de niños, no le costó modificar los archivos internos de la empresa, a las que tenían acceso, y colocar los contratos de trabajo, tanto de mi marido como míos.
Nadie sospecharía nada. Y nuestro plan, en tres días, se iniciaría con la llamada por parte de idiota de Wilson a sus padres, para comunicarles que, no sólo volvía a retomar su papel de heredero, sino que también se había casado con la mujer que amaba.
Tengo que decir, que me encantaría ver esa llamada, sobre todo para saber el nivel de actor, que tenía ese estúpido, controlador de Vermont Wilson, en fin, ya tendré oportunidades de ver hasta donde es capaz de fingir, pasaremos mucho tiempo juntos, más de lo que mi paz mental me permite, y mucho más del que yo deseo, pero ambos tenemos una misión que cumplir, y eso es lo importante.