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La receta del amor: la chica pueblerina es una médica talentosa
img img La receta del amor: la chica pueblerina es una médica talentosa img Capítulo 5 Quiero ayudarte
5 Capítulo
Capítulo 6 No me rechaces img
Capítulo 7 ¿Qué planeaba img
Capítulo 8 Dijo la verdad img
Capítulo 9 Deberíamos trabajar juntos para impedirlo img
Capítulo 10 De verdad eres muy bondadosa img
Capítulo 11 Una mujer así era digna de Isaac img
Capítulo 12 Muéstrale respeto img
Capítulo 13 Joven modelo a seguir img
Capítulo 14 Mantente abrigado img
Capítulo 15 Plan fallido img
Capítulo 16 Deja de molestarme img
Capítulo 17 Hermosa pero intocable img
Capítulo 18 Cuñada ideal y médica tradicional img
Capítulo 19 Familiaridad img
Capítulo 20 ¿Por qué confías tanto en ella img
Capítulo 21 Vengo a recoger a la señorita Verena Willis img
Capítulo 22 Ahórrate el numerito img
Capítulo 23 Isaac es mi prometido img
Capítulo 24 Yo seré quien lo termine img
Capítulo 25 El amor de ellos debía ser solo suyo img
Capítulo 26 Quiero conocer a Verena img
Capítulo 27 Grabación de vigilancia img
Capítulo 28 Tiene suerte de casarse conmigo img
Capítulo 29 Mentiroso img
Capítulo 30 Mi prometido se avergüenza con demasiada facilidad img
Capítulo 31 Verena lo besó img
Capítulo 32 ¿Por casualidad conoces a la doctora Willis img
Capítulo 33 ¿Debería competir contigo img
Capítulo 34 Roberto se enfrenta a Verena img
Capítulo 35 ¿Por qué no le das una oportunidad img
Capítulo 36 ¿Desde cuándo te importo img
Capítulo 37 Un esposo informando a su esposa img
Capítulo 38 No llores img
Capítulo 39 Parece que lo estás disfrutando img
Capítulo 40 ¿Con quién estás img
Capítulo 41 Eres la única que elijo img
Capítulo 42 ¿Me has estado siguiendo img
Capítulo 43 Rompiendo lazos img
Capítulo 44 No tardará en volver arrastrándose img
Capítulo 45 Te extraño img
Capítulo 46 Duerme conmigo esta noche img
Capítulo 47 Ven cuando quieras img
Capítulo 48 Profundamente conmovido img
Capítulo 49 Su supuesta infidelidad img
Capítulo 50 Amenaza escalofriante img
Capítulo 51 Solo hay una solución img
Capítulo 52 Pídele perdón a Verena img
Capítulo 53 Vaya si cambia las cosas una noche juntos img
Capítulo 54 Tocar tu manzana de Adán a través de la pantalla img
Capítulo 55 Intentando visitar a Barrie img
Capítulo 56 Devolviendo el favor al doctor Willis img
Capítulo 57 No me digas que de verdad estás celoso img
Capítulo 58 Te pertenece solo a ti img
Capítulo 59 Danica pidió reunirse con Verena img
Capítulo 60 ¿Qué te dijo mi madre img
Capítulo 61 Ir a ver a la doctora Willis img
Capítulo 62 Algo que les importaba a ambos img
Capítulo 63 ¿La doctora Willis es hija de Álex img
Capítulo 64 Un malentendido img
Capítulo 65 Ver a Isaac img
Capítulo 66 Me comprometí contigo img
Capítulo 67 ¿De verdad tienes el valor de herirme img
Capítulo 68 Grilletes img
Capítulo 69 Perfil familiar img
Capítulo 70 Algo extraordinario img
Capítulo 71 Funciona img
Capítulo 72 ¿Qué eres para él img
Capítulo 73 La doctora Willis está soltera img
Capítulo 74 Celos img
Capítulo 75 No muerdas img
Capítulo 76 Advertencia img
Capítulo 77 No quiero volver a oír su nombre img
Capítulo 78 Tienes más de una hija img
Capítulo 79 Hechos increíbles img
Capítulo 80 Le debemos a Verena img
Capítulo 81 Un encuentro entre Roberto y Verena img
Capítulo 82 ¿Era Isaac el paciente img
Capítulo 83 ¿A dónde fuiste img
Capítulo 84 Registremos nuestro matrimonio mañana img
Capítulo 85 Declaración pública img
Capítulo 86 No me creo esa historia img
Capítulo 87 Entra y báñate img
Capítulo 88 Bésame si quieres img
Capítulo 89 Vamos a dormir img
Capítulo 90 ¿Cuántas relaciones has tenido img
Capítulo 91 Primer amor img
Capítulo 92 Quiero esconderte img
Capítulo 93 ¿Y qué me cuentan de su esposa img
Capítulo 94 ¿Así funcionaban realmente los matrimonios arreglados img
Capítulo 95 Su amor era inconstante y efímero img
Capítulo 96 Solo tú y yo img
Capítulo 97 Tatuaje img
Capítulo 98 Como si la victoria ya fuera suya img
Capítulo 99 La vida amorosa de Verena img
Capítulo 100 ¿Isaac y tú me ocultan algo img
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Capítulo 5 Quiero ayudarte

