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Amor Traicionado, Venganza Sangrienta
img img Amor Traicionado, Venganza Sangrienta img Capítulo 1
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Capítulo 1

El cuerpo de Liam cayó con un ruido sordo sobre el frío suelo de piedra, el sonido de su cráneo golpeando la loza resonó en la gran sala del trono, un eco final y terrible de su lealtad.

Lord Valerius se quedó de pie sobre él, con el pecho agitado por la furia y el esfuerzo, su espada goteaba una línea carmesí sobre las baldosas pulidas, cada gota era una mancha en el honor de su casa, una marca imborrable de su locura.

"Traidores," siseó, la palabra saliendo de sus labios como veneno, "Todos ustedes son traidores."

Yo flotaba en la esquina de la habitación, una sombra sin cuerpo, un recuerdo atrapado entre los mundos, viendo cómo el hombre que amaba moría por mí, por una mentira que yo había creado para protegerlo.

Mi nombre es Elara, o al menos lo era.

Ahora no soy nada, solo un testigo silencioso de la destrucción que mi sacrificio no pudo evitar.

Todo había comenzado con una muerte, la mía.

Una muerte que Valerius, el hombre que una vez me prometió el mundo, se negó a aceptar como un simple final. Para él, era una traición, un acto de desafío que no podía perdonar.

Su dolor se había torcido en una obsesión fea y violenta, y ahora, buscaba respuestas en los cuerpos de aquellos que me habían sido leales.

Hace apenas una hora, sus guardias habían derribado las puertas de la capilla donde Liam rezaba por mi alma, arrastrándolo sin piedad ante su señor.

"¿Dónde está ella?" rugió Valerius, su voz llenando el espacio sagrado con una furia profana, "¿Dónde escondió su tesoro antes de fingir su muerte?"

Liam, con la ropa rasgada y el rostro ensangrentado, se mantuvo firme.

"Ella está muerta, mi señor," dijo, su voz tranquila a pesar del miedo que debía sentir, "Murió de pena, una pena que usted le causó."

La verdad era mucho más complicada, pero Liam solo conocía una parte. Él creía que mi corazón se había rendido, y en cierto modo, no se equivocaba.

Valerius no escuchó.

Se acercó a grandes zancadas, su imponente figura proyectando una sombra sobre Liam.

"¡Mientes!"

Agarró a Liam por el cuello de su túnica, levantándolo del suelo con una fuerza brutal.

"Ella no era tan débil, ella era una luchadora, y me abandonó, se escapó de mí como una ladrona en la noche."

Vi la confusión en los ojos de Liam, la lucha por entender la locura de su señor.

"No, mi señor," insistió, con la voz ahogada, "Yo mismo la enterré, vi su cuerpo sin vida, sentí el frío de su piel."

Una bofetada resonó en la sala, tan fuerte que la cabeza de Liam se giró violentamente hacia un lado. La sangre brotó de su labio.

"¡Silencio!" gritó Valerius, su rostro una máscara de dolor y rabia, "No te atrevas a hablarme de su piel, no te atrevas a pronunciar su nombre con esa boca mentirosa."

Me retorcí en mi forma etérea, un grito silencioso atrapado en mi garganta inexistente. Quería alcanzarlo, proteger a Liam, decirle a Valerius la verdad, pero no podía. Era una prisionera de mi propia muerte, una espectadora impotente.

La familia de Valerius, dueños de vastos territorios y ejércitos, siempre habían sido orgullosos y despiadados, y él era el peor de todos. Su favoritismo hacia aquellos que alimentaban su ego y su desprecio por cualquiera que lo desafiara eran legendarios. Y a su lado, susurrando veneno en su oído, siempre estaba Seraphina.

Ella entró en la sala en ese momento, moviéndose con una gracia depredadora, sus ojos fijos en la escena con una satisfacción apenas disimulada.

"Mi señor," dijo con voz suave, colocando una mano en el brazo de Valerius, "Quizás él no sabe, quizás Elara fue más astuta de lo que pensamos, ella siempre lo fue."

Liam la miró con odio.

"Tú," escupió, "Tú eres la víbora en este nido."

Seraphina solo sonrió, una curva cruel en sus labios.

"Pobre Liam," suspiró, "Tan leal a una causa perdida, a una mujer que te usó y te descartó."

Fue esa sonrisa, esa mentira descarada, lo que rompió el último vestigio de control de Liam. Con un grito de rabia, se lanzó hacia adelante, tratando de alcanzar a la mujer que sabía que era la raíz de todo este mal.

No llegó muy lejos.

La espada de Valerius se movió como un relámpago.

No hubo vacilación, no hubo piedad.

La hoja atravesó el pecho de Liam, y el grito de rabia se convirtió en un gorgoteo ahogado. Sus ojos se abrieron de par en par, fijos en mí, o en el lugar donde yo flotaba, como si en su último momento, finalmente pudiera verme.

Cayó al suelo.

Y yo me quedé allí, una alma rota viendo morir al único hombre que realmente me amó, asesinado por el hombre al que había intentado salvar.

El legado de mi amor no era la superación, era la sangre en el suelo del castillo. Y esto, me di cuenta con un horror helado, era solo el principio.

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