Pero,
yo, Victoria Jones con tan solo dieciocho años, había sido
secuestrada por un mafioso poderoso al cual todos le temían, y fue
en ese momento cuando sentí que mis bragas fueron arrebatadas y un
ardor invadió mi cuerpo moviéndome violentamente.
-¡Aush!
-pronuncié
aterrizando de mis pensamientos. Él solo me miró y sonrió.
Sus
manos viajaron a mis caderas apretándolas fuertemente, su
penetración fue lenta y tortuosa y cuando menos lo esperé se volvió
profunda haciendo que llorará al instante, mis uñas fueron clavadas
en su espalda, pero, al parecer el dolor no le importaba. Mis piernas
peleaban tratando de soltarme de su agarre, al parecer esto le
divertía, ya que sus embestidas fueron más fuertes y la habitación
se llenó de sus asquerosos gemidos. Así que decidí morderlo tan
fuerte que gotas intensas de sangre salían de sus labios y por fin
me soltó.
Como
pude solté la soga que sostenía mis manos, salté de la cama apenas
pude, tratando de recoger la poca dignidad que aún me quedaba, pero,
fue en vano. Sus manos me sujetaron los pies y caí al piso
golpeándome fuerte el mentón, Mijail me jaló hacia él, estando yo
boca abajo. Separó mis piernas y sentí su miembro grande y vibrante
dentro de mí otra vez, su boca viajo a mi odio para quizás
torturarme al escuchar sus gemidos, Mijaíl es
un cerdo que no le importa el sufrimiento de las personas, él no se
conduele de nada, Mijaíl no
tiene corazón.
Mi
cuerpo se movía al son de sus embestidas, mi pecho estaba presionado
por el suelo, sentía que no podía respirar por el peso de ese
bastardo en mi espalda. Mi intimidad dolía, pero, para Mijaíl ese
no era un impedimento, se alzó un poco haciendo que el aire volviera
de nuevo a mis pulmones, sin separarse todavía de mí.
Comenzó
a moverse más fuerte y más violento, sus manos viajaron alrededor
de mi cara para percatarse que no huyera, la fricción de su cadera y
mi pelvis hacía eco en toda la habitación, era un maldito sonido
que creo que me perseguirá por el resto de mis días.
-Maldita
sea Victoria... Ohhh...Ahhh-de
solo escuchar sus gruñidos quería morir en el instante, sin
embargo, para mi suerte, pronto esto acabaría. Luego de algunos
minutos sentí algo caliente inundar las paredes de mi vagina. Por
fin había acabado.
-Fue
mejor de lo que pensé-, dijo sacando su miembro dentro de mí. Me
senté en el piso, mientras él solo se levantaba los
pantalones...-Jamás podrás huir de aquí...
De
repente todo se volvió rojo, mientras grité agitada mirando todo a
mi alrededor. La habitación estaba completamente vacía, Mijail no
estaba aquí y todo
había sido una terrible y espantosa pesadilla.
Mis
manos registraron cada parte de mi cuerpo, un hilo de sudor se
deslizó por mi frente hasta llegar a mi mentón, estaba temblando
asustada porque todo lo que vi en ese sueño se sentía tan real.
De
un instante a otro, comencé a llorar al escuchar el sonido de la
perilla de la puerta de aquella habitación en donde me tenían
retenida, sacudirse cuando alguien intentaba entrar a la fuerza.
Cerré los ojos cuando la silueta de Mijaíl apareció ante mí,
llevaba puesto una camisa negra con tres botones principales abiertos
y unos jeans azules que lo hacían lucir grandioso.
El
mafioso borró cada expresión de su rostro, al verme echa un ovillo.
-¿Qué
pasó?
Para
mi sorpresa, el ruso dejó caer la bandeja de comida que sostenía
entre sus manos y corrió apresurado hasta donde yo me encontraba.
Sus manos tocaron mi rostro y negó quizás al notar mis pulsaciones
débiles.
-Soy
virgen, Mijail...-pronuncié entre dormida, él solo arqueó una
ceja y sonrió.
-Lo
sé... ahora con más razón eres solo mía. Solo puedes verme a mí.
Solo yo puedo estar dentro de ti, todo de ti es mío, Victoria, soy
celoso así que es mejor que solo yo pueda verte de esa manera, si no
quieres que tus padres aparezcan muertos en una zanja, más te vale
solo tener ojos para mí, -El pelinegro me extendió su
mano-Levántate-ordenó
y negué agobiada.
-¿Me
vas a hacer daño como en mi sueño?
Sus
ojos se abrieron, -¿Qué? ¡No! -Gritó y lo miré mal,
-Victoria, te juro que pronto me amarás y serás tú quien se
entregue a mí por voluntad propia.
Me
burlé. -Las bestias no aman a nadie... Las bestias no merecen
amor...
La
mandíbula de Mijail se tensó-Quítate la ropa y camina hacia el
baño.
-¿Qué?
Sus
manos me empujaron y cuando menos lo esperé, el sonido de mi
uniforme siendo rasgado, me colocó en alerta. Mis rodillas se
doblaron para impedir quedar desnuda delante de aquel monstruo, pero,
su fuerza me ganó.
Como
pude me cubrí con mis manos mi casi desnudez. Los ojos del mafioso
recorrieron depravadamente mi frágil y delgado cuerpo.
-Soy
una bestia, ¿no?
-No
serías capaz...
Murmuré.
Mijaíl
me levantó entre sus brazos, me tensé al pensar qué hará ahora
conmigo. Me guio hacia una habitación que al parecer es el baño,
adentro hay una tina con agua y pétalos de rosas que me hace creer
que todo lo tenía planeado.
-¿Qué
mierda crees que haces? -le dije tratando de bajarme de su agarre.
-Te
voy a bañar-, expresó con cinismo. Lo arañé para que me
soltara, pero, él solo me agarró fuerte del cabello. Me bajó
apenas entramos al baño. En una esquina de la habitación se
encontraba un estéreo, comenzó
a sonar una canción de Kiss al fondo.
-Entra
a la tina-ordenó y temerosa cumplí su petición, realmente no
quería que se pusiera de malas y me fuese mucho peor.
El
agua se sentía tan bien, Mijaíl vertió un frasco de esencia en la
tina, la espuma comenzó a salir tapando mi cuerpo. Él se levantó
para buscar algo dentro de un estante, vi como abría una bolsa
plástica sacando una esponja de color rosa pálido, Mijaíl me miró
con malicia.
El
mafioso humedeció la esponja y me miró fijamente a los ojos, esta
comenzó a rozar mis pechos cubiertos aún con mi ropa interior,
logrando que de mi boca saliera un jadeo involuntario. Me maldije por
esto, no podía sentir esas clases de cosas por un maldito que me
acababa de destruir de la manera más vil posible.