Danica le dirigió a Isaac una mirada penetrante que contenía una advertencia implícita.

Él no le hizo caso y soltó: "Quiero hablar a solas con la señorita Verena".

Como su hijo ya había tomado la palabra, Danica se contuvo, pues se imaginaba sus intenciones: seguramente planeaba convencer a Verena para que rechazara el compromiso. Si él cooperaba, todo sería más sencillo.

Con un lento suspiro, Danica mantuvo la compostura. "Parece que los jóvenes quieren hablar en privado y conocerlos mejor. Laura, salgamos un momento, ¿te parece?".

Sabía que Laura estaba ansiosa por la boda.

Y sus palabras sirvieron como una indirecta a Isaac para que no se metiera en el acuerdo.

La propuesta sorprendió a Laura, quien no esperaba que Danica fuera tan comprensiva después de la descarada mentira de Verena.

Complacida, respondió: "Sí, les vendría bien pasar un tiempo a solas".

Le dio una palmadita en el hombro a su hija, con un tono de advertencia: "Verena, recuerda cuidar bien de Isaac. Ahora es tu prometido, ¿entiendes?".

Verena levantó la copa para darle un trago, con una leve sonrisa en los labios. El desprecio que sentía por su madre no había disminuido, pero la idea de que Isaac fuera su prometido le provocó una silenciosa emoción en el corazón.

En cuanto las dos mujeres salieron, Isaac rompió el silencio: "Mis piernas ya no sirven. Y se quedarán así el resto de mi vida".

Su voz profunda y un poco ronca denotaba que hacía tiempo que no hablaba, y su tono distante lo hacía sonar casi sin sentimientos.

Sin embargo, Verena comprendió que era una advertencia para recordarle con qué clase de hombre se iba a casar.

"¿Qué más?", preguntó ella, mirándolo fijamente con unos ojos claros que reflejaban todo con total honestidad.

El hombre vaciló. Sintió un nudo en la garganta y una sombra de amargura le cruzó los ojos al pensar en la verdad que no se atrevía a pronunciar, pero se obligó a decirla. "Ya no puedo funcionar como un hombre normal... No puedo darte la felicidad ni la vida de un matrimonio normal".

Isaac sabía que su madre buscaba algo más que callar los chismes; también quería proteger la estabilidad de la empresa. Sin embargo, ninguna de las dos razones justificaba atar a una mujer a él mediante el matrimonio. Ser su esposa implicaría renunciar a su propia felicidad y futuro. En su opinión, él ya estaba acabado y no tenía por qué arrastrar a nadie más.

Ante esas palabras, Verena caminó alrededor de la mesa hasta quedar justo frente a él.

Desde su posición, Isaac tenía que alzar la mirada para encontrarse con los ojos de cualquiera que estuviera a su alrededor.

Se puso en cuclillas para quedar a su altura.

Era la primera vez desde el accidente que Isaac no tenía que alzar la mirada para conversar con alguien.

"¿Puedo tocarte las piernas?", preguntó Verena.

No había rastro de duda en su voz, y sus ojos claros no mostraban lástima ni rechazo; le hablaba como a cualquier otra persona. A diferencia de sus familiares, ella no trataba el tema como un tabú.

Desde el accidente, cada familiar que lo miraba lo hacía con lástima y arrepentimiento en la mirada. No lo decían en voz alta, pero sus miradas lo expresaban todo. Estaba inválido, ya no era un hombre completo...

La mayoría sabía que la parálisis conllevaba la pérdida de la función sexual, y su caso no era la excepción. Los rumores corrían y, por cruel que fuera la realidad, resultaban ciertos. El dolor de esos chismes lo asfixiaba más que cualquier herida física.

