-Has
estado ida desde que te levantaste, ¿todo está bien? -agaché la
mirada y decido callarme todo lo que el día anterior había pasado
entre Jhon, Malka y ese tal Mijaíl. Sé que no es momento para
preocupar a mis padres, mi papá está en un viaje de negocios, y sé
que mamá se siente triste cuando él no está a su lado.
-Solo
es la escuela mamá, sabes que no me ha ido nada bien en
matemáticas-la mirada de mi madre se ablanda, al menos por el
momento, no sospecha del problema en el que está metida su hija.
-Todo
estará bien, cariño... ¿Quieres que vaya a hablar con tu profesor?
Negué
tomándome mi leche-Lo voy a solucionar por mí misma, mamá...
Roberto es algo complicado, pero, sé que todo va a mejorar.
Decidí
esta vez irme caminando hacia la escuela, solo serían unas calles y
esto me ayudarían a pensar qué haré con toda esta situación.
Quizás, Mijaíl solo estaba amenazándome para darme algo de miedo,
o tal vez en cualquier momento vería a una mujer súper hermosa
dispuesta a complacerlo y se olvidaría de la amenaza que me hizo.
Al
llegar a la escuela entró inmediatamente al salón de la profesora
Algarín, la maestra de historia. Ella era una mujer de cincuenta
años muy amable; sus ojos color miel son los más hermosos que he
visto en mi escasa vida y además sus clases eran muy instructivas.
Al
poco tiempo después de mi entrada, llega Malka y Jhon al salón de
clases, Malka como de costumbre se sentó a mi lado, pero, Jhon no lo
hizo esta vez y sinceramente no quise darle importancia y lo dejé
pasar.
-¿Qué
le sucede a Jhon? -le pregunté a Malka. Ella solo ignoró mi
pregunta. A la mitad de la clase la profesora Algarín me pidió que
fuese a la oficina del profesor Roberto, tomé mis cosas con rabia,
nunca desde la entrada de ese señor al instituto nos hemos llevado
bien.
Llegué
hasta el pasillo y me anuncié con la secretaria, esta me hizo
esperar un momento antes de hacerme entrar a la oficina del profesor,
Roberto me miró con desprecio y cerró la puerta con seguro después
de que yo entré.
-¿Dígame
profesor, en que le puedo servir? -le pregunté lo más cortante
posible, Roberto tragó en seco y se relamió los labios.
Mi
mirada se centró en su boca.
-Señorita
Jones, sus calificaciones no son las mejores-ruedo los ojos.
-Profesor
eso no es nada nuevo, ¿para esto me trajo hasta acá? -bufé, la
cara del profesor se tornó dura y pude ver que estaba enojado.
-Esa
no es la manera de hablarme, Jones-me crucé de brazos molesta.
Mis
hombros se relajaron. -Por favor Roberto, dime qué trabajo o que
taller debo hacer para colocarme al día y listo, si eso es todo me
retiro-me doy la vuelta para recoger mis cosas, pero, al tratar de
abrir la puerta siento sus manos rodear mi cintura, por instinto di
dos pasos hacia adelante para alejarme asustada de él.
-Estoy...
Estoy enamorado de ti-me quedé helada por su confesión, los ojos
de Roberto se oscurecieron causando que mi pecho comenzará a subir y
a bajar.
-¿Qué?
-dije volteándome para verlo, su rostro se tornó rojo quizás por
la vergüenza que sentía.
-Desde
la primera vez que te vi, Victoria-, me senté de golpe al escuchar
sus palabras, no podía creer esto.
-¡Deja
de mentir, todos saben que me odias! - él negó con la cabeza
repetidamente.
-Traté,
pero, no puedo Victoria, esto es tan frustrante... Tú eres tan
joven, y yo soy un hombre, pero, eso no me impidió enamorarme de
ti pequeña. ¿sabes
cuantas veces traté de sacarte de aquí? -señala su pecho-. Por
eso intenté mantenerme al margen, no sabes lo loco que me he puesto
cuando Jhon dijo que tú... y él... -El sujeto guardó silencio
cerrando los ojos como si le costara decirlo-, pero, sé que es
falso, tú no eres ese tipo de chicas. Victoria sé que esto es una
locura, pero, solo te pido o más bien te suplico que me dejes
intentar amarte.
Roberto
comenzó a acercarse a mí, estaba aturdida y asustada a la vez. El
profesor era un hombre apuesto, su confesión me cayó como un
baldado de agua fría. Al principio me sentí cautivada al conocerlo,
y bueno creo que todas las alumnas de Madrid High School lo estaban,
pero, luego de ver la forma en como trataba a los alumnos, hizo que
lo bajara del pedestal donde lo tenía. Tiempo después la idea de
tener una relación no estaba en mis planes y mucho menos por alguien
del cual no sentía absolutamente nada, más que asco y repulsión.
-¿Qué
quieres decir con todo esto? -Murmuré intentando ganar tiempo para
poder salir de aquí. Miré todo a mi alrededor, si Roberto Arteaga
deseara hacerme daño, nada podría impedirlo, porque su oficina
quedaba lejos de la entrada a la zona de profesores.