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Intocable tras la despedida: Ahora revela su imperio secreto
img img Intocable tras la despedida: Ahora revela su imperio secreto img Capítulo 2 Acusada de robo
2 Capítulo
Capítulo 8 ¿Cómo puedes ser la Doctora L img
Capítulo 9 Humillada img
Capítulo 10 Carlos nunca fue digno de ti img
Capítulo 11 No hay registros públicos de ella img
Capítulo 12 Carlos estaba muy por encima de ella img
Capítulo 13 Simplemente ya no lo amo img
Capítulo 14 Acepta todas las condiciones img
Capítulo 15 Día de la carrera img
Capítulo 16 El regreso de la leyenda img
Capítulo 17 Él es Krypton img
Capítulo 18 Secuestrada img
Capítulo 19 ¿Quién te envió img
Capítulo 20 ¿Me mandaste a vigilar img
Capítulo 21 Vine a tratarla img
Capítulo 22 ¿Qué razón tengo para ayudar img
Capítulo 23 ¿Cuántas semanas tienes de embarazo img
Capítulo 24 Carlos, ¿no me crees img
Capítulo 25 La sensación de familiaridad img
Capítulo 26 Quiero que investigues a alguien img
Capítulo 27 No quería mentirte img
Capítulo 28 Quítese ese vestido img
Capítulo 29 ¿Me cacheteaste img
Capítulo 30 Les prohibirá la entrada de forma permanente img
Capítulo 31 Viviría a su manera img
Capítulo 32 Esto no es un ejercicio de práctica img
Capítulo 33 Algunas personas simplemente nacen diferentes img
Capítulo 34 Una operación impecable img
Capítulo 35 Por fin te cayó una mujer img
Capítulo 36 Porque eres diferente img
Capítulo 37 Alguien nos observaba img
Capítulo 38 Clara ayudó a Carlos más de una vez img
Capítulo 39 Clara había bloqueado su número img
Capítulo 40 ¿Es creíble img
Capítulo 41 ¿Aún hay posibilidades de que me recupere img
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Capítulo 2 Acusada de robo

Clara se detuvo. Poco a poco y con clara intención, levantó la vista y la clavó en Jessie.

Algo en esa mirada hizo que esta última sintiera que se le encogía el pecho. Incluso retrocedió medio paso antes de obligarse a detenerse.

"Jessie, deja de hablar así", intervino Lorena, en un tono cortante, aunque tenía su mano protectoramente sobre el hombro de su hija. "Es cierto que, en ocasiones, Clara puede ser problemática, pero... no se atrevería a robar. ¿Verdad, Clara?".

Con una sonrisa cuidadosamente preparada, la matriarca prosiguió: "Es solo un collar. Si te gustaba, podrías habérmelo pedido directamente. ¿Por qué molestarte en...?".

"Yo no lo tomé", la interrumpió su nuera, con voz firme y carente de emoción.

"¿Que no lo hiciste?", bufó su cuñada, e inmediatamente buscó el viejo bolso de lona que Clara había dejado junto al sofá. "¡Entonces no te importará que lo compruebe!".

Antes de que pudiera alcanzarlo, Clara se le adelantó y la agarró de la muñeca. Su toque era firme y frío, tan inamovible como el hierro. Jessie se puso rígida al instante, incapaz de soltarse.

Detrás de las gruesas monturas de sus lentes, Clara mantenía una mirada inquietantemente serena. "No tienes derecho a tocar mis pertenencias", sentenció.

"¿En serio? ¿Ahora estás asustada?". la confrontó Jessie, sintiendo que su confianza vacilaba tras la mirada tranquila de su interlocutora, y un escalofrío recorrió su columna vertebral. Aun así gritó hacia Lorena: "¡Mamá, mírala! ¡Es obvio que lo tomó! ¡Ya estuvo en la cárcel antes! ¡¿Cómo podría alguien como ella ver diamantes y no codiciarlos?!".

"Clara, ¿alguna vez te hemos negado algo en esta casa? Si había algo que querías, solo tenías que pedirlo. ¿Por qué rebajarte a algo así? Ese collar se lo regaló su padre a mi hija. Está valorado en más de tres millones. No es un asunto menor", reprochó la matriarca, con una expresión de disgusto.

"Ya te dije que yo no lo tomé", replicó la acusada con mesurada calma, soltando a su cuñada.

"Claro que no lo hiciste", bufó Jessie frotándose la marca enrojecida de la muñeca, mientras la ira centelleaba en sus ojos. Entonces, agudizó la mirada de golpe y preguntó: "Espera. ¿Por qué tu bolso está tan lleno?".

Antes de que Clara tuviera la oportunidad de responder, Jessie se abalanzó hacia delante. Metió la mano en el bolsillo lateral del bolso de lona y sacó un joyero de terciopelo.

"¿Ves? ¡Lo sabía!", exclamó Jessie, con una expresión triunfal en su rostro, mientras abría la tapa.

Dentro descansaba un collar de diamantes. Bajo las luces, brillaba con intensidad, y la gema central resplandecía con un brillo cegador.

"¡Clara! ¿Alguna vez te hemos tratado mal en esta casa? ¿Y aun así hiciste algo así? ¿Entiendes lo que la gente dirá de nosotros? ¿Cómo podrá la familia enfrentarse a alguien después de esto?", exclamó Lorena, con exagerada decepción, tras inhalar profundamente.

"Ahí está la prueba", se sumó su hija con satisfacción, agitando el joyero como si fuera un premio. "¿Qué excusa tienes ahora? Mamá, llama a la policía. Que se lleven a esta exconvicta de vuelta a donde pertenece".

