Género Ranking
Instalar APP HOT
Cicatrices de traición: La heredera que intentaron borrar
img img Cicatrices de traición: La heredera que intentaron borrar img Capítulo 3 3
3 Capítulo
Capítulo 7 7 img
Capítulo 8 8 img
Capítulo 9 9 img
Capítulo 10 10 img
Capítulo 11 11 img
Capítulo 12 12 img
Capítulo 13 13 img
Capítulo 14 14 img
Capítulo 15 15 img
Capítulo 16 16 img
Capítulo 17 17 img
Capítulo 18 18 img
Capítulo 19 19 img
Capítulo 20 20 img
Capítulo 21 21 img
Capítulo 22 22 img
Capítulo 23 23 img
Capítulo 24 24 img
Capítulo 25 25 img
Capítulo 26 26 img
Capítulo 27 27 img
Capítulo 28 28 img
Capítulo 29 29 img
Capítulo 30 30 img
Capítulo 31 31 img
Capítulo 32 32 img
Capítulo 33 33 img
Capítulo 34 34 img
Capítulo 35 35 img
Capítulo 36 36 img
Capítulo 37 37 img
Capítulo 38 38 img
Capítulo 39 39 img
Capítulo 40 40 img
Capítulo 41 41 img
Capítulo 42 42 img
Capítulo 43 43 img
Capítulo 44 44 img
Capítulo 45 45 img
Capítulo 46 46 img
Capítulo 47 47 img
Capítulo 48 48 img
Capítulo 49 49 img
Capítulo 50 50 img
Capítulo 51 51 img
Capítulo 52 52 img
Capítulo 53 53 img
Capítulo 54 54 img
Capítulo 55 55 img
Capítulo 56 56 img
Capítulo 57 57 img
Capítulo 58 58 img
Capítulo 59 59 img
Capítulo 60 60 img
Capítulo 61 61 img
Capítulo 62 62 img
Capítulo 63 63 img
Capítulo 64 64 img
Capítulo 65 65 img
Capítulo 66 66 img
Capítulo 67 67 img
Capítulo 68 68 img
Capítulo 69 69 img
Capítulo 70 70 img
Capítulo 71 71 img
Capítulo 72 72 img
Capítulo 73 73 img
Capítulo 74 74 img
Capítulo 75 75 img
Capítulo 76 76 img
Capítulo 77 77 img
Capítulo 78 78 img
Capítulo 79 79 img
Capítulo 80 80 img
Capítulo 81 81 img
Capítulo 82 82 img
Capítulo 83 83 img
Capítulo 84 84 img
Capítulo 85 85 img
Capítulo 86 86 img
Capítulo 87 87 img
Capítulo 88 88 img
Capítulo 89 89 img
Capítulo 90 90 img
Capítulo 91 91 img
Capítulo 92 92 img
Capítulo 93 93 img
Capítulo 94 94 img
Capítulo 95 95 img
Capítulo 96 96 img
Capítulo 97 97 img
Capítulo 98 98 img
Capítulo 99 99 img
Capítulo 100 100 img
img
  /  2
img

Capítulo 3 3

-Balanza, oríllate -exigí-. No voy a volver a esa casa.

Me ignoró. El velocímetro subió. 100. 110 kilómetros por hora. Zigzagueaba entre el tráfico con facilidad practicada, su mano izquierda descansando casualmente en la parte superior del volante.

Me recosté en el asiento, derrotada. No tenía sentido pelear con él cuando estaba así. Era un muro de granito.

El silencio en el auto se alargó, espeso y asfixiante.

Su teléfono estaba en el portavasos entre nosotros. Boca arriba.

Zumbido.

La pantalla se iluminó.

Mis ojos se dirigieron a ella automáticamente.

Una vista previa de mensaje de texto apareció en la pantalla de bloqueo.

Remitente: A

Mensaje: Duele tanto... ¿dónde estás?

