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Intocable tras la despedida: Ahora revela su imperio secreto
img img Intocable tras la despedida: Ahora revela su imperio secreto img Capítulo 5 Diego Mendoza
5 Capítulo
Capítulo 8 ¿Cómo puedes ser la Doctora L img
Capítulo 9 Humillada img
Capítulo 10 Carlos nunca fue digno de ti img
Capítulo 11 No hay registros públicos de ella img
Capítulo 12 Carlos estaba muy por encima de ella img
Capítulo 13 Simplemente ya no lo amo img
Capítulo 14 Acepta todas las condiciones img
Capítulo 15 Día de la carrera img
Capítulo 16 El regreso de la leyenda img
Capítulo 17 Él es Krypton img
Capítulo 18 Secuestrada img
Capítulo 19 ¿Quién te envió img
Capítulo 20 ¿Me mandaste a vigilar img
Capítulo 21 Vine a tratarla img
Capítulo 22 ¿Qué razón tengo para ayudar img
Capítulo 23 ¿Cuántas semanas tienes de embarazo img
Capítulo 24 Carlos, ¿no me crees img
Capítulo 25 La sensación de familiaridad img
Capítulo 26 Quiero que investigues a alguien img
Capítulo 27 No quería mentirte img
Capítulo 28 Quítese ese vestido img
Capítulo 29 ¿Me cacheteaste img
Capítulo 30 Les prohibirá la entrada para siempre img
Capítulo 31 Viviría a su manera img
Capítulo 32 Esto no es un ejercicio de práctica img
Capítulo 33 Algunas personas simplemente nacen diferentes img
Capítulo 34 Una operación impecable img
Capítulo 35 Por fin te cayó una mujer img
Capítulo 36 Porque eres diferente img
Capítulo 37 Alguien nos observaba img
Capítulo 38 Clara ayudó a Carlos más de una vez img
Capítulo 39 Clara había bloqueado su número img
Capítulo 40 ¿Es creíble img
Capítulo 41 ¿Aún hay posibilidades de que me recupere img
Capítulo 42 Las invitaciones img
Capítulo 43 ¿Qué hace ella aquí img
Capítulo 44 Entremos img
Capítulo 45 Dejaste ir algo precioso img
Capítulo 46 ¿Desde cuándo decides quién pertenece aquí img
Capítulo 47 ¿Qué pasa entre el señor Mendoza y tú img
Capítulo 48 Estás a punto de ver un espectáculo img
Capítulo 49 Guerra de pujas img
Capítulo 50 Lo habían engañado img
Capítulo 51 Eres realmente patético img
Capítulo 52 No vale la pena que te enojes por alguien como él img
Capítulo 53 Aléjate de ella img
Capítulo 54 No puedo quedarme de brazos cruzados img
Capítulo 55 Clara era su hija img
Capítulo 56 No tiene licencia médica img
Capítulo 57 ¿Quién era Clara exactamente img
Capítulo 58 La cirugía salió bien img
Capítulo 59 El nombre en clave img
Capítulo 60 El secreto en el cajón img
Capítulo 61 La gratitud de Tobías img
Capítulo 62 Brennan Hudson img
Capítulo 63 Yo me encargaré de ella img
Capítulo 64 ¿No sientes ni un poco de vergüenza img
Capítulo 65 Deben de sacar a esta mujer de aquí img
Capítulo 66 Castigo img
Capítulo 67 Duda img
Capítulo 68 Nunca pareces tener miedo de nada img
Capítulo 69 Celos img
Capítulo 70 Cambiar la opinión de Leonora img
Capítulo 71 Banquete de cumpleaños de Leonora img
Capítulo 72 Me desvié únicamente para recogerla img
Capítulo 73 Haciendo el ridículo img
Capítulo 74 ¿Qué podrías crear que tenga algún valor img
Capítulo 75 Una oportunidad para cambiar las cosas img
Capítulo 76 Provocación img
Capítulo 77 Realmente estás llena de sorpresas img
Capítulo 78 Sería prudente que recordaras tu lugar img
Capítulo 79 Soy tu padre biológico img
Capítulo 80 Animándola img
Capítulo 81 Necesitamos su ayuda img
Capítulo 82 Me aseguraré de que nunca ocurra img
Capítulo 83 Diana se desmayó img
Capítulo 84 Nunca aceptaría salvarme img
Capítulo 85 Visitando la residencia Murphy img
Capítulo 86 Te las arreglas muy bien sola img
Capítulo 87 Solo vuelve a casa y vive aquí con nosotros img
Capítulo 88 Falsa amabilidad img
Capítulo 89 El plan de Vanesa img
Capítulo 90 Atrapada en su propia trampa img
Capítulo 91 Tengo condiciones img
Capítulo 92 Aceptar un puesto en el Grupo Murphy img
Capítulo 93 Retrasando el tratamiento de Diana img
Capítulo 94 El tratamiento más doloroso img
Capítulo 95 El tormento img
Capítulo 96 Es un demonio img
Capítulo 97 Clara, ¿de verdad tienes que tratarnos de esta manera img
Capítulo 98 Ver a Diana sufriendo img
Capítulo 99 Vamos a recogerla juntos img
Capítulo 100 No solo eran ricos, sino también generosos img
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Capítulo 5 Diego Mendoza

"¿Estás seguro de esto?", preguntó Carlos, con una sombra en los ojos.

