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Intocable tras la despedida: Ahora revela su imperio secreto
img img Intocable tras la despedida: Ahora revela su imperio secreto img Capítulo 6 Puedo tratar a su abuelo
6 Capítulo
Capítulo 8 ¿Cómo puedes ser la Doctora L img
Capítulo 9 Humillada img
Capítulo 10 Carlos nunca fue digno de ti img
Capítulo 11 No hay registros públicos de ella img
Capítulo 12 Carlos estaba muy por encima de ella img
Capítulo 13 Simplemente ya no lo amo img
Capítulo 14 Acepta todas las condiciones img
Capítulo 15 Día de la carrera img
Capítulo 16 El regreso de la leyenda img
Capítulo 17 Él es Krypton img
Capítulo 18 Secuestrada img
Capítulo 19 ¿Quién te envió img
Capítulo 20 ¿Me mandaste a vigilar img
Capítulo 21 Vine a tratarla img
Capítulo 22 ¿Qué razón tengo para ayudar img
Capítulo 23 ¿Cuántas semanas tienes de embarazo img
Capítulo 24 Carlos, ¿no me crees img
Capítulo 25 La sensación de familiaridad img
Capítulo 26 Quiero que investigues a alguien img
Capítulo 27 No quería mentirte img
Capítulo 28 Quítese ese vestido img
Capítulo 29 ¿Me cacheteaste img
Capítulo 30 Les prohibirá la entrada de forma permanente img
Capítulo 31 Viviría a su manera img
Capítulo 32 Esto no es un ejercicio de práctica img
Capítulo 33 Algunas personas simplemente nacen diferentes img
Capítulo 34 Una operación impecable img
Capítulo 35 Por fin te cayó una mujer img
Capítulo 36 Porque eres diferente img
Capítulo 37 Alguien nos observaba img
Capítulo 38 Clara ayudó a Carlos más de una vez img
Capítulo 39 Clara había bloqueado su número img
Capítulo 40 ¿Es creíble img
Capítulo 41 ¿Aún hay posibilidades de que me recupere img
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Capítulo 6 Puedo tratar a su abuelo

La vacilación duró menos de un latido. Fue tan breve que Clara casi se convenció de que la había imaginado.

Un tenue e ilegible destello cruzó los oscuros ojos de Diego antes de que su expresión volviera a su habitual calma. La chica habló primero.

"Gracias", dijo en un tono limpio y firme.

"No fue nada", respondió él, con su voz grave distante e indiferente.

La joven recordó lo que Rosa le había dicho minutos antes, en el auto.

"Además de Carlos buscando a la Doctora L, Diego Mendoza también ha estado buscándola. Al parecer, es por el problema cardíaco de su abuelo".

Clara levantó la vista y, sosteniéndole la mirada a Diego, declaró; "No me gusta dejar deudas sin pagar. Quizá pueda devolvérselo con un pequeño favor".

Una sutil chispa de interés apareció en los ojos del hombre.

"No", respondió él de inmediato, firme y decisivamente.

"Señor Mendoza, está buscando a la Doctora L, ¿verdad?", prosiguió la chica, como si no hubiera escuchado su negativa.

Él agudizó su expresión y clavó sus ojos en ella con repentina intensidad. Luego, le preguntó: "¿Qué sabe exactamente?".

"Puedo tratar a su abuelo", declaró la chica, sin dudarlo, manteniendo su tono firme e imperturbable.

La oscuridad en la mirada de Diego se acentuó a medida que la sospecha llenaba en silencio el espacio entre ellos. "¿Quién es usted?".

"Me llamo Clara Reyes", respondió la mujer, sin la menor pausa. "La enfermedad cardíaca de su abuelo ha ido empeorando y la medicación que toma ahora está perdiendo su efecto. ¿No es así?".

Por un breve instante, Diego se quedó completamente inmóvil.

La enfermedad de su abuelo era uno de los secretos mejor guardados de la familia Mendoza. Incluso los doctores responsables del tratamiento se vieron obligados a firmar estrictos acuerdos de confidencialidad.

Sin embargo, esa desconocida descubrió la situación con una precisión inquietante.

"Entonces demuéstrelo", murmuró Diego en voz baja, aunque la presión en su voz era inconfundible.

Clara abrió su bolso de mano y sacó un pequeño frasco de cristal que contenía varias pastillas de color marrón oscuro.

"Esto le ayudará con el dolor que siente por la noche", explicó con calma. "Cuando empiecen los síntomas, que se coloque una debajo de la lengua. Hará efecto en unos cinco minutos y el alivio durará unas seis horas. No tiene efectos secundarios".

Extendiéndole el pequeño frasco, agregó: "Que un médico de su confianza lo examine primero. Después, que pruebe una sola dosis. Si funciona, entonces podremos hablar del resto del tratamiento".

Desde el otro extremo del pasillo, se oyó el sonido de pasos que se acercaban, seguido de la voz de Rosa que gritaba: "¿Clara? ¿A dónde fuiste?".

Sin dudarlo, la aludida colocó el frasco en la mano de Diego, a quien le dijo con calma: "Si confía o no, depende de usted. Si decide que quiere el tratamiento, llame a este número".

Acto seguido, recitó en voz baja los dígitos, le hizo un leve gesto con la cabeza y se dio la vuelta para caminar hacia Rosa.

Diego permaneció de pie en el mismo lugar. Mantuvo una expresión ilegible, observando el pequeño frasco que descansaba en la palma de su mano.

***

Unos treinta minutos más tarde, en el aparcamiento subterráneo bajo Nimbus, Rosa se deslizó en el asiento del conductor y arrancó el motor. Su irritación era evidente.

"Ese imbécil de Carlos. Acabas de firmar los papeles del divorcio y ya está preparando una fiesta de compromiso para Diana".

"¿Una fiesta de compromiso?", preguntó Clara, quien se quedó a medio camino de abrocharse el cinturón de seguridad.

"Sí", respondió Rosa con frustración. "Este sábado. Dentro de tres días. Será en el Hotel Halcyon. Ya se enviaron las invitaciones. No puede esperar a anunciarlo públicamente, como si estuviera desesperado por que todo el mundo sepa lo profundamente enamorados que están".

"Voy a llamarlo ahora mismo y decirle que deje de buscar a la Doctora L. Ella nunca...", musitó Rosa, cuya ira aumentaba, al igual que su presión sobre el volante.

"No lo hagas", respondió Clara, cortándola antes de que pudiera terminar.

Rosa la miró confundida.

La otra volvió las caras hacia la ventanilla. Las luces de neón se deslizaban por el cristal, proyectando un pálido resplandor sobre sus ojos firmes e ilegibles.

"Dile a Carlos que acepto el caso".

"¿De qué hablas?".

"Ha estado buscando a la Doctora L por todas partes, ¿no?", respondió Clara, con calma. "Hazle saber que trataré a la mujer que tanto le importa. Y fija la hora y el lugar de la reunión".

Se detuvo un segundo mientras curvaba los labios, y agregó: "El sábado por la noche. En el Hotel Halcyon. En su fiesta de compromiso".

Por un momento, Rosa solo pudo mirar a su amiga. Luego curvó lentamente los labios, atrapada entre la incredulidad y la emoción.

"Clara, no puedes estar planeando...".

"Quieren que esa noche sea perfecta", respondió la muchacha en voz baja mientras observaba las luces de la ciudad pasar por la ventanilla. Su tono tenía un escalofrío bajo su suavidad. "Entonces, como su exesposa, debería llevarles un regalo que nunca olvidarán".

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