Mi corazón dio un vuelco, luego se estrelló contra mis costillas. La intimidad de eso. La desesperación. Mi mirada se enganchó no solo en las palabras, sino en el número desconocido debajo de la inicial. Una cadena de dígitos, código de área local. Mi mente, una trampa extraña e involuntaria para números y patrones, lo archivó sin mi consentimiento.

La reacción de Balanza fue instantánea.

Su mano dejó el volante y cayó boca abajo sobre el teléfono. El movimiento fue tan rápido, tan brusco, que la SUV se desvió ligeramente hacia el acotamiento. Las bandas sonoras vibraron bajo los neumáticos -brrrrt- antes de que corrigiera el rumbo.

Arrebató el teléfono y lo metió en lo profundo del bolsillo de su pantalón.

Miré el perfil de su cara. Miraba al frente, rígido.

-¿Quién es? -pregunté. Mi voz sonaba hueca en mis propios oídos.

-Spam -dijo-. Número equivocado.

-Los mensajes de spam no dicen "Duele tanto" -dije-. Y no casi chocas el auto tratando de esconder un número equivocado.

Apretó el volante con más fuerza. Sus nudillos estaban blancos.

-Es una víctima de un caso en el que estoy trabajando. Es... inestable. Mentalmente.

-¿Así que tienes a una víctima guardada en tu teléfono personal como "A"?

-Es un alias -dijo rápidamente. Demasiado rápido-. Para proteger su identidad.

-Estás mintiendo -susurré.

Exhaló bruscamente por la nariz.

-No empieces con esto, Daga. No juegues al detective. No eres buena en eso.

-No tengo que ser detective para saber cuándo mi esposo me está mintiendo.

-¡Estoy protegiendo a un testigo! -espetó. Su voz llenó el auto, fuerte y enojada-. Es mi trabajo. Es clasificado. Deja de presionar.

Estaba dándole la vuelta. Convirtiéndome en la irracional. La esposa entrometida que no entendía las complejidades de su heroico trabajo.

Giramos hacia la entrada de nuestra comunidad cerrada. Las puertas de hierro se abrieron cuando su transpondedor les envió la señal. Condujimos por el camino sinuoso hasta la gran casa de estilo colonial que yo había pasado cinco años tratando de convertir en un hogar.

Ahora parecía una fortaleza.

Balanza entró en el garaje. La pesada puerta retumbó al bajar detrás de nosotros, bloqueando las luces de la calle, sellándonos dentro.

Apagó el motor. El silencio regresó, más pesado que antes.

Se desabrochó el cinturón de seguridad y se volvió para mirarme. Su expresión se había suavizado. La ira se había ido, reemplazada por una paciencia cansada y condescendiente.

-Estamos en casa -dijo-. Solo entremos. Comamos algo. Durmamos. Podemos hablar por la mañana.

Lo miré: este hombre guapo y poderoso que una vez había sido mi mundo entero. Sentí una ola de náuseas.

-No quiero hablar contigo -dije-. Ni siquiera quiero mirarte.

Abrí la puerta y salí a trompicones. Necesitaba alejarme de su olor, de la mentira que flotaba en el aire.

Balanza fue más rápido. Me alcanzó en la puerta del cuarto de servicio. Me agarró la muñeca.

-Daga...

Mi teléfono, todavía en su bolsillo, zumbó.

Lo sacó. La pantalla se iluminó con el nombre de Gota. Un mensaje de texto.

Lo miró. Entrecerró los ojos.

Luego, mantuvo presionado el botón de encendido.

-¿Qué estás haciendo? -Intenté alcanzarlo.

-Apagando el ruido -dijo.

La pantalla se fue a negro. Volvió a meter el teléfono muerto en su bolsillo.

-Me estás aislando -dije, dándome cuenta de la magnitud de lo que estaba haciendo-. Me estás cortando la comunicación.

-Te estoy ayudando a concentrarte -dijo, abriendo la puerta de la casa-. En nosotros.

Anterior
            
Siguiente
            
Descargar libro

COPYRIGHT(©) 2022