De la Doctora L se hablaba desde hacía tiempo como de una leyenda en el mundo de la Medicina. La misteriosa eminencia había hecho que las personas más ricas y poderosas de todo el mundo compitieran ferozmente por una sola cita. Pero hacía tres años, desapareció por completo, sin dejar rastro.

Diana siempre fue frágil físicamente, y con su actual embarazo los riesgos aumentaron aún más. Si alguien tenía la capacidad de protegerla a ella y al niño durante el parto, era la Doctora L.

Si esa figura esquiva había reaparecido de verdad, significaba algo más que una buena noticia para Carlos. De hecho, desde su perspectiva, era la última esperanza que les quedaba.

"Señor Guerrero, hay otro asunto del que debería estar al tanto. Diego Mendoza, el jefe del Grupo Mendoza, también empezó a buscar a la Doctora L. Por lo que oímos, es para su abuelo, Tobías Mendoza", continuó Niger, tras una pausa.

"¿Ya descubrieron algo?", preguntó el jefe, con el ceño ligeramente fruncido.

"Hasta ahora, nada sólido", respondió Nigel. "Pero el Grupo Mendoza ya corrió la voz. Cualquiera que proporcione información fiable o ayude a conseguir la ayuda de la Doctora L recibirá una generosa recompensa. Además, obtendrá prioridad para futuras asociaciones comerciales".

Miles de ideas pasaron por la mente de Carlos.

Durante años, el Grupo Guerrero intentó establecer lazos más estrechos con la familia Mendoza, sobre todo en el campo de las inversiones médicas. Si esta situación podía abrir esa puerta, tal vez se convirtiera en la oportunidad que tanto había estado esperando.

"Moviliza todos los contactos que tenemos", ordenó Carlos, con un tono firme pero decidido. "Tenemos que encontrar a la Doctora L antes que nadie".

"Entendido, señor Guerrero".

***

Esa noche, el club privado más exclusivo del centro, Nimbus, brillaba con fuerza bajo un mar de luces.

Cuando Clara y Rosa entraron en la sala privada que habían reservado, el ambiente ya era animado.

"¡Clara!", exclamó un muchacho de pelo gris plateado, corriendo hacia ella de inmediato, con los brazos abiertos como si se preparara para abrazarla.

Ella se apartó con suavidad, dejando que el joven abrazara el aire.

"Nate", lo saludó, con una leve sonrisa. "Sigues siendo tan ruidoso como siempre".

"No puedo evitarlo, ¡estoy emocionado!", exclamó el joven, frotándose la nuca, con los ojos brillantes de entusiasmo. El conocido corredor de su círculo parecía encantado mientras decía: "Por fin volviste. Los hombres de mi equipo no paran de hablar de ti. Siguen diciendo que nadie consiguió batir tu récord de vuelta".

Mientras hablaba, otro hombre se acercó con una copa en la mano. Sus finos lentes de montura metálica reflejaron la luz mientras examinaba a Clara con el escrutinio tranquilo de alguien que evalúa a un paciente.

"Te ves perfectamente bien", lanzó con una sonrisa aguda. "Ese miserable matrimonio no pareció agotarte como podría haberlo hecho. Aun así, te haré un chequeo completo más tarde. Yo mismo me encargaré".

Era Kenneth, un prodigio de la medicina que podía parecer relajado en un ambiente de fiesta y, sin embargo, dar a la gente la inquietante sensación de que llevaba un bisturí en algún lugar a la espalda.

Al otro lado de la sala, un joven delgado con una sudadera con capucha permanecía concentrado en la laptop que tenía delante. Ni siquiera levantó la cabeza mientras movía rápidamente sus dedos por el teclado.

"Clara, ya me colé en el sistema de vigilancia de la familia Guerrero. Puedo controlar sus movimientos durante los próximos tres meses. Y si quieres, podría crear un pequeño problema para las finanzas de Carlos".

El chico era Zayne, una sombra en el mundo cibernético que podía irrumpir en casi cualquier sistema que eligiera.

"No hace falta", contestó Clara, acomodándose en el sofá y aceptando la bebida que Rosa le pasó. "Mis lazos con la familia Guerrero terminaron. Los corté por completo".

"¿Terminaron?", preguntó Gema, una renombrada diseñadora de joyas, levantando la cabeza de la tableta que estudiaba. Tras subirse los lentes por el puente de la nariz, comentó: "No, eso no es suficiente. No se merecen una salida limpia. Te deben algo y tienen que pagar esa deuda en su totalidad".