Al otro lado de la habitación, varias criadas que trabajaban en el comedor no pudieron evitar susurrar entre ellas.

"¿Quién habría imaginado que era ese tipo de persona? Siempre se muestra tan seria y callada. Bien dicen que esas son las peores.

"Oí que ya estuvo en la cárcel. No cabe duda de que es una verdadera convicta. No hay forma de que el señor Guerrero se casara con ella por voluntad propia. Debió de haberlo engañado".

"La gente nunca cambia. Naturalmente, apuntó a lo más caro que pudo encontrar. Un collar valorado en más de tres millones, ¿alguna vez ha visto tanto dinero?".

"Ya basta", soltó Clara, en un tono tranquilo, y en el acto la habitación se quedó en silencio.

La acusada movió lentamente la mirada del collar, llamativo y casi ofensivo en su brillo, hacia las dos mujeres que estaban frente a ella, con expresiones calculadoras, llenas de hostilidad.

Toda la escena le pareció de repente absurda y agotadora.

Había pasado tres años de su vida con las personas de esa casa y, durante ese tiempo, hizo más de lo que le correspondía por Jessie.

Esta última solo era bonita, sin ofrecer nada más. Los problemas la seguían a todas partes, y la familia siempre acababa limpiando el caos que ella creaba.

El último incidente involucró a la familia Mendoza, y si Clara no hubiera ido sola a manejar la situación, su cuñada habría pagado un precio muy alto.

Por desgracia, Jessie se volvió contra la misma persona que la ayudó.

Clara lo dio todo, solo para ser recompensada con insultos. Poco a poco, se enderezó.

Su aspecto no había cambiado. Mantenía una expresión impasible y el vestido que llevaba era normal. Sin embargo, la forma en que se plantaba ahora en el centro de la habitación le confería una presencia diferente. De ella emanaba una presión silenciosa que hacía que el aire se sintiera más pesado. Jessie sintió una extraña inquietud en el pecho, pero no logró identificar el motivo.

"Es solo un collar", dijo Clara con calma. "¿Y aun así te esforzaste tanto solo para montar este pequeño espectáculo?".

"¿Qué intentas decir? ¿Crees que esto es una especie de acto?", replicó Jessie, con la voz cada vez más aguda.

En lugar de discutir, la otra se limitó a acercarse y a extender su mano hacia ella.

Sorprendida, Jessie retrocedió por instinto mientras se aferraba con fuerza al joyero contra su pecho. "¿Qué crees que haces? ¿Intentas deshacerte de las pruebas?".

Clara sonrió levemente.

Al instante siguiente, movió con rapidez su mano y le arrebató el joyero de las manos a su cuñada.

"¡Oye!", exclamó Jessie, quien apenas logró protestar antes de que su rival moviera la muñeca.

Al instante siguiente, la caja salió por la puerta principal, trazando en el aire un ligero arco, antes de caer con un fuerte chapoteo en la fuente del patio.

"¡Mi collar!", gritó Jessie mientras salía corriendo.

Lorena se puso pálida, mientras su compostura vacilaba.

Clara se frotó las manos con indiferencia, como si acabara de deshacerse de algo sin ningún valor. Luego volvió a mirar firmemente a su suegra y, en un tono frío, le dijo: "Tenderme una trampa así es dolorosamente obvio. ¿Deberíamos revisar las imágenes de vigilancia y ver quién puso ese collar dentro de mi bolso?".

La mayor endureció su expresión. Por un breve momento, no logró articular palabra.

"Y hay algo más que deberías saber", prosiguió la chica, manteniendo un tono tranquilo y firme. "Hace diez minutos, Carlos y yo firmamos los papeles del divorcio. A partir de ahora, no tengo nada que ver con tu familia. Ya no soy tu nuera, y no puedes calumniarme ni insultarme cuando te apetezca. En cuanto a ese collar, ya que ahora está en el fondo de la fuente, pueden ir a buscarlo ustedes mismas".

Acto seguido, la joven se dio la media vuelta y no les dedicó ni un vistazo más a las dos mujeres que fueron parte de su familia política. Sin dudarlo, subió las escaleras.

Solo después de que el leve sonido de una puerta cerrándose resonara desde el piso superior, Jessie volvió corriendo al salón.

"¡Mamá! ¡Ella... tiró mi collar a la fuente! ¡Está completamente loca! Llama a Carlos y haz que vuelva para que le dé una lección...", exigió la molesta afectada, con el agua chorreando de su ropa.

"Cállate", la interrumpió su progenitora, con una expresión sombría y serena.

Mantuvo los ojos fijos en la escalera y, de repente, en su mente apareció un recuerdo de tres años atrás.

En aquel momento, Lorena pasó por el estudio y vio a Clara de pie junto al escritorio de Carlos. Sobre el mueble había papeles que detallaban una adquisición en el extranjero, junto con varias antigüedades raras.

Lorena supuso que Clara se limitaba a mirarlas fascinada. Incluso le pareció divertida la situación, pensando que una huérfana no reconocería el valor de lo que estaba viendo.

Sin embargo, en ese preciso instante, un detalle olvidado resurgió con claridad en su mente: su nuera no había estado prestando atención a las antigüedades en absoluto. En cambio, se había concentrado en una complicada columna de números financieros, y había negado con la cabeza.

Lorena sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral, mientras sentía una inquietante opresión en el pecho. Tal vez... nunca había entendido de verdad a la mujer que desdeñó con tanta facilidad.

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