Isaac fijó su profunda mirada en la joven. "¿Te das cuenta de lo que estás diciendo?".

Ella asintió con serenidad. "Sí, lo sé".

Hasta ese momento eran desconocidos, pero Isaac sintió una extraña familiaridad al verla, aunque no podía explicar por qué. Guiado por el instinto, respondió: "Está bien".

Ante su consentimiento, los ojos de Verena se curvaron en una sonrisa suave y genuina.

Por un instante, la concentración del hombre vaciló.

Cuando los dedos de ella tocaron su pierna, él pudo ver el movimiento, pero no sintió nada en absoluto.

Siguió con la mirada el trayecto de los delgados dedos, que empezaban en la rodilla y subían despacio.

Para cualquiera, el gesto habría parecido coquetería, pero Isaac sabía que no era así. Era un hombre parapléjico, completamente impotente y sin sensibilidad de la cintura para abajo.

La mano de la joven se detuvo en su muslo, dando un ligero golpecito antes de alzar la vista. "¿Sientes algo?".

El hombre negó con la cabeza.

Ella continuó tocándolo, acercándose más a la base del muslo, hasta que él reaccionó por instinto y le detuvo la mano.

"¿Qué estás tratando de hacer?", preguntó con tono de advertencia.

Verena soltó una risita suave, retirando la mano sin oponer resistencia.

"Isaac, quiero ayudarte de verdad".

"¿Ayudarme?", repitió él con un tono de burla. "¿Ayudarme con qué exactamente?".

"Quiero ayudarte a sanar tus piernas".

La declaración resonó como un trueno repentino en el aire quieto.

Sonaba absurdo, pero la firmeza de la joven despertó en él una esperanza desconocida.

Cuando la realidad volvió a asentarse, Isaac soltó una risa amarga. Innumerables expertos habían estudiado su condición y no habían encontrado cura, y sin embargo, ahí estaba él, dejando que las palabras de una mujer a la que apenas conocía removieran algo en su interior.

"¿Sabes lo cruel que es una burla así para un discapacitado?", preguntó Isaac.

A su juicio, el desprecio directo habría sido más piadoso que ofrecerle una falsa ilusión.

Isaac le soltó la mano lentamente.

"Estoy hablando en serio", dijo la joven, con la mirada fija en la de él.

La razón por la que había venido a Shoildon era únicamente por Isaac, y no tenía intención de abandonar su objetivo a mitad de camino.

Él la miró con frialdad. "Entonces dime por qué quieres ayudarme... ¿Y qué te hace pensar que eres capaz de lograrlo?".

La joven dudó un momento, pues ya se había dado cuenta de que Isaac no la recordaba.

"¿De verdad no recuerdas lo que pasó en el Barrio del Dragón de Clokron...?".

En la mente del hombre, no había duda de que nunca la había visto antes. Era una mujer de una belleza impactante, alguien cuya presencia atraería la atención en cualquier lugar. Si se hubieran cruzado, era imposible que la hubiera olvidado.

Negó lentamente con la cabeza. "He estado en el Barrio del Dragón muchas veces, pero nunca te he visto allí".

Verena suspiró en silencio. Así que era eso... Tal vez tenía relación con el accidente.

No estaba segura de los detalles de su condición y tendría que investigarlo antes de tomar una decisión.

Sin el accidente, Isaac no podría haberla olvidado... Nadie olvida a la persona que una vez persiguió, a menos que haya perdido la memoria. Y en su caso, la amnesia parecía la explicación más probable.

"Isaac, todavía no conozco a fondo tu situación. Cuando revise tus expedientes médicos, te daré una respuesta clara. Pero... ¿podrías al menos no rechazarme por ahora?".

El hombre se le quedó viendo fijamente, y el silencio se prolongó.

Al mirar esos ojos que parecían leerlo por completo, sintió que su firmeza flaqueaba por primera vez.

Tras lo que pareció una eternidad, habló de repente: "Está bien".

Un segundo después, añadió: "Si puedes sanar mis piernas, le daré a la familia Willis todo lo que piden. Pero mi condición hace imposible el matrimonio. Una vida conmigo sería una vida en soledad".

Verena se quedó helada, y luego comprendió a qué se refería. Sus ojos se desviaron casi instintivamente hacia su entrepierna. "Tú...".

Esa mirada hizo que el rostro de Isaac se encendiera de vergüenza. Cuando sus miradas se encontraron de nuevo, la claridad en los ojos de ella le provocó un incómodo e inusual impulso de desviar la vista.

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