Acto seguido, metió la mano en el bolso, sacó una carpeta y la deslizó sobre la mesa, mientras explicaba: "Echa un vistazo a esto. Lo creé especialmente para ti. Mi nueva línea de joyas, 'Renacimiento'. Cada diseño se inspiró en ti". Con la emoción llenando sus pupilas, agregó: "El tema es la transformación. Espinas, llamas, alas que se elevan tras las cenizas. Cuando vuelvas a ser el centro de atención, llevarás estas piezas. Quiero que todo el mundo sienta tu regreso".

Clara abrió la carpeta y estudió las páginas. Los bocetos de las joyas eran impresionantes, tan llamativos que casi la hicieron detenerse.

Cuando se casó con un miembro de la familia Guerrero, dedicó todo su tiempo y energía a Carlos. Las amistades de su pasado se desvanecieron poco a poco porque dejó de buscar esa vida por completo. Sin embargo, a pesar de los años transcurridos, ellos seguían allí, a su lado, como siempre.

Esa realización hizo que la calidez se extendiera por su pecho.

Bajando la vista, Clara dio un sorbo a la bebida. El alcohol se deslizó por su garganta con un fuerte ardor; ese era un sabor que no se había permitido disfrutar en mucho tiempo.

Poco después, el celular de Rosa empezó a sonar y ella salió a contestar.

Clara se levantó un momento después y se dirigió al baño.

Apenas salió cuando un hombre, que se tambaleaba por el pasillo, le bloqueó el paso. De su cuerpo emanaba el fuerte tufo a alcohol.

"Vaya, vaya. ¿Una mujer hermosa caminando sola? Ven a tomar una copa conmigo", soltó el desconocido, que parecía tener unos treinta años y llevaba una camisa llamativa que lo hacía destacar aún más. Mientras decía eso, posó su mirada sobre la chica, cargada de una confianza que solo era capaz de conferir la borrachera.

Clara mantuvo la calma. Le lanzó un vistazo desinteresado e intentó pasar a su lado.

"Oye, espera", exclamó el hombre, alargando la mano, cuando ella intentó marcharse. "¿Qué? ¿Acaso crees que eres demasiado buena para mí? Quienes venimos aquí lo hacemos con la intención de pasar un buen rato. Y yo tengo mucho dinero. Tú...".

Antes de que pudiera tocarla, una mano apareció de la nada y lo agarró de la muñeca en el aire. Dedos largos y firmes se apretaron con una fuerza aplastante contra la piel del intruso.

"¡Ay, oye! ¡Eso duele!", gritó el hombre, sobrio al instante cuando el dolor rompió con su borrachera.

Clara levantó la vista.

En algún momento, un hombre vestido con un traje gris oscuro se interpuso entre ella y su acosador, sin que se diera cuenta.

Era alto, de hombros anchos, y su figura se perfilaba bajo un traje perfectamente entallado que parecía hecho a la medida para él.

Incluso de espaldas, el hombre tenía una presencia inconfundible, del tipo que hablaba de un poder y una autoridad que pocos se atreverían a desafiar.

El desconocido ladeó un poco la cabeza. En cuanto posó su fría mirada en el borracho, el ambiente en el pasillo pareció congelarse.

"¿S... señor Mendoza?", balbuceó el hombre al reconocerlo, poniéndose pálido. "Yo... lo siento. No me di cuenta de que estaba con usted. Me iré enseguida", agregó, con la voz temblorosa.

Luego se alejó tambaleándose, casi tropezando con sus propios pies mientras huía del pasillo.

Clara se quedó mirando al hombre que tenía delante, mientras una ligera sorpresa se extendía por su pecho.

Se trataba de Diego Mendoza, quien controlaba actualmente a la poderosa familia Mendoza en Draesdale. Su solo nombre tenía la influencia suficiente para inquietar incluso al mundo financiero. La gente lo describía como frío y despiadado, el tipo de figura con la que la mayoría solo se encontraba en una mesa de negociaciones, e incluso eso era raro, pues casi nunca aparecía en público. Nadie había oído hablar de que diera un paso adelante para ayudar a alguien así. Entonces, ¿por qué intervendría por ella?

Por un momento, Diego permaneció de espaldas a la mujer. Lentamente, sacó un pañuelo gris oscuro y se limpió con cuidado los dedos que habían agarrado la muñeca del borracho, como si incluso ese breve contacto le hubiera resultado desagradable.

Solo después de terminar se dio la vuelta y se concentró en el rostro de Clara.

Mantenía una expresión estoica, sin calidez, curiosidad o emoción. Además, mantenía una mirada inescrutable.

Entonces algo cambió.

En cuanto vio a la chica con claridad, detuvo su movimiento.

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