Género Ranking
Instalar APP HOT
Mi Vientre, Mi Venganza
img img Mi Vientre, Mi Venganza img Capítulo 3
4 Capítulo
Capítulo 5 img
Capítulo 6 img
Capítulo 7 img
Capítulo 8 img
Capítulo 9 img
Capítulo 10 img
img
  /  1
img

Capítulo 3

El caos del estudio se desvaneció por un instante y la mente de Sofía se refugió en el pasado, buscando la verdad en medio del torbellino de mentiras.

Recordó a Ricardo, no como un amante, sino como el hermano menor de Diego. Lo recordaba de niño, corriendo por los jardines de la hacienda de Don Alejandro, un muchacho con más encanto que sentido común. Cuando creció y se convirtió en "El Rey", el famoso chef, Sofía siempre sintió por él un afecto casi maternal, mezclado con una pizca de preocupación. Era impulsivo, fácilmente influenciable y demasiado preocupado por las apariencias.

Su relación era simple: ella era la esposa de su padre, la madrastra de su hermano. Una figura de autoridad y de confianza.

La imagen de hace dos semanas apareció en su mente con una claridad dolorosa. Ricardo había llegado a su taller de diseño sin avisar, con el rostro pálido y los ojos llenos de miedo. No era el chef seguro de sí mismo que aparecía en televisión. Era un hombre asustado.

"Sofía, necesito tu ayuda", le había suplicado en voz baja, asegurándose de que nadie más escuchara.

No le pidió una cita romántica, ni le susurró palabras de amor. Le confesó que tenía una enorme deuda de juego. Le debía dinero a gente muy peligrosa, gente conectada con un tal "El Toro", un nombre que hizo que a Sofía se le helara la sangre.

"Mi papá me va a matar", dijo Ricardo, pasándose las manos por el pelo. "Si se entera, me quitará todo. El programa, los restaurantes... todo. Camila se volverá loca, su sueño es casarse con un Solís exitoso, no con un fracasado."

Sofía sintió una punzada de compasión por él. Vio su desesperación y su inmadurez.

"¿Por qué vienes a mí, Ricardo?" le preguntó ella, con calma.

"Porque tú entiendes a mi papá", respondió él. "Tú sabes cómo hablarle. Diego me dijo que siempre has sido justa. Por favor, solo aconséjame. Ayúdame a encontrar la manera de decírselo sin que me destruya."

Así que se habían reunido un par de veces en lugares discretos, cafés tranquilos donde podían hablar. Ella no le dio dinero. Le dio consejos, le ayudó a estructurar un plan para confesarle todo a Don Alejandro y pedirle ayuda de una manera responsable. Actuó como una madrastra, como una amiga de la familia. Esos eran sus "encuentros secretos". Y el mensaje que Camila había falsificado, el de "Mi Rey", era una burla cruel. Ricardo a veces la llamaba "Reina Sofía" en broma, por su elegancia. Camila había torcido esa inocente broma en una prueba de infidelidad.

El recuerdo se hizo añicos cuando la voz chillona de Camila la trajo de vuelta al presente infernal.

"¡Mírenla! ¡No puede decir nada! ¡La zorra se quedó sin palabras!" gritaba Camila, disfrutando de su triunfo. "¡Se casó con un viejo por su dinero y ahora quiere al hijo joven y famoso! ¡Es una trepadora asquerosa!"

El insulto fue tan bajo, tan vil, que algo dentro de Sofía se quebró. La compostura, la elegancia, la reserva... todo desapareció.

"Camila, ¿de verdad no tienes idea de con quién te estás metiendo?" preguntó Sofía, su voz peligrosamente tranquila. El dolor en su mejilla era un recordatorio constante de la violencia de la que era capaz esa mujer.

"¿Me estás amenazando?" se burló Camila. "¿Tú? ¿Una simple diseñadora?"

"No te estoy amenazando", respondió Sofía, y cada palabra era lenta y deliberada. "Te estoy haciendo una pregunta. ¿Tienes alguna idea del hombre al que llamas 'viejo'?"

Camila se rió. "Sé que es tu boleto dorado. Nada más."

Sofía negó con la cabeza, una pequeña sonrisa triste en sus labios. "Estás tan equivocada."

El estrés, el golpe, la furia... todo conspiró en su contra. Un calambre agudo y terrible le atravesó el vientre. Sofía ahogó un grito y se dobló, una mano instintivamente volando a su abdomen. El dolor era tan intenso que le robó el aliento.

El pánico la inundó, un pavor mucho más grande que cualquier humillación pública.

"¡No... no, por favor!" susurró para sí misma, pensando en la pequeña vida que crecía dentro de ella.

El dolor fue tan abrumador, tan repentino, que gritó, un sonido de pura angustia que silenció al estudio por completo.

"¡Mi bebé!"

Y con ese grito, el secreto mejor guardado de Sofía Ramos fue arrojado a los lobos, en el peor momento y de la peor manera posible.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022